¡Vacaciones!

He comenzado mis merecidas vacaciones anuales, y voy a hacer todo lo posible por estar incomunicado las próximas semanas. Pero el blog no va a quedar abandonado, porque he dejado programadas varias entradas que se publicarán automáticamente cada tres días (incluyendo esta misma). Así que si alguien escribe un mensaje que no se extrañe de que no le responda.

Volveré a finales de agosto. Hasta entonces.

Judy, prisionera de guerra

Judy era una pointer inglesa nacida en un criadero de perros de Shanghai en 1937. Comenzó su carrera militar como mascota en dos cañoneras de la Royal Navy con base en Shanghai, el Gnat y el Grasshopper.

Judy en la cubierta del Grasshopper:


Cuando los japoneses invadieron China, el Grasshopper fijó su base en Singapur. El 14 de febrero de 1942 la colonia británica estaba a punto de ser conquistada también por los japoneses, y el Grasshopper zarpó con rumbo a Batavia (la actual Yakarta) abarrotado de refugiados y soldados en retirada. Al sur de Singapur la cañonera fue torpedeada por un submarino japonés. El buque se incendió y comenzó a hundirse, y Judy saltó al agua para salvar su vida.

Los supervivientes del Grasshopper llegaron a una isla deshabitada. Dos días más tarde, Judy apareció en la playa cubierta de petróleo. Los náufragos lograron hacerse con una embarcación y navegaron hasta la costa de Sumatra. Continuaron a pie, en una agotadora marcha, tratando de llegar a Padang, que suponían que aún no había caído en manos japonesas. Pero a pocos kilómetros de alcanzar su destino entraron en una aldea ocupada por los japoneses y fueron capturados. Los soldados les hicieron subir en camiones y tras un viaje de cinco días llegaron al campo de prisioneros de guerra de Gloergoer, en Medan. Con ellos iba Judy, escondida debajo de unos sacos de arroz.

Frank Williams, un soldado de la RAF, se sorprendió a ver a Judy entre los prisioneros: “Recuerdo que pensé ¿qué diablos está haciendo esta hermosa pointer inglesa aquí, sin nadie que la cuide? Aunque estaba delgada, me di cuenta de que era una superviviente nata”.

En agosto de 1942 Frank comenzó a compartir con la perra su comida diaria, un puñado de arroz hervido, y desde entonces fueron inseparables. Muchos prisioneros debían su vida a Judy, que con sus ladridos daba la alarma cuando aparecían escorpiones, serpientes... o guardias. Cuando se llevaban a rastras a algún prisionero para darle una paliza, Judy reaccionaba ladrando y gruñendo, arriesgándose a recibir un culatazo o un tiro. Frank sabía que la vida de Judy pendía de un hilo. Un día aprovechó que el comandante del campo estaba borracho y consiguió convencerle para que la perra fuese reconocida como prisionera de guerra. Oficialmente, Judy se convirtió en el prisionero de guerra "81A Gloergoer, Medan".

En junio de 1944 llegó la orden de trasladar a los prisioneros a Singapur. Frank metió a Judy en un saco de arroz, se la echó al hombro y la embarcó como polizona en el Van Warwyck, un vapor holandés capturado por los japoneses. Las condiciones a bordo eran terribles, con más de setecientos hombres hacinados en la oscuridad bajo la cubierta, soportando un calor abrasador. Por desgracia para los prisioneros, aquella tortura duraría solo unas horas.

El 26 de junio el Van Warwyck fue torpedeado por un submarino estadounidense. Frank quiso salvar a Judy y la tiró al mar a través de un ojo de buey. Él sobrevivió al naufragio y los japoneses le enviaron a otro campo de prisioneros. Allí llegó a oídos de Frank la historia de un heroico perro que había salvado la vida de varios de los prisioneros del Van Warwyck permitiendo que se aferrasen a él para continuar a flote. Pero pasaban los días y no había ni rastro de Judy. Cuando ya había perdido la esperanza de volverla a ver, un día apareció en el campo: “No podía creer lo que veía. Al entrar en el campo de prisioneros, un perro flaco se abalanzó sobre mi tirándome al suelo. Nunca había estado tan contento de ver a la vieja. Y creo que ella sentía lo mismo”.

Aún faltaba lo peor, un año trabajando en la construcción de un ferrocarril a través de la selva de Sumatra. Las condiciones de vida de los prisioneros eran inhumanas, obligados a trabajar hasta la extenuación, mal alimentados y sufriendo enfermedades endémicas como disentería, malaria, cólera, beriberi... La ración diaria de comida era un puñado de tapioca lleno de gusanos, pero Frank seguía compartiendo la suya con la perra: "Todos los días di gracias a Dios por Judy. Ella me salvó la vida de muchas maneras, la mayor de ellas dándome ganas de vivir. Todo lo que tenía que hacer era mirarla, con sus ojos inyectados en sangre por el cansancio, y no podía evitar preguntarme ¿qué sería de ella si yo muriese? Tuve que seguir adelante. Incluso si eso significaba esperar un milagro”.

Frank ocultó a Judy en la selva para ponerla a salvo de los guardias, que se habían cansado de sus ladridos y gruñidos y estaban decididos a matarla. Allí tuvo que alimentarse de serpientes, ratas y monos, y sobrevivió al ataque de un cocodrilo que la dejó gravemente herida.

Al fin terminó la guerra y los prisioneros fueron liberados. Frank regresó a Liverpool llevándose consigo a su inseparable Judy. También le acompañó cuando años después se marchó a África para trabajar en un plan de alimentos financiado por el gobierno británico. Judy murió en Tanzania en 1950.

Judy luciendo la Medalla Dickin, una condecoración británica que se otorga a animales que han destacado por su servicio en las Fuerzas Armadas:

El héroe desertor

Jacklyn Harrell Lucas nació en Plymouth, Carolina del Norte, el 14 de febrero de 1928. Cuando tenía 11 años murió su padre, un cultivador de tabaco, y su madre le inscribió en una academia militar. Jack se acostumbró pronto a la disciplina y a la vida en la academia. Cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor no era más que un cadete de 13 años, pero ya entonces tomó la decisión de unirse a los Marines. El 6 de agosto de 1942, falsificando la firma de su madre y mintiendo sobre su edad (tenía 14 años, y la mínima era de 17), se alistó en la reserva del Cuerpo de Marines. Con más de 1,70 de altura y más de 80 Kg de peso, era un chico muy musculoso y alto para su edad, con una estructura corporal que podía engañar a cualquier reclutador. Además, gracias a su formación en la academia militar, destacó sobre la mayoría de sus compañeros durante el periodo de entrenamiento, entre 1942 y 1943. Embarcó con destino a Hawai el 4 de noviembre de 1943. Una semana más tarde llegó al campamento de Catlin, en Oahu. El 29 de enero de 1944 fue ascendido a soldado de primera clase.

En Catlin los censores militares descubrieron por una carta que escribió a su novia que Jack tenía 16 años. Al saberlo sus superiores le alejaron de las unidades de combate y le destinaron a conducir camiones en Pearl Harbor. Enojado por haber sido apartado de aquella manera, Jack se metía continuamente en peleas con otros marines. Se pasó arrestado un total de cinco meses de los catorce que estuvo en Hawai, y siempre con la amenaza de que le enviasen definitivamente a casa.

El 10 de enero de 1945 el soldado Lucas salió del campamento y no regresó. En Pearl Harbor se unió a otros infantes de marina que se preparaban para embarcar con destino a Iwo Jima. Sabiendo que la Policía Militar le estaba buscando, permanecía escondido, alimentándose de lo que le daban sus compañeros. Consiguió embarcar como polizón a bordo del Deuel, un transporte que llevaba unidades de la 5 ª División de Marines. El 8 de febrero, cuando la flota estadounidense había zarpado, Jack salió de su escondite y se entregó a un oficial. Ya no había vuelta atrás, y los mandos le permitieron unirse a los Marines que iban a desembarcar en Iwo Jima.

Jack Lucas celebró su decimoséptimo cumpleaños en el mar, en ruta hacia Iwo Jima. En Pearl Harbor, mientras tanto, como seguía sin dar señales de vida, fue declarado desertor de forma oficial y degradado a soldado raso. Las autoridades militares ofrecieron una recompensa por su captura.

El 19 de febrero de 1945 comenzó una de las batallas más sangrientas de la guerra con el desembarco de los marines en Iwo Jima. Al día siguiente Jack se encontraba luchando por su vida, bloqueado con otros tres marines por un grupo de japoneses que frenaban su avance en dirección al aeródromo situado en la base del monte Suribachi. Los cuatro marines habían buscado protección en un hoyo en la arena volcánica, librando un feroz combate contra enemigos situados a escasos metros de ellos. De repente una granada cayó en el agujero en el que se refugiaban. Para salvar a sus compañeros, Jack la cubrió con su cuerpo para amortiguar la explosión. Cuando cayó una segunda granada, Jack la cogió y se la colocó también bajo su fusil. Por suerte para él solo estalló una de las granadas. Sus compañeros creyeron que había muerto y continuaron su avance dejándole allí. Pero Jack había sobrevivido milagrosamente a la explosión, aunque con graves heridas en el pecho y en el brazo y la pierna derechos. Incapaz de moverse y cubierto de sangre, tuvo que permanecer en aquel agujero hasta que otros marines le encontraron y le proporcionaron atención médica.

Jack fue evacuado al buque hospital Samaritan. Llegó a San Francisco el 28 de marzo de 1945. En los siete meses en los que estuvo hospitalizado fue sometido a 21 operaciones. Como recuerdo de Iwo Jima, el resto de su vida tendría el brazo derecho parciamente paralizado y más de doscientos fragmentos de metal incrustados en su cuerpo.

Jacklyn Lucas se había convertido en un héroe que había arriesgado su vida para salvar a sus compañeros. En agosto de 1945 el cargo de deserción fue retirado de su hoja de servicios, junto con otras diecisiete faltas y condenas que figuraban en su historial. En septiembre recuperó su rango de soldado de primera clase al tiempo que le daban de baja del Cuerpo de Marines por incapacidad. El 5 de octubre de 1945 recibió la Medalla de Honor del manos del presidente Harry Truman en una ceremonia celebrada en la Casa Blanca. Jack Lucas es el marine más joven que ha recibido esta condecoración, la más alta que conceden las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Y el único en la historia que la recibió por una acción realizada cuando oficialmente era un desertor.

Fuentes:
Derrick Wright: La batalla de Iwo Jima
http://en.wikipedia.org/wiki/Jacklyn_H._Lucas
http://www.anb.org/articles/06/06-00892-print.html

De Corea a Illinois pasando por Normandía

El 6 de junio de 1944, después de saltar en Normandía, el teniente estadounidense Robert Brewer, del 506º Regimiento Paracaidista de la 101ª División de Infantería Aerotransportada, informó que sus hombres habían capturado a cuatro asiáticos en uniforme alemán y que no tenía a nadie que pudiese comunicarse con ellos. Para llegar hasta allí, aquellos prisioneros "alemanes" que llamaron la atención del teniente Brewer habían atravesado medio mundo, sirviendo en el Ejército Imperial Japonés, en el Ejército Rojo y en la Wehrmacht.

Yang Kyoungjong nació en Shin Euijoo, en la actual Corea del Norte, el 3 de marzo de 1920. En 1938, cuando tenía 18 años, Yang fue reclutado por el Ejército Kwantung, el ejército japonés en Manchuria. Un año después, durante el conflicto de Khalkhin Gol (la guerra no declarada entre la Unión Soviética y Japón en la frontera manchú-mongola), fue capturado por el Ejército soviético y enviado a un campo de trabajo. En 1942 la Unión Soviética necesitaba con urgencia hombres para hacer frente a la invasión alemana, y Yang y otros miles de prisioneros fueron presionados para que se alistasen en el Ejército Rojo.

En 1943, durante la batalla de Jarkov, en Ucrania, Yang fue hecho prisionero por soldados de la Wehrmacht. La guerra había cambiado de signo, y ahora eran los alemanes los que necesitaban soldados desesperadamente. Para salir del campo de prisioneros aceptó alistarse en los Ostbataillone, formados por voluntarios de los territorios ocupados en el este de Europa. Yang fue destinado a un batallón desplegado en la península de Cotentin, en Normandía, en las cercanías de la playa que los aliados conocían con el nombre en clave de Utah, uno de los puntos donde iban a desembarcar las fuerzas estadounidenses el Día D.

Yang fue capturado por paracaidistas estadounidenses y enviado a un campo de prisioneros de guerra en Gran Bretaña. Tras su liberación emigró a Estados Unidos. Se estableció en Illinois, y allí llevó una vida tranquila hasta su muerte en 1992. Nadie conocía su pasado, ni siquiera sus hijos, hasta que en 2002 su historia apareció en la prensa coreana.

Yang Kyoungjong con uniforme de la Wehrmacht tras ser hecho prisionero por paracaidistas estadounidenses:


Fuentes:
http://newsgroups.derkeiler.com/Archive/Soc/soc.history.war.world-war-ii/2008-02/msg00421.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Yang_Kyoungjong
Foto:
http://www.ww2incolor.com/gallery/albums/black_and_white/japanese_dday.jpg

Roosevelt y el coche de Al Capone

Había pensado titular esta entrada con algo parecido a “El presidente cuya seguridad dependía de un mafioso en prisión por delitos fiscales”, pero me lo pensé mejor al darme cuenta de que un título como ese puede confundir a los lectores españoles.

Horas después del ataque japonés a Pearl Harbor el Servicio Secreto de Estados Unidos se encontró con un problema inesperado. Al día siguiente el presidente Franklin Delano Roosevelt iba a acudir al Capitolio para hablar ante el Congreso (sería el famoso "discurso de la infamia"), y, aunque el viaje desde la Casa Blanca era corto, las medidas de seguridad tenían que adaptarse a la nueva situación de estado de guerra. La limusina presidencial no era a prueba de balas, y el Servicio Secreto contaba con unas pocas horas para conseguir un vehículo blindado que la sustituyese. Además, según las normas vigentes en aquel momento, el límite de gasto para cualquier vehículo oficial era de 750 dólares. Así que el nuevo coche tenía que estar acondicionado para servir al presidente en sus desplazamientos, contar con un buen blindaje, estar disponible de forma inmediata... y ser barato.

Entonces alguien cayó en la cuenta de que el gobierno federal ya tenía en su poder un coche de aquellas características: Entre los bienes incautados por el Departamento del Tesoro al ganster Al Capone (que había sido arrestado en 1931 y condenado por evasión de impuestos) se encontraba su automóvil, un Cadillac Town Sedan de 1928. Estaba pintado de verde y negro, los colores utilizados en los vehículos de la policía de Chicago, contaba con transmisor de radio, y lo más importante: tenía un blindaje de más de mil kilos de planchas de acero y cristales a prueba de balas de una pulgada de grosor.


El Cadillac había estado parado durante años en un estacionamiento del Departamento del Tesoro, y los agentes del Servicio Secreto tuvieron que trabajar aquella noche para dejarlo a punto, limpiándolo y revisando todos los detalles. Al mediodía del 8 de diciembre todo funcionó a la perfección en el traslado de Roosevelt al Capitolio. Se dice que cuando se enteró del origen de su nuevo coche, el presidente bromeó: "Espero que al señor Capone no le importe".

Fuente:
http://forgottenhistoryblog.com/president-roosevelt-used-to-ride-around-in-al-capones-limousine/
Foto: http://hotcarstv.net/blog/2012/07/23/al-capones-cadillac-headed-for-the-auction-block/

Señales... nazis

El 10 de agosto de 1942 la oficina de relaciones públicas del Ejército de los Estados Unidos emitió un comunicado de prensa en el que se aseguraba que aviadores del Primer Comando de Apoyo Aéreo habían descubierto "marcas secretas" en zonas rurales de la costa este del país. Aquellas señales, supuestamente colocadas por agentes nazis, parecían inocentes vistas desde el suelo, pero en el aire adquirían un significado siniestro. Su propósito, decían, era guiar a los bombarderos alemanes hacia objetivos de importancia militar, ya que, según se aseguraba, "apuntan directamente a fábricas de aviones y bases aéreas".

Sin dar detalles sobre su ubicación exacta, el Ejército hizo públicas tres fotografías como ejemplos de aquellas señales. Una mostraba un campo labrado, en el que la tierra en barbecho aparecía en un tono más oscuro que los terrenos de labranza que la rodeaban, formando una flecha:


Un segundo indicador se encontraba en una zona de bosque, y estaba formado por una vereda recta que conducía a un claro en forma de V:


La tercera señal estaba formada por sacos dispuestos en forma de número “9”, con la cola del 9 señalando en dirección a una fábrica de aviones cercana:


El Ejército aseguraba que las señales habían sido investigadas por el servicio de inteligencia de la Primera Fuerza Aérea y que “se han tomado las medidas adecuadas". Según se decía, eran "casos claros de cómo agentes enemigos o simpatizantes siembran en pacíficas tierras de cultivo potenciales dispositivos para ayudar a la destrucción".

El descubrimiento de las señales recibió una amplia cobertura de prensa, con titulares en las primeras planas de los principales periódicos del país. Los editoriales advertían de la necesidad de estar alerta para evitar las acciones de los quintacolumnistas.

Pero un diario de la capital, el Washington Star, quiso saber más detalles sobre el caso. Después de hacer algunas averiguaciones, los reporteros descubrieron sin mucha dificultad que meses antes oficiales del Ejército habían investigado las señales y habían deteminado que no eran ninguna amenaza. No solo se descartó que fuesen marcas hechas por agentes nazis, sino que incluso en dos de los casos los inocentes dibujos se habían realizado bajo la dirección de organismos del propio gobierno de los Estados Unidos.

La señal en el campo de cultivo se encontraba en la granja de Thomas Kane, en Freehold, New Jersey, y se había hecho cuatro años antes bajo la supervisión directa del Departamento de Agricultura para estudiar la erosión del suelo.

La marca en forma de V se encontraba cerca de Haleyville, New Jersey, y era una de las más de novecientas zonas de alimentación para aves creadas por la Comisión de Caza y Pesca de New Jersey en 1937.

El número 9 estaba formado por sacos de fertilizantes dejados caer de un camión en movimiento en la granja de C. Russell Bull, en Kiptopeke, Virginia. Se daba la circunstancia de que el señor Bull era voluntario en el servicio de vigilancia contra ataques aéreos en la región. La señora Bull afirmó al Washington Star que los militares habían visitado su granja en marzo y les habían llamado la atención sobre la extraña configuración de los sacos de fertilizantes, pero que se habían marchado después de que su marido los cambiase de posición. Asimismo, señaló que "hemos estado secando bolsas así durante años. Únicamente las tiramos de un camión en movimiento, y fue sólo una coincidencia que cayesen de esa manera".

El Departamento de Guerra, avergonzado por las revelaciones del Washington Star, admitió que la historia de las señales nazis "puede ser falsa". El responsable de haber hecho pública la información fue el mayor Lynn Farnol, un oficial de relaciones públicas del Ejército que era también agente de prensa en la vida civil. Farnol se defendió asegurando que el comunicado de prensa había sido aprobado por el personal de información del Departamento de Guerra. Sin embargo, el Departamento de Guerra se limitaba a revisar la información para comprobar que no violaba las normas de censura, sin poder entrar a valorar si lo que se decía era cierto o falso. Al parecer, debido a sus negocios privados el mayor Farnol tenía interés en mantener buenas relaciones con los periódicos, y eso fue lo que le llevó a enviarles lo que pensó que era una buena historia.

Fuente:
http://www.museumofhoaxes.com/hoax/photo_database/image/nazi_air_markers/

El farsante que solo quería un billete de tren y acabó convertido en un héroe nacional

El 21 de mayo de 1932 los padres de Oskar Daubmann, un soldado alemán desaparecido en combate dieciséis años antes en Francia, recibieron una carta desde Italia en la su hijo les pedía ayuda para regresar a casa. En la carta Daubmann relataba una dramática historia: decía haber sido capturado por los franceses en octubre de 1916, durante la batalla del Somme. En 1917, durante un intento de fuga del campo de prisioneros en el que estaba recluido, mató a uno de los guardias, lo que le costó una condena de veinte años de trabajos forzados en una prisión de Argelia. Allí fue torturado y sometido a un trato inhumano. Después de años de sufrir hambre, confinamiento en solitario y todo tipo de malos tratos, consiguió un traslado a la sastrería de la cárcel por su buena conducta. Desde allí pudo fugarse de la prisión, y después de caminar cientos de kilómetros llegó a la costa y logró embarcar en un vapor italiano que le llevó a Nápoles.

El 29 de mayo Daubmann regresó a Endingen, su ciudad natal. Su carta se había publicado en la prensa local, y desde allí la historia había saltado a diarios alemanes y extranjeros. Quince mil vecinos suyos acudieron a la ceremonia que la ciudad organizó para darle la bienvenida. El reencuentro con su familia fue muy emotivo. Se dice que la madre de Oskar se desmayó cuando volvió a ver a su hijo después de tantos años. Sus padres le llevaron a la casa familiar, felices de haber recuperado a su hijo (pasando por alto algún pequeño detalle, como que Oskar parecía haber cambiado de color de ojos).

Oskar Daubmann se convirtió en un héroe nacional. En cada ciudad que visitaba era recibido por bandas de música y multitudes entusiasmadas. Miles de personas acudían a las charlas en las que relataba los horrores que había sufrido de manos de los franceses. Dieciocho ciudades alemanas le nombraron ciudadano de honor, y fue elegido presidente honorario de la Sociedad de Ex-Prisioneros de Guerra. Dos estudios de cine se peleaban por el derecho a rodar una película sobre su dramática experiencia, y un libro sobre su vida llegó a vender 180.000 ejemplares. El regreso de Daubmann hizo renacer las esperanzas de muchas familias de soldados desaparecidos en la Gran Guerra. Quién sabía si no había más casos de alemanes retenidos en prisiones francesas, a pesar de que su gobierno aseguraba que los últimos prisioneros habían sido liberados hacía años. El caso provocó tensiones entre los dos países. Buena parte de la prensa alemana lo utilizó para iniciar una campaña de odio contra Francia, a la que acusaban de crueldad e hipocresía. Daubmann se convirtió en una figura popular especialmente en la prensa nazi. El partido le convirtió en un ejemplo de las virtudes alemanas y le utilizó para fomentar los sentimientos antifranceses. La historia de Oskar Daubmann contribuyó a que el NSDAP se convirtiese en el partido más votado en las elecciones parlamentarias de julio de 1932 .

En un principio los que mostraban dudas sobre la historia de Daubmann parecían ser una minoría cuyos argumentos eran ignorados por el público y descartados como propaganda francesa. Pero al conocerse las incongruencias del caso, como el hecho de que muchos de sus antiguos camaradas de armas decían no reconocerle, las sospechas se hicieron cada vez más fuertes. Para aclarar de una vez las dudas, el embajador alemán en París solicitó una investigación a las autoridades francesas. El 5 de septiembre de 1932 el gobierno de Francia notificó oficialmente a Berlín que, después de una búsqueda exhaustiva, ni en las actas de su sistema judicial, ni en sus archivos penitenciarios, ni en los de sus servicios médicos, habían encontrado ninguna mención a Oskar Daubmann. Los nazis rechazaron la información, calificándola como "una vergonzosa evasión de responsabilidad" y "una nueva muestra de la falsedad francesa". Pero la policía alemana decidió realizar su propia investigación. No tardaron mucho en descubrir la verdad: las huellas digitales del supuesto Oskar Daubmann pertenecían en realidad a Ignaz Karl Hummel, un delincuente habitual nacido en Suiza que nunca había servido en el Ejército. El falso héroe fue detenido el 11 de octubre de 1932.

Es casi seguro que la investigación policial habría bastado para provocar la detención de Hummel, pero existe otra versión muy difundida, y mucho más dramática, de cómo fue descubierto el impostor: Según se decía, el supuesto Daubmann estaba en un pequeño pueblo de Baviera para dar una de sus conferencias, cuando, antes de que pudiese comenzar a hablar, un anciano se puso de pie entre la multitud, le señaló con el dedo, y gritó: "¡Tú no eres Daubmann, tú eres mi hijo, Ignaz Hummel! ¡Bájate de esa tarima, farsante!". Al verse descubierto por su propio padre, Hummel perdió el conocimiento y se desplomó en el suelo.

Ignaz Karl Hummel nació en 1898 cerca de Basilea, en Suiza. Con once años se escapó de casa de sus padres e inició una larga carrera como delincuente de poca monta, con continuas entradas y salidas de reformatorios y cárceles. En 1930 se estableció como sastre en Offenburg, en el suroeste de Alemania, y un año más tarde se casó con una mujer llamada Kreszentia Allgeier. Pero la vida familiar no era lo suyo. En 1932 abandonó a su esposa embarazada y se marchó a Argelia con la intención de alistarse en la Legión Extranjera francesa. Cuando llegó a Nápoles se lo pensó mejor, pero como no le quedaba dinero para el viaje de regreso se le ocurrió apropiarse de la identidad de Oskar Baubmann, un antiguo compañero de colegio del que sabía que había desaparecido en la guerra. Hummel escribió una carta a los padres de Daubmann en la que les contaba la rocambolesca historia de la fuga de la prisión argelina y les pedía dinero para pagar un billete de tren con el que volver a Alemania.

El falso Oskar Daubmann luciendo condecoraciones:


Probablemente Hummel no contaba con que la historia saltaría a la prensa, y menos aún pensaba acabar convertido en un héroe nacional y un ídolo de masas. Al parecer quien decidió aprovechar la situación para hacer negocio fue otro personaje llamado Anton Bumiller, un ex-oficial del regimiento de Daubmann de Sigmaringa. Bumiller organizaba las giras de conferencias para el "héroe", fue el autor de la novela de aventuras basada en su "verdadera historia", y era quien negociaba los derechos para llevarla al cine.

El 12 de julio de 1933 el Tribunal de Distrito de Friburgo declaró a Ignaz Hummel culpable de fraude y falsificación y le condenó a dos años y medio de prisión. Pero los nazis no se iban a olvidar de él ni del ridículo en el que habían caído por su culpa. Después de cumplir su condena, Hummel fue arrestado de nuevo. Le mantuvieron en prisión preventiva entre 1938 y 1945, cuando fue liberado por las tropas estadounidenses que ocuparon el suroeste de Almania. Al salir nuevamente de la cárcel, se quedó a vivir en Schwäbisch Hall, la ciudad en la que estaba la prisión, se volvió a casar en 1946 y trabajó como sastre hasta su muerte en 1954.

Fuentes:
http://www.museumofhoaxes.com/hoax/archive/permalink/the_last_german_prisoner_of_war
http://en.wikipedia.org/wiki/Oskar_Daubmann
http://www.landesarchiv-bw.de/web/42319

El soldado condecorado por recomendación del enemigo

En los primeros meses de 1942, a raíz de la entrada en la guerra de Estados Unidos, los submarinos alemanes intensificaron su actividad en el Atlántico, y Gran Bretaña vio amenazadas una vez más sus líneas de abastecimientos. En el Almirantazgo británico preocupaba que a los U-boote se les pudiesen unir los grandes buques de superficie de la Kriegsmarine. Para evitar que estos pudiesen operar en el Atlántico, los británicos idearon la Operación Chariot, uno de los ataques de comandos más intrépidos de la guerra, cuyo objetivo era inutilizar las instalaciones portuarias de Saint-Nazaire. Este puerto situado en la desembocadura del Loira era una excelente base para los submarinos alemanes que operaban en el Atlántico, y además contaba con un enorme dique seco, capaz de albergar los buques de mayor tamaño. Los británicos supusieron que si lograban dejar fuera de servicio aquel dique, la Kriegsmarine no se arriesgaría a enviar al Atlántico al acorazado Tirpitz, ya que en caso de avería estaría obligado a regresar a Alemania a través del Canal de la Mancha o el Mar del Norte, con el riesgo que eso suponía.

El plan era empotrar un destructor cargado de explosivos en la esclusa del dique. Los comandos y la tripulación activarían la carga explosiva, preparada para detonar varias horas más tarde, abrirían las válvulas del fondo para que el destructor se hundiese, impidiendo así que los alemanes desactivasen los explosivos o retirasen el buque, y saltarían a tierra para atacar las instalaciones del puerto con la ayuda de otros comandos que desembarcarían de una pequeña flotilla de lanchas motoras. Una vez cumplidos sus objetivos, los comandos se retirarían en las lanchas que les estarían esperando en los puntos de desembarco.

La noche del 28 de marzo de 1942 una fuerza naval formada por el destructor Campbeltown (el buque que iba a incrustarse en la compuerta), dieciocho lanchas motoras, un par de torpederas y una cañonera, se adentró en el estuario del Loira simulando ser una flotilla alemana. Los británicos no pudieron mantener el engaño por mucho tiempo, y antes de llegar a sus objetivos todas las defensas del puerto estaban disparando contra ellos. Avanzando entre el fuego enemigo y con la mayor parte de sus tripulantes muertos o heridos, el Campbeltown logró su objetivo estrellándose contra la esclusa del dique. En cuanto a las lanchas, muchas fueron hundidas antes de que los comandos que transportaban pudiesen desembarcar, y las que llegaron a tierra se quedaron atrapadas sin poder escapar. A babor del Campbeltown navegaba una columna de seis lanchas que tenían que tomar tierra en el muelle al sur del dique y atacar la entrada del puerto. Solo las dos primeras lo consiguieron. Las cuatro restantes se encontraron con una fuerte resistencia y tuvieron que renunciar a desembarcar a sus comandos o ayudar a evacuar a los que ya habían desembarcado. Las cuatro lanchas emprendieron el regreso escapando entre las defensas del puerto. Tres de ellas lograron burlar la vigilancia alemana amparadas en la oscuridad de la noche. Fueron las únicas unidades de todas las que participaron en la operación que consiguieron regresar a Inglaterra.

La cuarta lancha de aquella columna era la ML 306, una lancha motora de la clase Fairmile B al mando del teniente de navío Henderson. En su huida, cuando se encontraba ya en mar abierto a 45 millas de Saint-Nazaire, la ML 306 se encontró con cinco torpederos alemanes que patrullaban la zona buscando a los intrusos. Henderson ordenó parar los motores esperando no ser descubierto, pero al pasar junto al último torpedero un vigía alumbró con su foco a la lancha británica. Los torpederos alemanes (Torpedoboote) eran buques de pequeño tamaño que en realidad hacían funciones de destructores, y que por tanto contaban con un armamento muy superior al de una lancha motora británica. Los torpederos rodearon a la ML 306 y abrieron fuego con armas ligeras, iniciando una batalla naval muy desigual contra la pequeña motora. Uno de ellos trató de embestir a la lancha, pero esta viró en el último momento y solo recibió un impacto. Otro abrió fuego con su cañón de 101 mm y alcanzó a la ML 306 en el puente, matando a Henderson e hiriendo al resto de oficiales. Creyendo que la lucha había terminado, el comandante del torpedero Jaguar, el capitán de corbeta Friedrich-Karl Paul, acercó su buque a la lancha y exigió a gritos la rendición de los británicos.

El sargento zapador del No.1 Commando Thomas Frank Durrant era un joven de Kent de 23 años, que había trabajado como carnicero y obrero de la construcción antes de alistarse en los Royal Engineers. En 1940 se presentó voluntario al Cuerpo de Comandos, lo que le llevó a estar aquella noche a bordo de la ML 306. Estaba a cargo de un montaje doble de ametralladoras Lewis situado en la popa de la lancha. Durante la retirada de Saint-Nazaire había sido herido en un brazo, pero se había negado a abandonar su puesto. Como respuesta a la petición de Paul, Durrant abrió fuego con las Lewis. Paul volvió a exigir la rendición de los británicos, y Durrant, que apenas se mantenía en pie apoyándose en sus ametralladoras, volvió a barrer la cubierta del Jaguar con una ráfaga que estuvo a punto de alcanzar al capitán alemán. Paul ordenó entonces virar el Jaguar de forma que todas las armas del buque pudiesen concentrarse en Durrant. El sargento fue acribillado y cayó sobre la cubierta de la lancha con heridas en la cabeza, los brazos, las piernas, el pecho y el estómago. En aquel momento, con veinte de los veintiocho hombres de la ML 306 muertos o heridos, el teniente Swaine, el único oficial británico que seguía con vida, decidió detener la lucha. A pesar de sus heridas logró ponerse en pie y ofreció la rendición del buque. Paul desconfiaba de que los británicos volviesen a disparar, y Swaine tuvo que darle su palabra de honor para poner fin al combate. El sargento Durrant aún seguía con vida. Murió poco después en un hospital militar alemán de Saint-Nazaire.

El sacrificio del sargento Durrant impresionó al capitán Paul. Una semana más tarde el oficial alemán se presentó en el campo de prisioneros de Rennes para visitar al teniente coronel Charles Newman, el comandante de la fuerza de ataque británica a Saint-Nazaire, que había sido capturado junto a la mayor parte de sus hombres. Paul relató a Newman los detalles del combate entre su destructor y la ML 306, y le sugirió que recomendase al sargento Durrant para una mención.

Cuando fue liberado al terminar la guerra, Newman siguió el consejo del oficial alemán. Como resultado de su recomendación el sargento Durrant fue condecorado con la Cruz Victoria a título póstumo “por su valiente y decidida lucha en una situación de total inferioridad” durante el combate entre la ML 306 y el Jaguar. El 29 de octubre de 1946 la madre de Durrant recibió la condecoración de manos del rey Jorge VI en una ceremonia celebrada en el palacio de Buckingham.

Durrant pasó así a la historia militar británica por partida doble: es el único militar del Ejército (de tierra) condecorado por su participación en una batalla naval, y también el único que ha sido condecorado por recomendación de un oficial enemigo.

Fuentes:
Ken Ford: Gran asalto de comandos en Saint-Nazaire
http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_Frank_Durrant
http://forum.axishistory.com/viewtopic.php?t=15964

El soldado más letal

Viljam Pylkäs nació en 1912 en el istmo de Carelia, la región comprendida entre el Golfo de Finlandia y el lago Ladoga que se convirtió en territorio finlandés tras la independencia del país en 1917. Durante la Guerra de Invierno, Pylkäs, enrolado en el ejército finlandés, tuvo que combatir para defender de la invasión soviética aquellas tierras, incluyendo la granja de su propia familia. En enero de 1940 su batallón fue enviado a reforzar el extremo oriental de la Línea Mannerheim, a orillas del Ladoga, que aún resistía pese a haber sufrido ataques continuos desde el comienzo de la guerra. Pylkäs y sus compañeros tomaron posiciones en el río Taipae, en una zona de bosques calcinados por los combates de las semanas anteriores. Durante casi un mes el batallón tuvo que hacer frente a continuos ataques de fuerzas siempre superiores en número y con un fuerte apoyo de tanques y artillería. Los finlandeses lograron mantener aquella posición, pero tuvieron que pagar un precio muy alto: al final de la guerra, del batallón original formado por 750 hombres solo quedaban 341 en condiciones de seguir combatiendo.

Aquella heroica resistencia fue inútil. Tras el alto el fuego, Finlandia tuvo que ceder a la URSS el istmo y la mayor parte de la Carelia finlandesa, y Pilkäs y su familia se vieron obligados a abandonar la tierra en la que se habían criado.

Un año más tarde, los finlandeses vieron la oportunidad de vengar la derrota y recuperar los territorios arrebatados uniéndose a los planes de Hitler para invadir la Unión Soviética. En los primeros meses de lo que los finlandeses llaman Guerra de Continuación (la participación de Finlandia en la Segunda Guerra Mundial como aliada de Alemania), durante la fase ofensiva, Pylkäs intervino en numerosos combates como tirador de ametralladora del 8º Regimiento de Infantería, recibiendo varias menciones al valor y logrando un ascenso a cabo.

En febrero de 1942 el 8º Regimiento fue enviado a reforzar las defensas finlandesas en el curso superior del río Svir, una línea defensiva que transcurría entre interminables bosques en el sur de Carelia. En uno de sus flancos estaba desplegado el 61º Regimiento, formado en gran parte por voluntarios suecos. A comienzos de abril los soviéticos lanzaron una fuerte ofensiva contra las líneas finlandesas. Después de que el 8º Regimiento rechazase el ataque con relativa facilidad, el cabo Pylkäs recibió la orden de dirigir un pelotón de reconocimiento para averiguar cómo estaba la situación en el sector defendido por los suecos. De camino a las posiciones del 61º Regimiento, la patrulla descubrió una compañía soviética que trataba de flanquear sus líneas. Pilkäs tomó una decisión rápida. Armado con un subfusil se ocultó en un puesto de vigilancia avanzado y se dispuso a enfrentarse a toda la compañía enemiga con la única ayuda de un soldado llamado Kärkkäinen.

Los soviéticos avanzaban con dificultad ascendiendo por una ladera cubierta de nieve, cuando Pylkäs abrió fuego con su subfusil. Vació un cargador tras otro sobre los soldados sorprendidos al descubierto. Sus hombres se arrastraban detrás de él llevando nuevos cargadores para entregárselos a Kärkkäinen, que a su vez se los daba a Pylkäs, que seguía disparando sin descanso.

En medio del tiroteo Pylkäs fue alcanzado por una bala que le rozó la cabeza y le cubrió la cara de sangre. Aquella herida le dejaría una cicatriz de por vida. Creyendo que su compañero estaba malherido, Kärkkäinen retrocedió dispuesto a abandonar la posición, pero Pylkäs le agarró para impedírselo diciéndole que aún podían continuar luchando. Pylkäs vació diecisiete cargadores de 40 balas cada uno (680 balas en total). El cañón del arma acabó deformado por el sobrecalentamiento, pero afortunadamente los soviéticos estaban ya en retirada. Pylkäs había salvado al regimiento sueco de ser rodeado, evitando que el enemigo lograse una ruptura del frente. Después de la batalla se contaron 83 soldados rusos muertos. Por aquella hazaña el cabo Pilkäs recibió la Cruz de la Libertad de Finlandia. Además, su gesta llegó a oídos de sus aliados alemanes, que le concedieron también la Cruz de Hierro.

A mí personalmente me resulta muy difícil de creer que un único tirador armado con un subfusil pueda matar a 83 enemigos en una emboscada. El arma de Pilkäs era un Suomi KP/-31 de fabricación finlandesa, uno de los mejores subfusiles de la época, con una precisión y un alcance superiores a la mayoría de las armas de su clase, pero aun así sería poco efectiva contra un enemigo que se supone que trataría de ponerse a cubierto y de responder al fuego. Me pasa lo mismo con la historia de otro supersoldado finlandés que también podría hacer temblar al mismísimo Chuck Norris, Simo Häyhä, considerado el mejor francotirador de todos los tiempos, del que se dice que mató a más de 700 soldados enemigos en apenas tres meses (lo que duró la Guerra de Invierno). A mí estas cifras me parecen disparatadas, pero tampoco en este caso encuentro a nadie que las ponga en duda. En todo caso, aunque el episodio hubiese sido exagerado por la propaganda, hay que reconocer el valor de Pilkäs al tratar de detener el avance soviético casi en solitario. Y si los detalles son ciertos, sin duda Pilkäs merece ocupar un puesto de honor en la lista de los soldados más letales de la historia.

Durante dos años el frente se mantuvo en la orilla sur del río Svir. En junio de 1944 los soviéticos lanzaron una ofensiva a gran escala que obligó a las tropas finlandesas a retirarse al oeste. El ataque sorprendió a Pilkäs de permiso, trabajando en la granja de su familia en Sakkola. Se reincorporó a su regimiento solo para unirse a la retirada general. En julio una bala le destrozó un brazo cuando cruzaba un río. Fue trasladado al interior del país para recuperarse y allí le sorprendió el armisticio que ponía fin a la guerra.

Viljam Pylkäs con su mejor amigo, Toivo Ruuna:


Pilkäs y Ruuna eran vecinos en la vida civil. En la Guerra de Invierno sirvieron en la misma unidad, defendiendo sus hogares en el istmo de Carelia. También fueron juntos a la Guerra de Continuación, sirviendo en una compañía de ametralladoras del 8º Regimiento. La guerra terminó para los dos el 4 de julio de 1944, cuando ambos fueron heridos en el cruce de un río durante la retirada finlandesa de Carelia.

Otro cabo del 8º Regimiento llamado Väinö Linna solía recoger en un diario sus vivencias y las de sus compañeros de armas con la intención de convertirlas algún día en una novela. Años después, basándose en aquellas notas, escribió Tuntematon Sotilas ("El soldado desconocido"). La obra fue publicada en 1954 y tuvo un éxito enorme, convirtiendo a Linna en el escritor finlandés más influyente del siglo XX. Tuntematon Sotilas es una novela coral que relata la historia de una compañía del ejército finlandés desde el comienzo de la Guerra de Continuación en junio de 1941 hasta el armisticio de 1944. Uno de los personajes, llamado Antero "Antti" Rokka, está basado en gran parte en Viljam Pylkäs, y, cómo no, relata el episodio del ataque soviético en el frente del Svir y su heroica resistencia en solitario.

Un año después de su publicación la novela fue llevada al cine por primera vez (hay otra versión más moderna, de 1985). Por lo que he visto no me parece precisamente una obra maestra del cine bélico. Juzgad vosotros mismos, viendo la secuencia del combate entre Rokka/Pylkäs y la compañía soviética:

"V"

video

Desde su nacimiento en la Segunda Guerra Mundial, la V se ha convertido en un símbolo de resistencia reconocido universalmente. Su significado no se le escapa ni a una raza de lagartos alienígenas (el video que abre este post es una secuencia de una mítica teleserie estadounidense de ciencia-ficción de los años 80, titulada precisamente V, en la que unos reptiles con apariencia humana -y con una estética muy nazi, por cierto- conquistan la Tierra).

Seguramente la clave del éxito del símbolo de la V está en su sencillez. Bastaba un gesto con dos dedos, o dos trazos dibujados en un muro, para ayudar a difundirlo. Su creador fue un jurista y político belga, ex-ministro de Justicia, llamado Victor de Laveleye, que entre 1940 y 1944 dirigió desde Londres las emisiones de la BBC en lengua francesa para la Bélgica ocupada por los alemanes. El 14 de enero de 1941 De Laveleye propuso en un programa radiado a sus compatriotas que utilizasen una V como símbolo de unidad frente al invasor, dándole un significado de "victoire" ("victoria" en francés) y "vrijheid" ("libertad" en flamenco). Según él, "las fuerzas de ocupación, al ver esta señal, siempre la misma, infinitamente repetida, entenderán que están rodeados, rodeados de una inmensa multitud de ciudadanos esperando ansiosamente su primer momento de debilidad, atentos a su primer fracaso". En poco tiempo comenzaron a aparecer uves pintadas en paredes de toda Bélgica, y en cuestión de semanas la “Vmanía” se extendió por Holanda y el norte de Francia. Se había convertido en una forma sutil de sabotaje, para gran disgusto de los alemanes, que aunque inicialmente trataron de quitarle importancia, al final acabaron persiguiéndolo como un delito grave.

Inspirados por aquel inesperado éxito, en junio de 1941 los responsables de la BBC pusieron en marcha la campaña "V for Victory", alentando el uso del símbolo ideado por De Laveleye. A cargo de la campaña estaba Douglas Ritchie, asistente del editor de noticias de la BBC, que en sus emisiones utilizaba el alias de "coronel Britton" (hasta después de la guerra no se hizo pública su identidad). Ritchie sugirió una V sonora utilizando el código Morse. La letra V en Morse se representa con tres puntos y un guión, una secuencia que podía identificarse con los primeros compases de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Desde entonces la BBC utilizó aquellas cuatro notas como señal de llamada en sus programas radiofónicos emitidos para los países ocupados.

El 19 de julio de 1941, cuando la V se había extendido ya por toda la Europa ocupada, el primer ministro británico Winston Churchill se sumó a la campaña, y desde aquel día comenzó a hacer el signo de la V con los dedos en todos sus discursos. Al principio solía hacerlo con las palmas hacia dentro, un gesto que se considera muy ofensivo en Gran Bretaña. Desde que sus asesores le avisaron del error, tuvo cuidado de no repetirlo y hacer la señal correctamente.


Churchill no fue el único líder aliado que decidió utilizar la V como símbolo de victoria. Charles de Gaulle lo usó en todos sus discursos desde 1942 hasta el final de su carrera política en 1969.

Uno de los ejemplos más llamativos del uso de la V se encuentra en el Royal Square de St Helier, la capital de Jersey, la mayor de las Islas del Canal. Este pequeño archipiélago situado frente a las costas francesas es el único territorio británico que fue ocupado por los alemanes durante la guerra. Arriesgándose a sufrir las represalias si los alemanes sospechaban su verdadera intención, un cantero local llamado Joseph Marie Le Guyader aprovechó unos trabajos de restauración en el pavimento de la plaza y formó una V con los adoquines. A partir de entonces los soldados alemanes se pasearon por la plaza sin imaginar que tenían bajo sus botas todo un desafío a la ocupación.


Fuentes:
http://www.psywar.org/v_for_victory.php
http://en.wikipedia.org/wiki/V_sign
http://en.wikipedia.org/wiki/Victor_de_Laveleye
http://www.jersey.com/English/discoverjersey/occupationtoliberation/Pages/OccupationTrail.aspx