Mostrando entradas con la etiqueta Guerra en Asia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra en Asia. Mostrar todas las entradas

El cabo Sierra

En 1943 los enemigos más temidos de los pilotos del 64º Sentai, desplegado en Birmania, eran los B-24 Liberator del 7º Grupo de Bombardeo de la USAAF con base en la India. El 64º Sentai era un grupo de caza que volaba con los veteranos Ki-43. El Nakajima Ki-43 Hayabusa fue el caza más utilizado por el Servicio Aéreo del Ejército Imperial. Era un buen avión, ligero, maniobrable y de pilotaje sencillo, que al principio de la guerra demostró ser superior a muchos de los cazas estadounidenses de la época (como el P-36, el P-40 o el Brewster Buffalo). Pero ante enemigos más poderosos mostraba unas deficiencias importantes. Estaba muy pobremente armado, con solo dos ametralladoras de 12,7 milímetros. Y con apenas blindaje y sin depósitos de combustible autosellantes, era muy vulnerable. No era el mejor caza para enfrentarse a bombarderos pesados erizados de armas defensivas.

Las insistentes peticiones de las escuadrillas de caza que defendían Birmania, solicitando más medios para hacer frente a las incursiones de los bombarderos estadounidenses, eran ignoradas de forma sistemática por el alto mando. A falta de aviones adecuados, los pilotos japoneses tenían que confiar en su valor y su habilidad para derrotar a los B-24. Pero la situación empezaba a afectar a la moral de los hombres. En una ocasión el teniente Saburo Nakamura, comandante de la 1ª Chutai (escuadrilla), reunió a los pilotos bajo su mando y pronunció un encendido discurso con el que pretendía reavivar su espíritu de lucha: “Cuando vuelo en mi Hayabusa nada puede derribarme, ni siquiera una docena de cazas enemigos. Daré un puñetazo a cualquier piloto que salga de un combate con impactos de cazas enemigos. Y también daré un puñetazo a cualquier piloto que no salga con impactos de un ataque a bombarderos enemigos”.

Entre los que escuchaban aquellas palabras estaba el cabo Tomio Kamiguchi, de 19 años, uno de los pilotos más jóvenes e inexpertos del 64º Sentai. El mensaje del teniente Nakamura estaba claro: la única manera de luchar contra los bombarderos era arriesgando al máximo. El cabo Kamiguchi iba a seguir aquella consigna a rajatabla.

El 26 de octubre de 1943 diez Ki-43 del 64º Sentai y cinco Kawasaki Ki-45 del 21º Sentai despegaron para salir al encuentro de una formación de veintiocho Liberators del 7º Grupo de Bombardeo que regresaban de una incursión sobre Rangún. En el combate, que duró más de 45 minutos, los estadounidenses reclamaron el derribo de cuatro cazas enemigos, pero perdieron uno de sus aviones, un B-24 pilotado por el teniente Roy G. Vaughan, que fue embestido por el Ki-43 del cabo Kamiguchi. El caza golpeó al bombardero en su parte central, cerca de la posición de los artilleros de cintura, haciendo que se partiese por la mitad y se estrellase en la jungla. Solo sobrevivió el oficial de bombardeo, el alférez Gus Johnston, que consiguió saltar en paracaídas y fue hecho prisionero. Kamiguchi salió despedido tras el choque, abrió su paracaídas y llegó a tierra sin sufrir ningún daño.

Cuando tuvo noticia de lo ocurrido, el general Shinichi Tanaka, comandante de la 5ª División Aérea, cubrió de elogios a Kamiguchi y se puso en contacto con la prensa para que diesen a conocer su hazaña. Kamiguchi se convirtió en un héroe nacional. Los periodistas le apodaban “el cabo Sierra”, porque decían que había serrado el fuselaje del bombardero con la hélice de su caza.

Pero no todo el mundo estaba igual de impresionado con la gesta del cabo Kamiguchi. Sus compañeros más veteranos aseguraron que su embestida había sido innecesaria, ya que el bombardero estadounidense había sido dañado de gravedad durante el combate y estaba cayendo cuando recibió el golpe del Ki-43. La escuadrilla adjudicó el derribo de forma compartida al alférez Naoyuki Ito y al sargento Takuwa, olvidando deliberadamente a Kamiguchi. Años después Ito seguía asegurando que el avión ya había sido derribado cuando Kamiguchi lo atacó: “Habría sido muy difícil para él, si no imposible, embestirlo si todas sus armas hubiesen estado operativas”. Ito también explicó que los veteranos temían que los más jóvenes siguiesen el ejemplo de Kamiguchi y cometiesen más imprudencias como la suya.

El barco que se disfrazó de isla

En febrero de 1942, en un intento de impedir la invasión japonesa de la isla de Java, los aliados reunieron precipitadamente una poderosa (aunque mal coordinada) fuerza naval formada por unidades estadounidenses, británicas, australianas y holandesas y salieron al encuentro de la flota enemiga. El enfrentamiento, que se produjo la noche del 27 de febrero, pasó a la historia con el nombre de batalla del Mar de Java, y fue un auténtico desastre para los aliados. Enfrentados a una fuerza similar de la Marina Imperial, sus buques fueron destrozados por los torpedos de los cruceros y destructores japoneses. Se perdieron dos cruceros ligeros, tres destructores y 2.300 hombres, a cambio de un único destructor dañado en el otro bando. Al día siguiente los aliados perdieron otro crucero ligero y uno pesado, con 1.680 hombres, en la batalla del Estrecho de la Sonda. Los japoneses no sufrieron pérdidas. Y un día más tarde un crucero pesado y dos destructores fueron hundidos en la Segunda Batalla del Mar de Java. Tras aquellos tres golpes consecutivos, las aguas de las Indias Orientales Holandesas quedaron totalmente bajo el dominio de la Marina Imperial. Los buques aliados que sobrevivieron (ninguno con categoría superior a destructor) recibieron orden de dirigirse a Australia para ponerse a salvo. El 2 de marzo, cuando ya habían comenzado los desembarcos japoneses en Java, el destructor Witte de With fue hundido por un ataque aéreo en el puerto de Surabaya, acabando así con la presencia de la Marina Real neerlandesa en las Indias Orientales.

En Surabaya tenían también su base cuatro dragaminas holandeses de la clase Jan van Amstel. Eran pequeños navíos de 525 toneladas de desplazamiento y 56 metros de eslora, con una tripulación de 45 hombres cada uno. Uno de ellos, el Pieter de Bitter, fue hundido por su propia tripulación al no poder abandonar el puerto por problemas mecánicos. Los otros tres zarparon cuando recibieron la orden de huir a Australia. Los holandeses no se hacían muchas ilusiones. Sabían que para alcanzar un puerto seguro iban a tener que navegar a través del archipiélago indonesio, que ya estaba en su totalidad bajo el control de la flota y la aviación japonesas. En caso de ser descubiertos, lo que parecía más que probable, difícilmente iban a poder defenderse de un ataque aéreo o de un buque de mayor tamaño (aparte de algunas cargas de profundidad, su único armamento consistía en un cañón de 76'2 mm y dos antiaéreos de 20 mm).

Dragaminas de la clase Jan van Amstel:


Dos de aquellos dragaminas, el Jan van Amstel y el Eland Dubois, emprendieron juntos la travesía. El 8 de marzo, cuando navegaban por el estrecho de Madura, el Eland Dubois quedó inmovilizado por una avería en las calderas. Sus tripulantes lo hundieron para evitar su captura y embarcaron en el Jan van Amstel. Ese mismo día el Jan van Amstel fue descubierto y hundido por el destructor japonés Arashio cuando trataba de llegar al Índico a través del estrecho de Lombok.

El último de los dragaminas holandeses de Surabaya era el Abraham Crijnssen. Su huida a Australia tenía la dificultad añadida de que iba a tener que hacerla en solitario. Sabiendo que sus pocas posibilidades de supervivencia pasaban por volverse invisibles a los ojos de las patrullas navales y aéreas enemigas, los tripulantes del Abraham Crijnssen decidieron aplicar a su buque una original técnica de camuflaje naval. Desembarcaron en la jungla y cortaron una gran cantidad de follaje, ramas y árboles con los que cubrieron el barco casi por completo. Consiguieron así que tuviese el aspecto de un islote cubierto por una tupida vegetación. Para no correr riesgos, solo navegaban de noche. A la luz del día el buque permanecía anclado e inmóvil frente a la costa, representando a la perfección su papel de isla tropical.



Así logró el Abraham Crijnssen dejar atrás las Indias Orientales Holandesas. El 20 de marzo de 1942, ya sin su camuflaje, el dragaminas arribó a Fremantle, en Australia Occidental. Fue el último buque aliado y el único de su clase que logró escapar de Java. Poco después fue integrado en la Marina Real australiana, con una tripulación conjunta holandesa, australiana y británica. Un año más tarde volvió al control de la Marina neerlandesa, aunque durante el resto de la guerra nunca llegaría a abandonar las aguas australianas, sirviendo como escolta antisubmarina de convoyes.

La guerra japonesa del petróleo

El talón de Aquiles de la Marina Imperial japonesa era el petróleo. Japón no contaba con fuentes de energía autóctonas, y sus sobredimensionadas fuerzas armadas (en especial la Marina) precisaban de un petróleo que no tenían, estando obligados además a no descuidar las necesidades de la industria y el transporte civil. El fracaso en sus intentos de asegurarse un suministro estable de combustible fue la causa principal de la derrota japonesa.

Hasta 1941 el suministrador principal de petróleo para la industria y las fuerzas armadas japonesas era Estados Unidos. En julio de 1940 el Congreso norteamericano cortó las exportaciones de gasolina de aviación a Japón. El resto de derivados del petróleo se siguieron recibiendo hasta que el ejército japonés ocupó la Indochina Francesa, en julio del año siguiente. El embargo norteamericano de petróleo fue una de los motivos principales por los que el gobierno japonés optó por lanzar una guerra relámpago para hacerse con las colonias europeas en el sudeste asiático (y entre ellas, los ricos campos petrolíferos de la Indias Orientales Holandesas). El primer paso tenía que ser un ataque por sorpresa a la flota del Pacífico de la U.S. Navy y a las fuerzas estadounidenses en las Filipinas, acabando así con la única potencia que estaba en condiciones de hacer frente a la ofensiva japonesa. Así que, indirectamente, el ataque a Pearl Harbor fue provocado por los propios estadounidenses con sus restricciones a la exportación de petróleo y sus derivados a Japón.

Por lo tanto, paradójicamente, se puede decir que casi hasta el mismo inicio de la guerra contra Estados Unidos, la primera fuente de diesel y combustible bunker (que es como se denomina al combustible usado en motores marinos) de la Marina Imperial fueron los propios Estados Unidos. Las reservas japonesas se agotaron en 1942, lo que les obligó a recurrir al petróleo de los campos recién capturados de lo que hoy son Indonesia y Malasia.

La campaña conjunta de los submarinos de la U.S. Navy y los bombarderos de la USAAF contra el tráfico mercante japonés logró dañar gravemente la capacidad de producción de su industria, reduciendo las importaciones de materiales estratégicos hasta niveles alarmantes. En concreto, el suministro de petróleo del Japón cayó desde 1,75 millones de barriles por mes en Agosto de 1943 a 360.000 en julio del año siguiente, una cifra que suponía tan solo un pequeño porcentaje de la cantidad que la Marina Imperial requería para poder cumplir con todas sus misiones. La falta de buques de transporte, la escasez de combustible y el control enemigo de las rutas de comunicación inmovilizaron a la Marina Imperial, que se vio obligada a ceder la iniciativa a los aliados.

En 1944, a causa de las pérdidas de petroleros provocadas por los ataques de submarinos estadounidenses, el suministro de petróleo desde Sumatra y Borneo se vio casi totalmente interrumpido. Fue entonces cuando los japoneses tuvieron que centrar todos sus esfuerzos en tratar de desarrollar otros combustibles alternativos. Sus frenéticos trabajos para encontrar sustitutos de los hidrocarburos líquidos consiguieron en buena medida resultados satisfactorios, aunque fueron claramente insuficientes.

Cuando el acorazado Yamato zarpó de Tokuyama para lanzar su ataque suicida contra la flota enemiga en aguas de Okinawa, en abril de 1945, sus motores estaban alimentados con aceite de soja refinado. Los químicos japoneses lograron producir combustibles diesel a base de aceites de coco, copra o soja. Hubo intentos de utilizar aceite de raíz de pino, aunque este tenía tendencia a dejar pegajosos depósitos de sedimentos en los motores. También se realizaron experimentos con patatas. Aparte de los biocombustibles, los japoneses hicieron un gran esfuerzo en desarrollar una industria de conversión de carbón en hidrocarburos líquidos, pero los resultados fueron comparativamente insignificantes. No fue mucho mejor la producción de petróleo de esquisto en Corea. Irónicamente, mientras en Japón se veían obligados a convertir el caucho en combustible (el principal productor mundial era Malasia, en poder de los japoneses), al mismo tiempo en Estados Unidos se estaba utilizando petróleo para fabricar caucho sintético.

Pero la falta de petróleo no afectaba solo a la Marina. Si al principio de la guerra cada nuevo motor de aviación era sometido a ocho horas de prueba, la escasez de combustible obligó a los fabricantes de aviones a reducirlas a tan solo dos horas en uno de cada diez motores. Aquellas medidas de ahorro, sumadas a la forzada reducción de horas de vuelo en los entrenamientos, hicieron que en los meses finales de la guerra los nuevos pilotos acabasen destinados a unidades de combate sin haber podido tener una mínima preparación y obligados a tripular aviones de mecánica nada fiable. Durante el último año de la guerra los japoneses tuvieron un relativo éxito en producir combustibles de aviación a base de alcohol etílico obtenido de la fermentación de caña de azúcar o patatas. Cuando las comunicaciones con Filipinas y Formosa se interrumpieron, trataron de sustituir la caña de azúcar por grano de Manchuria. Aquello obligaba a tomar decisiones difíciles sobre las prioridades a la hora de destinar las cosechas a fabricar combustible o a alimentar a la población.

Los robinsones samurais de Mindoro

Mindoro es la séptima isla de Filipinas por su tamaño. Es muy montañosa, su clima es extremadamente húmedo (con lluvias casi todos los días del año), y está cubierta en su mayor parte por una espesa jungla. Se encuentra en el centro del archipiélago, al sur de Luzón, la isla principal. A pesar de su privilegiada situación y de su nombre (del español "Mina de Oro"), los japoneses no mostraron el más mínimo interés por ella durante el tiempo que ocuparon las Filipinas. A finales de 1944 la guarnición japonesa en Mindoro estaba formada tan solo por un millar de hombres del Ejército Imperial, a los que se sumaron unos doscientos supervivientes de transportes de tropas hundidos en ruta hacia Leyte (la primera isla filipina en la que desembarcaron los aliados, en octubre de 1944).

El 15 de diciembre de 1944 dos divisiones del Ejército de los Estados Unidos y un regimiento paracaidista desembarcaron en Mindoro. La batalla duró apenas 48 horas. Ni la Marina Imperial ni las fuerzas aéreas japonesas hicieron acto de presencia en la isla, a excepción de varios ataques kamikazes que se lanzaron desde bases en Luzón contra la flota de desembarco. En tierra los norteamericanos hicieron valer su aplastante superioridad numérica y superaron las defensas japonesas sin mucha dificultad. Los supervivientes huyeron a la selva, donde se ocultaron hasta el final de la guerra.

El interés del general MacArthur por Mindoro se debía a que era el lugar ideal para establecer bases aéreas que permitiesen dar cobertura de caza a las fuerzas que iban a desembarcar en la isla de Luzón. Antes de acabar el primer día de la batalla, los ingenieros del Ejército estaban ya trabajando para poner a punto los campos de aviación. Menos de catorce días después dos bases estaban plenamente operativas y listas para proporcionar apoyo aéreo directo a las operaciones anfibias en Luzón.

El día de Año Nuevo de 1945 desembarcó en Mindoro una fuerza de treinta y nueve japoneses al mando del teniente Shigeichi Yamamoto, un maestro de escuela en la vida civil. Parece ser que era parte de una operación que pretendía un ataque simultáneo a las bases aéreas de la isla a cargo de tres grupos distintos. La unidad de Yamamoto tenía como objetivo el campo de aviación de San José, en el extremo meridional de la isla. En una marcha de varios días, los japoneses se abrieron paso a través de la jungla hasta llegar a las proximidades de la base aérea. Allí se encontraron con una fuerte vigilancia que les hizo sospechar que el enemigo estaba sobre aviso y esperaba su ataque. Mientras trataban de ocultarse de las patrullas estadounidenses, Yamamoto decidió que la única forma que tenían de terminar con su misión era lanzar una carga banzai contra San José. Pero los norteamericanos se adelantaron a sus planes al descubrirles y atacarles. Los japoneses huyeron y se dispersaron en la jungla. Yamamoto y ocho de sus hombres vagaron sin rumbo durante semanas. Al final, cansados de moverse de un lado a otro por la selva, fijaron su campamento en un pequeño valle bordeado de montañas de más de 1.200 metros de altura.

Los nueve japoneses decidieron esperar allí a que el Ejército Imperial reconquistase Mindoro. Consiguieron semillas y animales de los nativos a cambio de sus relojes y se establecieron como agricultores y ganaderos. “Los primeros tres años fueron una dura lucha”, contaría mucho tiempo después el cabo Jintaro Ishii. “Vivíamos como Robinson Crusoe, pero estábamos siempre alerta, como samurais, aunque nunca matamos a nadie”. Cuando llegaron las primeras cosechas, la búsqueda de alimento dejó de ser un problema para ellos. Al término del segundo año contaban ya con 4.000 metros cuadrados de cultivos, setenta gallinas y veinte cerdos. Pero en la jungla de Mindoro morir de hambre no era el único peligro. Aquellas tierras húmedas e insanas estaban infestadas de insectos portadores de la malaria y otras enfermedades. Entre 1952 y 1953 cinco de los hombres murieron a causa de las fiebres tropicales.

Los cuatro supervivientes se adaptaron sorprendentemente bien a la vida en la jungla. Aprendieron a fabricar sus propias herramientas rudimentarias y a hacer ropas y mantas con las pieles de los animales. Yamamoto diseñó una vivienda de troncos y paja, camuflada para no ser vista desde el aire (aún temían a los aviones estadounidenses), y con comodidades insólitas, como agua corriente, bañera, un horno para hacer pan o un alambique para destilar aguardiente. El cabo Jahei Nakano tenía como pasatiempo la fabricación artesanal de flautas e instrumentos de cuerda con fibra de bambú, ya que, como él decía, “los seres humanos necesitamos la música para poder convivir en armonía”. Con el paso del tiempo su relación con los nativos se fue haciendo cada vez más amistosa. Los soldados les enseñaron algunas técnicas agrícolas japonesas, y ellos les correspondían invitándoles a comer con bastante frecuencia.

Un día de 1956 un estadounidense llegó a la región buscando un lugar para establecer una plantación, y Yamamoto decidió contactar con él pensando en negociar la rendición. Fue entonces cuando descubrieron que la guerra había terminado hacía más de una década, aunque no se convencieron totalmente hasta que les hicieron llegar una carta del embajador japonés en Manila en la que les animaba a salir de la jungla. En ese momento tomaron la decisión definitiva de entregarse. Era el 28 de octubre de 1956. La mayor oposición la encontraron en una de las muchachas nativas, que se había enamorado de Ishii y le rogaba que se quedase con ella. “Era una buena chica, pero nuestra relación era platónica", explicaría Ishii más tarde, sin poder evitar sonrojarse.

En diciembre de 1956 el teniente Shigeichi Yamamoto, de 35 años, y los cabos Jintaro Ishii, de 36, Jahei Nakano, de 35, y Masaji Isumita, de 44, regresaron a su país después de haber logrado sobrevivir doce años en la jungla de Mindoro. Al desembarcar fueron recibidos como héroes, con escolares agitando banderines y personalidades locales pronunciando discursos. “Dimos gracias a los dioses. Nunca pensamos que regresaríamos a Japón”, dijo Yamamoto.

Fuentes principales:
http://www.newspapers.com/newspage/27993675/
http://www.elcorreo.com/vizcaya/ocio/201401/18/sabado-japoneses.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Mindoro

Judy, prisionera de guerra

Judy era una pointer inglesa nacida en un criadero de perros de Shanghai en 1937. Comenzó su carrera militar como mascota en dos cañoneras de la Royal Navy con base en Shanghai, el Gnat y el Grasshopper.

Judy en la cubierta del Grasshopper:


Cuando los japoneses invadieron China, el Grasshopper fijó su base en Singapur. El 14 de febrero de 1942 la colonia británica estaba a punto de ser conquistada también por los japoneses, y el Grasshopper zarpó con rumbo a Batavia (la actual Yakarta) abarrotado de refugiados y soldados en retirada. Al sur de Singapur la cañonera fue torpedeada por un submarino japonés. El buque se incendió y comenzó a hundirse, y Judy saltó al agua para salvar su vida.

Los supervivientes del Grasshopper llegaron a una isla deshabitada. Dos días más tarde, Judy apareció en la playa cubierta de petróleo. Los náufragos lograron hacerse con una embarcación y navegaron hasta la costa de Sumatra. Continuaron a pie, en una agotadora marcha, tratando de llegar a Padang, que suponían que aún no había caído en manos japonesas. Pero a pocos kilómetros de alcanzar su destino entraron en una aldea ocupada por los japoneses y fueron capturados. Los soldados les hicieron subir en camiones y tras un viaje de cinco días llegaron al campo de prisioneros de guerra de Gloergoer, en Medan. Con ellos iba Judy, escondida debajo de unos sacos de arroz.

Frank Williams, un soldado de la RAF, se sorprendió a ver a Judy entre los prisioneros: “Recuerdo que pensé ¿qué diablos está haciendo esta hermosa pointer inglesa aquí, sin nadie que la cuide? Aunque estaba delgada, me di cuenta de que era una superviviente nata”.

En agosto de 1942 Frank comenzó a compartir con la perra su comida diaria, un puñado de arroz hervido, y desde entonces fueron inseparables. Muchos prisioneros debían su vida a Judy, que con sus ladridos daba la alarma cuando aparecían escorpiones, serpientes... o guardias. Cuando se llevaban a rastras a algún prisionero para darle una paliza, Judy reaccionaba ladrando y gruñendo, arriesgándose a recibir un culatazo o un tiro. Frank sabía que la vida de Judy pendía de un hilo. Un día aprovechó que el comandante del campo estaba borracho y consiguió convencerle para que la perra fuese reconocida como prisionera de guerra. Oficialmente, Judy se convirtió en el prisionero de guerra "81A Gloergoer, Medan".

En junio de 1944 llegó la orden de trasladar a los prisioneros a Singapur. Frank metió a Judy en un saco de arroz, se la echó al hombro y la embarcó como polizona en el Van Warwyck, un vapor holandés capturado por los japoneses. Las condiciones a bordo eran terribles, con más de setecientos hombres hacinados en la oscuridad bajo la cubierta, soportando un calor abrasador. Por desgracia para los prisioneros, aquella tortura duraría solo unas horas.

El 26 de junio el Van Warwyck fue torpedeado por un submarino estadounidense. Frank quiso salvar a Judy y la tiró al mar a través de un ojo de buey. Él sobrevivió al naufragio y los japoneses le enviaron a otro campo de prisioneros. Allí llegó a oídos de Frank la historia de un heroico perro que había salvado la vida de varios de los prisioneros del Van Warwyck permitiendo que se aferrasen a él para continuar a flote. Pero pasaban los días y no había ni rastro de Judy. Cuando ya había perdido la esperanza de volverla a ver, un día apareció en el campo: “No podía creer lo que veía. Al entrar en el campo de prisioneros, un perro flaco se abalanzó sobre mi tirándome al suelo. Nunca había estado tan contento de ver a la vieja. Y creo que ella sentía lo mismo”.

Aún faltaba lo peor, un año trabajando en la construcción de un ferrocarril a través de la selva de Sumatra. Las condiciones de vida de los prisioneros eran inhumanas, obligados a trabajar hasta la extenuación, mal alimentados y sufriendo enfermedades endémicas como disentería, malaria, cólera, beriberi... La ración diaria de comida era un puñado de tapioca lleno de gusanos, pero Frank seguía compartiendo la suya con la perra: "Todos los días di gracias a Dios por Judy. Ella me salvó la vida de muchas maneras, la mayor de ellas dándome ganas de vivir. Todo lo que tenía que hacer era mirarla, con sus ojos inyectados en sangre por el cansancio, y no podía evitar preguntarme ¿qué sería de ella si yo muriese? Tuve que seguir adelante. Incluso si eso significaba esperar un milagro”.

Frank ocultó a Judy en la selva para ponerla a salvo de los guardias, que se habían cansado de sus ladridos y gruñidos y estaban decididos a matarla. Allí tuvo que alimentarse de serpientes, ratas y monos, y sobrevivió al ataque de un cocodrilo que la dejó gravemente herida.

Al fin terminó la guerra y los prisioneros fueron liberados. Frank regresó a Liverpool llevándose consigo a su inseparable Judy. También le acompañó cuando años después se marchó a África para trabajar en un plan de alimentos financiado por el gobierno británico. Judy murió en Tanzania en 1950.

Judy luciendo la Medalla Dickin, una condecoración británica que se otorga a animales que han destacado por su servicio en las Fuerzas Armadas:

Siete meses entre cazadores de cabezas

Tom Capin era un típico joven de Indiana, alto y pelirrojo. Tenía 21 años, y era sargento de la USAAF, artillero y ayudante de operador de radio de un bombardero B-24 Liberator de la 5ª Ala de Bombardeo Pesado, con base en Morotai, una pequeña isla en las Indias Orientales Holandesas.

El 16 de noviembre de 1944 la escuadrilla de Capin tenía programada una misión de bombardeo contra un pequeño campo de aviación japonés en las Filipinas. En el último momento hubo un cambio de planes, cuando la inteligencia naval estadounidense informó del avistamiento de un crucero pesado en la bahía de Brunei, en la costa de Borneo. Los bombarderos norteamericanos, con una escolta de cazas P-38, recibieron la orden de dirigirse al lugar donde había sido visto el buque japonés. Debido a un problema mecánico, el bombardero de Capin no pudo despegar ese día. En su lugar, él y su tripulación embarcaron en un B-24 nuevo, recién salido de la cadena de montaje, que bautizaron con el nombre de Lucky Strike. Además de Capin, la tripulación la formaban el alférez Tom Coberly (piloto), alférez Jerry Rosenthal (copiloto), alférez Phil Corrin (bombardero), alférez Fred Brennan (navegante), cabo Eddy Haviland (artillero de proa), sargento Franny Harrington (artillero de cola), sargento Jim Knoch (ingeniero de vuelo), cabo John Nelson (artillero lateral derecho), y cabo Dan Illerich (radiooperador). Era la octava misión en la que volaban juntos. En el último momento se les unió el fotógrafo de la USAAF Elmer Phillips, que les pidió permiso para participar en una última misión antes de regresar a los Estados Unidos.

Tripulación del Lucky Strike:


Cuando la formación de bombarderos llegó a la bahía de Brunei, los estadounidenses, en lugar del crucero solitario del que había informado la inteligencia naval, se encontraron con el grueso de la flota japonesa que tres semanas antes se había enfrentado a la US Navy en el Golfo de Leyte, una gran fuerza formada por tres acorazados, tres cruceros pesados, cuatro cruceros ligeros, cinco destructores y numerosas naves auxiliares. Pese al intenso fuego antiaéreo con el que les recibieron, los bombarderos iniciaron el ataque contra los buques enemigos.

Coberly siguió al líder de la escuadrilla en su aproximación a la flota enemiga. De repente, un proyectil antiaéreo impactó en el morro del Lucky Strike. La explosión mató a Brennan y destrozó una pierna de Coberly. Rosenthal, el copiloto, también resultó herido en la cabeza. Su oreja izquierda había desaparecido y sangraba abundantemente, pero aun así logró permanecer a los mandos del avión. Rosenthal rompió la formación y trató de regresar a la base sobrevolando las montañas del norte de Borneo. Pero el bombardero había sufrido graves daños. El depósito de combustible estaba agujereado, el sistema hidráulico había dejado de funcionar y uno de los motores estaba ardiendo. Incapaz de controlar el avión, Rosenthal tuvo que dar a sus compañeros la orden de saltar en paracaídas. Él no quiso abandonar el bombardero, o no tuvo fuerzas para hacerlo. Murió al estrellarse en la selva, todavía a los mandos del Lucky Strike.

Tom Capin fue el último en saltar. Aterrizó sobre un árbol de caoba, y tuvo que descender por las enredaderas que lo cubrían para llegar al suelo. No había ni rastro de sus compañeros. Estaba solo, en medio de una de las regiones más primitivas e inexploradas del planeta. Capin pronto se dio cuenta de que las clases de supervivencia que había recibido en el Army Air Corps no servían de mucho en aquella situación. Estuvo varios días vagando por la selva, luchando por conseguir algo de comida. El agua que bebió le provocó una fuerte diarrea. Al fin, un día, cuando estaba ya al límite de sus fuerzas, decidió utilizar su pistola para pedir auxilio. Disparó al aire todo el cargador, esperando que alguien lo oyese. Sabía que si le encontraban los japoneses o los nativos (conocidos como “cazadores de cabezas”, y con una merecida fama de crueldad con los extranjeros) sus posibilidades de sobrevivir serían mínimas, pero tenía la pequeña esperanza de que fuesen sus compañeros los que acudiesen al sonido de los disparos.

Capin se sentó y esperó pensando en su esposa, Betty, que se había vuelto a vivir con sus padres en Fort Wayne. Imaginó su dolor cuando recibiese el telegrama con la noticia de que su marido había desaparecido en combate. Capin estaba allí sentado, sumido en sus pensamientos y arrancándose las sanguijuelas que se le habían pegado a la piel, cuando escuchó: "¡Eh, americano!". Levantó la cabeza y vio delante de él a dos nativos de aspecto amenazador, armados con cerbatanas y machetes.

Los dos hombres dejaron caer sus armas en señal de amistad, y Capin hizo lo propio bajando su la pistola. Al ver cómo le temblaban las manos, le ofrecieron un poco de arroz. Luego hicieron un cigarro con un poco de tabaco crudo y una hoja de banano. Capin se asustó cuando vio un dibujo del sol naciente en la caja de cerillas. Trató de preguntarles por sus compañeros, pero no pudo entender nada de su “jerga nativa”.

Los hombres condujeron a Capin a su pueblo y le hicieron entrar en una casa comunal con techo de paja, llena de gente. La mayor parte de ellos nunca había visto antes a un hombre blanco, por lo que la legada de Capin causó auténtica conmoción. Una de las mujeres le dio maíz tostado, y él comenzó a devorar la comida sin pensar en nada más que en saciar su hambre. Pero uno de los nativos, sabiendo que Capin no podía comer alimentos sólidos en su estado, le quitó el maíz de las manos y se lo llevó de allí, poniendo fin a la fiesta.

Aquel hombre se llamaba Kibung. No pertenecía a los Lun Dayeh, el pueblo dayak que le había acogido. Él era un Iban, otra etnia dayak de la costa de Sarawak con una temible fama de guerreros y cazadores de cabezas. Kibung era un fugitivo. Había matado a algunos de los ocupantes japoneses de su pueblo y había tenido que huir al interior, al territorio de los Lun Dayeh. Estaba casado con una mujer Lun Dayeh y tenía un hijo de pocos meses.

Capin se instaló en una choza junto a la casa de Kibung. La hermana del jefe comunal, que le preparaba la comida, había sido educada por unos misioneros y hablaba malayo. Capin pudo comunicarse con ella gracias al pequeño diccionario inglés-holandés-malayo que llevaba. Pronto dejó de necesitarlo. En un tiempo sorprendentemente corto, Capin aprendió lo suficiente del idioma dayak como para hacerse entender.

Galería de una casa dayak, adornada con una hilera de cráneos humanos:


Kibung se encargó de enseñar a Capin todo lo que necesitaba saber para vivir en la selva como un dayak. Lo primero que aprendió fue a caminar descalzo como los nativos, ya que las patrullas japonesas habrían reconocido sin problemas las huellas de unas botas. También aprendió a moverse por la selva, y a cazar, sentándose tranquilamente sin ser molestado por sanguijuelas, mosquitos y hormigas, esperando a que pasase su presa. Kibung le mostró los usos de distintas plantas, le explicó que los árboles frutales tenían marcas que indicaban el propietario, y que ciertas marcas significaban que la fruta estaba disponible para todos. Aprendió a lavarse con un jabón hecho de corteza de árbol. Pronto se destacó en otras áreas, como permanecer en cuclillas durante horas, o comer con dos o tres dedos de la mano derecha y con una hoja como plato. Solo un mes después de haber saltado en paracaídas en medio de la selva, Capin se había convertido en un dayak más, hablaba su idioma y se comportaba según sus costumbres. Kibung también le había dado un sempit, una cerbatana larga, de unos dos metros, con una caja de bambú llena de dardos envenenados. El veneno era extremadamente letal, aunque según la costumbre el sempit solo se podía utilizar para cazar animales. Para matar a otros hombres los dayak preferían usar lanzas o machetes.

Los Lun Dayeh quisieron demostrar a Capin que le aceptaban como uno de ellos, y lo hicieron por medio de una ceremonia en la que le tatuaron en el antebrazo unos “ojos de la montaña”. Durante el resto de su vida, aquel tatuaje hecho con carbón y una aguja de sutura recordó a Capin que siempre sería un Lun Dayeh.

Dos meses y medio después de saltar del Lucky Strike, Capin por fin volvió a ver a dos de sus compañeros, Phil Corrin y Dan Illerich, que habían sido rescatados por otro pueblo de las montañas. El reencuentro no fue todo lo amistoso que se podía esperar. Hubo cierta tensión, al parecer causada por la arrogancia de Capin (o al menos así lo interpretaron sus compatriotas), que les echó en cara su ignorancia sobre la forma de vida dayak. Según dijeron, Capin parecía más dayak que estadounidense, e incluso a veces se le notaba cierto esfuerzo para hablar en inglés.

El 25 de marzo de 1945 un pequeño grupo de ocho hombres saltó en paracaídas de un B-24 Liberator en el territorio de los Kelabit, otra etnia de las montañas del interior de Borneo. Se trataba de un comando de la Unidad Especial Z (o Fuerza Z), una unidad interaliada de operaciones especiales que operaba sobre todo en Indonesia y Malasia. Su misión, de nombre en clave Operación Semut I, era buscar una alianza con los pueblos nativos de Borneo para luchar contra los japoneses. El hombre al mando del grupo era el mayor Tom Harrisson, un excéntrico erudito británico que antes de la guerra ya había estado en Borneo, dedicado a investigaciones ornitológicas y antropológicas (a pesar de su aparente idoneidad para una misión tan complicada, ya que se podía contar con los dedos de una mano a los oficiales aliados que tenían algún conocimiento sobre los dayak, hay quien cree que su nombramiento se debió a un error, y que el que tenía que haber mandado aquella operación era otro oficial con el mismo nombre). La misión fue más sencilla de lo esperado. Los dayak tenían un buen recuerdo de los misioneros cristianos que habían convivido con ellos hasta la invasión nipona, a diferencia de los ocupantes japoneses, que les trataban con una crueldad extrema. De hecho, en su lucha contra la ocupación los dayak recuperaron sus antiguas prácticas de “cazadores de cabezas”, que al menos en teoría habían abandonado décadas antes. En abril Harrisson oyó hablar de los aviadores estadounidenses que convivían con los nativos del interior de la isla (además del Lucky Strike, en enero de 1945 otro B-24 de la Marina se había estrellado en las montañas de Borneo, y los supervivientes también habían sido acogidos por los dayak) y planeó su rescate. Por medio de mensajeros hizo llegar unas cartas a los estadounidenses en las que les solicitaba que se reuniesen con él en Bario, en Sarawak. Capin, Illerich y Corrin, acompañados por guías nativos, anduvieron durante doce días a través de la selva, durmiendo en los poblados indígenas que se encontraban en el camino, hasta que llegaron al punto de encuentro.

El mayor Tom Harrisson en Borneo:


Harrisson y Capin llegaron a conocerse bien, ya que ambos sufrían de dolencias en los pies y pasaron unos días recuperándose juntos. El antropólogo británico se quedó impresionado por la comprensión de la cultura dayak que demostraba aquel joven pelirrojo de Indiana. Por encargo de Harrisson, Capin se dedicó a adiestrar a los nativos en el manejo de los fusiles Enfield. Unos días más tarde le asignó otra tarea muy distinta, cuando le pidió que hiciese de ayudante del médico de la misión,”Doc” McCallum. Quizá porque su nuevo trabajo requería un aspecto más respetable, Capin renunció a su taparrabos y lo cambió por unos pantalones cortos australianos.

Bajo la dirección de Harrisson, los dayak comenzaron a abrir una pista de aterrizaje en la selva. En poco tiempo la pista era lo suficientemente larga como para permitir el aterrizaje y despegue de un pequeño avión de enlace Auster. Para celebrarlo, los dayak colocaron a los lados de la pista dos hileras de estacas con cabezas de japoneses clavadas en ellas. Con la pista operativa, los pilotos estadounidenses podían empezar a ser evacuados. Cuando llegó su turno, Capin subió al pequeño biplaza con el olor dulzón de las cabezas en descomposición llenando el aire, un olor que nunca olvidaría. En junio de 1945, después de siete meses viviendo como un dayak, Tom Capin al fin regresaba a casa.

Además de Tom Capin, Phil Corrin y Dan Illerich, otros cuatro tripulantes del Lucky Strike sobrevivieron gracias a la ayuda de los dayak: Jim Knoch, John Nelson, Eddy Haviland (que abandonó el avión casi ciego, con graves heridas en los ojos) y Franny Harrington. El piloto, el alférez Coberly, que estaba herido cuando saltó del avión, murió al fallar la apertura de su paracaídas. También murió el sargento Elmer Phillips, el fotógrafo que pidió volar con ellos por última vez.

Tom Capin recibió la Medalla del Imperio Británico por los servicios prestados como ayudante del doctor McCallum. Después de la guerra ingresó en un seminario y se hizo pastor metodista. Siempre quiso regresar a Borneo, pero los médicos se lo desaconsejaron debido a las enfermedades que había sufrido allí.

Fuente principal:
http://suite101.com/article/tom-capin-hoosier-headhunter-in-wwii-a377181


El general Zahedi y los británicos, o cómo funciona la política internacional

En agosto de 1942, en el transcurso de la Operación Azul (la ofensiva que llevó al VI Ejército a Stalingrado), los ejércitos alemanes lograron ocupar la mayor parte del Cáucaso, haciéndose con el control de los pasos que atravesaban la cordillera y amenazando los yacimientos petrolíferos de Azerbaiyán y el Caspio. Un año antes Irán había sido ocupada conjuntamente por británicos y soviéticos, para evitar un pronunciamento del Sha a favor del Eje y asegurar una de las principales rutas de abastecimiento de la Unión Soviética (el ferrocarril Trans-Iranio). Pero a finales del verano de 1942, con la Wehrmacht peligrosamente cerca de las fronteras de Persia, los británicos comenzaron a temer una sublevación de los iraníes a favor del Eje.

Gran Bretaña ocupaba el sur del país, pero sus fuerzas eran demasiado escasas como para hacer frente a una insurrección armada. Su única opción era adelantarse a ella dando un golpe de mano para neutralizar a los líderes de la conspiración antibritánica. El mayor sospechoso era el general Fazlollah Zahedi, el gobernador militar de Isfahán, del que se creía que estaba en contacto con agentes alemanes. El gobierno de Churchill encomendó la misión a un agente del MI6 (el servicio secreto exterior) llamado Fitzroy MacLean. A los que seguís habitualmente este blog puede que este nombre os suene de algo, porque no hace mucho hablé de él en una entrada dedicada a los hombres que inspiraron a Ian Flemig para crear el personaje de James Bond.

MacLean explicaría años después en qué consistía su misión: "Una parte siniestra de todo esto la jugaba un tal general Zahidi (sic), que estaba al mando de las fuerzas persas en el área de Isfahán. Zahidi era conocido por ser uno de los peores acaparadores de grano del país. En resumen, el general Zahidi parecía estar detrás de la mayoría de los problemas en el sur de Persia (...) El general Baillon y Sir Reader Bullard habían decidido que esto podría lograrse mejor mediante la eliminación del general Zahidi, y fue esa la tarea que decidieron confiarme. Tenía que capturarle vivo, y hacerlo sin crear ninguna perturbación". La misión recibió el curioso nombre en clave de "Operación Pongo".

Cuando llegó a Isfahán, MacLean fue a ver al cónsul británico, John Gault, y le reveló el verdadero propósito de su presencia allí. Gault se mostró de acuerdo con la misión, confirmando las sospechas británicas: "El general Zahidi, aunque de trato agradable, era, dijo, en realidad una mala persona: un enemigo acérrimo de los aliados, un hombre de hábitos personales desagradables, y, a causa de sus actividades de acaparamiento de grano, una fuente de descontento popular y un obstáculo para la administración eficiente del sur de Persia". El cónsul también había oído rumores de que Zahedi estaba preparando una revuelta antibritánica con el apoyo de agentes alemanes.

Zahedi era un hombre cauteloso, siempre acompañado de guardaespaldas. Viendo las medidas de seguridad de las que se rodeaba, MacLean pensó que cuanto menor fuese la fuerza utilizada en el secuestro, mayores serían sus posibilidades de éxito. Decidió usar a su favor la vanidad del general. Solicitaría una audiencia haciéndose pasar por un general británico, esperando que Zahedi la aceptase encantado de aquella demostración de la importancia que tenía para los ingleses. Cuando lograse quedarse a solas con él, MacLean simplemente le encañonaría con un arma y le obligaría a salir con él.

MacLean acudió a la cita acompañado de un pelotón de infantería del regimiento Seaforth Highlanders, que tenía que esperar en el exterior del edificio con órdenes de intervenir solo si era estrictamente necesario. Fue más sencillo de lo que esperaban. Zahedi "entró en la sala, y se encontró a sí mismo mirando el cañón de mi Colt. Sin más preámbulos, invité al Secretario General a levantar las manos y le informé de que tenía instrucciones de arrestarle y de que, si hacía algún ruido o intento de resistencia, le dispararía un tiro".

Los británicos metieron a Zahedi en un coche y lo llevaron al desierto, donde un avión estaba esperándole listo para despegar. El general pasó los años siguientes en un campo de internamiento en Palestina. Después de la guerra fue puesto en libertad y regresó a su país.

Mientras Zahedi iba camino al cautiverio, MacLean registraba su domicilio en busca de documentos comprometedores. En el dormitorio del general encontró "una colección de armas automáticas de fabricación alemana, una buena cantidad de ropa interior de seda, un poco de opio, un catálogo ilustrado de prostitutas de Isfahán y un gran número de cartas y papeles", entre ellos su correspondencia con el cónsul alemán en el sur de Persia.

Y ahora vamos a dar un salto temporal. No muy grande, solo unos pocos años.

En marzo de 1951 el primer ministro de Irán Mohammad Mossadeq sorprendió al mundo decretando la nacionalización de la AIOC (Anglo-Iranian Oil Company), la compañía británica que controlaba la producción de petróleo iraní imponiendo unas condiciones abusivas (como la de asegurarse la compra de la producción nacional hasta 1993 a un precio fijo de cuatro dolares la tonelada). El Reino Unido respondió a la nacionalización imponiendo sanciones económicas y cerrando los bancos británicos en el país. Pero la asfixia económica era solo el primer paso para forzar un cambio de régimen en Irán. El MI6 y la recién creada CIA se pusieron como objetivo acabar con la monarquía constitucional y sustituirla por un gobierno dictatorial del Sha Reza Pahlevi. Para ello necesitarían a un hombre dentro del régimen. Ya os estaréis imaginando quién iba a ser.

Por entonces Fazlollah Zahedi, que tras retirarse del Ejército se había convertido en un influyente político, ocupaba el cargo de ministro del Interior. En un primer momento se había mostrado partidario de la nacionalización de la industria petrolera, pero al poco tiempo, con la ayuda de los servicios secretos británicos, comenzó a conspirar contra el gobierno del que él mismo formaba parte. A mediados de 1951 Zahedi fue destituido por Mossadeq después de ordenar una sangrienta represión de las manifestaciones a favor de la nacionalización que había causado al menos 20 muertos y 2.000 heridos. El primer ministro le acusaba de estar preparando un golpe de estado. Por su parte, Zahedi recriminaba a Mossadeq su creciente tolerancia con el Tudeh, el partido comunista iraní.

En agosto de 1951 tuvo lugar un golpe de estado militar, liderado por Zahedi y dirigido y financiado por los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses. Aquel primer intento acabó en fracaso. Zahedi tuvo que ocultarse y el Sha se exilió en Italia. Mientras, en Gran Bretaña continuaba la campaña política contra Mossadeq. Le acusaban de haberse vendido a los soviéticos, a pesar de que también había nacionalizado la industria pesquera (hasta ese momento explotada en régimen de concesión por la URSS). El 19 de agosto de 1953 hubo un segundo golpe de estado. Tropas leales a Zahedi arrestaron a Mossadeq en su casa, y tres días después el Sha regresaba del exilio y Zahedi era nombrado primer ministro. El hombre corrupto y poco de fiar, amigo de los nazis, se convirtió en el héroe que había logrado la libertad de su pueblo enfrentándose a la amenaza comunista.

Fuentes:
Las citas son fragmentos de Eastern Approaches, de Fitzroy MacLean, leídos en
http://www.gozaar.org/english/articles-en/The-British-Zahedi-Oil-and-the-Lies-in-Between.html
Más:
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=51&t=13220
http://en.wikipedia.org/wiki/Fazlollah_Zahedi

Italianos en el Lejano Oriente

En el año 1900, cuando estalló la rebelión nacionalista de los boxers, las potencias coloniales enviaron a China una fuerza militar internacional formada por tropas de Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Austria-Hungría, Francia, Rusia, Japón e Italia. Después de sofocar la insurrección las potencias utilizaron su posición de fuerza para hacerse con concesiones comerciales y territoriales del gobierno imperial. Así, la intervención italiana en la campaña les sirvió para conseguir el derecho de ocupar un enclave de aproximadamente medio kilómetro cuadrado en Tientsin, una ciudad 200 km al sur de Pekín, y dos pequeños barrios comerciales en Shanghai y Pekín. Estos tres minúsculos territorios dentro de China quedaron bajo soberanía directa de Roma durante más de cuarenta años. En 1915, cuando Italia entró en la Primera Guerra Mundial, la colonia de Tientsin contaba alrededor de 10.000 habitantes chinos y entre 350 y 400 italianos, la mayor parte de ellos dedicados al comercio. Por entonces la defensa de la colonia estaba encomendada a tan solo unos 200 soldados y oficiales, en su mayoría Bersaglieri, y medio centenar de milicianos chinos. Unos años más tarde, cuando terminó la guerra, el gobierno de Roma decidió reforzar la guarnición. En 1925 se creó el Battaglione Italiano in Cina, una fuerza de élite y bien equipada, compuesta en su mayor parte por soldados del Reggimento San Marco (la infantería de marina italiana), con base en el cuartel Ermanno Carlotto, construído para ellos en Tientsin.

Con la llegada a China del yerno de Mussolini, Galeazzo Ciano, nombrado secretario de legación de Pekín y más tarde ministro plenipotenciario en Shanghai, las relaciones entre los dos países se estrecharon. Ciano hizo amistad con las élites del nuevo movimiento nacionalista chino liderado por Chiang Kai Shek, en especial con el mariscal Chang Hsueh Liang, un fiel admirador del régimen fascista de Mussolini. En esa etapa las relaciones entre China e Italia eran inmejorables, y la colonia italiana vivió su mejor época. En 1932, después del incidente de Mukden (el primer acto de abierta hostilidad de Japón contra China), Chiang Kai Shek eligió a Ciano como mediador con los japoneses. Los lazos económicos y militares entre los dos países se estrecharon, y los intercambios comerciales no dejaban de crecer. En 1932 la naviera italiana Lloyd Triestino abrió una nueva línea de trasatlánticos que unía Italia con Shanghai. Ese año Mussolini envió a China una gran delegación de técnicos aeronáuticos, ingenieros y pilotos para lograr del gobierno de Nanking contratos para la fabricación bajo licencia de aviones italianos en China y la compra de varios modelos militares. A pesar de sus esfuerzos, lo único que consiguieron los italianos del gobierno chino fue la venta de una pequeña cantidad de cazas Fiat CR32 y algunos Caproni de bombardeo y reconocimiento.

En julio de 1937, cuando comenzaron los enfrentamientos entre chinos y japoneses, las fuerzas italianas en China estaban compuestas por dos cañoneras, la Ermanno Carlotto y la Lepanto, y el Battaglione Italiano in Cina con base en Tientsin. En los meses siguientes la guerra derivó en una invasión japonesa de China en toda regla. El Mando Supremo italiano decidió reforzar la guarnición con los 764 soldados y oficiales del Battaglione Granatieri di Sardegna, llegados en barcos desde Massaua (Eritrea), y un buque de guerra, el crucero ligero Raimondo Montecuccoli. El buque zarpó de Nápoles el 27 de agosto y llegó a Shanghai el 15 de septiembre, coincidiendo con los primeros bombardeos aéreos japoneses sobre la ciudad. En esos momentos había unos 1.200 soldados del ejército y marineros para garantizar la seguridad y los intereses de entre 500 y 600 italianos residentes en la colonia. Los italianos se unían a los contingentes británico (2.500 hombres) y estadounidense (1.400 hombres) enviados para proteger a los ciudadanos extranjeros en Pekín y sobre todo en Shanghai (en esta ciudad residían 971 civiles británicos, 308 estadounidenses, 199 alemanes, 654 rusos, 182 japoneses y 42 italianos). El 24 de octubre, durante un raid contra el puerto de Shanghai, el crucero Montecuccoli fue alcanzado por esquirlas de bombas, causando la muerte de un tripulante y varios heridos. El incidente comprometió gravemente las relaciones diplomáticas entre Roma y Tokio).

Pero entonces Mussolini dio un giro de 180º a su política en Extremo Oriente. El 6 de noviembre de 1937 Italia se unió al Pacto Antikomintern. Se convirtió así en aliada de Japón, y en consecuencia Chiang Kai Shek rompió todas las relaciones con Roma. La nueva situación causó el aislamiento repentino de la colonia de Tientsin y los barrios italianos de Shanghai y Pekín. Los refuerzos enviados para defender los intereses italianos de los invasores japoneses pasaron sin previo aviso a servir de fuerza disuasoria frente a la hostilidad de los chinos.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, los italianos redujeron su presencia militar en China. El crucero ligero Bartolomeo Colleoni, que había reemplazado a su gemelo el Montecuccoli en la defensa de las concesiones italianas, fue llamado de nuevo a Italia. Parte del contingente de tierra fue también repatriado, dejando tan solo dos pequeñas guarniciones en Tientsin y Pekín y las cañoneras Lepanto y Carlotto.

Soldados italianos en Tientsin en 1939:


El 10 de junio de 1940 Italia declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña. Eso supuso un nuevo cambio en la política italiana en Asia. El Mando Supremo de la Marina ordenó a varias unidades que abandonasen Eritrea y se dirigiesen al Lejano Oriente. En realidad, detrás de la decisión de volver a reforzar la presencia italiana en China estaba la intención de poner a salvo los buques con base en el puerto de Massaua por el temor de que las colonias italianas en África Oriental cayesen en manos británicas. Así, en febrero de 1941, menos de dos meses antes de que Massaua fuese capturada por las fuerzas de la Commonwealth, el crucero colonial Eritrea (armado con cuatro cañones de 120 mm, dos de 40 mm y dos ametralladoras antiaéreas de 13,2 mm) y dos modernos barcos bananeros reconvertidos en cruceros auxiliares, el Ramb1 y el Ramb2 (con cuatro cañones de 120 mm y algunas ametralladoras de 13,2 mm), zarparon con rumbo a Kobe (Japón) o, como alternativa, a los puertos de Shanghai y Tientsin. El Ramb1 fue hundido frente a las islas Maldivas por el crucero ligero neozelandés Leander, mientras que el Eritrea y el Ramb2 superaron la vigilancia de la Royal Navy en el Índico y llegaron a su destino.

En cuanto a los numerosos barcos mercantes italianos que se encontraban en aguas chinas y japonesas cuando Italia entró en la guerra, la mayoría de ellos (como el gran vapor Conte Verde) se mantuvieron retenidos en puerto o fueron utilizados por los japoneses, mientras que otros trataron de regresar a Europa burlando el bloqueo británico. Algunos de estos últimos lograron su objetivo, llegando a los puertos atlánticos franceses cargados con valiosas mercancías estratégicas (caucho, quinina, estaño...).

Entre marzo de 1941 y septiembre de 1943 las concesiones italianas en China vivieron un periodo de tranquilidad, a pesar de las tensas relaciones con los ocupantes japoneses, a los que no les gustaba nada la presencia de europeos en los territorios que administraban (aunque fuesen aliados suyos, como los italianos). Tokio prohibió al Eritrea y al Ramb2 realizar acciones ofensivas contra la flota británica en el sudeste asiático (antes del ataque a Pearl Harbor, los japoneses se esforzaban por evitar situaciones embarazosas con Gran Bretaña). Solo después de la entrada de Japón en la guerra permitieron al Eritrea prestar apoyo a los submarinos oceánicos italianos que llegaban a Penang y Singapur desde la lejana base de Burdeos, cargados con productos estratégicos y bienes destinados a la industria bélica japonesa.

En septiembre de 1943 Italia firmó el armisticio con los aliados. En cuanto se conoció la noticia, los japoneses trataron de tomar el control de los enclaves italianos. En un principio las sorprendidas guarniciones italianas opusieron resistencia. La estación de radio de Pekín, defendida por un centenar de marineros y soldados al mando del capitán de corbeta Baldassarre y armados únicamente con fusiles y granadas de mano, fue atacada por una fuerza de casi 1.000 soldados japoneses apoyados por quince tanques ligeros y algunos cañones. La pequeña guarnición resistió durante 24 horas, rindiéndose a las 9 de la mañana del 10 de septiembre, tras destruir el equipo de radio y quemar todos los documentos confidenciales. Después de la rendición la mayor parte de los italianos se declararon leales a la fascista República Social Italiana y decidieron continuar la guerra al lado del Eje, a excepción de veintinueve oficiales y soldados que se negaron a hacerlo y fueron internados en un campo de prisioneros en Corea.

La colonia de Tientsin fue rodeada por un regimiento japonés. Los italianos se atrincheraron en el cuartel Ermanno Carlotto y en el ayuntamiento, decididos a resistir. Eran unos 600 soldados y marineros, al mando del capitán de fragata Carlo dell'Acqua, armados con 300 fusiles, 50 pistolas, 50 ametralladoras, cuatro cañones de 76 mm, cuatro blindados Lancia, otros cinco vehículos de motor, medio centenar de caballos, dos millones de balas de calibre variado, medicinas y alimentos para una semana. El teniente coronel Tanaka, comandante japonés, contaba con unos 6.000 hombres, con diez blindados ligeros y artillería. Además tenía bajo su mando dos cañoneras fluviales y un escuadrón de bombarderos que operaban desde el cercano aeropuerto de Pekín. Tanaka solicitó la rendición de la guarnición, pero los oficiales italianos rechazaron el ultimátum. Los japoneses respondieron con un bombardeo de artillería, esperando que eso bastase para hacerles cambiar de idea. A Tientsin llegaron noticias alarmantes sobre el inminente despliegue de una división japonesa completa. El capitán Dell'Acqua, viéndolo todo perdido, decidió rendirse para no poner en peligro la vida de los civiles, en contra de la opinión de muchos de sus soldados que querían continuar la lucha. Después de la rendición la guarnición de Tientsin se dividió como había hecho la de Pekín: cerca de 170 italianos optaron por combatir junto a los japoneses, el resto prefirieron no colaborar y fueron internados en campos de prisioneros en Tientsin, Corea y Japón, donde fueron sometidos a trabajos forzados.

Los buques italianos que se encontraban en Asia reaccionaron de diferentes maneras a la firma del armisticio. El Eritrea recibió la noticia en la madrugada del 8 de septiembre de 1943, cuando se encontraba navegando entre Singapur y Sabang para dar apoyo al submarino oceánico de carga Comandante Cappellini, que acababa de llegar de Francia después de una larga y peligrosa travesía. Tan pronto como recibió el mensaje, el Eritrea cambió de rumbo y se dirigió a toda máquina a Colombo, en Ceilán, cruzando por el estrecho de Sumatra y burlando la persecución de las unidades aéreas y navales japonesas.

El Cappellini estaba anclado en Sabang, en la isla de Weh, al norte de Sumatra, preparándose para regresar a Europa. Su comandante, el capitán de corbeta Walter Auconi, declaró su intención de continuar combatiendo a favor del Eje. A pesar de ello, en cuanto el submarino llegó a Singapur fue capturado por los japoneses. El contralmirante Hiroaka ordenó internar la nave y enviar a sus tripulantes a campos de prisioneros, donde recibieron un trato inhumano. Pese a ello, parte de su tripulación decidió permanecer leal a la nueva República Social Italiana y unas semanas después el sumergible fue transferido a la Kriegsmarine con la denominación U.IT-24.

El Comandante Cappellini (U.IT-24 para la Kriegsmarine) en el Mar Interior, Japón, en agosto de 1944:


Otros dos submarinos oceánicos, el Reginaldo Giuliani y el Luigi Torelli, se encontraban en Singapur, listos para partir con destino a Burdeos cargados de mercancías estratégicas. Sus tripulaciones, al contrario que los oficiales, querían mayoritariamente continuar luchando junto a sus antiguos aliados. Unos días después del armisticio fueron puestos bajo el control de la Kriegsmarine, donde recibieron las denominaciones U.IT-23 y U.IT-25, respectivamente.

El submarino oceánico Ammiraglio Cagni navegaba en medio del Océano Índico, procedente de Burdeos y con destino a Singapur. Al conocer la firma del armisticio, puso rumbo al puerto sudafricano de Durban, donde se rindió a los aliados.

En el puerto de Shanghai se encontraban las cañoneras Lepanto y Carlotto, además del Conte Verde y otros vapores italianos. Todos ellos fueron hundidos por sus tripulaciones el 9 de septiembre para evitar su captura por los japoneses. El mismo final tuvo el crucero auxiliar Calitea 2, el antiguo Ramb2, al que el armisticio sorprendió en el puerto japonés de Kobe, donde estaba siendo sometido a trabajos de mantenimiento.

A pesar del mal trato que recibieron de los japoneses, muchos marineros de los submarinos italianos con base en Asia optaron por seguir luchando al lado del Eje. Las tres unidades italianas capturadas, el Cappellini, el Giuliani y el Torelli, pasaron a estar bajo mando alemán en Penang y continuaron operando con tripulaciones mixtas germano-italianas. El Cappellini no fue utilizado en ninguna misión. El Giuliani zarpó de Singapur en febrero de 1944 con una carga de mercancías estratégicas con destino a Penang para continuar desde allí a Francia. Fue hundido el 12 de febrero en el estrecho de Malaca por el submarino británico Tally Ho. Murió la mayor parde de su tripulación, compuesta por 34 alemanes y 5 italianos. El Torelli fue utilizado para el transporte de suministros entre Malasia, Java y Japón. El 17 de marzo de 1945 fue dañado por un bombardeo aéreo en el puerto de Kobe.

Después de la rendición de Alemania, el 8 de mayo de 1945, los submarinos Torelli y Cappellini pasaron a la Marina Imperial japonesa renombrados como I-505 y I-503, con una veintena de marinos italianos todavía en sus tripulaciones. Fueron los únicos buques que estuvieron en servicio sucesivamente en las tres potencias del Eje durante la guerra. El 30 de agosto de 1945 los cañones antiaéreos del Torelli derribaron un bombardero estadounidense B-25 Mitchell sobre el puerto de Kobe. Fue la última victoria de una unidad naval "japonesa" en la guerra.

Tras la rendición de Japón, los italianos fueron capturados por los estadounidenses e internados en campos de las Filipinas y Hawai. Allí se reencontraron con sus compatriotas que se habían negado a colaborar y habían pasado la guerra en campos de prisioneros japoneses. En marzo de 1946 llegaron todos juntos al puerto de Nápoles a bordo de buques de guerra estadounidenses.

Fuente principal:
http://www.oocities.org/dutcheastindies/shanghai.html
Más:
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/batallas/pacificoITA.html
http://it.wikipedia.org/wiki/Comandante_Cappellini
http://it.wikipedia.org/wiki/Luigi_Torelli_(sommergibile)


Los ataques de la Fuerza Z al puerto de Singapur

Operación Jaywick

El Departamento de Servicios Interaliado (IASD), con base en la ciudad australiana de Melbourne, era la cobertura de una organización de inteligencia militar interaliada, llamada SOA (Operaciones Especiales Australia), que había sido creada en marzo de 1942 por varios oficiales británicos del SOE que habían logrado huir de Singapur tras la ocupación japonesa. En junio de 1942 el SOA organizó una unidad de comandos, la Unidad Especial Z (más tarde sería conocida simplemente como Fuerza Z), con personal reclutado principalmente en la Real Marina y el Ejército australianos.

En 1943 un oficial británico del SOA de 28 años, el Capitán Ivan Lyon, propuso un plan para un ataque con comandos a los barcos japoneses anclados en el puerto de Singapur. Los comandos viajarían al puerto en un barco pequeño que se haría pasar por un pesquero asiático. Una vez llegasen a Singapur usarían canoas plegables para infiltrarse en el puerto y colocar minas lapa en los buques japoneses.

El capitán Ivan Lyon, en el centro, tomando unas cervezas con otros dos miembros de la Fuerza Z:

capitan ivan lyon
Lyon había servido en el regimiento Gordon Highlanders en Singapur. En febrero de 1942, cuando organizaba la evacuación de civiles de la colonia británica, había conocido a un civil australiano de 61 años llamado Bill Reynolds, propietario de un pesquero costero japonés de 21,3 metros de eslora, el Kofuku Maru, que estaba siendo utilizado para evacuar refugiados de Singapur a la India. Reynolds ofreció el Kofuku Maru para la misión. Era el barco perfecto para pasar desapercibidos en la Indonesia ocupada por los japoneses. Cuando el barco llegó a Melbourne, Lyon lo renombró Krait (el nombre de una serpiente asiática venenosa). El Krait y un grupo de comandos de la Unidad Especial Z se trasladaron a un campo de entrenamiento en Broken Bay, Nueva Gales del Sur. A mediados de 1943, el equipo definitivo de comandos, compuesto por tres británicos y once australianos, abandonaron campo de entrenamiento y se dirigieron a Thursday Island a bordo del Krait. El propio capitán Lyon era el comandante de la misión. La operación recibió el nombre en clave de operación Jaywick.

El Krait:

krait
El 13 de agosto de 1943, el Krait dejó Thursday Island y se dirigió a la base naval estadounidense del golfo de Exmouth, Australia Occidental, donde repostaron combustible y emprendieron reparaciones. El 2 de septiembre el Krait abandonó el golfo de Exmouth y puso rumbo a Singapur. El éxito de la misión dependía de que tuviesen éxito en hacerse pasar por un barco de pesca local. Los hombres se oscurecieron la piel con tinte marrón para tener más apariencia de asiáticos. Eran muy meticulosos con la basura que tiraban al agua, ya que un rastro de basura “europea” podía despertar sospechas. Después de un viaje relativamente tranquilo el Krait llegó a Singapur el 24 de septiembre. Esa misma noche seis hombres dejaron el barco, que permanecía anclado en un pequeño puerto pesquero, y se dirigieron en tres canoas a una pequeña isla cercana a Singapur. Allí encontraron una cueva que les serviría de base avanzada y refugio.

Durante la noche del 26 de septiembre de 1943 los comandos se dirigieron en sus canoas al puerto y colocaron minas lapa en varios barcos japoneses antes de volver a su escondite. Las minas hicieron explosión, y hundieron o dañaron gravemente siete cargueros japoneses, sumando todos ellos más de 39.000 toneladas de desplazamiento. Los comandos esperaron a que la conmoción por el ataque hubiera disminuido, y unos días después (el 2 de octubre) regresaron al Krait. La vuelta a Australia fue bastante tranquila, excepto por un tenso un incidente en el Estrecho de Lombok, cuando una patrullera japonesa se acercó al Krait; sin embargo no fueron descubiertos. El 19 de octubre, el barco y los catorce comandos llegaron a salvo a la base estadounidense del golfo de Exmouth.

Las autoridades japonesas de Singapur se vieron totalmente sorprendidas por la incursión. Nunca sospecharon que el ataque pudiera haber sido planeado en Australia y ejecutado por comandos aliados. Dieron por hecho que había sido obra de saboteadores locales, probablemente guerrilleros comunistas chinos. En sus esfuerzos para descubrir a los autores, iniciaron una oleada de detenciones, torturas y ejecuciones, que afectó a la población china local, así como a malayos, civiles europeos y prisioneros de guerra (los japoneses sospechaban que los saboteadores estaban siendo organizados y dirigidos por internos británicos de la prisión de Changui). El incidente se conoce como la masacre del Doble Diez, ya que fue el 10 de octubre el día en que la policía secreta japonesa (la Kempeitai) comenzó las detenciones en masa. En conclusión, la operación Jaywick fue un éxito, pero indirectamente causó mucho sufrimiento a la población local a cambio de unos resultados estratégicos relativamente limitados.

La tripulación del Krait durante la operación Jaywick:

operacion jaywick
Operación Rimau

Los aliados nunca reivindicaron el ataque contra el puerto de Singapur, ya que quisieron mantener el secreto del Krait para futuras misiones similares. Por lo tanto, los japoneses no aumentaron la seguridad ni destinaron recursos significativos a la defensa contra acciones de ese tipo. Así fue como un año después la Fuerza Z se decidió a repetir el ataque contra el puerto de Singapur. La operación fue bautizada operación Rimau (“tigre” en malayo), y de nuevo iba a estar dirigida por el ahora teniente coronel Ivan Lyon. En un principio iba a ser parte de una operación más ambiciosa de nombre en clave Hornbill, que incluía un ataque simultáneo al puerto de Saigón. Sin embargo, esta última acción fue finalmente descartada. El plan era similar al de la operación Jaywick, aunque esta ocasión serían llevados por un submarino hasta un área designada en Indonesia en lugar de ir en barco desde Australia. Una vez allí se harían con un pesquero local y entrarían con él en el puerto pesquero. Para infiltrarse en el puerto y colocar las bombas lapa iban a utilizar unas canoas motorizadas semisumergibles, apodadas “Bellas Durmientes”. Después se dirigirían al punto asignado para ser recogidos nuevamente por un submarino.

La MSC (Motorised Submersible Canoe), también llamada “Sleeping Beauty”, tenía un motor eléctrico y una batería que le daba una velocidad máxima de 4,4 nudos y una autonomía de 30 millas a una velocidad de crucero de 3 nudos; tan sólo fue utilizada dos veces: en la desastrosa operación Rimau y en un ataque al puerto tailandés de Phuket en el que fueron hundidos dos barcos japoneses:

msc
El 11 de septiembre de 1944 Lyon y otros veintidós hombres de la Fuerza Z abandonaron la base naval de Perth a bordo del submarino HMS Porpoise. Seis de ellos habían participado en la operación Jaywick el año anterior. El 28 de septiembre el Porpoise capturó un junco malayo llamado Mustika. Tras hacer subir a bordo del submarino a sus tripulantes malayos, los comandos de la Fuerza Z embarcaron en el junco con todo su equipo y pusieron rumbo a Singapur, separándose del Porpoise. Cuando llegaron a la isla Merapas, en el archipiélago Riau, el punto de recogida acordado, Lyon dejó allí a cinco de sus hombres para proteger su base de regreso.

El HMS Porpoise:

hms porpoise
La tarde del 10 de octubre, tan solo unas horas antes del comienzo de la incursión, una lancha patrullera de la policía indonesia descubrió al Mustika y se aproximó a él. Entonces uno de los comandos, posiblemente presa del pánico, abrió fuego contra la patrullera. La lancha fue destruida, pero, con la operación comprometida, Lyon se vio obligado a abortar la misión. Ordenó a la mayor parte de sus hombres regresar a la isla Merapas, volar el Mustika y todo el material y esperar allí al regreso del Porpoise, previsto para el 7 de noviembre. Pero Lyon no abandonó por completo sus planes. A pesar de tener muy pocas posibilidades de retirada, él y otros seis hombres se dirigieron en las canoas al puerto de Singapur. En las primeras horas del 11 de octubre entraron en el puerto y colocaron las minas lapa en varios barcos japoneses. Las minas explotaron, hundiendo posiblemente tres barcos.

Comenzó entonces una larga persecución de varios días, con los siete hombres saltando de isla en isla y tratando de ocultarse de los soldados japoneses que les buscaban. El 16 de octubre los comandos fueron localizados por los japoneses en la isla Soreh y tuvieron un enfrentamiento en el que dos de los hombres, el teniente Donald "Davo" Davidson y el cabo Archie Campbell resultaron heridos. Lyon y dos de sus compañeros, el teniente Bobby Ross y el cabo Clair Stewart, se quedaron para contener a los japoneses y permitir la huida de los heridos. Lyon y Ross murieron en el combate, Stewart fue capturado. Davidson y Campbell murieron el 18 de octubre en la isla Tapai (no se sabe si se suicidaron o murieron a consecuencia de sus heridas). Los otros dos hombres que tomaron parte en la incursión, el marinero de primera Andrew "Happy" Huston y el soldado Douglas Warne, posiblemente lograsen llegar a Merapas y unirse al resto del grupo. Acosados por los japoneses, los comandos se dispersaron y fueron cazados poco a poco. En total, de los 23 hombres, 13 acabaron muertos y 10 fueron capturados. Los supervivientes fueron llevados a Singapur y encarcelados en la prisión de Outram Road. El 3 de julio de 1945 fueron juzgados y declarados culpables de espionaje. El 7 de julio (poco más de un mes antes del final de la guerra) los diez hombres fueron decapitados.

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Rimau
http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Jaywick
http://www.mindef.gov.sg/imindef/about_us/history/world_war2/v08n10_history.html
http://www.armchairgeneral.com/forums/showthread.php?t=71480


La India en la guerra

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial la situación de los británicos en la India no era fácil. Desde el final de la Gran Guerra el reclutamiento para el Ejército de la India y el Indian Civil Service no había hecho más que disminuir, y en 1939 los pocos miles de funcionarios y oficiales que todavía permanecían en la India tenían que gobernar un país de 400 millones de habitantes. El nacionalismo indio, que no muchos años antes estaba reducido a una pequeña elite intelectual, se había convertido en un movimiento de masas.

En 1885 los ingleses habían creado para esa minoría un partido que sirviese para canalizar sus aspiraciones y mantener un diálogo permanente y moderado con los gobernantes ingleses, el Partido del Congreso. Durante la Primera Guerra Mundial sus líderes, como la gran mayoría de los indios, apoyaron el esfuerzo de guerra británico con la esperanza de que tras la victoria serían recompensados y Gran Bretaña aceptaría sus demandas de mayor autogobierno. Pero ocurrió lo contrario, y a partir de 1919 se intensificó la represión de cualquier tipo de manifestación nacionalista. Entonces surgió la figura de Mohandas Gandhi, un abogado que cuando vivía en Sudáfrica había liderado la lucha contra la discriminación que sufrían los indios en ese país. Gandhi ideó una serie de campañas de desobediencia civil que tuvieron un enorme éxito, convirtieron al nacionalismo indio en un movimiento de masas, al Partido del Congreso en una fuerza de millones de militantes, y a él mismo en un personaje de fama mundial.

Al comenzar la guerra los dirigentes del Partido del Congreso eran partidarios de la intervención de la India en ella a cambio de un compromiso británico de aceptar su independencia (en contra de la opinión de Gandhi, que rechazaba la guerra, y que rompió temporalmente con el partido). Pero Churchill se opuso totalmente a cualquier cesión. En su opinión, si Inglaterra perdía su imperio, pasaría a convertirse en una nación insignificante. Para impedir que eso ocurriese, él iba a defender el Imperio Británico por encima de todo. Sólo en 1942, cuando los japoneses amenazaban con la invasión desde Birmania, Churchill hizo la promesa de que tras la victoria la India conseguiría el estatuto de Dominio. El Partido del Congreso rechazó la oferta y pidió la independencia inmediata. Nació el slogan “Quit India” y una nueva campaña de desobediencia civil. Muchos creían que si los ingleses se iban los japoneses no tendrían ningún motivo para atacar. Gandhi, desde su ideología radicalmente contraria a la violencia, recomendó a su pueblo lo que ya había recomendado a los ingleses que luchaban contra Alemania: dejarse invadir, ponerse frente a las bayonetas de los invasores, y dejarse matar. Los japoneses acabarían desarmados ante la enormidad de su sacrificio y renunciarían ellos también a la violencia. Los dirigentes de su partido, más pragmáticos, se mantenían dispuestos a apoyar a que la India entrase en la guerra a cambio del compromiso de Churchill de aceptar su independencia. Los ingleses respondieron al desafío en agosto de 1942 ilegalizando el Partido del Congreso, arrestando a Gandhi y a los demás líderes nacionalistas, mostrándose dispuestos a mantenerlos en la cárcel mientras durase la guerra.

La represión contra el Partido del Congreso ayudó al fortalecimiento de otra fuerza política que había apoyado sin reservas a los ingleses y la participación de la India en la guerra: la Liga Musulmana. Casi la cuarta parte de los cuatrocientos millones de indios eran de religión musulmana. En enero de 1933 un indio musulmán llamado Rahmat Ali, un eterno estudiante de 40 años residente en Cambridge, había propuesto la creación de un estado que comprendiera las provincias indias de mayoría musulmana, e incluso inventó un nombre para ese muevo país: Pakistán, el "país de los puros". La propuesta fue pronto aceptada por los líderes nacionalistas de la Liga Musulmana, aunque al principio parecía una idea tan utópica como las de Gandhi. Paradójicamente, mientras Gandhi hacía crecer al Partido del Congreso, también provocaba el crecimiento de la Liga Musulmana: Gandhi era “demasiado” hindú. Los musulmanes desconfiaban de un movimiento liderado por hindús y de su futuro papel convertidos en una minoría religiosa en una India independiente. Durante la guerra, aprovechando el vacío dejado por el Partido del Congreso, debido a las detenciones y a la negativa a colaborar con los británicos, la Liga Musulmana aumentó enormemente su poder político.

Por otro lado, el Eje también trató de aprovechar a su favor el nacionalismo indio. Japón y Alemania apoyaron al autodenominado Gobierno Provisional de India Libre, liderado por Subhas Chandra Bose, un líder nacionalista que en 1939 había roto con el Partido del Congreso, que no aceptaba sus planteamientos radicales. La organización de Chandra Bose creó con el apoyo de los japoneses una fuerza militar a la que llamaron Ejército Nacional Indio (INA), formada por prisioneros indios mayoritariamente capturados en Malasia y Singapur. El INA llegó a tener 40.000 hombres, pero fue derrotado y casi destruido por el Ejército de la India en Kohima-Imphal cuando participó en la ofensiva japonesa contra la India, entre marzo y agosto de 1944. Chandra Bose murió el 18 de agosto de 1945 en un accidente de aviación (a menudo se ha acusado acusado a los servicios secretos británicos de estar detrás de su muerte).

En total dos millones y medio de hombres sirvieron en el ejército colonial durante la guerra. Unos 87.000 perdieron la vida en el conflicto. El número de muertes civiles fue al menos de un millón y medio (hay fuentes que doblan esa cifra), en su mayoría a causa de la hambruna que afectó a Bengala en 1943.

La guerra provocó el crecimiento del nacionalismo indio y del separatismo musulmán, y aumentó la división entre las dos comunidades. Debilitó a Gran Bretaña, que llegó a 1945 agotada, sin fuerzas para mantener su dominio en un enorme país que parecía que iba a estallar de un momento a otro. El 15 de agosto de 1947, exactamente dos años después del armisticio japonés (no fue casualidad, Lord Mountbatten, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el sureste asiático en 1945 y el último virrey británico de la India en 1947, hizo coincidir las fechas) nacían dos nuevos estados independientes: la India y Pakistán.

Fuentes:
Dominique Lapierre/Larry Collins: Esta noche la libertad
http://www.exordio.com/1939-1945/paises/india.html


La batalla de Koh Chang

Este enfrentamiento naval, que tuvo lugar durante la guerra franco-tailandesa, fue la única victoria naval de la marina francesa en el transcurso de las dos guerras mundiales.

Fuerzas en conflicto

La marina de guerra tailandesa tenía las siguientes unidades:

2 acorazados costeros (2.300 t, 15,5 nudos, 4x203 mm)
-Sri Ayuthia (botado en 1.937, construido en Japón)
-Dhomburi (botado en 1.937, construido en Japón)

2 cañoneras acorazadas (900 t, 2 X 152 mm)

9 torpederas clase Puket (470 toneladas, 31 nudos, 3x75 mm, construidas en Italia)
Tres de ellas participaron en la batalla de Koh Chang:
-Chomburi (botada en 1.937)
-Songhkla (1.937)
-Trad (1.935)

2 patrulleras clase Kantan (110 toneladas, 19 nudos, 1x75 mm, botadas en 1.937)

2 corbetas clase Tachin (2.000 t, 17 nudos, 4x105 mm, botadas en 1.936)

4 submarinos clase Sinsamudar (430 t, fabricación japonesa)

El Dhomburi:

Dhomburi
La marina francesa contaba en Indochina con:

1 crucero ligero de 8.000 toneladas clase Duguay Trouin
-Lamotte-Picquet (8x155 mm, 33 nudos, botado en 1.924)

2 corbetas coloniales de 2.200 toneladas clase Dumont d'Urville
-Dumont d'Urville (16 nudos, 3x138 mm, botado en 1.931)
-Amiral Charner (16 nudos, 3x138 mm, botado en 1.932)

2 corbetas
-Marne (600 t, 21 nudos, 2x65 mm, botado en 1.918 )
-Tahure (850 t, 20 nudos, 2x138 mm, botado en 1.919)

1 submarino de 1.500 toneladas clase Redoutable

El Dumont d'Urville:

Dumont d'Urville

La batalla

Koh Chang
El 9 de diciembre de 1940, el almirante Decoux constituye una pequeña escuadra compuesta del crucero Lamotte-Picquet, las corbetas coloniales Amiral Charner y Dumont d' Urville y las corbetas Marne y Tahure. El grupo queda bajo el mando del capitán de navío Bérenger, comandante del Lamotte-Picquet.

Con el fin de apoyar la ofensiva terrestre que comenzaría el 16 de enero, este agrupamiento recibe la orden de efectuar una operación de búsqueda y destrucción de las fuerzas navales tailandesas en el golfo de Siam. Se hace a la mar el 15 de enero hacia las 21h 00.

El día 16 un reconocimiento aéreo efectuado por dos hidroaviones Loire 130 sitúa una parte importante de la flota tailandesa en las proximidades de la isla de Koh Chang. Son identificados un acorazado costero y tres torpederos. El comandante Bérenger decide atacarlos al día siguiente, al amanecer. Prevé dividir su escuadra en 3 grupos, (corbetas Marne y Tahure, corbetas Dumont d' Urville y Almiral Charner, crucero Lamotte-Picquet).

6h 05: un hidroavión francés avista en la zona dos acorazados costeros (uno más que el día anterior) y tres torpederas. Intenta atacarlos, pero la defensa antiaérea de las embarcaciones lo rechaza.

6h 14: el enemigo avista la flota francesa y abre fuego a una distancia media de 9000 m.

6h 20: orientándose por la luz de los disparos, el Lamotte-Picquet lanza tres torpedos sobre uno de los agresores.

6h 30: el acorazado costero Sri Ayuthia, gravemente dañado por un impacto de torpedo, embarranca en la desembocadura del río Chantaboum. Las corbetas disparan sobre dos de las torpederas tailandesas, mientras que el Lamotte-Picquet abre fuego sobre la tercera.

6h 38: el Lamotte-Picquet empieza un duelo de artillería con el acorazado costero Dhomburi.

6h 55: las corbetas francesas hunden las dos torpederas tailandesas con las que habían entablado combate (Chomburi y Songkla)

7h 15: las corbetas coloniales apoyan con su artillería al Lamotte-Picquet en su duelo con el Dhomburi.

7h 48: El Dhomburi, en llamas, se retira del combate. Los buques franceses pierden contacto con él. El Dhomburi, muy dañado, se precipita sobre un arrecife y se hunde.

8h 00: la escuadra francesa cesa el fuego y pone rumbo al oeste para regresar a Saigón.

8h 48: dos biplanos Vough Corsair tailandeses atacan al Lamotte-Picquet. Cada uno de ellos lanza dos bombas sin lograr alcanzar el buque. Hasta las 9h 40 la flota francesa es hostigada por los aviones tailandeses, que son mantenidos a distancia por la defensa antiaérea de los buques.

El Lamotte-Picquet:

Lamotte Picquet

Pérdidas tailandesas

Los dos acorazados costeros tailandeses quedaron fuera de servicio. El Dhomburi fue hundido, y el Sri Ayuthia, gravemente dañado, fue reparado en Japón. Volvió a entrar en servicio a finales de 1.941.

Los torpederos Songhkla y Chomburi resultaron hundidos. El Trad, dañado, fue reparado y volvería a entrar en servicio.

Las pérdidas humanas reconocidas oficialmente por Tailandia fueron de 36 muertos, pero el múmero tuvo que ser mucho más elevado. Ciertas fuentes hacen mención de 82 supervivientes sobre la totalidad de las tripulaciones (es decir sobre 550 hombres, aproximadamente), lo que elevaría el número de muertos por encima de los 450.

La flota francesa no tuvo ninguna pérdida, material ni humana.

Hay distintas versiones sobre cuándo y por quién fue hundido el Dhomburi. Por ejemplo, hay quien defiende que no se hundió durante la batalla, sino cuando estaba siendo remolcado camino de Japón para ser reparado. Una cosa es segura: fue reflotado, porque parte de él (el puente y la torreta de proa) se conservan en la academia naval tailandesa de Samuthakarn:

Dhomburi
Dhomburi
Dhomburi

Fuentes:
http://www.histoquiz-contemporain.com/Histoquiz/Lesdossiers/LaFrance19391945/13/siam.htm
http://www.netmarine.net/bat/croiseur/lamotte/kohchang/