Conviviendo con el enemigo

John Meintz era un agricultor de origen alemán que vivía en la pequeña ciudad de Luverne, en Minnesota, una población agrícola de apenas 2.000 habitantes. Durante la Primera Guerra Mundial tuvo que sufrir la hostilidad de sus vecinos. Le acusaban de no apoyar a su país de adopción, de comportarse de manera desleal y hacer campaña en contra de la guerra. En junio de 1918 una muchedumbre asaltó su vivienda. Le llevaron hasta la frontera con el estado de Iowa y le dejaron allí, advirtiéndole de que no volviese a Minnesota. Meintz regresó, pero se quedó en casa de uno de sus hijos, a varios kilómetros del pueblo. Dos meses después, sus vecinos irrumpieron en la casa, sacaron por la fuerza a Meintz y le condujeron de nuevo a la frontera del estado (en esta ocasión con Dakota del Sur). Allí le dieron una paliza, le embadurnaron con alquitrán y plumas y le dejaron tirado, amenazando con lincharle si se atrevía a volver.


Meintz no solo regresó, sino que denunció a treinta y dos de los hombres que habían participado en los hechos, solicitando una indemnización de 100.000 dólares por daños y perjuicios. El juicio se celebró en Mankato, la sede del tribunal del distrito. Y el jurado... ¡absolvió a los acusados! Y no por que no se considerasen probados los hechos. Su argumento fue que los vecinos tenían razones para acusar a Meintz de desleal.

En una información del Minneapolis Tribune se relata la calurosa recepción que la ciudad de Luverne dio a los treinta y dos acusados:

Una bienvenida a cargo de una nutrida delegación de ciudadanos de Luverne (Minnesota), encabezada por una banda musical, fue la secuela de la absolución el día de ayer de los 32 residentes de la localidad en la corte federal de Mankato por los delitos de secuestrar. embrear y emplumar a su convecino John Meintz, según han informado despachos desde Luverne la pasada noche.
Meintz demandaba 100.000 dólares por daños personales, como compensación por el trato que recibió en la noche del 19 de agosto de 1918. El jurado le negó los daños y perjuicios, después de deliberar durante una hora y media.
El juez Wilbur F. Booth afirmó que la evidencia era abrumadora en apoyo de la afirmación de que Meintz era desleal y que había un fuerte sentimiento contra él en la comunidad.
La participación de los ciudadanos en la organización de una celebración en Luverne se ha entendido como una indicación de una gran aceptación de la sentencia absolutoria, según despachos.
http://www.historybyzim.com/2012/06/john-meints-wwi-anti-german-sentiment/

Meintz apeló la sentencia, y en 1922 firmó un acuerdo extrajudicial por el que le concedieron 6.000 dólares de compensación.

4 comentarios:

  1. Cuando ser un patriota de pacotilla está por encima de la ley y de los derechos humanos nos encontramos con casos espeluznantes como este.
    Un saludo.

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    1. A menudo lo que ocurre en las retaguardias es tan terrorífico o más que lo que se ve en el frente.
      Un saludo, Cayetano,

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  2. Este caso me recuerda poderosamente a la película "Conspiración de silencio", sólo que aquí en lugar de ocultar lo que habían hecho presumieron de ello.

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    1. Es verdad, Iakob, a mí también me la recordó.

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