Un combate aéreo bajo la Torre Eiffel


Bill Overstreet era un joven estudiante de ingeniería de Charleston, Virginia Occidental. A finales de 1941, poco después del ataque japones a Pearl Harbor, se presentó a las pruebas de acceso a la escuela de vuelo de la USAAF, decidido a convertirse en piloto de caza. En febrero de 1942 fue aceptado y destinado al centro de entrenamiento de la Fuerza Aérea de la Costa Oeste, en Santa Ana, California. En 1943 se graduó con el rango de alférez.

Su primer destino fue el 364º Escuadrón del 357º Grupo de Caza, con base en Santa Rosa, al norte de la bahía de San Francisco. Durante el tiempo que estuvo allí, ejercitándose para el combate, sus superiores recibieron una gran cantidad de quejas por su afición a las acrobacias: Overstreet y sus compañeros se divertían volando a baja altura, haciendo piruetas sobre los bañistas o los trabajadores del campo, o cruzando bajo el Golden Gate, el famoso puente colgante situado a la entrada de la bahía.

El 28 de junio de 1943, durante un vuelo de entrenamiento de combate, el caza que pilotaba, un Bell P-39 Airacobra, entró en barrena plana, comenzando a girar sobre sí mismo sin control. Overstreet trató de abandonar el avión, pero la presión del aire le impedía abrir la carlinga. Logró saltar en el último momento, con el tiempo justo para que se desplegase el paracaídas. Instantes después se encontraba de pie en medio de los restos del aparato. Saltó tan cerca del suelo que sus compañeros que vieron el accidente desde el aire no llegaron a distinguir el paracaídas abierto y supusieron que Bill se había estrellado con el avión.

El escuadrón de Overstreet completó su periodo de entrenamiento, y los aviadores embarcaron en el Queen Elizabeth con rumbo a Inglaterra. Sus primeros meses en Europa fueron frustrantes, ya que, debido a la escasez de aviones, los nuevos pilotos no tenían muchas ocasiones de volar. Al fin, a finales de 1943 los primeros Mustangs comenzaron a llegar al aeródromo de Raydon, la base del 357º Grupo de Caza en el sureste de Inglaterra. El P-51 Mustang fue sin duda uno de los mejores cazas a pistón de la historia, un avión polivalente, robusto, veloz, muy maniobrable, y con una autonomía que le permitiría llevar a cabo misiones de largo alcance hasta entonces imposibles de realizar por cazas de un solo motor.

El 30 de enero de 1944 Bill voló por primera vez en un Mustang. El 6 de marzo participó en la primera incursión de gran radio del 357º Grupo de Caza, dando escolta a una formación de B-17 Flying Fortresses en un raid contra Berlín. Los cazas acompañaron a los bombarderos prácticamente hasta la capital del Reich. Nunca antes una formación de cazas monomotores se había adentrado tanto en territorio enemigo. Después de aquella misión, Bill bautizó su Mustang (y todos los que tuvo desde entonces) con el nombre de Berlin Express.

Bill Overstreet (el de la pipa en la boca) fotografiado junto a su caza:


Pocos días después, durante una misión sobre Francia, Overstreet volaba a 25.000 pies de altura (unos 7.600 metros), cuando se rompió accidentalmente el conducto que le suministraba el oxígeno (vital a esas altitudes). Al parecer la hipoxia le provocó un desmayo, aunque él no recordaba nada de ese momento y no pudo precisar con exactitud qué fue lo que ocurrió. Recuperó el conocimiento cuando el motor se paró y el avión entró en barrena. En el último momento logró arrancar el motor y detener la caída. Bill no sabía dónde se encontraba ni el tiempo que había pasado inconsciente. Cuando miró el reloj, se dio cuenta de que su memoria había borrado los últimos noventa minutos. Puso rumbo al norte hasta alcanzar la costa y consiguió regresar a Inglaterra con el combustible casi agotado. La historia del piloto de caza que había volado inconsciente durante hora y media llegó a la prensa y tuvo mucha difusión.

Información del Stars and Stripes, el diario oficial de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, del 24 de mayo de 1944:


En la primavera de 1944, durante una misión de escolta a una formación de bombarderos, Overstreet y sus compañeros tuvieron que enfrentarse a unos cazas alemanes en los alrededores de París. Bill se situó tras un Messerschmitt Bf-109 y comenzó a perseguirle sin dejar de disparar sus ametralladoras. El alemán puso rumbo hacia París, con la esperanza de que la artillería antiaérea de la ciudad le librase del Mustang. Pero Bill no abandonó su presa. En un desesperado intento por burlar a su perseguidor, el Messerschmitt se dirigió directamente hacia la Torre Eiffel y pasó por debajo de sus arcos. Sin inmutarse, Bill continuó detrás de él y cruzó también bajo la estructura metálica sin dejar de disparar. El caza alemán fue alcanzado por varias ráfagas de ametralladora y se estrelló. El Berlin Express continuó en vuelo rasante sobre el Sena hasta dejar atrás las baterías antiaéreas de la ciudad. Para un piloto de caza experimentado, aquella maniobra no suponía una excesiva dificultad, aunque evidentemente no era lo mismo realizarla durante un vuelo acrobático que en medio de una batalla aérea. Aquella acción se hizo famosa, pero no fue solo por la pericia demostrada por el piloto: cientos de parisinos asistieron en directo a un espectacular enfrentamiento bajo la construcción más emblemática de la capital francesa y vieron cómo el avión alemán acababa derrotado por el estadounidense. Muchos se emocionaron al ver en aquella pequeña victoria un símbolo del principio del fin del dominio alemán en Francia. Por cierto, imagino que no quisieron pensar demasiado en el riesgo que suponía para los civiles un combate aéreo en vuelo rasante sobre una gran ciudad.

En agosto de 1944 Overstreet realizó varias misiones de escolta a vuelos de transporte con destino a la URSS, Italia y Yugoslavia. A aquellas alturas de la guerra, la Luftwaffe ya se dejaba ver muy raramente fuera del territorio del Reich. En una ocasión en la que tenía que volar de Kiev a Foggia, en el sur de Italia, como no se esperaba actividad enemiga, Overstreet aprovechó para descargar la munición de su caza y cargar en su lugar todas las botellas de vodka que pudo (el vodka era un producto muy abundante en la Unión Soviética y muy cotizado en Italia). Durante el vuelo su formación tuvo la mala suerte de encontrarse con un grupo de cazas alemanes. Cuando varios Mustangs se lanzaron en su persecución, los alemanes se retiraron sin entablar combate. Overstreet respiró aliviado. Por un momento temió tener que enfrentarse a ellos armado únicamente con botellas de vodka.

El 3 de septiembre de 1944 Overstreet participó en una misión Afrodita, el nombre en clave por el que se conocía a los ataques con bombarderos pesados modificados como bombas teledirigidas. Dio escolta con su caza a un B-17 cargado de explosivos que tenía como objetivo la base de submarinos de Heligoland, en el Mar del Norte. El bombardero se estrelló sin consecuencias. En los meses siguientes continuó desarrollando misiones especiales en colaboración con los servicios de inteligencia, como vuelos de reconocimiento tras las líneas enemigas, envíos de suministros a grupos de resistencia de la Europa ocupada u operaciones de rescate de aviadores derribados. A finales de 1944 completó su periodo de servicio en combate y regresó a los Estados Unidos como instructor. Después de licenciarse encontró empleo en una empresa aeronáutica. Desde 1950 hasta su jubilación trabajó como contable. En 2009 recibió la Legión de Honor francesa de manos del embajador de Francia en Estados Unidos. Murió el 29 de diciembre de 2013, a los 92 años.

El heroísmo de un sanitario

Los sanitarios que servían en el Cuerpo de Marines no eran marines. En sentido estricto eran marineros, es decir, personal de la US Navy, que tras superar el periodo de formación como Pharmacist's Mate ("ayudante de farmacia") habían sido destinados a una división de Marines, igual que podrían haber acabado en la enfermería de un buque o en un hospital naval. Podríamos pensar que el sanitario era recibido como un extraño por sus nuevos compañeros, teniendo en cuenta el espíritu de cuerpo tan marcado del que son imbuidos los marines. Y nos equivocaríamos. Lo cierto es que no solo le consideraban como uno de los suyos, sino que normalmente le trataban con un gran respeto, casi con veneración. A cada compañía de Marines se le asignaban siete sanitarios de primera linea. En ningún momento se separaban del resto de la unidad, y tenían que superar igual que ellos el duro entrenamiento de campaña al que eran sometidos los infantes de marina. Por tanto no gozaban de ningún privilegio en el periodo de instrucción. Y, sobre todo, nadie envidiaba su trabajo durante el combate. Su misión consistía en acudir junto al herido, aunque estuviese totalmente expuesto al fuego enemigo, tratar de ponerle a cubierto, evaluar la gravedad de las heridas, detener las hemorragias, calmar el dolor en la medida de lo posible y esperar la llegada de los camilleros. Era habitual que el índice de bajas entre los sanitarios fuese superior al de los combatientes. Y en muchos casos, aunque físicamente saliesen ilesos de la batalla, la enorme tensión que tenían que soportar durante el combate hacía que muchos de ellos acabasen con los nervios destrozados. Pese a todo, fueron pocos los que dejaron de cumplir con su deber.

Jack Willis era un sanitario de 23 años destinado en la 5ª División de Marines. El 28 de febrero de 1945, el décimo día de la batalla de Iwo Jima, fue herido por la metralla de un proyectil de mortero cuando atendía a un herido. Le ordenaron abandonar la primera línea y acudir al hospital de campaña para recibir atención médica, pero poco después se dio de alta a sí mismo y se escapó para regresar al frente. Pocas horas más tarde se encontraba en el interior de un cráter de bomba, en medio del combate, suministrando plasma a un marine herido. De repente una granada cayó rodando dentro del agujero. Manteniendo elevada la bolsa de plasma con la mano izquierda, Willis cogió la granada con la derecha y la lanzó lo más lejos que pudo antes de que estallase. Una segunda granada cayó en el hoyo y Willis tuvo que repetir la operación. Después una tercera, una cuarta... Con la novena se le agotó la suerte. La granada estalló en su mano y le mató instantáneamente.

John H. Willis recibió a título póstumo la Medalla de Honor, la máxima condecoración que entregan las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Fue una de las cuatro (dos póstumas) concedidas a sanitarios del Cuerpo de Marines por sus acciones durante la batalla de Iwo Jima.

En la foto, Winfrey Willis, la viuda de Jack, con su hijo de siete meses en los brazos, recibe la condecoración de manos del secretario de Marina James Forrestal en diciembre de 1945 (el niño aún no había nacido el día que su padre murió en Iwo Jima):

Werner Drechsler: Roma no paga a traidores

El 12 de junio de 1943 un torpedero Avenger y un caza Wildcat pertenecientes al grupo aéreo del portaaviones estadounidense Bogue, en patrulla antisubmarina al suroeste de las Azores, descubrieron un sumergible alemán navegando en superficie. El u-boot se sumergió rápidamente cuando el Wildcat se lanzó sobre él abriendo fuego con sus ametralladoras, y logró ocultarse a tiempo para esquivar las cargas de profundidad del Avenger. Poco después otros aviones se unieron a la caza y comenzaron a rastrear el océano esperando a que reapareciese el submarino enemigo. Cuando volvió a emerger, fue localizado y atacado por un Avenger pilotado por el teniente H.E. Fryatt. El u-boot fue alcanzado de lleno por una carga de profundidad y comenzó a hundirse a gran velocidad. Fryatt lanzó al agua una balsa de goma para socorrer a los hombres que trataban de abandonar el buque. Solo quince de sus tripulantes lo lograron y fueron rescatados por el destructor estadounidense Osmon Ingram, que había recibido orden de dirigirse al lugar del hundimiento.

El submarino alemán durante el ataque de los aviones del Bogue:


El u-boot hundido era el U-118, un submarino minador de la clase XB. Cuarenta y cuatro hombres, incluido su comandante, habían muerto en el naufragio. Los quince supervivientes fueron desembarcados en Estados Unidos y trasladados a un campo de prisioneros en Fort Meade, Maryland. Uno de ellos era un marinero de 20 años llamado Werner Drechsler. Al parecer su familia era opositora al nazismo (su padre había sido recluido en un campo de concentración acusado de delitos políticos), así que es probable que cuando sus captores le propusieron que colaborase con ellos, al joven Werner no le supusiese un gran dilema moral aceptar la oferta.

Werner Drechsler (izquierda), herido en una pierna, es ayudado por su compañero Hermann Polowzyk al desembarcar del Osmon Ingram:


Drechsler fue separado de sus compañeros y enviado al Centro Conjunto de Información, con base en Fort Hunt, Virginia (en las afueras de Washington), donde los oficiales de inteligencia interrogaban a los prisioneros susceptibles de tener información valiosa. Usando identidades falsas, Werner compartía celda con otros prisioneros alemanes, con la misión de ganarse su confianza y conseguir información sobre aspectos concretos y datos específicos que le solicitaba la inteligencia de la Marina (por ejemplo detalles técnicos o procedimientos operacionales de la Kriegsmarine).

Drechsler estuvo siete meses colaborando con la inteligencia naval. Después fue devuelto a la custodia del Ejército y tratado como cualquier otro prisionero de guerra. Los oficiales de inteligencia de Fort Hunt insistieron en que el Ejército debía garantizar su seguridad manteniéndole separado del resto de prisioneros de la Kriegsmarine, pero alguien no se tomó muy en serio aquella recomendación (siempre permanecerá la duda de si fue un trágico error o simple indiferencia). El 12 de marzo de 1944 Drechsler fue trasladado a Papago Park, un campo de prisioneros situado en las proximidades de Phoenix, Arizona, que albergaba a un gran número de tripulantes de u-boote. Inmediatamente fue reconocido por varios de los hombres a los que había tratado de sonsacar información en Fort Hunt, y en pocas horas la noticia de la llegada del "espía" se había extendido por todo el campamento.

Aquella noche, la primera que Drechsler pasaba en Papago Park, un grupo de prisioneros improvisó un tribunal para decidir qué debían hacer con el traidor. Aparte de la sospecha de que actuase de informante para los guardias del campo, se pretendía que el castigo sirviese de advertencia para cualquier otro alemán que tuviese la tentación de aceptar la colaboración con el enemigo. Werner Drechsler fue sentenciado a muerte por sus compatriotas. Por la mañana apareció ahorcado en las duchas.

Siete hombres, todos ellos tripulantes de u-boote (Helmut Fischer, Fritz Franke, Gunther Kuelsen, Heinrich Ludwig, Bernard Ryak, Otto Stengel y Rolf Wizny), fueron juzgados por una corte marcial estadounidense y condenados a muerte por el asesinato de Werner Drechsler. Dos de ellos, Ludwig y Widny, habían sido compañeros de celda de Drechsler en Fort Hunt. Los siete fueron ahorcados el 28 de julio de 1945 en Fort Leavenworth, Kansas, en la que sería última ejecución múltiple de la historia de los Estados Unidos.

Kamikazes submarinos polacos

El 28 de abril de 1939 Hitler anunció en un discurso ante el Reichstag su pretensión de que la Ciudad Libre de Danzig fuese restituida al Reich, junto con una carretera y un ferrocarril extraterritoriales que cruzasen el "corredor polaco" y uniesen Prusia Oriental con el resto de Alemania. El 5 de mayo el gobierno alemán presentó oficialmente sus exigencias a Polonia. Al día siguente, el martes 6 de mayo, uno de los diarios más influyentes de Cracovia, el Ilustrowany Kurier Codzienny, publicó una carta escrita por Wladyslaw Bozyczko, un ciudadano de Varsovia, y firmada también por dos parientes suyos, los hermanos Edward y Leon Lutostanski. Iba dirigida a todos los polacos, con independencia de su sexo, edad, estado de salud, profesión o clase social, y en ella se hacía un llamamiento a los patriotas para que sacrificasen sus vidas en defensa de la nación presentándose voluntarios como torpedos vivientes en la guerra que parecía a punto de estallar.

Polonia se negó a doblegarse a las exigencias alemanas y buscó el respaldo de Francia y el Reino Unido, que se comprometieron a defender su integridad territorial. A medida que la crisis iba creciendo en intensidad, una auténtica fiebre patriótica se fue apoderando de la sociedad polaca. Muchos ciudadanos contribuyeron con donaciones económicas al fondo de defensa nacional, otros se presentaron voluntarios para combatir en las fuerzas armadas regulares. Y hubo también cientos de personas que fueron más allá y se mostraron dispuestos a aceptar la propuesta de Bozyczko. Solo tres semanas después de su publicación, el 27 de mayo, el Kurier informó que había recibido un millar de solicitudes de voluntarios dispuestos a alistarse en una unidad suicida: “Hay un flujo constante de cartas a nuestra oficina enviadas por los aspirantes voluntarios. Son tantos que es imposible presentar todos los nombres al mismo tiempo. Muchos de ellos nos han indicado que no demos sus nombres, ya que no están buscando fama. Hasta el momento nos han llegado más de 1.000. En los últimos días hemos recibido 311 cartas, incluyendo 23 de mujeres”. Por entonces, otros diarios y varias emisoras de radio se habían hecho eco del llamamiento y lo habían extendido por todo el país.

El martes 13 de junio de 1939 el Ilustrowany Kurier Codzienny publicó una lista de voluntarios, que fue actualizando a partir de entonces con nuevos nombres que se agregaban diariamente. También se publicaban extractos de las cartas en las que los aspirantes explicaban sus motivaciones: “Soy un jubilado de Lwow... Ahora soy libre, puedo hacer lo que quiera con mi vida. Tengo 60 años, no soy capaz de marchar con una carabina por un largo tiempo, pero me siento lo suficientemente fuerte como para aprender a operar un torpedo y ahorrar así al menos una vida joven”. “Soy mayor de 50 años, y creo que la gente como yo somos los mejores candidatos”. “Mi padre murió en la guerra, y mi honor de polaco me empuja a alistarme”. La gran mayoría de los voluntarios eran hombres relativamente jóvenes, con edades entre 19 y 38 años. En cuanto a las profesiones y el estatus social, la lista parecía ser muy transversal, incluyendo a personas de todo tipo y condición. Se recibieron también algunas solicitudes conjuntas, como por ejemplo la de un grupo de mineros del carbón de Nowa Wies, en la Alta Silesia. Un porcentaje considerable eran mujeres, a menudo muy jóvenes.

Las listas fueron enviadas a la Dirección de la Marina de Guerra en Varsovia. En un principio el gobierno y las fuerzas armadas polacas se mantuvieron al margen, y de hecho los militares nunca llegaron a participar de forma oficial en la campaña de reclutamiento, pero acabaron por hacer suya la propuesta de crear unidades suicidas (o al menos no la rechazaron abiertamente) y aceptaron a los voluntarios. Muchos de ellos recibieron por correo una notificación firmada por el comandante del Arma Submarina, el comodoro Eugeniusz Poplawski, en la que se les comunicaba que podían ser movilizados en caso de que estallase la guerra. Es probable que el inesperado éxito de la iniciativa ciudadana sorprendiese a los responsables de la Marina y les empujase a aprovechar la masiva afluencia de voluntarios. El número total de inscritos se ha calculado en torno a los 4.700. De ellos, unos 3.000 recibieron las tarjetas de identificación de la Marina firmadas por el comodoro Poplawski.

Durante el verano de 1939 el Estado Mayor del Ejército polaco había dado luz verde a la la creación de pequeñas unidades de voluntarios para llevar a cabo misiones especialmente arriesgadas. Varios de aquellos grupos recibieron un entrenamiento intensivo en las semanas previas al inicio de la invasión alemana y llegaron a combatir durante la guerra, en muchos casos continuando con operaciones de guerrilla tras la derrota del ejército regular. Al final de la campaña la mayor parte de los supervivientes se integraron en las organizaciones de resistencia. Pero no se conocen ataques suicidas por parte de esos grupos.

Tampoco hubo suicidas en los ataques con torpedos humanos que se realizaron durante la Segunda Guerra Mundial, a excepción de los Kaiten japoneses. Italia, Alemania y Gran Bretaña utilizaron torpedos tripulados en la guerra, en más de un caso con gran éxito. Pero no se esperaba que los pilotos muriesen en los ataques. Los tripulantes debían colocar y armar los torpedos y retirarse antes de la detonación. En cambio, los Kaiten sí eran auténticas armas suicidas. Y aunque hubiesen tenido la oportunidad de hacerlo, los pilotos japoneses difícilmente se habrían enfrentado al deshonor de volver con vida de sus misiones. Es de destacar que el desarrollo del Kaiten comenzó a partir de 1942, y que sus primeras operaciones fueron ya a finales de 1944, así que la unidad de torpedos tripulados polaca se habría adelantado en varios años a los japoneses.

Un número indeterminado de candidatos (algunas decenas) fueron seleccionados para formar parte de la primera unidad de torpedos humanos y conducidos a Gdynia, la principal base de la Marina polaca. Allí comenzaron a recibir instrucción sobre el arma que pilotarían. Pero su formación era exclusivamente teórica. Les mostraron los planos de tres modelos distintos de torpedo (uno puramente suicida y los otros dos tripulados pero con la posibilidad de que el piloto los abandonase antes de la detonación), e incluso les hicieron ver una película en la que se les explicaba con detalle sus características. Según decían los oficiales, la fabricación de las primeras unidades se había completado ya. Les insistían en que el secreto en todo lo relativo a los torpedos humanos tenía que ser absoluto.

Pero el inicio de la invasión alemana en septiembre de 1939 interrumpió los preparativos, y la inesperada derrota apenas tres semanas más tarde hizo que la historia de los planes polacos para crear una fuerza naval de ataque suicida cayese en el olvido.

También es posible que aquellos planes no hubiesen existido nunca...

Nadie ha visto ninguno de los torpedos tripulados que supuestamente habían sido ya fabricados. Es más, no hay ni rastro de los planos, ni se conocen proyectos de desarrollo en marcha, ni estudios, y menos aún planes de producción. Por eso hay quien cree que las unidades suicidas de la Marina polaca no fueron más que un intento de los militares de aprovechar con fines propagandísticos una campaña de movilización popular que contra todo pronóstico había logrado un enorme éxito. Es decir, que habrían hecho creer que aceptaban a los voluntarios suicidas, aunque en realidad nunca tuviesen la intención de utilizarlos.

Fuentes principales:
http://www.urodzinygdyni.pl/?p=2396
http://en.wikipedia.org/wiki/Living_torpedoes

Plánička y Neredlý, los héroes de la batalla de Toulouse

La década de los 30 fue la época dorada del fútbol centroeuropeo. En aquellos años las selecciones de Austria, Hungría o Checoslovaquia disputaban habitualmente los títulos internacionales a las grandes potencias futboleras. En la Copa del Mundo de 1934 Checoslovaquia llegó a la final liderada por sus dos grandes estrellas, el delantero Oldrich Nejedlý, reconocido a posteriori (nada menos que en 2006) como máximo goleador del torneo, y el portero František Plánička, considerado uno de los dos mejores del mundo en su época (en dura pugna con el español Ricardo Zamora).

Por tanto Checoslovaquia se presentó en la Copa del Mundo de 1938, disputada en Francia, como vigente subcampeona y uno de los rivales a batir. Comenzó bien el torneo, ganando en primera ronda a Holanda por 3-0. En cuartos de final esperaba uno de los equipos más fuertes de la competición, Brasil, que se había deshecho de Polonia en un partido que terminó con el espectacular resultado de 6-5 y que está considerado como uno de los mejores de la historia de los Mundiales.

El partido de cuartos de final entre Brasil y Checoslovaquia se disputó en Toulouse el 12 de junio de 1938. Fue uno de los partidos más violentos de la historia de la Copa del Mundo. El defensa brasileño Zezé Procópio salió al campo con el claro objetivo de impedir que Nejedlý tocase el balón. Y cumplió con su misión a rajatabla. En el minuto 12 lesionó al delantero checo, que tuvo que jugar el resto del partido con un tobillo fracturado (en aquella época no estaban permitidos los cambios). El encuentro degeneró en una sucesión de entradas peligrosas, marrullerías de todo tipo y enfrentamientos entre los jugadores. Procópio fue uno de los tres expulsados por el árbitro (dos brasileños y uno checo). Al final del partido permanecían en el campo más jugadores lesionados que sanos. Brasil se adelantó en el marcador con un gol de su estrella Leónidas. Nejedlý, a pesar de su lesión marcó el empate de penalti. Pero el auténtico héroe checo fue el portero Plánička, que tras un duro encontronazo con el brasileño Perácio tuvo que jugar buena parte del partido con un brazo roto y un hombro dislocado.

Al acabar el encuentro con el resultado de 1-1, los dos equipos tuvieron que jugar un partido de desempate en el mismo escenario dos días después. Pocos de los veintidós jugadores que participaron en el primer partido estaban en condiciones de repetir. Checoslovaquia no pudo contar con sus dos líderes, Plánička y Nejedlý. Quien sí jugó fue la gran estrella de Brasil, Leónidas, que lideró el triunfo de su equipo por 2-1. Así fue como Brasil pasó a semifinales y Checoslovaquia quedó eliminada.