Die Glocke

Este es otro misterio inexistente. Es una de las muchas historias que circulan sobre las Wunderwaffen, las míticas "Armas Maravillosas" que según el Ministerio de Propaganda de Goebbels iban a conseguir cambiar el curso de la guerra cuando todo parecía perdido para el Tercer Reich. Lo sorprendente de este caso es que la historia nació y se popularizó hace apenas unos años.

En el año 2000 un periodista polaco llamado Igor Witkowski reveló en su libro Prawda o Wunderwaffe (“La verdad sobre la Wunderwaffe”) detalles de un programa armamentístico ultrasecreto nazi que había conseguido avances extraordinarios en tecnología antigravitatoria. Aunque no aportaba ninguna prueba de sus afirmaciones, la historia consiguió hacerse popular y fue reproducida y ampliada (con datos de su propia cosecha) por el escritor británico Nick Cook y un buen número de expertos en ufología, energías libres y otras ciencias igual de prestigiosas.

Witkowski explica en su libro que descubrió la existencia del programa nazi en agosto de 1997, gracias a un contacto anónimo de la inteligencia polaca que le permitió leer las transcripciones del interrogatorio a un oficial de las SS llamado Jakob Sporrenberg. Como es lógico (y conveniente), su informador no le permitió hacer copias de los documentos que le mostró.

Witkowski asegura que durante la guerra, bajo la dirección de las SS, se construyó un centro de investigación secreto conocido como Der Riese (“El Gigante”), cerca de una vieja mina de sal en la Baja Silesia, en lo que hoy es el sudoeste de Polonia (y a escasos kilómetros del castillo de Ksiaz, otro lugar lleno de misterios del que ya hablé en este blog). Allí los científicos nazis desarrollaron un dispositivo al que llamaron Die Glocke (“La Campana”), un artefacto metálico con forma de campana (por supuesto), de unos 2'50 o 3 metros de diámetro y entre 3'50 y 4'50 de altura. El aparato contaba con dos cilindros, que se rellenaban con un líquido metálico similar al mercurio de nombre “Xerum 525”, y que se hacían girar en sentidos opuestos, generando una fuerza antigravitatoria que hacía que la campana flotase en el aire. Cuando eso ocurría, el artilugio emitía una fuerte radiación de naturaleza desconocida, que supuestamente provocó la muerte de varios de los científicos que trabajaban en el proyecto.

Según Witkowski, una estructura circular de hormigón que se conserva en las cercanías de la mina de sal, a la que llamó “el Henge” (por su parecido con esas construcciones prehistóricas), habría servido como lugar de pruebas del dispositivo antigravitatorio.

En cuanto al destino final de Die Glocke, Witkowski asegura que acabó en algún país sudamericano transportado por nazis fugitivos. Otros autores defienden que está en poder del gobierno de los Estados Unidos.

The Deadly Double

El 22 de noviembre de 1941, apenas dos semanas antes del ataque japonés a Pearl Harbor, dos extraños anuncios aparecieron en la revista estadounidense New Yorker. Parecían ser publicidad de algo llamado The Deadly Double (“El Doble Mortal”). Uno de ellos, publicado en la página 32 de la revista, estaba encabezado con una advertencia en varios idiomas: “Achtung! Warning! Alerte!”. Debajo se veía un dado blanco que mostraba los caracteres 12, 24 y XX, y otro negro con los números 0, 5 y 7. Sobre ellos tan solo había una frase: “Ver anuncio página 86”.


En la mencionada página 86 se encontraba el segundo anuncio. Un dibujo mostraba a un grupo de gente de aspecto alegre reunida en un bunker subterráneo, jugando a los dados en torno a una mesa, mientras sobre ellos se desarrollaba lo que parecía ser un ataque aéreo, con focos reflectantes y explosiones en el aire y en tierra. Se repetía la advertencia “Achtung! Warning! Alerte!”, y bajo ella un texto explicativo (que en realidad no explicaba demasiado): “Esperamos que usted nunca tenga que pasar una larga noche de invierno en un refugio antiaéreo, pero pensamos ... que es de sentido común estar preparado. Si no está demasiado ocupado entre este momento y la Navidad, por qué no sentarse y planear una lista de las cosas que usted querría tener a mano... Productos enlatados, por supuesto, y velas, Sterno [latas de combustible para barbacoas y estufas], agua embotellada, azúcar, café o té, brandy, y un montón de cigarrillos, suéteres y mantas, libros o revistas, cápsulas de vitaminas ... y aunque no es tiempo, realmente, de pensar en lo que está de moda, apostamos a que la mayoría de sus amigos se acordará de incluir esos intrigantes dados y fichas que componen el juego favorito de Chicago”. A continuación aparecían en gran tamaño las palabras “The Deadly Double” y un águila bicéfala, con un aspecto sospechosamente germánico, e incrustado en ella un escudo con las siglas XX.


Después de Pearl Harbor, aquellos misteriosos mensajes parecieron adquirir un significado siniestro. Hubo quien pensó que los anuncios habían sido el método utilizado por las potencias del Eje para avisar a sus agentes en Estados Unidos de que la guerra era inminente. En los dados aparecía la fecha del ataque (los números 7 y 12, es decir, 7 de diciembre). El resto de caracteres podrían incluir mensajes en clave con más información o instrucciones para espías y saboteadores (se han intentado descifrar de distintas maneras, pero ninguna de las interpretaciones tenía mucho sentido). “Deadly Double” podía ser una forma de describir la doble amenaza que se cernía sobre la nación, Alemania y Japón. Y las premonitorias alusiones a bombardeos “entre este momento y la Navidad” parecían referirse a los ataques japoneses. Se cuenta que, ante tanto indicio sospechoso, el FBI se vio obligado a realizar una exhaustiva investigación. Lo que descubrieron (o, mejor dicho, lo que no descubrieron) no hizo sino aumentar el misterio. A pesar de todos sus esfuerzos, no se logró averiguar la identidad del hombre que había contratado los anuncios en el New Yorker. Había pagado en efectivo y no había dejado ningún nombre ni dirección. Los anuncios aparecían firmados por una compañía de Nueva York llamada Monarch Trading Co., que resultó ser una empresa ficticia.

El caso del "Deadly Double" se ha convertido en uno de los grandes misterios de la Segunda Guerra Mundial, y así aparece en infinidad de sitios. Por ejemplo, en este libro de curiosidades matemáticas, además del día y el mes del ataque japonés, el autor es capaz de encontrar en los anuncios del New Yorker el año y la hora, e incluso la latitud de Pearl Harbor. Afirma también que en 1967 se reveló que el FBI había estudiado el asunto en 1941 y había llegado a la conclusión de que todo podía atribuirse a una gran coincidencia. En este artículo de Los Angeles Times el autor asegura que conoció la historia a través de un oficial de inteligencia con el que habló durante la guerra (el artículo es de 1989). En este otro, el autor se atreve a afirmar que en el dibujo del segundo anuncio "todas las imágenes sugieren Pearl Harbor en Hawai", y cree ver una bomba cayendo en la superficie del mar, cuando es evidente que lo que representa es un ataque aéreo sobre tierra y un refugio subterráneo. Se dice también que el FBI sí consiguió identificar al misterioso hombre que contrató los anuncios, pero que éste murió pocas semanas después en circunstancias extrañas. Son versiones no exactamente coincidentes, pero todas llegan a la misma conclusión: el misterio sigue sin resolverse.

Pero lo cierto es que nunca hubo tal misterio. The Deadly Double era exactamente lo que parecía, un juego de mesa.


En medio de la paranoia que siguió al ataque a Pearl Harbor, resulta incluso creíble que el FBI se interesase por el asunto, pero en cualquier caso la investigación no les llevaría demasiado tiempo. Monarch Trading Co. era una empresa auténtica y completamente legal, y The Deadly Double un juego que se comenzó a comercializar en la campaña navideña de aquel año. Es posible que las alusiones a bombardeos en su publicidad fuesen de mal gusto, pero hay que tener en cuenta que era el tema de moda (Europa llevaba dos años en guerra y la amenaza sobre Estados Unidos era cada vez mayor) y que el primer objetivo de cualquier campaña de marketing es llamar la atención. Por supuesto, que apareciesen los números 12 y 7 en los anuncios fue una simple casualidad (y no demasiado sorprendente), y el resto de cifras y símbolos no tenían ningún significado oculto.

El incidente del William D. Porter

El William D. Porter (o Willie Dee, como se le apodaba familiarmente) era un destructor estadounidense de la clase Fletcher, la mayor y más avanzada tecnológicamente de su época. Entró en servicio en la US Navy en julio de 1943, al mando del Lieutenant commander (capitán de corbeta) Wilfred A. Walter y con una dotación de 329 hombres. La tripulación dedicó los meses siguientes a completar las pruebas de mar, adiestrarse y realizar prácticas de combate. En noviembre de 1943 el flamante destructor fue destinado a su primera misión, una travesía a través del Atlántico hasta el puerto argelino de Mers el-Kebir en la que acompañaría y daría escolta antisubmarina al acorazado Iowa.

En el Iowa viajaba un pasajero muy especial, el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt. Aquella era la primera etapa del viaje que le llevaría a las conferencias interaliadas de El Cairo y Teherán. Junto al presidente embarcaron el secretario de Estado Cordell Hull, el jefe del Estado Mayor almirante William D. Leahy, el jefe del Estado Mayor del Ejército general George C. Marshall, el Jefe de Operaciones Navales almirante Ernest King, el comandante de la USAAF Henry "Hap" Arnold, y otros mandos militares y cargos políticos del más alto nivel. Prácticamente todos los hombres responsables de la dirección de la guerra se reunieron a bordo del acorazado. Como es de imaginar, el viaje se preparó en el secreto más absoluto y se extremaron las medidas de seguridad. La escolta del Iowa estaría formada por el William D. Porter y otros dos destructores, además de dos portaaviones de escolta.

El William D. Porter:


La mañana del 12 de noviembre el Willie Dee zarpó del puerto de Norfolk con órdenes de reunirse con el Iowa y el resto del convoy en mar abierto. Cuando dejaba el muelle, su ancla se enganchó a otro destructor amarrado a su costado y le destrozó varios metros de baranda y algunos botes salvavidas. La misión empezaba con mal pie.

El 13 de noviembre, navegando con un mar agitado ya en compañía del resto de buques, una carga de profundidad mal asegurada se soltó y cayó al mar desde la cubierta del destructor. La carga detonó, levantando un gran chorro de agua en medio del convoy. La explosión hizo que el Iowa y sus escoltas se pusiesen en alerta e iniciasen maniobras evasivas al suponer que estaban siendo atacados por submarinos alemanes. Avergonzado, el capitán Walter tuvo que informar del accidente para tranquilizarles.

El 14 de noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del Iowa, John McCrean, tuvo la ocurrencia de preparar un simulacro de ataque aéreo para impresionar a sus insignes pasajeros. Con Roosevelt y su séquito acomodados en el puente para presenciar el espectáculo, McCrean ordenó lanzar una serie de globos meteorológicos que sirviesen como blancos para las armas antiaéreas del buque. La artillería del acorazado abrió fuego y derribó la mayor parte de los globos, pero algunos, empujados por el viento, escaparon en dirección al William D. Porter. El capitán Walter vio una oportunidad de restaurar el buen nombre de su destructor y ordenó zafarrancho de combate. Los antiaéreos del Willie Dee hicieron un buen trabajo y derribaron los globos, pero Walter no se conformó con aquella exhibición y quiso continuar con el ejercicio, así que, aprovechando el estado de alerta en el que se encontraba el buque, ordenó un simulacro de ataque con torpedos.

El ejercicio consistía en simular el lanzamiento de una salva de cuatro torpedos. Para ello tenían que fijar un blanco y realizar todos los cálculos como si fuese un ataque real. La única diferencia era que antes de abrir fuego se retiraban las cargas explosivas que disparaban los torpedos fuera de los tubos. Tras determinar datos como la velocidad y el rumbo del blanco, el oficial de tiro calculaba el ángulo de disparo. A continuación, el oficial de guardia ordenaba disparar los torpedos uno a uno. El blanco escogido por los hombres del Willie Dee fue el Iowa, que navegaba a unas tres millas náuticas de distancia. El ejercicio se desarrollaba con normalidad, hasta que llegó el momento en que el oficial de guardia dio la orden de disparar el tercer torpedo de la salva. Un instante después se oyó un chapoteo. Aquello solo podía significar una cosa: el torpedo había salido del tubo y se dirigía hacia su blanco, el acorazado Iowa.

Como había órdenes estrictas de mantener silencio de radio, el capitán Walter trató de comunicarse con el acorazado utilizando una lámpara de señales. Pero el nerviosismo y la inexperiencia del marinero encargado de las comunicaciones hicieron que enviase dos confusos mensajes en los que avisaba que había un torpedo en el agua alejándose del Iowa (en lugar de dirigiéndose al Iowa) y que el William D. Porter había puesto sus máquinas marcha atrás (en lugar de recomendar que el acorazado diese marcha atrás a toda máquina). Al ver el lío que se estaba haciendo el marinero con el código morse, el capitán Walter decidió romper el silencio de radio y avisar él mismo al acorazado. Para entonces los vigías del Iowa ya habían visto la estela del torpedo y habían dado la alarma. El Iowa aceleró a toda máquina y viró todo a estribor justo a tiempo para esquivar el torpedo, que explotó en la estela del buque, a unos trescientos metros de distancia. La brusca maniobra y la explosión cercana hicieron creer a varios de los acompañantes del presidente que el Iowa había sido alcanzado.

Todas las armas del acorazado apuntaron entonces hacia el William D. Porter, esperando un posible nuevo ataque, mientras se radiaban mensajes al destructor pidiendo explicaciones. El capitán Walter solo pudo excusarse y asegurar que se había tratado de un lamentable accidente. Parece que fue el almirante King, comandante en jefe de la US Fleet, fuera de sí por la ira (su Marina había quedado en ridículo ante el presidente y, lo que probablemente era peor para él, ante los mandos supremos del Ejército), quien decidió que el destructor abandonase de inmediato el convoy. El Iowa y el resto de su escolta continuaron hacia Mers el-Kebir, mientras el Willie Dee viraba en redondo para dirigirse a las Bermudas. Allí les esperaba un destacamento de marines. Tras atracar, el capitán Walter y toda su tripulación fueron arrestados. Era la primera vez en la historia de la US Navy que algo así ocurría.

Finalmente Roosevelt logró reunirse con Stalin y Churchill en Teherán, a pesar del Willie Dee:


La Marina realizó una investigación exhaustiva que concluyó que tanto oficiales como marineros eran inexpertos y no habían recibido suficiente entrenamiento. La culpabilidad del incidente recayó en un marinero de 22 años llamado Lawton Dawson, el encargado de retirar las cargas explosivas de los tubos lanzatorpedos, que por un descuido había dejado en su sitio la del tubo número 3. Dawson fue sometido a un consejo de guerra y condenado a catorce años de trabajos forzados. Por suerte para él, Roosevelt le concedió un indulto en cuanto conoció la sentencia.

El William D. Porter se convirtió en la vergüenza de la US Navy. Fue enviado al destino menos deseado de todos, las islas Aleutianas, en el Ártico. El capitán Walter mantuvo el mando varios meses más, hasta que fue relevado en mayo de 1944. Además de una fama de gafe que nunca le abandonaría, el Willie Dee tuvo que soportar las burlas del resto de la flota. Cuando se acercaba a algún otro buque, solían recibirle con mensajes como “no disparen, nosotros votamos a Willkie” (el candidato republicano en las presidenciales de 1940), o “no disparen, somos republicanos”.

Felix Dadaev ¿el doble de Stalin?

Gazavat Dadaev nació en Kazi-Kumuj, una aldea del Daguestán, en las montañas del Cáucaso ruso (“gazavat” es la palabra que utilizan los pueblos musulmanes del Cáucaso para referirse a un “guerrero”, o , más concretamente, a lo que hoy llamaríamos un “yihadista”). En su adolescencia fue pastor y aprendiz de orfebre. Pero su auténtica vocación era la danza. Ingresó en un grupo de bailes folclóricos de Grozny, y destacó tanto que llegaron a ofrecerle un puesto en una famosa banda de coros y danzas ucraniana. Al estallar la guerra Dadaev fue destinado a una “brigada de entretenimiento”, cuyo trabajo era recorrer el frente ofreciendo a las tropas espectáculos de baile, malabarismo o ilusionismo. Aquello no le libró de tener que tomar las armas en más de una ocasión. Según cuenta él mismo, participó en arriesgadas misiones de inteligencia y recibió varias condecoraciones. Durante la liberación de Grozny fue herido de gravedad. Llegó al hospital de campaña en tal mal estado que los médicos le dieron por muerto, e incluso se llegó a expedir un certificado de defunción con su nombre.

No tengo claro hasta qué punto su falsa muerte influyó en el comienzo de su doble vida. Gazavat se cambió el nombre por Felix (en memoria de un oficial y profesor de baile polaco que había muerto en sus brazos), aunque no sé si lo hizo aprovechando su “resurrección” o en otro momento. A menudo sus amigos bromeaban con su parecido físico con Stalin. Aunque él se mostraba molesto por aquellos chistes, en el fondo se sentía orgulloso, según confesaría muchos años después. Pero nunca había imaginado que aquella coincidencia iba a marcar su vida. Un día de 1943 unos hombres vestidos de civiles fueron a buscarle y sin darle muchas explicaciones le hicieron subir a un avión con destino a Moscú. Le instalaron en una dacha a las afueras de la capital y comenzaron a prepararle para convertirle en un doble del dictador soviético.

El parecido entre Dadaev y Stalin estaba lejos de ser perfecto. El joven tuvo que engordar once kilos y calzar tacones para eliminar las desigualdades en peso y altura que había entre los dos hombres. La nariz, las cejas, los ojos y la voz eran casi idénticos. La diferencia más llamativa estaba en las orejas, pequeñas y pegadas a la cabeza en el caso de Dadaev y grandes y separadas en el del dictador. Tuvieron que recurrir al maquillaje para simular las canas y las marcas de la viruela en la cara. El entrenamiento duró meses, bajo la permanente supervisión de agentes del NKVD. Le hicieron ver horas y horas de documentales para que aprendiese a imitar los movimientos, la forma de andar, los gestos, los ademanes y la entonación de voz de Stalin. Las dotes para la interpretación de Dadaev y su pasado en el mundo del espectáculo le ayudaron a conseguirlo.

Al fin llegó el día de la prueba definitiva. Una mañana Dadaev fue trasladado al Kremlin y conducido ante el general Vlasik, el jefe de seguridad personal de Stalin. El general le inspeccionó en silencio, y, tras una pausa, hizo un gesto de aprobación con la cabeza. A continuación comenzó un examen detallado de su ropa, la forma de comportarse, los gestos y la entonación de su voz. Aquella noche los nervios habían impedido dormir a Dadaev, aunque en realidad no era consciente de todo lo que se jugaba. De no haber superado aquella prueba quizá habría acabado en el GULAG, o algo aún peor...

Según Dadaev, Stalin tenía cuatro dobles. Eran utilizados, por ejemplo, como señuelos en los desplazamientos. En un principio, Dadaev se limitó a realizar aquella tarea, entrando y saliendo del Kremlin en el coche del Secretario General. Más tarde le asignaron misiones más complejas, como sustituirle en actos oficiales. En una ocasión presidió un desfile de deportistas desde el Mausoleo de Lenin, en la Plaza Roja:

"Todo el mundo estaba seguro de que yo era el propio Stalin. Caminé hasta el mausoleo con los miembros del gobierno, y a continuación me detuve en el estrado central, sonriendo y saludando a las columnas que pasaban. La clave era conseguir el paso correcto. Cuando Stalin iba junto a su séquito su andar era rápido y firme. Pero en las recepciones o reuniones caminaba despacio y pensativamente. Mi confianza se reforzó tan pronto como salí y fui saludado por los miembros del gobierno. Fuimos directamente al mausoleo. Pude ver que nadie sospechaba. Una vez más la KGB lo había logrado"

La misión más importante de Dadaev tuvo lugar en febrero de 1945, cuando Stalin tuvo que viajar a Yalta para participar en la cumbre aliada junto a Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. La inteligencia soviética había recibido informaciones sobre un complot para asesinar al dirigente soviético, y se extremaron las precauciones. Dadaev le suplantó en el coche que hizo el trayecto del Kremlin al aeropuerto y en el avión que le llevó a Crimea. Allí se encontraba ya Stalin, que había hecho el viaje en secreto con anterioridad.

Pese a haber permanecido tantos años a su servicio, Dadaev estuvo solo una vez delante de Stalin, ya en los años 50. El encuentro fue breve: "Él sonrió y me hizo un gesto de aprobación, y eso fue todo".

Tras la muerte de Stalin, Dadaev quedó liberado de sus funciones (como es lógico). Le permitieron volver a la vida civil, aunque antes le hicieron comprometerse a guardar de por vida el secreto de su trabajo. Y lo hizo durante más de medio siglo, hasta que en 2008 se decidió a romper el silencio. Ese año publicó un libro y apareció en numerosos artículos de prensa, por ejemplo en uno del diario británico Daily Mail (en inglés, hacer clic aquí) o en otro del español El Mundo (hacer clic aquí). Desde entonces su nombre ha aparecido en numerosos artículos y libros como uno de los pocos casos confirmados de dobles de dirigentes históricos. A menudo estos relatos incluyen fotografías como estas dos, que nos sirven para poder comparar el parecido entre Dadaev (a la izquierda) y Stalin (derecha):


Tengo que decir que a mí la historia de Felix Dadaev me parece como mínimo dudosa. En los artículos que señalé anteriormente se cuenta que ha sido confirmada por documentos desclasificados de los archivos soviéticos. También se dice que el gobierno de Putin le dio autorización para hacerla pública, algo que dudo que fuese necesario a estas alturas. El artículo del Daily Mail añade que la historia también ha sido corroborada por la hija del general Vlasik, el jefe de seguridad de Stalin: “Sí, ellos usaron dobles. Mi padre inventó todo tipo de trucos para distraer la atención del líder. Estaba tan absorto en su trabajo, y amaba tanto a Stalin, que sugirió ideas fantásticas”. Yo aquí solo veo una confirmación de que Stalin usaba dobles (lo que sí puedo creer sin problemas), pero nada en concreto sobre Dadaev.

En general todo el relato de Dadaev me hace desconfiar: que se presente a sí mismo como un bailarín condecorado por su participación en operaciones especiales, que cuente cómo fue enviado a un hospital y dado por muerto, pero sin especificar cuáles fueron sus heridas (cualquier herido en combate sería lo primero de lo que hablaría)... Y sobre todo está la cuestión de la edad. En los artículos, de 2008, se dice que Dadaev tenía entonces 88 años. Eso implica que estaría en torno a los 23 años en 1943, cuando fue seleccionado como doble. Ese año Stalin cumplió 65. Dadaev explica la aparente incongruencia diciendo que la tensión de la guerra le hacía envejecido tanto que parecía mucho mayor de lo que era, y que con la ayuda de un poco de maquillaje podía hacerse pasar sin problemas por un sexagenario.

Hace un año Dadaev fue entrevistado para un documental de una televisión alemana. El programa se tituló Stalins Tod: Das Ende einer Ära (“La muerte de Stalin: El fin de una era”). Yo no entiendo el alemán y no puedo explicar lo que contó, pero lo dejo aquí por si alguien tiene curiosidad. Dadaev aparece en cuatro ocasiones, en los minutos 12:25, 22:50, 34:55 y cerrando el documental a los 42:15:



Se le ve muy juvenil para tener 93 años (si tenía 88 en 2008...). Espero que siga así por mucho tiempo, pero también esto me hace dudar de que la edad que dice tener sea la auténtica.

En fin, os toca decidir a vosotros qué credibilidad queréis dar a esta historia.

V de Viktoria

Es conocido por mucha gente (entre la que están los lectores habituales de este blog, por supuesto) que en la Segunda Guerra Mundial la letra "V" se convirtió en un popular símbolo de resistencia frente a los nazis. Lo que no todo el mundo sabe es que los propios nazis también la utilizaban en su propaganda. A menudo se ha explicado como un torpe intento de apropiarse del símbolo cuando los alemanes vieron el éxito que había alcanzado entre la población civil de los países conquistados. Supuestamente se trataba de hacer pasar las pintadas contra la ocupación por muestras espontáneas de apoyo a los ocupantes.

Eso explicaría por qué su propaganda se empeñaba en usar la "V", cuando la palabra alemana habitual para "victoria" es "sieg". Según se dice, la única forma de encajar el signo de resistencia en sus carteles fue sustituyendo "sieg" por la nada común palabra de origen latino "viktoria":


Pero esta teoría tiene un problema: la "V" fue utilizada antes por la propaganda alemana que por la aliada.

En esta fotografía se ve la Torre Eiffel decorada con una gran "V":


La foto es del verano de 1940, poco después de que los alemanes ocupasen París y medio año antes de que el locutor belga de la BBC Victor de Labeleye propusiese a sus compatriotas el uso de la "V" como símbolo de la lucha por la libertad y la unidad nacional frente al invasor. Bajo la "V" hay una pancarta con la frase "Deutschland siegt an allen fronten", es decir, "Alemania vence en todos los frentes". De la misma época es esta foto del Parlamento noruego, en Oslo:


Son solo dos ejemplos. Muchos otros edificios representativos de Alemania y de los países ocupados fueron decorados con grandes uves y pancartas con la misma consigna.