El incidente del William D. Porter

El William D. Porter (o Willie Dee, como se le apodaba familiarmente) era un destructor estadounidense de la clase Fletcher, la mayor y más avanzada tecnológicamente de su época. Entró en servicio en la US Navy en julio de 1943, al mando del Lieutenant commander (capitán de corbeta) Wilfred A. Walter y con una dotación de 329 hombres. La tripulación dedicó los meses siguientes a completar las pruebas de mar, adiestrarse y realizar prácticas de combate. En noviembre de 1943 el flamante destructor fue destinado a su primera misión, una travesía a través del Atlántico hasta el puerto argelino de Mers el-Kebir en la que acompañaría y daría escolta antisubmarina al acorazado Iowa.

En el Iowa viajaba un pasajero muy especial, el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt. Aquella era la primera etapa del viaje que le llevaría a las conferencias interaliadas de El Cairo y Teherán. Junto al presidente embarcaron el secretario de Estado Cordell Hull, el jefe del Estado Mayor almirante William D. Leahy, el jefe del Estado Mayor del Ejército general George C. Marshall, el Jefe de Operaciones Navales almirante Ernest King, el comandante de la USAAF Henry "Hap" Arnold, y otros mandos militares y cargos políticos del más alto nivel. Prácticamente todos los hombres responsables de la dirección de la guerra se reunieron a bordo del acorazado. Como es de imaginar, el viaje se preparó en el secreto más absoluto y se extremaron las medidas de seguridad. La escolta del Iowa estaría formada por el William D. Porter y otros dos destructores, además de dos portaaviones de escolta.

El William D. Porter:


La mañana del 12 de noviembre el Willie Dee zarpó del puerto de Norfolk con órdenes de reunirse con el Iowa y el resto del convoy en mar abierto. Cuando dejaba el muelle, su ancla se enganchó a otro destructor amarrado a su costado y le destrozó varios metros de baranda y algunos botes salvavidas. La misión empezaba con mal pie.

El 13 de noviembre, navegando con un mar agitado ya en compañía del resto de buques, una carga de profundidad mal asegurada se soltó y cayó al mar desde la cubierta del destructor. La carga detonó, levantando un gran chorro de agua en medio del convoy. La explosión hizo que el Iowa y sus escoltas se pusiesen en alerta e iniciasen maniobras evasivas al suponer que estaban siendo atacados por submarinos alemanes. Avergonzado, el capitán Walter tuvo que informar del accidente para tranquilizarles.

El 14 de noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del Iowa, John McCrean, tuvo la ocurrencia de preparar un simulacro de ataque aéreo para impresionar a sus insignes pasajeros. Con Roosevelt y su séquito acomodados en el puente para presenciar el espectáculo, McCrean ordenó lanzar una serie de globos meteorológicos que sirviesen como blancos para las armas antiaéreas del buque. La artillería del acorazado abrió fuego y derribó la mayor parte de los globos, pero algunos, empujados por el viento, escaparon en dirección al William D. Porter. El capitán Walter vio una oportunidad de restaurar el buen nombre de su destructor y ordenó zafarrancho de combate. Los antiaéreos del Willie Dee hicieron un buen trabajo y derribaron los globos, pero Walter no se conformó con aquella exhibición y quiso continuar con el ejercicio, así que, aprovechando el estado de alerta en el que se encontraba el buque, ordenó un simulacro de ataque con torpedos.

El ejercicio consistía en simular el lanzamiento de una salva de cuatro torpedos. Para ello tenían que fijar un blanco y realizar todos los cálculos como si fuese un ataque real. La única diferencia era que antes de abrir fuego se retiraban las cargas explosivas que disparaban los torpedos fuera de los tubos. Tras determinar datos como la velocidad y el rumbo del blanco, el oficial de tiro calculaba el ángulo de disparo. A continuación, el oficial de guardia ordenaba disparar los torpedos uno a uno. El blanco escogido por los hombres del Willie Dee fue el Iowa, que navegaba a unas tres millas náuticas de distancia. El ejercicio se desarrollaba con normalidad, hasta que llegó el momento en que el oficial de guardia dio la orden de disparar el tercer torpedo de la salva. Un instante después se oyó un chapoteo. Aquello solo podía significar una cosa: el torpedo había salido del tubo y se dirigía hacia su blanco, el acorazado Iowa.

Como había órdenes estrictas de mantener silencio de radio, el capitán Walter trató de comunicarse con el acorazado utilizando una lámpara de señales. Pero el nerviosismo y la inexperiencia del marinero encargado de las comunicaciones hicieron que enviase dos confusos mensajes en los que avisaba que había un torpedo en el agua alejándose del Iowa (en lugar de dirigiéndose al Iowa) y que el William D. Porter había puesto sus máquinas marcha atrás (en lugar de recomendar que el acorazado diese marcha atrás a toda máquina). Al ver el lío que se estaba haciendo el marinero con el código morse, el capitán Walter decidió romper el silencio de radio y avisar él mismo al acorazado. Para entonces los vigías del Iowa ya habían visto la estela del torpedo y habían dado la alarma. El Iowa aceleró a toda máquina y viró todo a estribor justo a tiempo para esquivar el torpedo, que explotó en la estela del buque, a unos trescientos metros de distancia. La brusca maniobra y la explosión cercana hicieron creer a varios de los acompañantes del presidente que el Iowa había sido alcanzado.

Todas las armas del acorazado apuntaron entonces hacia el William D. Porter, esperando un posible nuevo ataque, mientras se radiaban mensajes al destructor pidiendo explicaciones. El capitán Walter solo pudo excusarse y asegurar que se había tratado de un lamentable accidente. Parece que fue el almirante King, comandante en jefe de la US Fleet, fuera de sí por la ira (su Marina había quedado en ridículo ante el presidente y, lo que probablemente era peor para él, ante los mandos supremos del Ejército), quien decidió que el destructor abandonase de inmediato el convoy. El Iowa y el resto de su escolta continuaron hacia Mers el-Kebir, mientras el Willie Dee viraba en redondo para dirigirse a las Bermudas. Allí les esperaba un destacamento de marines. Tras atracar, el capitán Walter y toda su tripulación fueron arrestados. Era la primera vez en la historia de la US Navy que algo así ocurría.

Finalmente Roosevelt logró reunirse con Stalin y Churchill en Teherán, a pesar del Willie Dee:


La Marina realizó una investigación exhaustiva que concluyó que tanto oficiales como marineros eran inexpertos y no habían recibido suficiente entrenamiento. La culpabilidad del incidente recayó en un marinero de 22 años llamado Lawton Dawson, el encargado de retirar las cargas explosivas de los tubos lanzatorpedos, que por un descuido había dejado en su sitio la del tubo número 3. Dawson fue sometido a un consejo de guerra y condenado a catorce años de trabajos forzados. Por suerte para él, Roosevelt le concedió un indulto en cuanto conoció la sentencia.

El William D. Porter se convirtió en la vergüenza de la US Navy. Fue enviado al destino menos deseado de todos, las islas Aleutianas, en el Ártico. El capitán Walter mantuvo el mando varios meses más, hasta que fue relevado en mayo de 1944. Además de una fama de gafe que nunca le abandonaría, el Willie Dee tuvo que soportar las burlas del resto de la flota. Cuando se acercaba a algún otro buque, solían recibirle con mensajes como “no disparen, nosotros votamos a Willkie” (el candidato republicano en las presidenciales de 1940), o “no disparen, somos republicanos”.

Felix Dadaev ¿el doble de Stalin?

Gazavat Dadaev nació en Kazi-Kumuj, una aldea del Daguestán, en las montañas del Cáucaso ruso (“gazavat” es la palabra que utilizan los pueblos musulmanes del Cáucaso para referirse a un “guerrero”, o , más concretamente, a lo que hoy llamaríamos un “yihadista”). En su adolescencia fue pastor y aprendiz de orfebre. Pero su auténtica vocación era la danza. Ingresó en un grupo de bailes folclóricos de Grozny, y destacó tanto que llegaron a ofrecerle un puesto en una famosa banda de coros y danzas ucraniana. Al estallar la guerra Dadaev fue destinado a una “brigada de entretenimiento”, cuyo trabajo era recorrer el frente ofreciendo a las tropas espectáculos de baile, malabarismo o ilusionismo. Aquello no le libró de tener que tomar las armas en más de una ocasión. Según cuenta él mismo, participó en arriesgadas misiones de inteligencia y recibió varias condecoraciones. Durante la liberación de Grozny fue herido de gravedad. Llegó al hospital de campaña en tal mal estado que los médicos le dieron por muerto, e incluso se llegó a expedir un certificado de defunción con su nombre.

No tengo claro hasta qué punto su falsa muerte influyó en el comienzo de su doble vida. Gazavat se cambió el nombre por Felix (en memoria de un oficial y profesor de baile polaco que había muerto en sus brazos), aunque no sé si lo hizo aprovechando su “resurrección” o en otro momento. A menudo sus amigos bromeaban con su parecido físico con Stalin. Aunque él se mostraba molesto por aquellos chistes, en el fondo se sentía orgulloso, según confesaría muchos años después. Pero nunca había imaginado que aquella coincidencia iba a marcar su vida. Un día de 1943 unos hombres vestidos de civiles fueron a buscarle y sin darle muchas explicaciones le hicieron subir a un avión con destino a Moscú. Le instalaron en una dacha a las afueras de la capital y comenzaron a prepararle para convertirle en un doble del dictador soviético.

El parecido entre Dadaev y Stalin estaba lejos de ser perfecto. El joven tuvo que engordar once kilos y calzar tacones para eliminar las desigualdades en peso y altura que había entre los dos hombres. La nariz, las cejas, los ojos y la voz eran casi idénticos. La diferencia más llamativa estaba en las orejas, pequeñas y pegadas a la cabeza en el caso de Dadaev y grandes y separadas en el del dictador. Tuvieron que recurrir al maquillaje para simular las canas y las marcas de la viruela en la cara. El entrenamiento duró meses, bajo la permanente supervisión de agentes del NKVD. Le hicieron ver horas y horas de documentales para que aprendiese a imitar los movimientos, la forma de andar, los gestos, los ademanes y la entonación de voz de Stalin. Las dotes para la interpretación de Dadaev y su pasado en el mundo del espectáculo le ayudaron a conseguirlo.

Al fin llegó el día de la prueba definitiva. Una mañana Dadaev fue trasladado al Kremlin y conducido ante el general Vlasik, el jefe de seguridad personal de Stalin. El general le inspeccionó en silencio, y, tras una pausa, hizo un gesto de aprobación con la cabeza. A continuación comenzó un examen detallado de su ropa, la forma de comportarse, los gestos y la entonación de su voz. Aquella noche los nervios habían impedido dormir a Dadaev, aunque en realidad no era consciente de todo lo que se jugaba. De no haber superado aquella prueba quizá habría acabado en el GULAG, o algo aún peor...

Según Dadaev, Stalin tenía cuatro dobles. Eran utilizados, por ejemplo, como señuelos en los desplazamientos. En un principio, Dadaev se limitó a realizar aquella tarea, entrando y saliendo del Kremlin en el coche del Secretario General. Más tarde le asignaron misiones más complejas, como sustituirle en actos oficiales. En una ocasión presidió un desfile de deportistas desde el Mausoleo de Lenin, en la Plaza Roja:

"Todo el mundo estaba seguro de que yo era el propio Stalin. Caminé hasta el mausoleo con los miembros del gobierno, y a continuación me detuve en el estrado central, sonriendo y saludando a las columnas que pasaban. La clave era conseguir el paso correcto. Cuando Stalin iba junto a su séquito su andar era rápido y firme. Pero en las recepciones o reuniones caminaba despacio y pensativamente. Mi confianza se reforzó tan pronto como salí y fui saludado por los miembros del gobierno. Fuimos directamente al mausoleo. Pude ver que nadie sospechaba. Una vez más la KGB lo había logrado"

La misión más importante de Dadaev tuvo lugar en febrero de 1945, cuando Stalin tuvo que viajar a Yalta para participar en la cumbre aliada junto a Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. La inteligencia soviética había recibido informaciones sobre un complot para asesinar al dirigente soviético, y se extremaron las precauciones. Dadaev le suplantó en el coche que hizo el trayecto del Kremlin al aeropuerto y en el avión que le llevó a Crimea. Allí se encontraba ya Stalin, que había hecho el viaje en secreto con anterioridad.

Pese a haber permanecido tantos años a su servicio, Dadaev estuvo solo una vez delante de Stalin, ya en los años 50. El encuentro fue breve: "Él sonrió y me hizo un gesto de aprobación, y eso fue todo".

Tras la muerte de Stalin, Dadaev quedó liberado de sus funciones (como es lógico). Le permitieron volver a la vida civil, aunque antes le hicieron comprometerse a guardar de por vida el secreto de su trabajo. Y lo hizo durante más de medio siglo, hasta que en 2008 se decidió a romper el silencio. Ese año publicó un libro y apareció en numerosos artículos de prensa, por ejemplo en uno del diario británico Daily Mail (en inglés, hacer clic aquí) o en otro del español El Mundo (hacer clic aquí). Desde entonces su nombre ha aparecido en numerosos artículos y libros como uno de los pocos casos confirmados de dobles de dirigentes históricos. A menudo estos relatos incluyen fotografías como estas dos, que nos sirven para poder comparar el parecido entre Dadaev (a la izquierda) y Stalin (derecha):


Tengo que decir que a mí la historia de Felix Dadaev me parece como mínimo dudosa. En los artículos que señalé anteriormente se cuenta que ha sido confirmada por documentos desclasificados de los archivos soviéticos. También se dice que el gobierno de Putin le dio autorización para hacerla pública, algo que dudo que fuese necesario a estas alturas. El artículo del Daily Mail añade que la historia también ha sido corroborada por la hija del general Vlasik, el jefe de seguridad de Stalin: “Sí, ellos usaron dobles. Mi padre inventó todo tipo de trucos para distraer la atención del líder. Estaba tan absorto en su trabajo, y amaba tanto a Stalin, que sugirió ideas fantásticas”. Yo aquí solo veo una confirmación de que Stalin usaba dobles (lo que sí puedo creer sin problemas), pero nada en concreto sobre Dadaev.

En general todo el relato de Dadaev me hace desconfiar: que se presente a sí mismo como un bailarín condecorado por su participación en operaciones especiales, que cuente cómo fue enviado a un hospital y dado por muerto, pero sin especificar cuáles fueron sus heridas (cualquier herido en combate sería lo primero de lo que hablaría)... Y sobre todo está la cuestión de la edad. En los artículos, de 2008, se dice que Dadaev tenía entonces 88 años. Eso implica que estaría en torno a los 23 años en 1943, cuando fue seleccionado como doble. Ese año Stalin cumplió 65. Dadaev explica la aparente incongruencia diciendo que la tensión de la guerra le hacía envejecido tanto que parecía mucho mayor de lo que era, y que con la ayuda de un poco de maquillaje podía hacerse pasar sin problemas por un sexagenario.

Hace un año Dadaev fue entrevistado para un documental de una televisión alemana. El programa se tituló Stalins Tod: Das Ende einer Ära (“La muerte de Stalin: El fin de una era”). Yo no entiendo el alemán y no puedo explicar lo que contó, pero lo dejo aquí por si alguien tiene curiosidad. Dadaev aparece en cuatro ocasiones, en los minutos 12:25, 22:50, 34:55 y cerrando el documental a los 42:15:



Se le ve muy juvenil para tener 93 años (si tenía 88 en 2008...). Espero que siga así por mucho tiempo, pero también esto me hace dudar de que la edad que dice tener sea la auténtica.

En fin, os toca decidir a vosotros qué credibilidad queréis dar a esta historia.

V de Viktoria

Es conocido por mucha gente (entre la que están los lectores habituales de este blog, por supuesto) que en la Segunda Guerra Mundial la letra "V" se convirtió en un popular símbolo de resistencia frente a los nazis. Lo que no todo el mundo sabe es que los propios nazis también la utilizaban en su propaganda. A menudo se ha explicado como un torpe intento de apropiarse del símbolo cuando los alemanes vieron el éxito que había alcanzado entre la población civil de los países conquistados. Supuestamente se trataba de hacer pasar las pintadas contra la ocupación por muestras espontáneas de apoyo a los ocupantes.

Eso explicaría por qué su propaganda se empeñaba en usar la "V", cuando la palabra alemana habitual para "victoria" es "sieg". Según se dice, la única forma de encajar el signo de resistencia en sus carteles fue sustituyendo "sieg" por la nada común palabra de origen latino "viktoria":


Pero esta teoría tiene un problema: la "V" fue utilizada antes por la propaganda alemana que por la aliada.

En esta fotografía se ve la Torre Eiffel decorada con una gran "V":


La foto es del verano de 1940, poco después de que los alemanes ocupasen París y medio año antes de que el locutor belga de la BBC Victor de Labeleye propusiese a sus compatriotas el uso de la "V" como símbolo de la lucha por la libertad y la unidad nacional frente al invasor. Bajo la "V" hay una pancarta con la frase "Deutschland siegt an allen fronten", es decir, "Alemania vence en todos los frentes". De la misma época es esta foto del Parlamento noruego, en Oslo:


Son solo dos ejemplos. Muchos otros edificios representativos de Alemania y de los países ocupados fueron decorados con grandes uves y pancartas con la misma consigna.

Pánico

El 10 de mayo de 1940 comenzó la ofensiva alemana en el frente occidental con un ataque masivo contra Bélgica y Holanda. Mientras las mejores divisiones aliadas se movilizaban hacia el interior de Bélgica para formar junto a los belgas una línea defensiva en el río Dyle, el Grupo de Ejércitos A de Von Rundstedt avanzó a toda velocidad hacia el oeste a través de Las Ardenas, un terreno que el mando aliado había considerado infranqueable para las unidades motorizadas. El 12 de mayo la punta de lanza de Von Rundstedt, el XIX Cuerpo Panzer del general Heinz Guderian, salió de Las Ardenas y entró en territorio francés. Allí la principal línea de defensa aliada se encontraba a lo largo del río Mosa. Los franceses se apresuraron a volar los puentes y atrincherarse en la orilla occidental. Más al norte, en Dinant (todavía en Bélgica), Erwin Rommel sería el primero en cruzar el Mosa con su 7ª División Panzer. Pero el enfrentamiento decisivo iba a tener lugar en la ciudad de Sedán, casualmente el escenario de una de las derrotas más humillantes de la historia de Francia, la rendición de Napoleón III y todo su ejército a los prusianos en septiembre de 1870.

El cruce del Mosa en el sector de Sedán iba a correr a cargo de las tres divisiones acorazadas del Grupo Panzer Guderian. La 1ª División Panzer sería la encargada de atravesar el río al norte de la ciudad, mientras que la 10ª Panzer lo haría al sur. La 2ª División Panzer se mantendría a la espera para explotar la ruptura en cuanto esta se produjese.

Enfrente esperaba la 55ª División francesa del general Lafontaine. Era una división de las catalogadas como B, integrada mayoritariamente por reservistas (al no esperar los aliados una ruptura a través de Las Ardenas, aquel sector del frente había sido asignado a unidades de segunda línea), con un entrenamiento deficiente, pero con una posición defensiva muy ventajosa. La división estaba desplegada en las alturas del Bois (bosque) de La Marfée, desde donde dominaba el Mosa, y a lo largo de la orilla izquierda contaba con una red de bunkers y emplazamientos defensivos que, aunque estaban en gran parte inacabados, servirían para entorpecer o impedir las maniobras de los alemanes en el cruce del río. Además tendrían un fuerte apoyo artillero por parte de la artillería divisional y de un buen número de baterías pesadas del X Cuerpo de Ejército francés.

Pero los franceses descuidaron la defensa en un punto fundamental: el aire. Aún no habían aprendido las lecciones de la campaña de Polonia y se vieron sorprendidos por el novedoso uso del poder aéreo que hacía la blitzkrieg alemana, concentrando centenares de aparatos en un estrecho sector del frente para apoyar la ruptura de las fuerzas de tierra. A primera hora de la mañana del 13 de mayo la Luftwaffe inició el ataque con una serie de devastadores bombardeos de sus Dornier Do 17 contra las líneas de comunicaciones y los centros de mando de la artillería. Hacia el mediodía fueron relevados por los aviones de ataque en picado Junkers Ju 87 Stuka, que se dedicaron a machacar todo tipo de objetivos en tierra, con preferencia por los bunkers y las baterías de artillería. Dorniers y Stukas se fueron turnando en su tarea de arrasar las defensas francesas, protegidos en todo momento por los cazas Bf 109 y Me 110, sin que la aviación aliada apenas hiciese acto de presencia. El bombardeo aéreo permitió a las fuerzas acorazadas alemanas desplegarse en la orilla derecha del río y prepararse para el ataque.

Pese a la eficacia de los ataques aéreos, las fuerzas francesas que defendían el río mantenían gran parte de su capacidad de combate. Por la tarde, las primeras unidades de zapadores alemanes que trataron de cruzar el Mosa en botes de goma sufrieron pérdidas pavorosas (en el sector de la 10ª Panzer solo lo consiguieron tres de los cincuenta botes de la primera oleada de asalto). Al final de la tarde algunas fuerzas de infantería de la 1ª Panzer, apoyadas por tropas de élite del regimiento Grossdeutschland, habían logrado asegurar una pequeña franja de terreno en la orilla izquierda, al norte de Sedán. Desde allí comenzaron a trabajar en el tendido de un puente de barcas que permitiese el paso de los vehículos de la división.

La batalla no había hecho más que comenzar. Y entonces ocurrió...

A última hora de la tarde, el coronel Poncelet, comandante de artillería del X Cuerpo de Ejército francés, recibió un informe del teniente coronel Dourzal, jefe del Grupo B de artillería pesada, desplegado en apoyo de la 55ª División, en el que aseguraba que habían estallado violentos combates a unos pocos cientos de metros de su puesto de mando y solicitaba permiso para retirarse. Cuando Poncelet pidió más detalles, Dourzal confirmó que estaba bajo el fuego de las ametralladoras enemigas y que en pocos minutos estaría rodeado. Es posible que estuviese exagerando para obtener la autorización y abandonar el lugar, pero que realmente creyese que su situación era crítica. Al parecer un motorista de enlace había llegado a su cuartel general avisando de que se habían visto tanques enemigos en los bosques próximos a Bulson y que era cuestión de minutos que llegasen hasta allí. Poncelet autorizó la retirada confiando en la palabra de su subordinado. Aquello provocó una reacción en cadena. Los hombres que abandonaban sus posiciones arrastraron tras de sí a todos los que se encontraban por el camino, asegurando que se había dado la orden de retirada y extendiendo rumores sobre la inminente llegada de los panzer. Aterrorizados y desmoralizados después de haber estado soportando espantosos ataques aéreos durante todo el día, no necesitaban mucho más para emprender la huida en dirección sur, lejos del río. Algunos jefes de batería tuvieron la precaución de inutilizar sus cañones antes de retirarse para evitar que pudiesen ser usados por el enemigo. Otros se limitaron a salir corriendo, abandonando todo el equipo pesado. No todos se dejaron llevar por el pánico. Hubo quien mantuvo sus posiciones, e incluso quien avanzó hacia el frente siguiendo el sentido contrario de la marea humana. Pero fueron excepciones.

En el cuartel general de la 55ª División, a unos kilómetros del pueblo de Bulson, el general Lafontaine vio aparecer por la carretera una riada de soldados aterrorizados, muchos disparando sus armas contra no se sabía quién. Según decían, los tanques enemigos habían alcanzado ya Bulson. En realidad ningún carro había cruzado todavía el Mosa, y las fuerzas alemanas en la orilla izquierda del río se reducían a algunas unidades de zapadores que a duras penas podían mantener la franja de terreno desde la que se estaba tendiendo el puente. Lafontaine intentó sin éxito que aquellos hombres entrasen en razón. Los oficiales a los que se dirigía le aseguraban que habían recibido la orden de retirarse, pero el general sabía perfectamente que él no la había dado. Finalmente decidió trasladar su puesto de mando a Chémery, ocho kilómetros al sur, para tratar de reorganizar sus fuerzas. Lo que se encontró allí fue todavía peor. Por entonces a la desbandada se habían sumado gran parte de la 55ª División y elementos de la 71ª División, desplegada en su flanco derecho: “La riada de fugitivos atraviesa el pueblo sin cesar: todas las fuerzas de la división concentradas en esta zona (unidades de combate, planas mayores regimentales, columnas de suministros, parques móviles...) se dirigen al sur, junto con rezagados; naturalmente, como por arte de magia, sus oficiales han recibido una misteriosa orden de retirada”. El general Baudet, comandante de la 71ª División, fue informado de la presencia de tanques enemigos en Bulson y decidió retrasar varios kilómetros su cuartel general para situarlo en un lugar más seguro. Aquel traslado, en el momento más crítico, le hizo perder casi completamente el contacto con sus tropas. La 71ª División se sumió en el caos, y no estaría en condiciones de oponer resistencia cuando los alemanes lanzasen el ataque auténtico al día siguiente. Por su parte, la 55ª División, en la práctica, había dejado de existir.

Los hombres de la primera línea francesa permanecieron en sus posiciones, ajenos a todo lo que ocurría detrás de ellos. Pero la infantería que defendía el Bois de La Marfée se había quedado sin apoyo artillero y sin capacidad para lanzar un contraataque. Los ingenieros alemanes continuaron trabajando en la construcción del puente sin ser molestados por la artillería enemiga. A medianoche completaron el puente, y a primera hora de la mañana del 14 de mayo los tanques de la 1ª División Panzer comenzaron a atravesarlo. Las puertas de Francia se habían abierto para los ejércitos alemanes.

El coronel Poncelet, destrozado por su responsabilidad en el desastre, se suicidó unos días más tarde.

La realidad de la guerra


Esta fotografía fue tomada por el reportero gráfico de la revista Life George Strock un día de finales de diciembre de 1942 o comienzos de enero de 1943. El lugar es la playa de Buna, en Nueva Guinea. Retrata los cuerpos de tres soldados estadounidenses anónimos semienterrados en la arena. No es una imagen excesivamente dura. En ella apenas son visibles las marcas más desagradables de la muerte: los cadáveres parecen intactos, sus heridas permanecen ocultas, ni siquiera hay manchas de sangre, y las caras no están a la vista.

Los días 15 y 22 de febrero de 1943 Life publicó sendos reportajes sobre la batalla de Buna-Gona. Incluían varias de las mejores fotografías de Strock, pero entre ellas no estaba la de los tres cuerpos en la playa. Los funcionarios de la Oficina de Censura la rechazaron siguiendo la consigna vigente desde el comienzo del conflicto: podían verse imágenes de combates y cadáveres de enemigos, pero nunca soldados estadounidenses muertos. Como mucho, cuerpos tapados con mantas o ataúdes cubiertos con la bandera nacional. La prensa gráfica, igual que la escrita, estaba obligada a dar una cobertura blanda y optimista de la guerra para evitar una posible desmoralización del público norteamericano.

Los editores de Life presionaron a las autoridades para conseguir el permiso de publicar la fotografía de Strock. Un corresponsal de la revista en Washington llamado Cal Whipple convirtió la cuestión en una cruzada personal. Presentó sus recursos a un funcionario tras otro, a un oficial tras otro, subiendo en el escalafón hasta que terminó llegando hasta la mismísima Casa Blanca. Logró convencer al director de la Oficina de Información de Guerra, Elmer Davis, con el argumento de que había que enfrentar al público estadounidense con la realidad de una guerra que estaba lejos de terminar. La sociedad tenía que ser consciente de lo que estaba en juego y del precio que había que pagar por la victoria. Davis logró que Roosevelt levantara la prohibición de publicar fotografías de soldados estadounidenses caídos en combate. Las únicas limitaciones que se mantuvieron fueron que las fotos no podrían mostrar las caras de los muertos ni las insignias de las unidades a las que pertenecían (esto último para evitar que se pudiese dar a conocer información valiosa desde el punto de vista militar).

La fotografía se publicó al fin a toda página en el número del 20 de septiembre de 1943. Por primera vez, unos meses antes de que se cumpliesen dos años de la entrada del país en la guerra, los estadounidenses veían a sus soldados muertos. El 5 de noviembre de 1943 la foto fue portada de la revista Yank, el semanario del Ejército de los Estados Unidos, como sirviendo de confirmación del cambio de criterio del gobierno y las autoridades militares, convencidos ahora de que tenía que dar una imagen más realista de la guerra para evitar que la sociedad cayese en la complacencia.

Después de la publicación, Life recibió críticas por un supuesto “sensacionalismo morboso”, aunque fueron menos de las esperadas. Se ha dicho que la fotografía de Strock tuvo una gran influencia, no está claro si positiva o negativa. Al parecer provocó un aumento de las ventas de bonos de guerra y al mismo tiempo una disminución de los alistamientos de voluntarios en las fuerzas armadas, pero dudo que se pueda determinar con claridad una relación causa-efecto entre la publicación de la foto y sus supuestas consecuencias.