La Gran Guerra Marciana

The Great Martian War 1913-1917 es un programa creado en 2013 por una productora británica para el canal de televisión History Channel. Con un formato de falso documental (un género que parece que se ha puesto de moda en los últimos tiempos), narra la historia de una invasión alienígena a Europa poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Incluye entrevistas a supuestos veteranos e historiadores que cuentan desde distintos puntos de vista cómo fue aquel conflicto imaginario. Evidentemente inspirado en la novela La Guerra de los mundos de H.G. Wells, el relato presenta muchos paralelismos con lo que fue la auténtica Primera Guerra Mundial y sus horrores, salvo que en este caso las naciones europeas, en lugar de luchar entre sí, se unen para hacer frente al enemigo común. Lo más destacado del documental son las imágenes de combates, creadas a partir de la fusión de secuencias reales de la época con imágenes generadas por ordenador. Eso explica por qué en esta historia alternativa los campos de batalla, los uniformes y las armas que se desarrollaron durante el conflicto (tanques, aviones, armas químicas...) son casi idénticos a los que se pudieron ver en la auténtica Gran Guerra.

Este es un cortometraje, una especie de videoclip, hecho por los autores del programa original a base de secuencias escogidas del mismo. Recomendable para amantes de la ciencia-ficción ucrónica:


Great martian war from PLAZMA on Vimeo.

El extraño caso del espía travestido

El teniente coronel Dudley Clarke era uno de los hombres más notables de la inteligencia británica. Como director de la sección del MI9 para Oriente Medio, fue el responsable de innumerables operaciones de desinformación y engaño estratégico en toda el área del Mediterráneo. Sus exitosos métodos no tardaron en llamar la atención de sus superiores en Londres, y a finales de septiembre de 1941 recibió orden de viajar a la capital británica para informar con detalle de sus actividades. A mediados de octubre inició el viaje de regreso a su cuartel general de El Cairo, vía Lisboa, Madrid y Gibraltar.

La noche del 17 de octubre el coronel Clarke fue detenido en una calle de Madrid por la policía española. Llevaba los labios pintados con carmín y vestía completamente con ropas de mujer: vestido estampado de flores, collar de perlas, zapatos de tacón, bolso, e incluso sostén.

Cuando le interrogó la policía, Clarke dijo ser un corresponsal de The Times llamado Wrangal Craker. Explicó que estaba escribiendo una novela, y que se había vestido de aquella manera para estudiar las reacciones que provocaban las mujeres en los hombres cuando se cruzaban con ellas por la calle.

Al día siguiente un funcionario de la embajada británica telegrafió a Londres para informar de lo sucedido. En su informe incluyó una explicación alternativa a la que Clarke había dado a la policía española: “El cónsul que le vio esta mañana le encontró tranquilo y despreocupado, pero le contó una historia diferente. Llevaba las prendas a una dama de Gibraltar y pensó en ponérselas como una broma. Esto difícilmente cuadra con el hecho de que las prendas femeninas y los zapatos le quedan perfectos” (este último comentario parece hecho con un poco de mala leche). Además, entre otras cosas, explicó que a Clarke se le había encontrado “otro juego completo de ropa de mujer, el uniforme de un corresponsal de guerra (...) y un rollo de papel higiénico extrafino, que ha entusiasmado particularmente a la policía...”

Fotografías del coronel Clarke tomadas por la policía española:


La detención provocó una enorme alarma en Londres. Por un lado, el servicio secreto británico estaba aterrorizado por la posibilidad de que quedase al descubierto la tapadera del coronel Clarke, que ya por entonces era uno de sus agentes más valiosos. Y por otro, el gobierno temblaba al pensar que la historia pudiese hacerse pública y al imaginar el uso que podía hacer de ella la propaganda alemana. Como decía el informe de la embajada: “No necesito señalar el daño que este incidente nos va a hacer (…) Ya han comenzado las bromas sobre el editor de The Times que se hace pasar por mujer”.

“El hecho de que él es un oficial británico puede que sea desconocido para las autoridades españolas y debe mantenerse en secreto. Informe también si muestra signos de trastorno mental”, fue la respuesta de las autoridades de Londres al telegrama de la embajada en Madrid. El mismísimo primer ministro Winston Churchill mostró su preocupación por el episodio y dio instrucciones para que el coronel Clarke, en cuanto fuese puesto en libertad, regresase a Inglaterra a la mayor brevedad posible para dar explicaciones.

Finalmente la policía española archivó el tema como un “asunto homosexual” y dejó en libertad a Clarke tras hacerle pagar una multa.

Tal como se le había ordenado, el coronel Clarke regresó a Lisboa y allí embarcó en el primer barco que encontró, el Ariosto, un mercante británico que iba a zarpar con destino a Liverpool. El 24 de octubre el barco fue torpedeado y hundido por un submarino alemán. Clarke y el resto de supervivientes fueron trasladados a Gibraltar. Churchill aceptó entonces que fuese el gobernador de la colonia, Lord Gort, quien entrevistase al coronel. No se sabe con qué argumentos, Clarke convenció al anciano gobernador, que acabó aceptando sus explicaciones y concluyó que “podemos esperar razonablemente que esta escapada y sus consecuencias le han castigado lo suficiente como para que se muestre más prudente en el futuro”.

La gran duda es qué hacía Clarke en una calle de Madrid vestido de mujer. No hay nada que indique que su comportamiento tuviese una motivación sexual. Parece que tenía un gran sentido del humor, pero tampoco creo que pensase que la España de 1941 estaba para muchas bromas. En realidad lo más probable es que hubiese decidido disfrazarse para seguir o vigilar a alguien, o quizás para ponerse a prueba a sí mismo. Clarke no era un agente de campo, pero imaginemos que se encontró en Madrid con algún personaje sospechoso y no tenía a nadie a quien recurrir. Con su experiencia en operaciones de inteligencia pudo pensar que estaba perfectamente capacitado para hacer un trabajo de seguimiento. Evidentemente se equivocó. Y quedó en el más espantoso de los ridículos.

Pese a todo, el episodio de Madrid no afectó a la carrera militar de Clarke. Una carrera brillante, por otro lado. Fue sin duda un genio de la desinformación. Buena parte de las operaciones de engaño previas a la batalla de El Alamein y a los desembarcos en Sicilia y Normandía fueron obra suya. Como por ejemplo, la operación Copperhead, que hace ya tiempo comenté en este blog. También, aunque esto fue anterior a su “aventura” española, tuvo un papel decisivo en la creación de los Commandos británicos (también lo conté aquí hace tiempo) e incluso en la de los Rangers estadounidenses. Se retiró con el rango de general de brigada y con el reconocimiento de todos a su extraordinaria trayectoria.

Joseph Beyrle, un "yankee" en el Ejército Rojo


Cuando Joseph Beyrle se graduó en la escuela secundaria, en el verano de 1942, tenía sobre la mesa una beca deportiva ofrecida por la prestigiosa universidad de Notre Dame. No era una gran sorpresa, ya que Beyrle era uno de los héroes del baloncesto colegial de su ciudad natal, la pequeña Muskegon, en el estado de Michigan. Pero Estados Unidos estaba en guerra, y Beyrle se sintió obligado a aparcar por un tiempo sus sueños deportivos para servir en las fuerzas armadas. Se alistó en un cuerpo de nueva creación, pero que ya desde su nacimiento parecía rodeado de un aura mítica: la infantería paracaidista.

Beyrle se unió al 506º Regimiento de Infantería Paracaidista (el mismo que protagoniza Band of Brothers, o el del soldado Ryan), integrado en la 101ª División Aerotransportada. Se especializó en demoliciones. En 1943 embarcó con el resto de la división con rumbo a Inglaterra. Los paracaidistas estadounidenses permanecieron allí todo un año, entrenándose y preparando el asalto a Europa.

La noche del 6 de junio de 1944 el sargento Joseph Beyrle fue uno de los miles de paracaidistas aliados que saltaron en la retaguardia de las tropas alemanas que defendían las playas de desembarco en Normandía. Beyrle aterrizó en el tejado de una iglesia, en el pueblo de Saint-Côme-du-Mont. Al no lograr contactar con sus compañeros se quedó solo y aislado tras las líneas enemigas. Pasó los siguientes tres días ocultándose, hasta que finalmente, al saltar un seto, se tropezó con una posición defensiva alemana y fue capturado. Es posible que uno de los soldados que le hicieron prisionero se quedase con sus placas de identificación y muriese poco más tarde con ellas todavía en su poder. El caso es que Beyrle fue dado por muerto y sus restos supuestamente enterrados en un cementerio improvisado en Sainte-Mère-Église.

Beyrle seguía con vida, aunque aún estaba lejos de poder considerarse a salvo. Cuando era conducido al interior junto a otros prisioneros, unos aviones aliados atacaron el convoy en vuelo rasante. Beyrle aprovechó para escapar, pero solo unas horas más tarde volvió a toparse con unos soldados alemanes. Aquel no sería su único intento de fuga. En los siguientes siete meses, en los que fue trasladado de un campo de prisioneros a otro por todo el Reich, se escapó en otras dos ocasiones. En su segunda fuga fue descubierto y capturado cuando iba en un tren con destino a Berlín. Al quedar en manos de la Gestapo sufrió palizas y todo tipo de maltratos hasta que llegaron unos militares reclamándole como prisionero de guerra. Aquello le salvó de ser fusilado por espía.

Finalmente, tras pasar por otros seis campos de prisioneros, Beyrle acabó en el Stalag III-C, situado en Alt Drewitz, unos ochenta kilómetros al este de Berlín, cerca de la antigua frontera de Alemania con Polonia. A comienzos de 1945 Beyrle se fugó una vez más. Se dirigió al este con la esperanza de alcanzar las líneas rusas. A mediados de enero se encontró con un grupo de tanques, parte de la vanguardia soviética que había iniciado la ofensiva definitiva contra el Reich. Salió al encuentro de los blindados con las manos en alto y gritando en ruso “Amerikansky tovarich!” ("¡camarada americano!"). El batallón estaba al mando de una mujer, una dura oficial a la que Beyrle conocería simplemente como “la Mayor”. Al parecer se trataba de la legendaria Alexandra Samusenko, la única oficial de tanques del Ejército Rojo que alcanzaría el rango de comandante durante la Segunda Guerra Mundial. Beyrle logró convencer a “la Mayor” para que le permitiese unirse a su batallón.

Beyrle permaneció durante casi un mes junto a los tanquistas soviéticos, acompañándoles en su avance hacia el corazón de Alemania a lomos de un Sherman de fabricación estadounidense. Se convirtió en un miembro más de la unidad, poniendo a disposición de sus nuevos compañeros sus apreciados conocimientos en demoliciones y explosivos. Un día, en la primera semana de febrero, resultó herido en el ataque de un bombardero en picado Stuka y fue evacuado a un hospital de campaña en Landsberg an der Warthe (actualmente la polaca Gorzów Wielkopolski, una pequeña ciudad situada unos kilómetros al este del Oder). Allí aquel soldado extranjero, que ni siquiera entendía el ruso, llamó la atención del alto mando soviético. Se dice que el propio mariscal Zhukov, durante una visita al hospital, le descubrió y se interesó por su historia. Es probable que no le fuese necesario llegar tan alto en la cadena de mando, pero en cualquier caso fue así como Beyrle consiguió un salvoconducto que le permitiría abandonar el frente y reunirse con sus compatriotas.

Beyrle se unió a un convoy militar con destino a Moscú. Cuando se presentó en la embajada de Estados Unidos en la capital soviética se enteró de que el Departamento de Guerra había informado de su muerte en combate en suelo francés el 10 de junio de 1944. Ante la duda de que Beyrle no fuese realmente quien decía ser, los funcionarios de la embajada decidieron ponerle bajo arresto domiciliario, con una guardia de marines armados, en una habitación del Hotel Metropol de Moscú. Allí permaneció hasta que se pudo confirmar su identidad gracias a las huellas dactilares.

Joseph Beyrle regresó a Muskegon el 21 de abril de 1945, diez meses después de la publicación de su esquela en el diario local. Se casó en 1946 en la misma iglesia en la que dos años antes se había celebrado su funeral. Encontró un empleo en una empresa fabricante de mesas de billar de su ciudad natal, en la que permaneció hasta su jubilación en 1981. Murió en diciembre de 2004 de una insuficiencia cardiaca en una habitación de hotel de Toccoa, el pueblo de Georgia que había servido de base de entrenamiento para los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada. Había viajado hasta allí para participar en una reunión de veteranos.

Posiblemente Joseph Beyrle fuese el único militar estadounidense de la historia que llegó a combatir en el Ejército Rojo, y sin duda es el único reconocido como héroe de guerra tanto en Estados Unidos como en la URSS. En 1994 recibió una condecoración de manos del entonces presidente de Rusia, Boris Yeltsin. Uno de sus tres hijos, John Beyrle, diplomático de carrera, sirvió como embajador de Estados Unidos en la Federación Rusa entre los años 2008 y 2012.

Un nuevo año

Ya casi se ha convertido en una tradición esto de escribir una entrada el día de Año Nuevo para hacer un pequeño balance de la marcha del blog. Además, igual que un político en jornada post-electoral, siempre me las arreglo para acabar presentando datos positivos.

Las estadísticas de visitantes y de páginas vistas de 2014 han sido muy buenas, mejorando significativamente las del año anterior y acabando a poca distancia de las de 2012 (el mejor de los cinco años de historia del blog). Si en 2013 creí ver un aumento de los visitantes provenientes de las redes sociales, mi percepción (porque en realidad tampoco tengo herramientas para estudiar las estadísticas en profundidad, ni demasiado interés en hacerlo) es que este año han ganado terreno los que llegan al blog a través de buscadores. Siempre es bueno estar bien situado en las búsquedas de Google, aunque eso no garantiza que el visitante encuentre aquí lo que quería. No hace mucho, alguien que buscaba "putas japonesas en Fuerteventura" acabó en la entrada sobre la casa de Cofete. Imagino que se sentiría defraudado.

En los últimos días el blog ha tenido una pequeña avalancha de visitantes gracias al estreno de Unbroken, la película basada en la vida de Louis Zamperini. Parece que la entrada que dediqué hace unos meses a esta historia (El tornado de Torrance y el pájaro de Ofuna) es de lo poco que se podía encontrar en español sobre el tema, así que Nonsei SGM aparece muy arriba en Google en varias búsquedas relacionadas con él (por ejemplo, "Mutsuhiro Watanabe").

El acontecimiento más destacado de 2014 (para el blog, se entiende, que a nivel planetario han pasado cosas más gordas) fue sin duda que Nonsei SGM salió en la tele. Fue en TV3, la televisión pública catalana, en una pequeña sección sobre internet incluida en su informativo dominical llamada Espai Internet. El 1 de septiembre la dedicaron al 75º aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y entre las webs que recomendaron estaba este modesto blog. Los responsables de la sección tuvieron además el detalle de ponerse en contacto conmigo unos días antes para avisarme.

Si alguien tiene curiosidad por ver el vídeo, está colgado en su blog:

http://blogs.ccma.cat/espaiinternet.php?itemid=54220

Muchas gracias a todos por estar ahí.

Feliz año.

Camuflaje urbano



Lo que se ve en estas imágenes (sin audio) de un noticiario de la época no es otra cosa que el techo de la gigantesca factoría de Boeing en la ciudad de Seattle, el lugar donde se fabricaban las "fortalezas volantes" B-17. Un grupo de diseñadores de decorados de Hollywood lo cubrió de maquetas, a tamaño real o a escala, construidas con madera, cartón y otros materiales, que simulaban casas, calles, automóviles y árboles. Además se contrató a figurantes para que se paseasen por las falsas calles o tomasen el sol en los jardines de cartón piedra. El objetivo era camuflar la fábrica para que desde el aire tuviese el aspecto de un típico barrio suburbano estadounidense.

Lo cierto es que este tipo de medidas de enmascaramiento eran innecesarias. En toda la guerra solo un avión del Eje llegó a sobrevolar territorio continental de los Estados Unidos, el pilotado por el sargento Nobuo Fujita.