Una tumba en el fin del mundo

El archipiélago Kerguelen, antiguamente conocido como isla Desolación (un nombre que lo dice todo), es posiblemente el lugar más aislado del planeta. Se encuentra en el sur del océano Índico, a 3.300 kilómetros de la tierra habitada más cercana, Madagascar. La isla principal, llamada Grande-Terre, es casi del tamaño de Córcega y ocupa más del 90% de la superficie total del archipiélago. A su alrededor hay unas 300 islas menores e islotes. Las costas son extraordinariamente irregulares, con profundos fiordos que llegan hasta decenas de kilómetros tierra adentro. El interior está salpicado de cientos de lagos y lagunas. Es un territorio de origen volcánico, muy accidentado, de clima duro, frío (aunque no ártico), permanentemente azotado por fuertes vientos, sin árboles ni arbustos. La vegetación se reduce a hierbas, musgos y líquenes. La fauna, a pingüinos, focas y aves marinas.

Kerguelen es un territorio de soberanía francesa. Desde hace unas décadas permanece habitado todo el año por un equipo conjunto de militares y civiles (biólogos, meteorólogos...) que suelen rotar en periodos de tres meses en la base de Port-aux-Français, en la costa oriental de la isla principal. Su población actualmente oscila entre algo menos de cincuenta personas en invierno y algo más de cien en verano. No existe ninguna pista de aterrizaje. La única forma de viajar al archipiélago es un barco que llega cada tres meses desde la isla de Reunión, en una travesía que dura seis días.

Durante décadas Kerguelen tan solo fue visitada con cierta regularidad por barcos balleneros, que la utilizaban como base logística. A comienzos del siglo XX hubo un intento de crear un asentamiento permanente. Un grupo de colonos llegó a la isla con la intención de dedicarse a la cría de ovejas, pero fracasó. Tras varios años de penurias y dificultades, tuvieron que ser evacuados.

En diciembre de 1940, cuando el Atlantis llegó a Kerguelen, el archipiélago llevaba muchos años deshabitado. El Atlantis era un crucero auxiliar de la Kriegsmarine, un antiguo barco mercante y de pasajeros reconvertido en buque corsario. En una larga travesía de más de ocho meses desde su salida de Kiel en marzo de 1940, había hundido o capturado trece barcos en el Atlántico y el Índico. Al acercarse la Navidad, el capitán Bernhard Rogge decidió dar a su tripulación un descanso de dos semanas y puso rumbo al solitario archipiélago.

Durante su estancia en Kerguelen la tripulación del Atlantis aprovechó para aprovisionarse de agua dulce y realizar varios trabajos de mantenimiento. El 29 de diciembre el marinero Bernhard Herrmann, de 21 años, murió al caerse desde gran altura cuando pintaba la chimenea del barco. Fue la primera víctima mortal del Atlantis en la guerra. Fue enterrado en la bahía de Hillsborough, en Grande-Terre, en la que se dice que es la tumba alemana más meridional de la Segunda Guerra Mundial.


El mantenimiento de la tumba está a cargo de las autoridades francesas y es financiado por la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge, la organización encargada de la conservación de cementerios militares alemanes situados en la propia Alemania y en muchos otros países.

En realidad el marinero Herrmann no está completamente solo. También en la bahía de Hillsborough, aunque a kilómetros de distancia, se encuentra lo que queda de Port Couvreux, la antigua explotación ovina abandonada. Allí hay un pequeño cementerio con cinco tumbas anónimas, donde supuestamente están enterrados los colonos que no lograron sobrevivir a las duras condiciones de vida de la isla.

7 comentarios:

  1. Pues no hay mucho que visitar en esta isla...

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    1. Pues la verdad es que a mí no me importaría conocerla (solo de visita). Cualquier lugar puede tener su encanto.
      Un saludo.

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  2. Que buena entrada Nonsei...
    Muchas Gracias.
    Saludos.

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    1. Muchas gracias a ti, Félix. Me alegro de que te haya gustado.

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  3. Me encantan estas entradas que hablan de la guerra escondida y lejana. La Historia que no sale en los libros, y que salvo por entradas como ésta, son totalmente desconocidas y corren peligro de olvidarse para siempre.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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