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Será por papel...

Siguiendo con Operation Petticoat, al comienzo de la película se ve cómo un suboficial se queja amargamente al capitán del submarino (el personaje que interpreta Cary Grant) de que sus reiteradas solicitudes de papel higiénico son rechazadas por la burocracia de la Marina (en otro momento el mismo personaje afirma que "el único pedido que han atendido es el pedido de más impresos para pedidos"). Pues esta es otra de las anécdotas que se incluyeron en el guión de la película basadas en hechos reales. Su protagonista auténtico fue el capitán James Wiggins Coe, considerado uno de los mejores comandantes de submarino de la US Navy, que cuando estaba al mando del USS Skipjack tuvo que librar una pequeña batalla epistolar con el departamento de suministros del Arsenal Naval de Mare Island a cuenta del papel higiénico.

El capitán Coe había escrito varias veces al encargado de suministros de la base quejándose de la falta de papel higiénico en su buque, recibiendo la inexplicable respuesta de que su solicitud era rechazada porque el material que reclamaba había sido considerado “equipamiento desconocido”. Coe escribió entonces una carta en la que incluía “una muestra del material deseado”, para ayudar al personal del almacén a identificarlo correctamente, y la explicación de que su tripulación estaba utilizando como sustituto la gran cantidad de papeleo burocrático inútil que llegaba continuamente al submarino, una medida que, con el fin de contribuir al esfuerzo bélico de la nación con un pequeño sacrificio, pensaba mantener hasta el final de la guerra.

El submarino colorado

El 10 de diciembre de 1941, el tercer día de la guerra en el Pacífico, la aviación japonesa lanzó un raid aéreo contra el Arsenal Naval de Cavite, en la bahía de Manila, la mayor base de mantenimiento de la US Navy en el Pacífico occidental. En ese momento se encontraban allí, amarrados uno junto al otro, el Seadragon y el Sealion, dos submarinos gemelos de la clase Sargo. Durante el ataque el Sealion recibió el impacto de dos bombas. Murieron cuatro tripulantes, y los daños en el sumergible fueron tan graves que se descartó su reparación. Dos semanas más tarde fue destruido con cargas de demolición para evitar que fuese capturado por los japoneses, que estaban ya a las puertas de Manila. El Seadragon, aunque no recibió ningún impacto directo, también se vio afectado por las explosiones en el buque amarrado a su costado. Parte del puente quedó destruido, murió un tripulante y cinco resultaron heridos. La metralla provocó daños menores en los tanques de lastre, y el calor del incendio del Sealion hizo que se levantasen ampollas en la pintura negra que recubría su casco.

El personal de Cavite realizó las reparaciones de urgencia necesarias para que el Seadragon pudiese zarpar cuanto antes. La noche del 16 de diciembre el submarino dejó el puerto al mando del teniente John G. Johns y con una tripulación de cincuenta y cinco hombres. Acompañado por el destructor Bulmer, el Seadragon se dirigió al sur, navegando a través de los mares de Sulú y las Célebes, hasta llegar a Soerabaja (la actual Surabaya, en la isla de Java), la principal base de la Marina holandesa en las Indias Orientales. Allí el sumergible fue sometido a reparaciones más a fondo. Era evidente que necesitaba una mano de pintura para restaurar los desperfectos que había causado el fuego, pero se decidió que había que dar prioridad a otros trabajos más necesarios. La pintura podía esperar.

El 30 de diciembre el Seadragon zarpó de Soerabaja en su primera patrulla de combate. Se dirigió a aguas del mar de China Meridional para operar contra el tráfico naval japonés a lo largo de las costas de Indochina. El 10 de enero de 1942 el submarino estadounidense tuvo su primer encuentro con buques enemigos. Persiguió durante horas un convoy japonés, lanzando varios torpedos sin éxito, y tuvo que zafarse de un destructor que lo atacó con cargas de profundidad. Dos días después avistó un nuevo convoy formado por seis barcos. Cuando había iniciado las maniobras de aproximación y estaba buscando una buena posición de disparo, fue descubierto por un avión japonés. Tuvo que renunciar al ataque y sumergirse a gran profundidad para ocultarse. Horas más tarde el capitán ordenó emerger para hacer una inspección y descubrir qué era lo que les había delatado. Esperaban encontrar alguna pérdida de aire o aceite que hubiese podido dejar un rastro de burbujas o manchas en la superficie. En cambio, lo que vieron cuando salieron al exterior les dejó con la boca abierta: gran parte de la pintura se había desprendido del casco del submarino, dejando a la vista la capa inferior de minio, un material de un llamativo color rojo que se aplicaba directamente sobre el metal para protegerlo de la corrosión.

Pintado de rojo, el Seadragon era visible desde millas de distancia cuando navegaba en superficie. Y desde el aire, también a profundidad de periscopio o incluso a profundidades mayores. A partir de ese momento, siempre que hubiese la más mínima sospecha de amenaza aérea, el submarino se sumergía a gran profundidad para ocultarse. Pero aquel contratiempo no les hizo abandonar su misión. Continuaron tres semanas más patrullando en aguas enemigas. El 16 de enero fueron de nuevo descubiertos y atacados con cargas por un avión de patrulla marítima. Una semana más tarde otro avión les obligó a retirarse cuando habían iniciado el ataque a un convoy.

La mañana del 2 de febrero el Seadragon descubrió un convoy de cinco barcos en el golfo de Lingayen. Uno de sus torpedos alcanzó al Tamagawa Maru, un transporte militar de 6.441 toneladas de desplazamiento. El hundimiento del Tamagawa Maru y la pérdida de todo el material que transportaba supuso un duro golpe para las fuerzas de invasión japonesas en las Filipinas.

La noche del 5 de febrero el Seadragon burló el bloqueo japonés y fondeó en la península de Batán, el único territorio de la región de Manila que aún estaba en manos estadounidenses. Después de embarcar suministros, el submarino permaneció posado en el fondo hasta la noche siguiente, cuando se dirigió a la vecina isla de Corregidor para evacuar a un grupo de veinticinco hombres, en su mayor parte expertos criptoanalistas. A continuación el sumergible abandonó la bahía y puso rumbo a Soerabaja. Así finalizaba la primera patrulla del Seadragon. Desde entonces hasta el final de la guerra completaría otras once, ya pintado de un color más convencional.

Años después la historia del Seadragon sirvió de inspiración para una famosa película. Operation Petticoat (literalmente “Operación Enaguas”, aunque en España se tituló Operación Pacífico) es una comedia de 1959 protagonizada por Cary Grant y Tony Curtis. Narra las peripecias del Sea Tiger, un ficticio sumergible de la US Navy, en los primeros días de la Segunda Guerra Mundial. En la película el submarino es hundido en el ataque aéreo a Cavite y reflotado posteriormente. Debido a la escasez de pintura de imprimación, su tripulación tiene que hacer una mezcla con dos tipos distintos, de colores rojo y blanco, dando como resultado un bonito tono rosado. Un nuevo ataque les obliga a zarpar apresuradamente antes de aplicar la capa de pintura gris definitiva. Así, el Sea Tiger se dirige a la batalla con el casco pintado enteramente de rosa.

En el guión se incluyeron otras anécdotas protagonizadas por distintos submarinos estadounidenses en el Pacífico. Por ejemplo, el momento en el que el Sea Tiger torpedea por accidente un muelle y “hunde” un camión está basado en un hecho real: le ocurrió al Bowfin en Okinawa, en julio de 1944. Un elemento fundamental de la trama, la presencia de mujeres en el submarino, se inspira en la evacuación de Corregidor a Australia de un grupo de enfermeras del Ejército a bordo del Spearfish en mayo de 1942.

La Gran Guerra Marciana

The Great Martian War 1913-1917 es un programa creado en 2013 por una productora británica para el canal de televisión History Channel. Con un formato de falso documental (un género que parece que se ha puesto de moda en los últimos tiempos), narra la historia de una invasión alienígena a Europa poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Incluye entrevistas a supuestos veteranos e historiadores que cuentan desde distintos puntos de vista cómo fue aquel conflicto imaginario. Evidentemente inspirado en la novela La guerra de los mundos de H.G. Wells, el relato presenta muchos paralelismos con lo que fue la auténtica Primera Guerra Mundial y sus horrores, salvo que en este caso las naciones europeas, en lugar de luchar entre sí, se unen para hacer frente al enemigo común. Lo más destacado del documental son las imágenes de combates, creadas a partir de la fusión de secuencias reales de la época con imágenes generadas por ordenador. Eso explica por qué en esta historia alternativa los campos de batalla, los uniformes y las armas que se desarrollaron durante el conflicto (tanques, aviones, armas químicas...) son casi idénticos a los que se pudieron ver en la auténtica Gran Guerra.

Este es un cortometraje, una especie de videoclip, hecho por los autores del programa original a base de secuencias escogidas del mismo. Recomendable para amantes de la ciencia-ficción ucrónica:


Great martian war from PLAZMA on Vimeo.

The Wall y la batalla de Anzio

Gracias al blog amigo La tinaja de Diógenes me he enterado de que el pasado domingo se cumplieron treinta y cinco años de la publicación en el Reino Unido del disco The Wall, del grupo de rock británico Pink Floyd.

The Wall (“El muro”) es un disco conceptual de rock progresivo, compuesto en su mayor parte por el bajista y líder intelectual de Pink Floyd (al menos lo era en aquellos años), Roger Waters. Tuvo un gran éxito, convirtiéndose en uno de los discos más vendidos de todos los tiempos, y actualmente está considerado como una de las obras cumbre de la historia del rock. En 1982 se estrenó Pink Floyd – The Wall, una película dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof, otro conocido rockero británico. El guión era del propio Roger Waters, y, aparte de algún pequeño añadido, consistía básicamente en poner imágenes (tanto reales como animaciones) a la música y a la historia que se contaba en el disco. A pesar de su lenguaje metafórico y de los continuos episodios oníricos, pienso que no es difícil seguir el argumento, incluso sin saber ingles. Relata la vida de un músico de rock llamado Pink, de su viaje a la locura y su liberación final.

¿Y qué relación puede haber entre la Segunda Guerra Mundial (tema habitual de este blog) y una historia de conflictos internos y dudas existenciales de una estrella del rock?

Pues bien, este es un fragmento de la película:



La muerte en la guerra del padre de Pink cuando él tenía apenas unos meses de vida fue el primer ladrillo de su muro personal, utilizando la metáfora que se repite a lo largo de toda la obra. El trauma de crecer sin figura paterna y el odio hacia la sociedad que fue surgiendo en él (causado por la insensibilidad con la que el alto mando decidió sacrificar la vida de su padre y por la hipocresía de los mensajes de condolencia que recibió su madre) marcaron su personalidad adulta y le empujaron a un camino de autodestrucción.

Pink es Roger Waters. No al cien por cien, pero al menos en parte la historia que relata en The Wall es una autobiografía. Y así es en este punto en concreto. Roger Waters tenía cinco meses cuando su padre, el alférez Eric Fletcher Waters, murió en combate en Anzio, Italia, el 18 de febrero de 1944.

La batalla de Anzio fue un intento aliado de flanquear la Línea Gustav, la red de fortificaciones alemanas que atravesaba la península italiana del Tirreno al Adriático e impedía el avance hacia Roma de las fuerzas desembarcadas en el sur del país. El 22 de enero de 1944 una división británica y otra estadounidense desembarcaron en Anzio, al norte de la línea defensiva alemana y a tan solo cincuenta kilómetros de Roma. Pero la resistencia enemiga fue mucho más fuerte de lo previsto, y decenas de miles de soldados aliados se quedaron atrapados durante meses en una pequeña franja de terreno con el mar a sus espaldas, incapaces de romper el cerco.

El alférez Waters era uno de los oficiales de la compañía Z del 8º Batallón de los Royal Fusiliers, integrado en la 56ª División de Infantería británica. En febrero de 1944 su división fue desplegada en la cabeza de playa de Anzio para relevar a las agotadas tropas de la 1ª División de Infantería. El 17 de febrero los alemanes lanzaron un fuerte contraataque al norte de las posiciones aliadas, obligando a los británicos a retroceder hasta cinco kilómetros en algunos puntos. Al día siguiente la ofensiva llegó a las posiciones que cubría la compañía Z. La unidad de Waters fue rodeada por tropas de élite de la 4ª División Fallschirmjäger (paracaidistas). El 19 de febrero los aliados repelieron el ataque y recuperaron el terreno perdido. Pero ya era demasiado tarde para la compañía Z, que había sido aniquilada casi por completo. Entre los muertos estaba el alférez Eric Waters, el padre de Roger.

Las secuencias con las que se recrea la batalla en la película son históricamente inexactas. En primer lugar hay que decir que la intención sí era representar la batalla de Anzio, y en concreto la fase de la lucha en la que murió el padre de Roger Waters. La prueba está en la placa que aparece fugazmente en la iglesia y en la que se lee: "En honor de los oficiales, suboficiales y hombres del 8º/9º Batallón de los Fusileros Reales que dieron sus vidas en la Segunda Guerra Mundial en Anzio" (minuto 4'25). Dicho esto, las escenas de soldados británicos desembarcando en vehículos anfibios en medio de un mortífero fuego de artillería (esto no se ve en el fragmento que he puesto, está en las secuencias inmediatamente anteriores), los combates en las playas, las trincheras, los globos cautivos... todo eso es ficción. Los aliados controlaban el puerto de Anzio, y era allí donde se efectuaban los desembarcos de tropas, directamente en los muelles desde los buques de transporte. No hubo asaltos anfibios en aquella fase de la batalla. De hecho, en realidad eran los alemanes los que en aquellos momentos estaban atacando las posiciones británicas. Además, el 8º Batallón de los Royal Fusiliers había sido desplegado varios kilómetros tierra adentro, lejos de la costa. Hay algunos detalles que chirrían un poco, como que en 1944 un Stuka se aventurase a atacar una cabeza de playa protegida con artillería antiaérea, pero podemos suponer que no era del todo imposible.

No me gustaría que se entendiese esto como una crítica, sino como una curiosidad que nos sirve para conocer un poco más cómo se desarrolló esta batalla en concreto. Siempre estaré a favor de la libertad de los artistas para representar a su gusto los hechos que quieren narrar, sin la obligación de ceñirse a la realidad histórica. Quien quiera conocer en profundidad un episodio histórico lo último que debería hacer es documentarse en una película musical, así que tampoco veo mucho sentido a las exigencias de rigurosidad.

Pero, sobre todo, esto me ha servido de excusa para poner un poco de buena música.

Drones y estrellas de Hollywood

Reginald Denny era un actor británico que había hecho carrera en Hollywood participando en numerosas películas como actor de reparto. Era también un ex-aviador (había servido en el Royal Flying Corps británico durante la Primera Guerra Mundial) y un gran aficionado a la aviación. En la década de los 30 se entusiasmó con el aeromodelismo, una afición que comenzaba a tener seguidores en aquella época. En 1934 abrió en Hollywood una tienda de aviones a radiocontrol y modelos a escala, la Reginald Denny Hobby Shops. Muchos de los aparatos que vendía eran diseñados por él mismo. En 1935 fundó la Radioplane Company, o RC, una compañía dedicada a la fabricación de aviones a escala teledirigidos. A Denny se le ocurrió que podía ofrecer al Ejército aparatos de bajo costo para su uso como blancos móviles en las prácticas de artillería antiaérea. A los militares les gustó la idea, y la RC comenzó a suministrar drones de entrenamiento a las fuerzas armadas. Gracias a sus contratos militares, cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial la Radioplane Company creció hasta convertirse en una gran empresa. Uno de sus modelos, el RP-5 (OQ-2 para el Ejército), fue el primer dron de la historia producido de forma masiva. Al final de la guerra se habían entregado más de quince mil unidades. Los aviones se fabricaban en una planta industrial situada en las proximidades del aeropuerto de Van Nuys, en el área metropolitana de Los Ángeles.

El 26 de junio de 1945 un oficial de la 1ª Unidad Cinematográfica de la USAAF, el capitán Ronald Reagan (famoso actor de Hollywood en la vida civil y futuro presidente de los Estados Unidos), envió al fotógrafo militar David Conover a Van Nuys para hacer un reportaje fotográfico en la fábrica de su colega Denny. Se trataba de un encargo para la revista Yank, un semanario publicado por el Ejército que solía incluir reportajes en los que se mostraba a civiles (preferentemente mujeres atractivas, ya que la mayoría de sus lectores eran soldados destinados en ultramar) contribuyendo con su trabajo al esfuerzo de guerra nacional. Conover se recorrió la línea de montaje buscando a los empleados mas fotogénicos. Se fijó entonces en una muchacha de pelo castaño que trabajaba en el montaje de las hélices de los drones. Nada más verla supo que era lo que estaba buscando.


La chica se llamaba Norma Jean Mortenson. Tenía 19 años, y era la esposa de un marino destinado en Australia. Al marcharse su marido, Norma Jean se había mudado a casa de su suegra, en Los Ángeles, y había conseguido un empleo en la Radioplane Company. La revista Yank nunca llegó a publicar aquellas fotografías, pero Conover, convencido de que la muchacha tenía futuro, la persuadió para que probase fortuna en una agencia de modelos. Allí le dijeron que buscaban chicas con el pelo más claro, así que Norma decidió teñirse de rubio platino. En 1946, convertida ya en una cotizada modelo fotográfica, se divorció de su marido e inició su carrera como actriz. Eligió el nombre artístico de Marilyn Monroe.

Así que se podría decir que, indirectamente, Ronald Reagan fue el descubridor de Marilyn Monroe.

De l'autre côté

Primera Guerra Mundial. Un francotirador alemán mantiene aterrorizados en su trinchera a un grupo de soldados franceses. El oficial al mando está dispuesto a utilizar cualquier medio a su alcance para acabar con la amenaza.

De l'autre côté ("Al otro lado") es un cortometraje del canadiense Robin Veret. Solo lo he encontrado en francés con subtítulos en inglés. Como dato curioso, los supuestos soldados franceses llevan uniformes estadounidenses. Imagino que es porque los uniformes franceses de la Primera Guerra Mundial serán difíciles de conseguir en Canadá.


Short Movie. "ON THE OTHER SIDE". from REZ CREATIVE LABS on Vimeo.

1945A

En 1945 la guerra parece decidida a favor de los aliados, pero los nazis aún guardan un as en la manga.

Un entretenido cortometraje de Ryan Nagata.

1945A from Ryan Nagata on Vimeo.

Das Tub

Perdidos en las heladas profundidades del Atlántico, los tripulantes de un U-Boot alemán se encuentran de repente en rumbo de colisión con una serie de extraños objetos que escapan a su comprensión.

Los personajes hablan en inglés (con algunas palabras en alemán), pero nadie tendrá problemas en comprender la historia que se cuenta en este cortometraje neozelandés..


Das Tub from Media Design School on Vimeo.

Bipoland

A veces curioseando en las redes sociales se encuentran pequeñas joyas como esta. Bipoland, de Matty Brown, es un retrato de una Polonia de dos caras. Por un lado la de Auschwitz, el recuerdo siempre presente de su pasado más triste. Por otro el país brillante y lleno de vida que mira al futuro.


BIPOLAND from Matty Brown on Vimeo.

Apocalypse Before

El hundimiento del Príncipe de Gales y el Repulse es una película japonesa dirigida por Kajiro Yamamoto en 1942, apenas unos meses después de los hechos que relata, el ataque de la aviación japonesa a los dos buques de la Royal Navy frente a las costas de Malasia.

Atención al minuto 6:00:



¿No os recuerda a algo?



No tengo ninguna duda de que el compositor japonés se inspiró en Wagner. La pregunta es: ¿se inspiraría Coppola en Yamamoto?

Iron Sky (subtitulada)

¿Os acordáis de Iron Sky?

Pues aquí la tenéis completa, con subtítulos en español:



Que nadie espere una obra maestra. Lo mejor es la ambientación de la base lunar nazi, bastante lograda, en mi opinión. Pero el guión no funciona demasiado bien ni como comedia ni como sátira política.

Al menos es original

Paths of Hate

Paths of Hate ("Senderos de odio") es un cortometraje de animación creado por el polaco Damien Nenow. La película comienza recreando magistralmente un combate aéreo en la Segunda Guerra Mundial, para acabar derivando en una historia surrealista que nos muestra a dónde conduce el odio si nos dejamos arrastrar por él.

A Lonely Sky

En 1947, un piloto de pruebas arriesga su vida para romper la barrera del sonido.

Otro corto de Nick Ryan.

A Lonely Sky de Nick Ryan en Vimeo.

The German

Un piloto de caza británico persigue incansablemente al alemán que derribó a su amigo dispuesto a vengarse a toda costa. Pero cuando al fin consigue alcanzarle descubre que no es tan fácil matar a un hombre cuando tiene que mirarle a los ojos.

Gran cortometraje del irlandés Nick Ryan, con un final sorprendente. Y ya he dado una pista.


The German de Nick Ryan en Vimeo.

La Jetée

Ayer murió el escritor y director de cine francés Chris Marker. Como cineasta se dedicó casi exclusivamente al documental. Su obra, muy comprometida políticamente, es poco conocida fuera de Francia. Colaboró con Alain Resnais en Noche y niebla (Nuit et Brouillard, 1955), una auténtica obra maestra del género documental. Pero su participación en esta película sobre el Holocausto fue casi clandestina.

Su película más conocida es La terminal (La Jetée, 1962), su única obra de ficción. Era un cortometraje de ciencia-ficción filmado como una sucesión de imágenes fijas, al estilo de una fotonovela. La Jetée es una historia de viajes en el tiempo en un mundo arrasado por la Tercera Guerra Mundial.

En realidad si este corto consiguió cierta fama, aparte de los más aficionados al cine, fue porque sirvió de inspiración para la película estadounidense Doce monos (12 Monkeys, 1995).

La Jetée:

Otoko-tachi No Yamato

Como hace ya más de dos semanas que no publico nada, ahí va un post de relleno para que sepáis que no he abandonado el blog.

Otoko-tachi No Yamato, "Los hombres del Yamato", es una película japonesa del año 2005. Fue una superproducción de gran éxito en Japón, que contaba la historia del acorazado Yamato a través de las historias individuales de varios miembros de su tripulación. Para recrear las escenas a bordo del acorazado se construyó una maqueta a escala real en el puerto de Kure.

Aquí tenéis 20 minutos de película con las sangrientas escenas del hundimiento del Yamato, con subtítulos en español:

Foo Fighters


¡Fuego de San Telmo! Hay que ser ignorante... Es evidente que esas cosas son aparatos de exploración y vigilancia de origen alienígena. Todo el mundo lo sabe. Y más si estás en una película titulada La Tierra contra los platillos volantes (Earth vs. the Flying Saucers, 1956).


Y es que, aunque el doblaje español lo conviertiese en “lo que los pilotos llaman fuego fatuo” (algo que no tiene ningún sentido, aunque en su defensa hay que decir que foo fighter es difícilmente traducible), y a pesar de la supuesta censura que, según muchos ufólogos y conspiranoicos, existía sobre el tema, estas escenas son un ejemplo que prueba que la historia de los foo fighters tuvo una gran difusión en los años de postguerra.

El mito de los foo fighters tuvo su origen en un comunicado oficial. El 13 de febrero de 1945 una nota de prensa emitida en París por el SHAEF (Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada) informaba de la aparición de una nueva arma enemiga en los cielos de Europa, aunque no se aclaraba mucho sobre en qué consistía ni cómo funcionaba. En realidad lo poco que se sabía era que se trataba de pequeñas esferas luminosas o de aspecto metálico que acompañaban a los aviones aliados en sus vuelos sobre Alemania. La prensa reprodujo la nota con títulos como “La bola flotante es una nueva arma de los nazis” (New York Times):

”Hoy ha aparecido una nueva arma en el frente aéreo occidental. Los hombres de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos han informado que se han encontrado con esferas de color plateado en el espacio aéreo alemán. Iban en solitario o en grupo. A veces eran semitranslúcidas... El nuevo artefacto, que parece ser un arma de defensa aérea, parece una gran bola de las que adornan los árboles de Navidad. No hay información sobre cómo se sostienen como estrellas en el cielo, qué hay en su interior o para qué sirven en realidad”.

Los periódicos estadounidenses y británicos dedicaron numerosos reportajes al misterio de las bolas voladoras, sin llegar a ninguna conclusión. Eran muchas las tripulaciones que aseguraban haberse topado con ellas, e incluso empezaron a llegar testimonios desde el otro extremo del mundo de aviadores que afirmaban que en el frente del Pacífico también se habían encontrado con el extraño fenómeno. También se empezó a decir que los pilotos británicos habían estado informando de avistamientos al menos desde 1941. Después de la guerra se incluyó también a alemanes y japoneses en la lista. En todo caso parece que casualmente (o no tanto) el boom de los avistamientos fue a partir de la proliferación de misiones de caza nocturna, que se multiplicaron gracias a los avances en la tecnología del radar a partir de 1944. Fueron los propios pilotos aliados los que bautizaron el fenómeno como foo fighter. Se suele explicar que foo es una derivación del francés feu, es decir, que la expresión significaría “caza de fuego”, aunque según James Hayward, autor de Mitos y leyendas de la Segunda Guerra Mundial, su origen está en una popular tira cómica protagonizada por un personaje llamado Smokey Stover, un bombero que se llamaba a sí mismo foo fighter y que repetía continuamente la frase Where there's foo, there's fire (“donde hay humo hay fuego”).

Pese a los numerosos testigos, las fuerzas armadas aliadas no presentaron ningún informe oficial sobre los foo fighters. Si hubo algún tipo de investigación, no se hizo pública. De hecho, después de la nota emitida por el SHAEF no volvieron a hablar de la supuesta nueva arma alemana. Oficialmente se atribuían los avistamientos a alucinaciones provocadas por la fatiga o al fuego de San Telmo.

¿Qué eran los foo fighters? Es un misterio. La hipótesis del fuego de San Telmo parece razonable. Es un fenómeno conocido desde la antigüedad por los marinos, ya que se manifestaba típicamente en las puntas de los mástiles de los barcos. Se forma cuando una tormenta genera un campo eléctrico tan fuerte que el aire se ioniza y se producen descargas de partículas fuertemente cargadas en forma de fogonazos, a menudo dobles o triples. El problema de esta teoría es que se supone que el fuego de San Telmo se da excepcionalmente, y no se explica por qué hubo una acumulación de casos en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial. La primera pregunta que habría que hacerse sería ¿realmente existió tal acumulación? En realidad nadie sabe cuántos avistamientos hubo. Se nos dice que fueron muchos, pero ¿eso cuánto es? ¿Decenas? ¿Miles? Hay diferencia.

Pero supongamos que el fenómeno foo fighter era en realidad fuego de San Telmo y que es cierto que en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial se produjo una oleada de ellos. ¿Por qué precisamente en esas fechas? Quizá porque fue en esas fechas cuando el tema estuvo de moda. Y es que es más fácil ver algo cuando todo el mundo está hablando de ello. Algún otro tipo de fenómeno meteorológico, una bengala disparada desde tierra, o un reflejo en el plástico de la carlinga, en cualquier otro momento se habría quedado en una luz extraña vista por el piloto a la que ni él mismo le habría dado importancia. En medio de la fiebre de los foo fighters se convertiría en un nuevo caso que añadir a la leyenda.

El poder de la sugestión es impresionante. Hace tiempo conté en La Batalla de Los Ángeles cómo una ciudad entera creyó estar sufriendo un ataque aéreo inexistente. El episodio, como el de los foo fighters, se convirtió en uno de los grandes mitos de la ufología.

Un rayo de esperanza


"En abril de 1945 el acorazado Yamato zarpó para traer un rayo de esperanza a la Humanidad sumida en el desánimo".

Bueno, es una forma de verlo.

Otra sería: "En abril de 1945 el acorazado Yamato zarpó en una misión sin ninguna esperanza de supervivencia con el único objetivo de contentar al Emperador, que quería ver a la Marina Imperial presentando batalla por última vez".

El Yamato (junto al su gemelo el Musashi) fue el mayor acorazado de la historia. Era un monstruo de 65.000 toneladas, con un blindaje de hasta 400 mm de acero, armado con nueve cañones de 460 mm (el mayor calibre de artillería jamás montado en un buque de guerra, con un alcance de 42 Km), además de otros 30 cañones de entre 127 y 155 mm y 162 cañones antiaéreos de 25 mm. Posiblemente podría haber derrotado a cualquier otro buque de superficie del mundo en un combate convencional, a cañonazo limpio. Pero el Yamato nació demasiado tarde, cuando la era de los acorazados estaba ya pasando a la historia. Fue puesto en servicio precipitadamente unos días después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Y también unos días después de que la aviación japonesa con base en Indochina hundiese al acorazado Prince of Wales y al crucero de batalla Repulse frente a la península malaya, acabando con la presencia de la Royal Navy en Extremo Oriente y de paso demostrando que en la era de la aviación de poco servían los grandes buques de guerra si no contaban con una mínima cobertura aérea. En toda su historia operacional, el Yamato tan solo tuvo oportunidad de disparar sus cañones contra unidades navales enemigas en una ocasión, el 25 de octubre de 1944, durante la batalla del Golfo de Leyte.

A comienzos de abril de 1945 la Marina Imperial prácticamente había dejado de existir. Las pocas unidades que sobrevivían (entre ellas el Yamato) permanecían en sus puertos, obligados por la dramática escasez de combustible y por la amenaza de la aviación y los submarinos enemigos. Ni siquiera las aguas costeras del archipiélago japonés eran ya seguras. El 1 de abril los estadounidenses comenzaron los desembarcos en Okinawa. Los responsables de la Marina Imperial y de la Flota Combinada sabían que no tenían nada con qué hacer frente a la flota aliada. Su única respuesta posible eran los ataques aéreos kamikaze. Pero eso no era suficiente para el Emperador y su camarilla militarista, que esperaban que la Marina al menos se dejase ver en Okinawa. Y nadie quería defraudar al Emperador. Por presiones directas del Consejo Imperial, finalmente la Flota Combinada aceptó enviar a la batalla a una fuerza naval con la mayor parte de las unidades navales de superficie que les quedaban: el Yamato, el crucero ligero Yahagi y ocho destructores. Era una misión suicida, y todos lo sabían. Las órdenes eran suministrar a los buques tan solo el combustible necesario para llegar a Okinawa, no estaba previsto el regreso (aunque esas órdenes al parecer fueron incumplidas, y los buques recibieron combustible adicional). El plan era atacar a la flota estadounidense, abrirse camino hasta alcanzar las costas de Okinawa, encallar allí el Yamato y utilizarlo como batería costera hasta que fuese destruido. Después los supervivientes se unirían a las tropas de tierra japonesas en la isla para seguir combatiendo hasta el fin. En realidad la operación Ten-Gō, como fue denominada, no era otra cosa que el equivalente naval de una carga banzai.

El 6 de abril de 1945 el Yamato y sus acompañantes zarparon de Tokuyama. Practicamente desde el inicio de su travesía fueron localizados y vigilados por submarinos y aviones de reconocimiento estadounidenses. Ni siquiera tendrían a su favor el factor sorpresa. La mañana siguiente casi cuatrocientos aparatos despegaron de once portaaviones estadounidenses y después de dos horas de vuelo lanzaron un ataque masivo contra la flota japonesa. Una gran fuerza naval con seis acorazados y numerosos cruceros y destructores aguardaba para enfrentarse a los japoneses en el caso de que los aviones no tuviesen éxito. No fueron necesarios. Las más de 160 armas antiaéreas del Yamato no pudieron hacer nada contra los centenares de bombarderos y torpederos que se lanzaban incesantemente contra el buque. Después de hora y media de combate y de recibir el impacto al menos once torpedos y quince bombas, el almirante Ito dio orden de abandonar la nave. El Yamato, fuertemente escorado, se hundió rápidamente, llevándose consigo a 2.055 hombres de una tripulación de 2.332. Los supervivientes fueron rescatados por los cuatro destructores que lograron regresar a Japón. Los estadounidenses perdieron tan solo diez aviones y doce tripulantes.

El Yamato atacado por la aviación estadounidense:


El acorazado Yamato se convirtió en un símbolo de heroísmo en Japón. La arenga del vídeo pertenece a la película Acorazado Espacial Yamato, basada en un famoso anime japonés. En ella la historia se repite (al menos desde el punto de vista japonés) y un Yamato interestelar se sacrifica heroicamente para salvar a la Humanidad de un peligro mortal. Se suele criticar la visión distorsionada que tienen los japoneses de su propia historia, la falta de autocrítica y el victimismo permanente. Seguro que todo eso es cierto, aunque pienso que en mayor o menor medida es algo que también ocurre en cualquier otro país del mundo. Aun así, tengo que reconocer que me sorprende cómo después de tantos años una acción tan terriblemente absurda puede seguir siendo considerada un ejemplo a seguir por las generaciones posteriores. El Yamato no se sacrificó para alcanzar un objetivo de mayor importancia: el único objetivo de su misión era el sacrificio en sí mismo.

El actor que NO se interpretó a sí mismo

Un título extraño, lo sé. Que un actor no se interprete a sí mismo es lo habitual ¿no? Bueno, y lo contrario también es bastante normal. Por ejemplo, en este blog ya conté la historia de Clifton James, un actor que hizo de sí mismo en una película. Y hay muchos otros casos, como el de Ira Hayes, uno de los marines que izaron la bandera estadounidense en el monte Suribachi, que también mencioné de pasada en alguna ocasión. La historia del cine bélico está llena de películas interpretadas por héroes auténticos. Y normalmente contando su propia historia. Después de todo, si vas a reproducir un episodio histórico del que tú mismo fuiste protagonista, lo lógico es que hagas de ti mismo. Pero ¿y si tú interpretas a otro personaje y es otro actor el que te interpreta a ti? Podía darse el caso de que llegases a tener un diálogo contigo mismo, que no es lo mismo que un monólogo.

Empecemos por el principio, el 6 de junio de 1944.

En Normandía los paracaidistas británicos de la 6ª División Aerotransportada tenían como misión tomar los puentes que cruzaban el río Orne y el canal de Caen para evitar posibles contraataques alemanes y proteger el flanco izquierdo de la 3ª División Británica, que iba a desembarcar en la playa Sword. Uno de ellos, un puente móvil sobre el canal de Caen situado en el pueblo de Bénouville, se convertiría en uno de los lugares míticos del Día D. Más tarde sería conocido como puente Pegasus (llamado así por el emblema de la 6ª Airborne, un lancero a lomos de un caballo alado).

La batalla de Normandía comenzó en el puente Pegasus, el primer objetivo atacado en tierra por las fuerzas aliadas. La toma del puente corrió a cargo de la compañía D del 2º Batallón de la Infantería Ligera Oxfordshire y Buckinghamshire al mando del mayor John Howard, en un asalto aerotransportado con planeadores. A las doce y cuarto de la noche del 6 de junio de 1944 aterrizó el primero de los planeadores apenas a 50 metros del puente. Los hombres del planeador, al mando del teniente Den Brotheridge, pillaron por sorpresa a los centinelas que vigilaban el lado este del puente y acabaron con ellos, pero en el otro extremo los alemanes fueron alertados por el ruido de los disparos y una ametralladora comenzó a disparar contra los británicos. El teniente Brotheridge y sus hombres atravesaron el puente corriendo bajo el fuego enemigo. Brotheridge lanzó una granada que logró destruir el nido de ametralladora, pero murió alcanzado por los disparos. Fue el primer muerto aliado del Día D. El resto de la compañía aterrizó en otros dos planeadores y se unió a los hombres que luchaban contra las tropas alemanas situadas en la orilla oeste del canal de Caen. Cuando los alemanes supervivientes huyeron y el puente Pegasus y el vecino puente sobre el Orne quedaron en manos de la compañía D, los británicos establecieron posiciones defensivas mientras los zapadores buscaban cargas de demolición bajo los puentes. El ataque había durado 15 minutos.

El puente Pegasus pocos días después del Día D; al fondo aún se puede ver uno de los planeadores Horsa utilizados por los británicos:


Poco después, hacia la una de la madrugada, un grupo de paracaidistas del 7º batallón de la 6ª División Aerotransportada saltaron al este del Orne y se unieron a los hombres del mayor Howard para reforzar la defensa del puente. Los paracaidistas conservaron el puente haciendo frente a varios contraataques alemanes lanzados por efectivos de la 21ª División Panzer. La tarde del 6 de junio las primeras unidades de la 3ª División, que había desembarcado sin muchos problemas en Sword, llegaban al puente defendido por los paracaidistas. La misión se había completado con éxito.

Uno de los paracaidistas del 7º batallón que saltaron para ayudar a los hombres del mayor Howard a defender el puente Pegasus era el capitán Richard Todd, en la vida civil un desconocido actor de teatro de origen irlandés. Después de la guerra Todd reanudó su carrera de actor. A comienzos de la década de los 50 intervino en varias películas de éxito y se hizo un nombre en Hollywood, llegando a estar nominado al Oscar por Stage Fright, de Alfred Hitchcock. En 1956, en el mejor momento de su carrera, revivió en la ficción el ataque al puente Pegasus en la película D-Day, the Sixth of June, en la que interpretaba a un imaginario coronel John Wynter. Unos años después volvería a hacerlo, en una película mucho más conocida.

The Longest Day (“El día más largo”) es una superproducción estadounidense de 1962, basada en el libro del mismo título del periodista Cornelius Ryan. La película, igual que el libro, pretendía ser un relato fiel y minucioso del desembarco de Normandía. Y no repararon en gastos para conseguirlo. Con el asesoramiento de decenas de militares e historiadores, los encargados de la producción trataron de reproducir con la mayor exactitud hasta el más mínimo detalle de los hechos reales. Tuvieron que buscar todo tipo de vehículos pesados y ligeros, armas, uniformes... Desde cazas Spitfire hasta papeles de caramelos alemanes de la época, todo en la película quería ser auténtico. La mayor parte de la acción fue recreada en los mismos lugares donde habían ocurrido los hechos.

Todos los personajes eran reales, y algunos de ellos también participaron como asesores en la película, reuniéndose con los actores que les iban a interpretar para explicarles de primera mano sus experiencias. La película contaba con un impresionante reparto internacional, con estrellas como John Wayne, Robert Mitchum, Henry Fonda... y Richard Todd. El actor irlandés, como no podía ser de otra manera, recrearía una acción de la que él mismo fue testigo directo dieciocho años antes, el asalto al puente Pegasus. Claro que, como el propio Todd decía, su participación en el heroico ataque no había sido lo suficientemente destacada como para merecer un papel protagonista. Quien sí lo merecía sin duda era el mayor John Howard, el oficial que dirigió la captura del puente y su posterior defensa frente a los contraataques alemanes.

Así que Richard Todd fue el actor encargado de interpretar al mayor Howard, el hombre bajo cuyas órdenes estuvo el en puente Pegasus. Fue Todd quien contó cómo vivió la extraña experiencia de tener que rodar una escena en la que hablaba consigo mismo (es decir, con el actor que le interpretaba a él). Tengo que decir que he buscado esa escena en la película, en mi DVD “Edición Especial 60 Aniversario del Día D”, con un montón de extras inútiles (los frikis somos así), y no la he encontrado con seguridad. Howard/Todd se dirige a algún paracaidista anónimo, pero no hay nada que indique que se trate del capitán Todd, ni su nombre aparece entre los de los personajes (sí que está, por supuesto, entre los actores). No sé si fue una gracia de Todd o si la escena se rodó realmente, pero en cualquier caso el papel habría sido tan insignificante que se comprende que a Todd no le importase ser interpretado por otro actor.

Richard Todd, en el centro, en el papel del mayor John Howard, en El día más largo:


El paracaidista colgado del campanario

Las principales zonas de salto de la 82ª División Aerotransportada en Normandía se encontraban al oeste del pueblo de Ste.-Mêre-Église, unos kilómetros tierra adentro de la playa Utah. Su objetivo era tomar los puentes sobre el Merderet y bloquear la llegada de refuerzos alemanes desde Cherburgo a las playas de desembarco. El asalto paracaidista, en la noche del 5 al 6 de junio de 1944, fue precedido por un bombardeo aéreo de las posiciones defensivas alemanas en la zona. Una bomba incendiaria perdida alcanzó una casa en la cara este de la Plaza de la Iglesia de Ste.Mère-Église. Cuando la campana de la iglesia comenzó a repicar para alertar a la población de la emergencia, la mayoría de los vecinos corrieron a la plaza para ayudar a luchar contra el incendio. También acudieron parte de los hombres de la guarnición alemana del pueblo.

Hacia la una y cuarto de la madrugada los primeros paracaidistas estadounidenses comenzaron a saltar de sus aviones de transporte. Por un error de cálculo, varios pilotos hicieron saltar a los hombres sobre el mismo centro de Ste.-Mère-Église. En ese momento la plaza del pueblo estaba repleta de soldados alemanes y muy bien iluminada gracias a la casa en llamas. Cuando los alemanes escucharon el sonido de los aviones por encima de sus cabezas y vieron descender a los paracaidistas directamente sobre ellos, creyeron que el pueblo mismo era el objetivo del asalto. Se dio la alarma, y la guarnición entera acudió a la plaza. También los civiles franceses pensaron que repentinamente se habían quedado atrapados en medio de una gran batalla. En realidad los hombres que cayeron sobre el pueblo no eran más de una treintena, unos veinte de ellos en la misma plaza. La mayoría eran de la Compañía F, 2º Batallón, 505º Regimiento. Los soldados alemanes, presas del pánico, disparaban sin cesar contra ellos con todas sus armas. Los paracaidistas fueron blancos fáciles. Muchos murieron antes de pisar el suelo. Otros fueron acribillados en tierra sin tiempo de responder al fuego ni de ponerse a cubierto.

El soldado John Marvin Steele fue uno de los pocos supervivientes. Mientras descendía en su paracaídas, vio que estaba sobre un pueblo que parecía en llamas y sumido en el caos, lleno de civiles franceses y soldados alemanes corriendo de un lado para otro y disparando al cielo. Sentía las balas silbando a su alrededor. De repente, sintió como un corte de cuchillo seguido de un dolor muy intenso: había sido herido en el pie. Y si la situación no era ya lo bastante complicada, Steele se angustió todavía más cuando vio que el viento le arrastraba irremediablemente contra el campanario de la iglesia. Su paracaídas se quedó enganchado al tejado del campanario, y Steele se quedó colgado en la fachada de la iglesia, a varios metros del suelo. Trató de liberarse cortando las correas del paracaídas, pero su cuchillo se le escapó de las manos y cayó a tierra. Steele optó por hacerse el muerto. Allí colgado fue testigo de la carnicería que se desarrollaba bajo sus pies. Vio horrorizado cómo dos paracaidistas cayeron directamente sobre la casa incendiada y fueron devorados por las llamas. Creía que uno de ellos era el soldado White, compañero de su mismo pelotón, que había saltado justo detrás de él. Tal era la tensión en la que estaba que Steele no oía la campana que repicaba a pocos metros sobre su cabeza. El paracaidista herido permaneció allí suspendido durante más de dos horas, fingiendo estar muerto, antes de que los alemanes le hiciesen prisionero. Su cautiverio duró poco. Esa misma mañana las tropas del 3º Batallón del 505º Regimiento Paracaidista tomaron Ste.-Mêre-Église (fue el primer pueblo francés liberado por los estadounidenses) y Steele se unió a ellos.

John Steele no fue el único paracaidista que acabó colgando del tejado de la iglesia. Otro soldado de su mismo pelotón llamado Kenneth Russell le hizo compañía por poco tiempo:

"Yo era tirador de bazooka en el segundo pelotón, Compañía F, 505º PIR [Regimiento de Infantería Paracaidista]. En el salto, yo era el quinto o sexto, justo después el teniente Harold Cadish, nuestro jefe de salto. Un poco más atrás, estaba mi compañero John Steele. El piloto nos hizo saltar en el centro de Ste.-Mère-Église. Una casa incendiada iluminaba la plaza. Aterricé en el tejado de la iglesia, y quedé suspendido de mi paracaídas. Afortunadamente, quedé colgado en el lado opuesto al que estaba frente a la casa en llamas. Mientras trataba de alcanzar el cuchillo que llevaba en la bota para deshacerme de mis correas, John Steele golpeó la torre y se quedó también colgado, no lejos de mí. La tela y el cordaje de su paracaídas se habían enganchado en una gárgola. Un alemán salió de detrás de la iglesia y disparó contra John Ray, y gritó en nuestra dirección; los dos estábamos todavía suspendidos del tejado. Ray sacó su 45 y mató al alemán. Finalmente conseguí sacar mi cuchillo de la bota para liberarme de mi paracaídas. Al saltar a tierra, desde una altura relativamente grande, me dañé la espalda. Después llamé a John para ver si aún vivía, pero ya estaba muerto".

El “John” al que se refiere Russell era John Ray, no John Steele. Ray probablemente había salvado la vida de ambos al disparar contra el soldado alemán que les había descubierto. Russel creía que había muerto, pero en realidad Ray seguía vivo, aunque gravemente herido. Moriría al día siguiente. En esta fotografía, tomada el 5 de junio en Camp Quorn, el campamento del 505º Regimiento de Infantería Paracaidista en Leicestershire, John Ray es el hombre de la izquierda, y John Steele el tercero:


Los otros eran dos paracaidistas llamados Philip Lynch y Vernon Frisco. Ambos murieron en combate el 6 de junio. Dos días después de hacer la foto tres de sus cuatro protagonistas estaban muertos, una prueba de lo que sufrió la compañía F en Ste.-Mère-Église.

John Steele fue condecorado con la Estrella de Bronce por el valor que había demostrado y con el Corazón Púrpura por haber sido herido en combate. Su odisea fue recogida en el libro The Longest Day de Cornelius Ryan, y en la película del mismo nombre dirigida en 1962 por Darryl Zanuck, con el actor Red Buttons interpretando el papel del paracaidista colgado del campanario.


Steele volvió a visitar Ste.-Mère-Église varias veces después de la guerra. Fue nombrado ciudadano de honor del pueblo, y aún se le recuerda allí gracias a un muñeco con uniforme de paracaidista que permanece colgado de la torre del campanario.


Fuentes:
Cornelius Ryan: El día más largo
http://us.army.39.45.xooit.com/t751-John-Steel-sur-le-clocher.htm?start=15
http://www.505rct.org/album2/steele_j.asp
http://en.wikipedia.org/wiki/John_Steele_(paratrooper)
http://www.strijdbewijs.nl/film/longengfoto.htm