Parecía buena idea: algunos de los diseños más absurdos de la Segunda Guerra Mundial

El Gran Panjandrum, una atracción de playa

El Gran Panjandrum fue una creación del Departamento de Desarrollo de Armas Diversas (DMWD), una dependencia del Almirantazgo británico cuyo trabajo era la investigación y diseño de armas no convencionales. Se trataba de una bomba autopropulsada que en teoría permitiría destruir bunkers costeros de hormigón de varios metros de grosor. Sería lanzada desde una lancha a una distancia considerable de la costa y se esperaba que alcanzase su objetivo sin necesidad de guiado, allanando así el camino para el asalto posterior de las fuerzas de desembarco. Consistía en un tambor cargado con hasta 1.800 Kg de explosivo al que se le habían añadido en sus extremos dos grandes ruedas de madera y superficie de rodadura de hierro de tres metros de diámetro. Unos pequeños cohetes de combustible sólido colocados en las ruedas las harían girar y proporcionarían al artefacto la propulsión necesaria para alcanzar una velocidad de cerca de 100 Km/h, pasar por encima de cualquier obstáculo que encontrase en su camino y estrellarse contra su objetivo.


El desarrollo de la nueva arma se realizó en el máximo secreto... hasta que el primer prototipo estuvo listo. A alguien se le ocurrió que el mejor lugar para hacer los ensayos era una playa de Devon, que, casualmente, era también un popular destino de veraneo. El 7 de septiembre de 1943 decenas de personas fueron testigos involuntarios de la primera prueba del Panjandrum. El artefacto salió de la barcaza que le servía de lanzadera y continuó en línea recta en dirección a su objetivo teórico, pero en un determinado momento viró y se adentró en el mar. Los responsables del proyecto al principio creyeron que el problema tenía fácil solución. Por razones de seguridad habían reducido al mínimo el número de cohetes, de forma que el apagado accidental de uno solo de ellos hacía perder el rumbo al Pajandrum. En las pruebas posteriores fueron aumentando progresivamente el número de cohetes y su potencia, pero el artefacto siempre terminaba desviándose de su curso. Se propusieron otras posibles soluciones, como colocar una tercera rueda para darle estabilidad, o utilizar cables de acero como sistema de guiado. Ninguna funcionó.

En cada uno de los ensayos la playa se llenaba de una multitud de curiosos que acudían a presenciar el espectáculo. Ni siquiera el peligro les ahuyentaba. Y es que, aunque en las pruebas la carga explosiva del tambor era sustituida por su peso en arena, no dejaba de haber un riesgo considerable para los espectadores, ya que con frecuencia algunos de los cohetes de propulsión se desprendían de las ruedas y salían disparados.

Al fin, tras cuatro meses de trabajos, en enero de 1944 los técnicos del DMWD creyeron haber solucionado todos los problemas técnicos y organizaron una última prueba en la ya famosa playa de Devon. El resultado fue aún peor que en las ocasiones anteriores: Cuando el Panjandrum corría por la playa un par de cohetes se desprendieron de las ruedas, el aparato comenzó a dar tumbos en la arena, giró y se lanzó directamente contra un cámara que estaba rodando el ensayo. El hombre salió corriendo y se libró por los pelos de que aquel artefacto infernal le pasase por encima. El Panjandrum acabó estrellándose en la arena, lo que provocó que una gran cantidad de cohetes saliesen disparados cruzando la playa en todas direcciones. Después de aquel nuevo fracaso, el proyecto fue abandonado definitivamente.

Bob Semple, un tanque de andar por casa

A finales de 1940 un miembro del gobierno neozelandés, el ministro de Obras Públicas Bob Semple, decidió hacer algo para contribuir a la defensa de la nación. Nueva Zelanda no tenía vehículos blindados ni industrias que pudiesen desarrollarlos, y Semple se propuso solucionar aquella carencia diseñando un tanque que fuese fácil de construir con los escasos medios de los que disponía el país.

Los diseñadores fueron el propio Bob Semple y un ingeniero de obras públicas llamado T.G. Beck. Su inspiración fue el Disston "Six Ton Tractor Tank", un vehículo blindado desarrollado en 1937 por una empresa estadounidense a partir de un chasis de un tractor Caterpillar y que los norteamericanos habían logrado vender a China y Afganistán. El problema era que Semple y Beck no disponían de planos ni ningún tipo de información técnica del modelo original. Literalmente, tuvieron que diseñar su tanque mirando una postal del Disston y utilizando los materiales que se podían encontrar en una granja. A pesar de los modestos medios con los que contaban, el ministro estuvo tan orgulloso del resultado final que bautizó su creación con su propio nombre. Había nacido el tanque Bob Semple.


Las primeras unidades se completaron en poco tiempo en los talleres que el Ministerio de Obras Públicas tenía en Christchurch. Los tanques no eran otra cosa que tractores sobre orugas Caterpillar sobre los que se había atornillado una caja blindada. A falta de mejores materiales, el blindaje consistía en chapas onduladas para tejados. Supuestamente, la superficie ondulada serviría para desviar las balas. El tanque estaba coronado por una torreta giratoria, que elevaba la altura total a tres metros y medio. Ante las complicaciones que suponía montar armamento pesado sobre aquel engendro, los diseñadores optaron por armarlo con tantas ametralladoras como pudiesen meter en él. En total contaba con dos ametralladoras Bren en los laterales, otras dos en el frontal, una en la parte trasera y otra en la torreta. La tripulación teórica era de ocho personas. Las comodidades para los ocupantes dejaban mucho que desear: el artillero encargado de una de las ametralladoras delanteras tenía que ir tumbado en un colchón sobre la tapa del motor.

El Departamento de Obras Públicas ofreció al Ejército una flota de 81 Semples, pero cuando los militares probaron las primeras unidades se dieron cuenta de que no tenían ninguna utilidad práctica y rechazaron la oferta. Su blindaje era ridículo, y eran muy pesados, inestables y lentos. Para cambiar de marcha el conductor estaba obligado a frenar o incluso detener por completo el vehículo. Por si fuera poco, las vibraciones del motor hacían que las ametralladoras se encasquillasen con frecuencia, y cuando había suerte y alguna disparaba era muy difícil hacerlo con un mínimo de precisión.

Ninguno de los tres o cuatro Semples que se completaron llegó a entrar nunca en combate. Su única contribución al esfuerzo de guerra nacional fue su participación en desfiles por las calles de varias ciudades neozelandesas para ayudar a levantar la moral de la población (aunque es probable que consiguiesen el efecto contrario). Después volvieron a sus antiguas funciones agrícolas.

Kaiten, los torpedos tripulados

Los Kaiten eran torpedos tripulados japoneses. Se diseñaron a partir de los torpedos tipo 93 "Lanza Larga", a los que en su parte central se les añadía un pequeño habitáculo para el piloto. Originalmente no estaban pensados como armas suicidas, ya que el piloto tenía la posibilidad de salir del torpedo tras dirigirlo hacia su blanco. Para ello el Kaiten tenía una escotilla de escape, pero que se sepa nunca fue utilizada por ningún tripulante. Todos ellos eran voluntarios, escogidos entre los pilotos de la aviación naval japonesa. Los Kaiten alcanzaban una velocidad máxima de 30 nudos y llevaban una cabeza de guerra de 1.350 Kg de explosivo. Al ser de mayores dimensiones que los torpedos que habitualmente utilizaban los submarinos japoneses, los sumergibles tenían que ser modificados para poder transportarlos sobre la cubierta. El desarrollo del Kaiten fue aprobado en febrero de 1944. Al final de la guerra se habían fabricado unos cuatrocientos, aunque apenas fueron lanzados la cuarta parte de ellos.

kaiten
El primer ataque de Kaiten tuvo lugar el 20 de noviembre de 1944 a cargo de dos submarinos de la clase B1 (el I-36 y el I-47) contra la flota estadounidense fondeada en el atolón de Ulithi. El golpe pretendía ser demoledor: tres días antes un avión de reconocimiento con base en Truk había informado de que Ulithi estaba abarrotada de buques, entre ellos cuatro portaaviones y tres acorazados. Los submarinos soltarían los ocho Kaiten que transportaban y abandonarían el área rápidamente mientras los Kaiten buscarían los blancos más valiosos y lanzarían su ataque por sorpresa.

Aunque el control del Kaiten era muy difícil, los tripulantes solo recibían un entrenamiento de unas pocas semanas antes de ser enviados a una misión. En teoría, se pondría rumbo al blanco en el momento del lanzamiento, y para evitar su detección el piloto alzaría el pequeño periscopio apenas quince segundos antes del momento estimado del impacto para corregir el rumbo si fuese necesario. Solo entonces se pondría el torpedo a máxima velocidad. Pero en el ataque a Ulithi no se dieron esas condiciones: los Kaiten se lanzaron sin un blanco predeterminado, y tuvieron que arriesgarse a revelar su presencia buscando blancos con el periscopio. Además, fueron lanzados al amanecer, con poca luz, y a una distancia considerable de los objetivos. Los resultados fueron mucho más pobres de lo esperado por los japoneses. El I-47 lanzó sus cuatro Kaiten sin problemas, pero en el I-36 tres de ellos tuvieron fallos mecánicos y sólo se pudo lanzar uno. Dos Kaiten fueron probablemente hundidos por destructores estadounidenses (uno de ellos dos horas después de su lanzamiento, lo que indica la dificultad que tuvieron en encontrar blancos) y otro consiguió impactar y hundir el buque cisterna Mississinewa. Los dos restantes desaparecieron por causas desconocidas.

Las misiones de los Kaiten continuaron hasta el final de la guerra, con un balance final de dos buques norteamericanos hundidos, un destructor (el Underhill) y el citado petrolero Mississinewa, por el centenar de Kaiten que fueron utilizados. No estaría del todo mal si no fuese porque por las condiciones en las que los submarinos que los transportaban tenían que hacer las maniobras de aproximación al blanco (tenían que lanzarlos semisumergidos y a poca distancia) fueron hundidos ocho de esos submarinos.

Surcouf, un crucero submarino

A finales de la década de los 20 la Marina francesa proyectó una serie de submarinos de gran tonelaje, con artillería propia de un crucero, cuya función principal sería realizar la guerra corsaria, además de poder presentar batalla a las flotas enemigas tanto en superficie como sumergidos. El primero entró en servicio en mayo de 1934 con el nombre de Surcouf. En su tiempo recibió la denominación de crucero submarino. Iba a ser el primero de una serie de tres, pero pronto quedaron en evidencia sus limitaciones y sus fallos, por lo que finalmente fue el único que se construyó.

Surcouf
La idea era combinar las virtudes de un crucero con las de un submarino: contaba, como todos los submarinos, con tubos lanzatorpedos (8 de 550 mm y 4 de 400mm) a los que se añadían dos cañones de 203 mm situados en una torre doble estanca con los que podía presentar batalla a unidades de superficie de rango igual o menor a un crucero ligero. Contaba también con armamento antiaéreo, consistente en dos cañones de 37 mm y cuatro ametralladoras. Tenía además un hidroavión de reconocimiento guardado en un hangar estanco tras la torre.

Con sus 4.000 toneladas y 110 metros de largo, el Surcouf fue el mayor sumergible del mundo hasta la entrada en servicio del I-400 japonés. Tenía una tripulación numerosa, de más de 120 hombres, además de tener la capacidad de transportar hasta 40 prisioneros. Su autonomía era considerable, pudiendo hacer casi 20.000 Km sin repostar combustible y pudiendo almacenar alimentos para tres meses. Sus condiciones como buque corsario parecían temibles.

Pero muy pronto quedaron en evidencia sus deficiencias: tardaba mucho tiempo en sumergirse (dos minutos en llegar a profundidad de periscopio), lo que le hacía muy vulnerable a los ataques aéreos. En superficie era muy inestable para utilizar los cañones con eficacia, aparte de que al tener la cubierta tan baja su visibilidad y su alcance efectivo disminuían considerablemente. Su mantenimiento era muy caro en comparación con los submarinos convencionales, a causa de su tamaño y su numerosa tripulación. Por si fuera poco, fue muy propenso a sufrir averías graves, que más de una vez estuvieron a punto de acabar en tragedia.

Cuando los alemanes invadieron Francia, el Surcouf se encontraba averiado en Brest. Para evitar su captura se hizo a la mar y huyó cruzando el Canal de la Mancha, aún sin completar las reparaciones. El 18 de junio entró renqueante en Plymouth, con un motor quemado y un timón fuera de servicio. En los meses siguientes, ya como un buque de la Francia Libre, fue destinado a la escolta de convoyes en el Atlántico. De nuevo problemas mecánicos hicieron que el Surcouf fuese enviado en 1941 a Estados Unidos, para realizar más reparaciones y trabajos de modernización. A finales de ese año tomó parte en la liberación de las islas de Saint Pierre y Miquelon, un pequeño enclave francés situado frente a las costas de Terranova. Desde allí zarpó con rumbo a las islas de soberanía francesa en el Pacífico sur. El 12 de febrero de 1942 envió un mensaje a la base estadounidense de Guantánamo informando de que se dirigía al canal de Panamá. Fue la última noticia que se tuvo del Surcouf, que desapareció con los 126 hombres de su tripulación.

Natter, el caza de usar y tirar

A comienzos de 1944 el Reichsluftfahrtministerium (RLM, "Ministerio de Aviación de Reich") encargó a los principales fabricantes aeronáuticos alemanes el desarrollo de nuevos modelos de caza de defensa zonal para hacer frente a los cada vez más frecuentes bombardeos aliados. Se trataba en realidad de buscar un híbrido entre un caza convencional, con capacidad para enfrentarse a los bombarderos enemigos en combate aéreo, y un misil tierra-aire, cuya principal carencia en aquella época era la ausencia de un sistema efectivo de guiado. La solución sería una aeronave tripulada con motor cohete, de despegue vertical o en rampa, que sería lanzada al darse la alarma de ataque aéreo y tendría la autonomía justa para enfrentarse a las formaciones de bombarderos cuando sobrevolasen el objetivo. Entre las distintas propuestas hechas por fabricantes como Heinkel, Junkers o Messerschmitt, el Ministerio del Aire eligió finalmente el proyecto más sencillo y económico, que había sido presentado por Bachem, una modesta empresa aeronáutica de Baden-Wurtemberg.


El Bachem Ba 349 Natter (“Víbora”) era una aeronave robusta pero de líneas simples, que no requería de instalaciones sofisticadas ni mano de obra especializada para su fabricación. Despegaba en vertical, utilizando la fuerza de cuatro cohetes desechables de combustible sólido. Una vez desprendidos éstos, la energía para el vuelo de crucero se la proporcionaba un motor cohete de 1.700 toneladas de empuje a máxima potencia. Sus alas eran muy cortas y carecía de alerones. No estaba diseñado para realizar maniobras complejas en el aire. Se trataba de sobrepasar la altura de las formaciones de bombarderos enemigos en un rápido ascenso vertical, picar inmediatamente contra éstos, disparar sus armas y caer a tierra con el combustible agotado.

Durante el despegue el Natter era dirigido por un piloto automático. Después, para lanzar su ataque, el piloto pasaba a control manual. Antes de iniciar el picado, el morro del avión se desprendía, dejando al descubierto una batería de veinticuatro cohetes de 73 mm. Tras dispararlos, el piloto tenía que desprender toda la sección delantera de la aeronave, dejándole vía libre para saltar en paracaídas. La sección trasera del fuselaje contaba con su propio paracaídas, que permitiría recuperar y reutilizar el motor cohete en nuevas unidades. El Natter en sí era un avión de un solo uso.

En cuanto se completó el primer prototipo del Natter, en octubre de 1944, se iniciaron las pruebas de pilotaje y planeo sin motor, con el aparato remolcado por un bombardero. En diciembre comenzaron los tests de despegue vertical con los cohetes aceleradores, y dos meses más tarde con el motor cohete, pero todavía sin el piloto. A finales de febrero de 1945 todo estaba preparado para poner a prueba el Natter completo, piloto incluido. El 1 de marzo de 1945 el primer vuelo tripulado acabó con el Natter estrellado y con la muerte del piloto de pruebas Lothar Siebert. Al parecer, la causa fue que durante el ascenso la cubierta de la carlinga se desprendió y golpeó al piloto, No habría más lanzamientos tripulados. No está claro cuántas unidades del Natter completó Bachem hasta el final de la guerra, aunque podrían estar en torno a la quincena.

Defiant, el caza que solo disparaba hacia atrás

Esto a muchos os sonará repetido, porque dediqué una entrada al Defiant hace solo dos meses. Lo cierto es que he escrito entradas sobre la mayoría de las armas de la lista, aunque de las demás hace ya unos cuantos años.

El Boulton Paul Defiant era un modelo de caza británico con una característica muy peculiar: carecía de armamento frontal. En su lugar disponía de una torreta artillada con múltiples ametralladoras operada por un segundo tripulante y situada tras la cabina del piloto. Su diseño era el resultado de una novedosa concepción táctica de la aviación de caza por la que había apostado la RAF a finales de la década de los 30. Se suponía que le daba dos grandes ventajas respecto a los cazas convencionales: permitía que el piloto se desentendiese del combate y se concentrase en el pilotaje del avión, y proporcionaba al artillero un campo de tiro mucho más amplio que el que daban las ametralladoras fijas.


Se dijo que durante la evacuación de Dunkerque los Defiants desplegados en Francia causaron estragos entre las escuadrillas de caza alemanas. Según se contaba, su parecido con el Hawker Hurricane confundía a los pilotos de la Luftwaffe, que al atacarlos desde atrás se encontraban con el inesperado fuego de cola de sus cuatro ametralladoras. En una sola tarde, la del 29 de mayo de 1940, los Defiants reclamaron el derribo de 38 aviones enemigos en el transcurso de dos misiones, sin sufrir ninguna baja propia. Pero lo cierto es que su gran victoria sobre la Luftwaffe fue una creación de la propaganda británica. Ese día los alemanes perdieron tan solo 14 aparatos sobre Dunkerque, por lo que su cifra real de derribos tuvo que estar muy lejos de los 38 reclamados.

La realidad fue que entre mayo y julio de 1940 las escuadrillas de Defiants fueron aniquiladas una y otra vez en sus enfrentamientos con los cazas alemanes. En comparación con otros cazas de su época eran muy pesados, lentos y poco maniobrables, y además estaban indefensos ante los ataques frontales o desde abajo. Su imposibilidad de abrir fuego contra objetivos situados frente a ellos era una característica especialmente significativa, ya que los convertía en aviones de caza que de hecho no podían cazar y que conseguían sus mejores resultados cuando eran ellos los atacados. A pesar de sus supuestas virtudes, sus limitaciones eran ya demasiado evidentes, y los Defiants no tardaron en ser retirados de primera línea.

En el invierno de 1940/41 los Defiants tuvieron una actuación destacada como cazas nocturnos, defendiendo las ciudades británicas contra los raids de la Luftwaffe. Pero en poco tiempo fueron sustituidos en esa función por otros modelos de caza pesado con prestaciones muy superiores. Después de aquello, medio centenar de Defiants fueron modificados para su uso en misiones de salvamento marítimo. El resto, la inmensa mayoría, acabaron siendo utilizados como remolcadores de blancos para prácticas de artillería antiaérea.

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