Mostrando entradas con la etiqueta Propaganda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Propaganda. Mostrar todas las entradas

La guerra filatélica

En la Segunda Guerra Mundial fueron varios los servicios de inteligencia que falsificaron sellos postales del enemigo. Esas falsificaciones podían ser de dos clases distintas. Por un lado estaban las que pretendían ser imitaciones perfectas de los sellos auténticos, utilizadas sobre todo para enviar propaganda por correo a la población del país enemigo o de los territorios ocupados por él. Lógicamente lo que se pretendía en ese caso era que las falsificaciones fuesen imposibles de detectar. Pero luego estaban las parodias propagandísticas, falsificaciones en las que el arma de propaganda era el propio sello, que era modificado para enviar algún mensaje burlesco, ridiculizando a los líderes del país o a sus símbolos nacionales. Los sellos tenían que ser lo suficientemente similares al original como para pasar desapercibidos para los servicios postales del país enemigo, pero las modificaciones tenían que ser bien visibles para que el sello cumpliese con su labor propagandística.

Con diferencia, el país que más recurrió a las falsificaciones satíricas fue el Reino Unido. Las operaciones de propaganda postal dependían del PWE (Political Warfare Executive), la rama del servicio secreto encargada de la propaganda en territorio enemigo. En sus primeras operaciones el PWE utilizó su red de agentes y colaboradores en Francia para poner en circulación, utilizando el correo ordinario, sellos con mensajes antialemanes.

Por ejemplo, en un caso típico de propaganda negra (la que se hace pasar por propaganda del enemigo para desprestigiarlo o fomentar los conflictos en el bando contrario), a partir de mayo de 1942 los británicos hicieron circular varias series de sellos marroquíes con la sobreimpresión “Deutsche Reichspost in Marokko”, con el que se pretendía sembrar dudas sobre la capacidad del régimen de Pétain para mantener la soberanía francesa en sus territorios coloniales:


Más sutil fue la falsificación realizada a partir de un sello con la efigie del mariscal Pétain en la que se podía ver tras él la imagen de Pierre Laval, el primer ministro abiertamente pronazi. El mensaje que se quería sugerir era que los alemanes tenían la intención de sustituir a Pétain por Laval en la jefatura del estado francés. Se puso en circulación a finales de 1942:


En Alemania el PWE también utilizó las luchas de poder dentro del régimen (reales o imaginarias) como motivo para sus falsificaciones. En 1943 apareció un sello en el que se había sustituido la efigie de Hitler por la de Hans Frank, el gobernador general de la Polonia ocupada, que poco antes había perdido todos sus cargos en el partido nazi por criticar abiertamente a Himmler y las SS:


Lo mismo se hizo con el propio Himmler, cambiando la cara de Hitler por la suya en sellos de 6 pfennigs:


Más explícito fue el sello dedicado al mariscal de campo Erwin von Witzleben, uno de los militares de más alto rango implicados en la operación Walkiria, que fue condenado a muerte por su participación en el intento de golpe de estado de junio de 1944. El texto dice "Gehangt am 8 Aug 1944: und ihr habt doch gesiegt" (“Ejecutado el 8 de agosto de 1944 / Y a pesar de todo esperan vencer”). Comenzó a distribuirse a finales de 1944 desde Suecia y Suiza:


De la misma época es este otro sello en el que se representa a Himmler poniendo unos grilletes a un ciudadano, con el texto “Gedenke des 30 Januar 1933!” (“En conmemoración del 30 de enero de 1933”, el día que Hitler fue nombrado canciller):


El PWE también falsificó sellos italianos. En 1943 copiaron algunos dedicados a la amistad italoalemana cambiando el mensaje "due popoli / una guerra" por "due popoli / un führer", dando a entender que Mussolini estaba subordinado a Hitler. Además se modificaron las caras para mostrar a Hitler y Mussolini con expresiones de ira y sorpresa, respectivamente:


Los estadounidenses utilizaron sellos propagandísticos dentro de la denominada operación Cornflakes, una acción de guerra psicológica ideada por la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos, la antecesora de la CIA estadounidense), cuyo objetivo era distribuir propaganda antinazi entre la población alemana a través del correo. El plan consistía en realizar una serie de ataques aéreos contra trenes de correo alemanes, dejando caer en el lugar del bombardeo sacas de cartas conteniendo panfletos propagandísticos. Se esperaba que al recuperar el correo de los trenes atacados los alemanes recogiesen también las sacas falsas, consiguiendo que fuese el propio Deutsche Reichspost (el servicio de Correos del Reich) el que distribuyese la propaganda entre los ciudadanos alemanes.

Los sellos utilizados en los sobres eran copias impresas por la propia OSS. La mayoría eran falsificaciones que reproducían con exactitud sellos auténticos con la efigie de Hitler, con valores de 6 y 12 pfennigs. Pero también se imprimieron parodias propagandísticas. En ésta, basada en el sello de 12 pfennigs, la cara de Hitler se convirtió en una calavera, y la leyenda "Deutsches Reich" fue cambiada por "Futsches Reich" ("Reich acabado"):


Las sedes de la OSS en Roma y Berna fueron las encargadas de ejecutar el plan. Allí se imprimían los folletos de propaganda y los sellos falsos y se preparaban los sobres. Las direcciones eran auténticas (a veces las que aparecían en los anuncios de soldados alemanes "muertos por la patria"). Como remitentes figuraban bancos u organismos estatales. En total hubo diez misiones de bombardeo de trenes correo, realizadas entre el 10 de febrero y el 31 de marzo de 1945, en las que se lanzaron más de 50.000 cartas sobre Alemania.

Por su parte, los alemanes realizaron algunas copias de sellos dentro de la operación Bernhard, un plan de falsificación masiva de libras esterlinas dirigido por el mayor de las SS Bernhard Krüger, que utilizaba como mano de obra a 140 prisioneros judíos del campo de concentración de Sachsenhausen seleccionados por sus conocimientos en técnicas de imprenta, tipografía o caligrafía. En 1944 el mayor Krüger pensó en aprovechar las habilidades de sus falsificadores para producir copias propagandísticas de sellos británicos. Nació así la operación Unternehmen Wasserwelle (“Marca de agua”, que es como se denomina a los dibujos que se hacen en un papel variando su espesor, y que sirven para dificultar la labor de los falsificadores).

Los falsificadores de Krüger crearon tres tipos distintos de sellos burlescos, todos ellos pretendiendo enviar el mismo mensaje: la guerra era culpa de los judíos y los comunistas y la política británica estaba controlada por ellos.

Uno de los sellos británicos parodiados fue el emitido en 1935 con motivo del 25º aniversario de la coronación del rey Jorge V. Los falsificadores sustituyeron la efigie del rey británico por la de Stalin, y el texto "Bodas de plata / Medio penique / 1910-1935" por "Esta guerra es una / guerra judía / 1939-1944". Además aparecen la Estrella de David y el símbolo de la hoz y el martillo hasta tres veces cada uno. Curiosamente, la palabra "judío" está mal escrita (tendría que ser Jewish en lugar de Jewsh). Se ha dicho que pudo ser una falta de ortografía cometida a propósito por los prisioneros judíos para dejar en evidencia a los SS responsables de la operación, pero parece poco probable que arriesgasen así sus vidas por burlarse de sus carceleros.

El sello del "Silver Jubilee", a la izquierda el original británico, a la derecha la copia alemana:


El sello de 1937 conmemorativo de la coronación del rey Jorge VI fue otro de los elegidos por los alemanes. Un busto de Stalin sustituye al de la reina Isabel. El texto Postage Revenue es sustituido por SSSR Britannia (es decir, República Socialista Soviética de Britania), y la fecha de la Coronación, 12may-1937 es cambiada por Teheran-28/11/1943, haciendo alusión a la conferencia interaliada celebrada en la capital iraní. El "GE R" del centro (las iniciales de los reyes) fue modificada también para leer "SSS R". La Estrella de David aparece en las esquinas superiores izquierda y derecha, y el símbolo de la hoz y el martillo se puede ver dentro de la estrella soviética en el borde derecho.

El sello de la Coronación de Jorge VI y su copia:


El tercero de los sellos parodiados es el de la edición de 1937 con la efigie del rey Jorge VI. La Estrella de David aparece encima de la corona y en el cardo en la parte superior derecha. La hoz y el martillo se pueden ver en la flor arriba a la izquierda y sustituyendo a la D (la abreviación de los peniques) en el valor del sello. Se hicieron en seis valores distintos.

Los sellos de Jorge VI, arriba los auténticos, debajo los falsos:


Aparte de los mensajes introducidos en los sellos propiamente dichos, también se utilizaron sobreimpresiones en los sellos, con una gran variedad de consignas diferentes. Por ejemplo, las de "Liquidación del Imperio":


Al parecer los alemanes tenían planeado poner en circulación los sellos a través de Suecia, aunque según algunas versiones no fue más que una idea que se le ocurrió a Krüger para mantener ocupados a los prisioneros que trabajaban para él durante unos días en los que habían recibido la orden de Berlín de paralizar temporalmente la producción de billetes, en junio de 1944.

El frustrado viaje de la llama olímpica a Japón

La primera vez que se encendió un pebetero en un estadio olímpico fue en Amsterdam 1928. Pero en aquella ocasión se trató de una llama “casera”, un simple añadido decorativo que pretendía recordar el fuego sagrado que ardía permanentemente (en honor a Prometeo, el héroe que había robado el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres) durante la celebración de los antiguos Juegos en el estadio de Olimpia. Fue ocho años después, en los Juegos Olímpicos de Berlín, cuando surgió toda la parafernalia del transporte en relevos del fuego sagrado desde Olimpia hasta la sede de los Juegos y del encendido solemne del pebetero durante la ceremonia de inauguración. El viaje de la llama comenzó el 20 de julio de 1936 y finalizó en el Estadio Olímpico de Berlín el 1 de agosto, el día de la apertura de los Juegos. Convertido en tradición, el ceremonial se ha mantenido en todos los Juegos (de Verano y de Invierno) transcurridos desde entonces. La fuerza simbólica del rito hizo olvidar que su estética y sus connotaciones neopaganas eran muy del gusto de los nazis. No se puede decir que tuviese una conexión directa con el nazismo, pero una ceremonia como aquella parece un claro producto del ambiente político-propagandístico del Tercer Reich. La idea original fue de Carl Diem, el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Berlín y un reconocido teórico e historiador deportivo.

En julio de 1936 el Comité Olímpico Internacional otorgó los Juegos Olímpicos de verano de 1940 a Tokio. El COI recomendó que para los futuros Juegos se mantuviese el ceremonial del traslado de la llama sagrada, pensando en la ayuda que podría suponer para difundir el espíritu olímpico en regiones del planeta en los que el movimiento olímpico aún era muy poco conocido. Desde ese punto de vista, unos Juegos en Extremo Oriente representaban una gran oportunidad. Pero había un problema evidente: organizar un recorrido de relevistas desde Olimpia hasta Berlín era una tarea relativamente fácil, pero hacerlo a lo largo de los 10.000 kilómetros que separaban Grecia de Tokio parecía poco menos que inviable. Finalmente se recomendó mantener el traslado de la antorcha, aunque para ello se tuviese que recurrir a automóviles, aviones, o cualquier otro medio de transporte.

El comité organizador de los Juegos de Berlín ofreció su ayuda a sus homólogos japoneses e hizo varias recomendaciones sobre el traslado de la antorcha. Su primera propuesta, la más espectacular, consistía en organizar una travesía en relevos de corredores y jinetes por Próximo Oriente, Persia y Asia Central, siguiendo el itinerario de la milenaria Ruta de la Seda. Pero aquello implicaba que una parte importante del recorrido tendría que realizarse a través de China, lo que no hacía mucha gracia al gobierno japonés. En su lugar los japoneses plantearon que la antorcha podía ser transportada por un buque de guerra de la Marina Imperial, que haría escala en numerosos puertos a lo largo de su travesía.

Al final se optó por la solución más práctica: el fuego sagrado haría su viaje a Tokio en avión. Alemania se ofreció a desarrollar un aparato expresamente para aquel cometido. A partir del caza pesado Messerschmitt Bf 110, los ingenieros alemanes diseñaron un avión capaz de cubrir sin repostar los 10.000 kilómetros que había entre Europa y Japón. En aquella época habría supuesto el récord mundial de distancia en un vuelo sin escalas. El propio Hitler estaba entusiasmado con la propuesta. En su honor, el aparato fue denominado Messerschmitt Me 261 Adolfine. En 1939, cuando el COI retiró los Juegos a Tokio, se abandonó el proyecto, a pesar de que ya había comenzado la construcción de la primera unidad. Se reanudaría más tarde, durante la guerra, transformado en el desarrollo de un avión de reconocimiento marítimo de largo alcance. Llegó a completarse algún prototipo, aunque nunca entraron en servicio.

Pero los japoneses no estaban muy dispuestos a que Alemania se adjudicase el éxito propagandístico del traslado de la antorcha, máxime cuando ellos contaban ya con una alternativa probada: el Kamikaze, un Mitsubishi Ki-15 famoso por ser el primer avión de fabricación japonesa que había volado de Japón a Europa. La tarde del 6 de abril de 1937 el Kamikaze había despegado del aeródromo de Tachikawa, en Tokio, en un vuelo patrocinado por el diario Asahi Shimbun como parte de las celebraciones de la coronación de Jorge VI de Inglaterra. Haciendo numerosas escalas (Taipei, Hanoi, Vientiane, Calcuta, Karachi, Basora, Bagdad, Atenas, Roma y París), la tarde del 9 de abril aterrizó en el aeropuerto Croydon de Londres, Autoridades, periodistas, y una multitud de espectadores habían acudido a recibirles. Era la época de las grandes proezas de la aviación, en la que los aviadores que competían por batir récords de distancia o abrir rutas nunca intentadas hasta entonces eran tratados como estrellas del deporte. El Kamikaze había recorrido más de 15.000 kilómetros en un tiempo total de vuelo (sin contar las escalas) de 51 horas y 18 minutos. Sus dos tripulantes, el piloto Masaaki Iinuma y el navegante Kenji Tsukagoshi, fueron recibidos en su país como héroes nacionales. Iinuma, de 26 años, fue aclamado como “el Lindbergh japonés”.

El Comité Olímpico Japonés propuso utilizar el Kamikaze para el traslado de la antorcha desde Grecia, siguiendo una ruta similar a la de la travesía que le había hecho famoso. Sin duda era la opción con más posibilidades de ser elegida. Pero el fuego sagrado no llegaría a Tokio hasta los Juegos Olímpicos de 1964, un cuarto de siglo más tarde. En el verano de 1937, al estallar la guerra chino-japonesa, algunos países comenzaron a hacer campaña por el boicot a los Juegos. Finalmente, en 1939, temiendo un fracaso de participación, el COI decidió retirar la organización de los Juegos a Tokio y concedérsela a Helsinki. El comienzo de la guerra en Europa pocos meses después hizo que los Juegos de la XII Olimpiada se cancelasen definitivamente.

El piloto del Kamikaze, Masaaki Iinuma, sirvió como instructor de vuelo y piloto de pruebas del Ejército Imperial. Murió en combate en Indochina en diciembre de 1941. Kenji Tsukagoshi tampoco sobrevivió a la guerra. En 1943 formaba parte de la tripulación del prototipo Tachikawa Ki-77, un proyecto secreto de avión de gran autonomía con el que los japoneses pretendían establecer comunicación aérea con sus aliados alemanes. En su primer vuelo con rumbo a Europa el Ki-77 desapareció cuando sobrevolaba el océano Índico. Nunca se encontraron sus restos.

Hitler ensayando ante el espejo

Que Adolf Hitler era un extraordinario orador es algo que nadie puede negar. Su presencia escénica y la gran fuerza de su oratoria jugaron un papel importante en su ascenso al poder. Lo que no es tan conocido es lo poco que dejaba a la improvisación en sus actos públicos. Hacia 1927 el fotógrafo Heinrich Hoffmann captó estas imágenes de Hitler ensayando poses. La meticulosa revisión de aquellas fotografías le servían para adoptar o descartar los gestos que practicaba ante el espejo. Hasta el más mínimo ademán que utilizaba en sus discursos estaba preparado de antemano.



Hitler nunca tuvo intención de que estas fotografías se hiciesen públicas. Después de utilizarlas en los ensayos de sus discursos las destruía y pedía a Hoffmann que hiciese lo mismo con los negativos. Pero el fotógrafo no siguió sus instrucciones, y después de la guerra dio a conocer nueve de aquellas imágenes que había mantenido ocultas durante un cuarto de siglo.

Heinrich Hoffmann fue el fotógrafo personal de Hitler desde 1921 hasta la muerte del Führer en 1945. Era además uno de sus pocos amigos íntimos (fue él quien le presentó a Eva Braun, una muchacha que trabajaba como ayudante en su estudio). Ganó una fortuna con los derechos de sus fotografías, entre las que se incluían, por ejemplo, las efigies de Hitler utilizadas en los sellos de correos. En 1946 fue condenado a cuatro años de prisión por su trabajo como propagandista del régimen nazi. Murió en Munich en 1957, a los 72 años, dejando para la posteridad un legado de decenas de miles de fotografías y retratos de los dirigentes de la Alemania nacionalsocialista.

Más fotos, aquí:
http://rarehistoricalphotos.com/hitler-rehearsing-speech-front-mirror-1925/


V de Viktoria

Es conocido por mucha gente (entre la que están los lectores habituales de este blog, por supuesto) que en la Segunda Guerra Mundial la letra "V" se convirtió en un popular símbolo de resistencia frente a los nazis. Lo que no todo el mundo sabe es que los propios nazis también la utilizaban en su propaganda. A menudo se ha explicado como un torpe intento de apropiarse del símbolo cuando los alemanes vieron el éxito que había alcanzado entre la población civil de los países conquistados. Supuestamente se trataba de hacer pasar las pintadas contra la ocupación por muestras espontáneas de apoyo a los ocupantes.

Eso explicaría por qué su propaganda se empeñaba en usar la "V", cuando la palabra alemana habitual para "victoria" es "sieg". Según se dice, la única forma de encajar el signo de resistencia en sus carteles fue sustituyendo "sieg" por la nada común palabra de origen latino "viktoria":


Pero esta teoría tiene un problema: la "V" fue utilizada antes por la propaganda alemana que por la aliada.

En esta fotografía se ve la Torre Eiffel decorada con una gran "V":


La foto es del verano de 1940, poco después de que los alemanes ocupasen París y medio año antes de que el locutor belga de la BBC Victor de Labeleye propusiese a sus compatriotas el uso de la "V" como símbolo de la lucha por la libertad y la unidad nacional frente al invasor. Bajo la "V" hay una pancarta con la frase "Deutschland siegt an allen fronten", es decir, "Alemania vence en todos los frentes". De la misma época es esta foto del Parlamento noruego, en Oslo:


Son solo dos ejemplos. Muchos otros edificios representativos de Alemania y de los países ocupados fueron decorados con grandes uves y pancartas con la misma consigna.

La realidad de la guerra


Esta fotografía fue tomada por el reportero gráfico de la revista Life George Strock un día de finales de diciembre de 1942 o comienzos de enero de 1943. El lugar es la playa de Buna, en Nueva Guinea. Retrata los cuerpos de tres soldados estadounidenses anónimos semienterrados en la arena. No es una imagen excesivamente dura. En ella apenas son visibles las marcas más desagradables de la muerte: los cadáveres parecen intactos, sus heridas permanecen ocultas, ni siquiera hay manchas de sangre, y las caras no están a la vista.

Los días 15 y 22 de febrero de 1943 Life publicó sendos reportajes sobre la batalla de Buna-Gona. Incluían varias de las mejores fotografías de Strock, pero entre ellas no estaba la de los tres cuerpos en la playa. Los funcionarios de la Oficina de Censura la rechazaron siguiendo la consigna vigente desde el comienzo del conflicto: podían verse imágenes de combates y cadáveres de enemigos, pero nunca soldados estadounidenses muertos. Como mucho, cuerpos tapados con mantas o ataúdes cubiertos con la bandera nacional. La prensa gráfica, igual que la escrita, estaba obligada a dar una cobertura blanda y optimista de la guerra para evitar una posible desmoralización del público norteamericano.

Los editores de Life presionaron a las autoridades para conseguir el permiso de publicar la fotografía de Strock. Un corresponsal de la revista en Washington llamado Cal Whipple convirtió la cuestión en una cruzada personal. Presentó sus recursos a un funcionario tras otro, a un oficial tras otro, subiendo en el escalafón hasta que terminó llegando hasta la mismísima Casa Blanca. Logró convencer al director de la Oficina de Información de Guerra, Elmer Davis, con el argumento de que había que enfrentar al público estadounidense con la realidad de una guerra que estaba lejos de terminar. La sociedad tenía que ser consciente de lo que estaba en juego y del precio que había que pagar por la victoria. Davis logró que Roosevelt levantara la prohibición de publicar fotografías de soldados estadounidenses caídos en combate. Las únicas limitaciones que se mantuvieron fueron que las fotos no podrían mostrar las caras de los muertos ni las insignias de las unidades a las que pertenecían (esto último para evitar que se pudiese dar a conocer información valiosa desde el punto de vista militar).

La fotografía se publicó al fin a toda página en el número del 20 de septiembre de 1943. Por primera vez, unos meses antes de que se cumpliesen dos años de la entrada del país en la guerra, los estadounidenses veían a sus soldados muertos. El 5 de noviembre de 1943 la foto fue portada de la revista Yank, el semanario del Ejército de los Estados Unidos, como sirviendo de confirmación del cambio de criterio del gobierno y las autoridades militares, convencidos ahora de que tenía que dar una imagen más realista de la guerra para evitar que la sociedad cayese en la complacencia.

Después de la publicación, Life recibió críticas por un supuesto “sensacionalismo morboso”, aunque fueron menos de las esperadas. Se ha dicho que la fotografía de Strock tuvo una gran influencia, no está claro si positiva o negativa. Al parecer provocó un aumento de las ventas de bonos de guerra y al mismo tiempo una disminución de los alistamientos de voluntarios en las fuerzas armadas, pero dudo que se pueda determinar con claridad una relación causa-efecto entre la publicación de la foto y sus supuestas consecuencias.

Los superhéroes van a la guerra

En junio de 1938 la editorial DC Comics sacó al mercado el número 1 de la revista Action Comics. En ella aparecía por primera vez un personaje que en poco tiempo se convertiría en un icono de la cultura popular estadounidense. Gracias a su origen extraterrestre gozaba de poderes extraordinarios, como una fuerza sobrehumana o la capacidad de volar. Su nombre lo decía todo: Superman. Su éxito hizo que pronto comenzasen a surgir los imitadores, y en cuestión de meses las revistas de cómics se llenaron de hombres (y mujeres) con cuerpos perfectos, ataviados con estrafalarios y ceñidos uniformes, con superpoderes provenientes de las fuentes más diversas (mutaciones accidentales, experimentos científicos, gadgets tecnológicos, magia...), que utilizaban en su lucha contra los villanos del mundo. Había nacido el cómic de superhéroes.

A partir de 1940, con el género aún en sus inicios, toda aquella legión de superhéroes encontró una causa por la que unir sus fuerzas. Los alemanes estaban conquistando Europa, y un número creciente de estadounidenses empezó a temer que su país no se pudiese mantener al margen del conflicto por mucho tiempo. Además, Hitler era el villano perfecto, el sueño hecho realidad de cualquier guionista. Antes de que Estados Unidos entrase en la guerra, los héroes de los cómics ya estaban combatiendo a los nazis. La defensa de la nación contra saboteadores o invasores del Eje comenzó a hacerse habitual en sus historias, y la simbología y las motivaciones patrióticas de los personajes eran cada vez más visibles.

Durante la guerra se vendieron millones de cómics de superhéroes. Originalmente estaban destinados a un público adolescente, pero su popularidad traspasó todas las barreras sociales y generacionales. Un altísimo porcentaje de los jóvenes estadounidenses que servían en las fuerzas armadas eran lectores habituales de cómics. Las editoriales trabajaban a un ritmo frenético para satisfacer una demanda que no dejaba de crecer. Continuamente aparecían revistas nuevas y se creaban nuevos personajes.

Muchos de aquellos superhéroes tenían nombres basados en los símbolos patrióticos y lucían trajes plagados barras y estrellas. La lista es interminable: Yankee Doodle Jones, American Crusader, Star-Spangled Kid y su forzudo compañero Stripesy (vestidos con las estrellas y las barras de la bandera, respectivamente), Minute-Man, American Eagle, Mr. America... y también heroínas, como Yankee Girl o Liberty Belle. El primero de los superhéroes estadounidenses "uniformados" con la bandera nacional fue The Shield (el Escudo), personaje principal de la revista Pep Comics. Esta portada es del número 32, en pleno conflicto, pero ya en su primer número, de enero de 1940, se enfrentaba a malvados espías nazis, adelantándose casi dos años a la entrada de Estados Unidos en la guerra.


Pero sin duda el superhéroe barriestrellado más conocido de la Segunda Guerra Mundial fue el Capitán América. Es uno de los pocos que "sobrevivieron" al conflicto y mantuvieron su popularidad en las décadas posteriores. Apareció por primera vez en marzo de 1941, como respuesta de Marvel (entonces llamada Timely) a la demanda creciente de héroes patrióticos por parte del público y la aparición de personajes similares en editoriales de la competencia. Ya en el número 1 de Captain America, publicado meses antes del ataque a Pearl Harbor, el nuevo héroe se estrenaba propinando un puñetazo en la mandíbula al mismísimo Adolf Hitler.


Y si había superhéroes, también tenía que haber supervillanos. En aquellos años surgieron una gran cantidad de personajes malvados que servían a las potencias del Eje en sus planes para conquistar el mundo. Entre ellos había nombres como Captain Nippon, Baron Gestapo o Captain Swastika. En el número 3 de Captain America, de mayo de 1941, aparece por primera vez uno de los villanos más famosos de la historia del cómic, Red Skull (Calavera Roja). Por entonces era nazi, aunque con el paso de los años, ya en la guerra fría, acabó convertido en comunista.


Algunos de aquellos villanos eran anteriores a la guerra, aunque no dudaron en unirse a nazis y japos para luchar contra los defensores de la libertad. El asiático malvado e intrigante con sueños de dominación mundial era un personaje de cómic típico de la década de los 30. Un ejemplo tardío fue The Claw (la Garra), el mayor enemigo de Daredevil, un ser monstruoso con poderes mágicos, gobernante de una isla del Pacífico desde la que soñaba con conquistar el universo. The Claw se alió con los nazis en el número 1 de Daredevil Battles Hitler (julio de 1941).


En el número 2 de Pocket Comics (septiembre de 1941), Spirit of '76, un héroe trajeado a la moda de los años de la Revolución Americana, tiene que enfrentarse nada menos que con Satán, el señor de los demonios. El príncipe de las tinieblas luce en su pecho, cómo no, una esvástica. Ambos personajes comparten portada con Black Cat, una cazadora de espías nazis cuyo mayor superpoder es su superescote.


Sobre la cabecera del número 3 de Hangman (El Verdugo, uno de tantos héroes enmascarados de la época), publicado en junio de 1942, figuran unas frases de advetencia: "¡Nazis y japos, ratas! ¡Tened cuidado! ¡El Verdugo está en todas partes!". En la portada aparece uno de los supervillanos nazis por excelencia, el Capitán Swastica, dispuesto a soltar un hachazo (por la espalda, por supuesto) al vengador americano.


En la portada del número 19 de Speed Cómics (junio de 1942), el Capitán Libertad (Captain Freedom) descubre a un militar del servicio secreto japonés que tiene en sus manos un disfraz... del Capitán Libertad. Toda una advertencia contra el peligro de la actividad de los agentes enemigos, que pueden presentarse con la apariencia más inesperada. Aunque en este caso es comprensible que el agente nipón quiera ponerse una máscara. Era habitual en los cómics de los años de la guerra que los japoneses estuviesen representados de forma distorsionada, habitualmente con rasgos monstruosos y dientes enormes.


El atuendo de Spy Smasher (se podría traducir como Aplastaespías), traje de color caqui y gorro de aviador, era de los más discretos que se podían encontrar. Si no fuese por el inútil complemento de la capa roja, sería ideal para realizar con éxito su misión, la caza de espías y saboteadores. Era un héroe al estilo de Batman, que para su lucha contra los villanos dependía de toda una serie de artilugios tecnológicos y de un vehículo, el Gyrosub, mezcla de helicóptero, submarino y automóvil. Después de la guerra se pasó a la lucha contra la delincuencia común (de algo había que vivir), rebautizándose como Crime Smasher. En la portada del número 52 de Spy Smasher (1942) se le ve sacudiendo a Hitler, Mussolini y Tojo, atrapados en una V de Victoria.


A menudo, cuando la misión lo requiere, se forman superequipos de varios superhéroes dispuestos a colaborar contra el enemigo común. En el número 1 de All Select Comics (1943) el Capitán América, la Antorcha Humana y Sub-Mariner (dibujados en un tamaño desproporcionado, representando el inmenso poderío de las fuerzas del bien) se unen para atacar Berchtesgaden, el famoso refugio alpino de Hitler, convertido aquí en un castillo medieval repleto de soldados nazis.


En ocasiones las portadas tenían un tono humorístico, representando personajes y situaciones que ridiculizaban al enemigo. Los protagonistas más habituales de aquellas caricaturas eran los japoneses, en general, y, sobre todo, Adolf Hitler. En el número 29 de Master Comics (agosto de 1942), el Capitán Marvel Jr. (un discípulo adolescente del Capitán Marvel) hacía saltar a Hitler y Tojo sacudiéndoles en el trasero con un cinturón.


La historia de la marca Captain Marvel es bastante curiosa. Llegó a ser más popular que Superman, pero la caída de ventas al final de la guerra y una demanda de plagio interpuesta por lo que más tarde sería DC Comics obligaron a la editorial Fawcett a vender sus derechos a DC. En los 60 se iba a relanzar el personaje, aprovechando que el género de los superhéroes volvía a estar de moda, pero DC se encontró con que su gran competidora, Timely, había pasado a llamarse Marvel Comics y se les había adelantado registrando el nombre. En la portada del número 21 de Master Comics (diciembre de 1941) vemos al Capitán Marvel original junto a Bulletman (el Hombre Bala) y el supervillano Capitán Nazi.


The Fighting Yank (el "Yank" Luchador) es uno de los muchos personajes "patrióticos" surgidos durante la guerra. Adquirió sus superpoderes por medio del fantasma de su abuelo, un héroe de la Guerra de Independencia. En la portada del número 12 de The Fighting Yank (junio de 1945) los sorprendidos soldados estadounidenses que entran en el Palacio Imperial japonés se encuentran con el superhéroe descansando tranquilamente después de haberles hecho todo el trabajo.


A veces el sentido del humor de las portadas era más que dudoso. En esta del número 35 de Exciting Comics (octubre de 1944), Black Terror (Terror Negro) y su ayudante Tim pasan por encima de grupo de soldados japoneses con una apisonadora. Black Terror era un farmacéutico que había conseguido sus superpoderes experimentando con drogas. Quizá esa sea la explicación a su agresividad.


En la portada del número 20 de Cat-Man (octubre de 1943), el superhéroe estrangula con sus manos a Hitler, mientras su hija adoptiva Kitten (Gatita) se ocupa de la guardia del dictador. Cat-Man había sido criado por una tigresa en Birmania después de que sus padres muriesen asesinados, y a base de convivir con felinos había acabado por adquirir sus poderes (visión nocturna, superfuerza, superagilidad y... nueve vidas).


En esta lista nada exhaustiva (en aquella época surgieron, literalmente, centenares de superhéroes) no podía faltar el personaje más popular del mundo del cómic, el “padre” del género. En el número 18 de Superman (septiembre de 1942) el Hombre de Acero cabalga sobre una bomba, marcando el camino a una escuadrilla de aviones norteamericanos. El texto es un anuncio publicitario: "¡Bonos de guerra y sellos hacen su trabajo contra los japonazis!". En las portadas de Superman eran habituales mensajes propagandísticos como este.


Y en ocasiones en la revista principal de DC, Action Comics, también se utilizaba el tirón popular del Hombre de Acero para hacer campaña a favor de los bonos de guerra. Como en el número 58 (marzo de 1943), en la que Superman hace funcionar una rotativa con la fuerza de sus brazos para imprimir el mensaje "Superman dice: tú puedes abofetear a un japo con bonos de guerra y sellos".


El final de la guerra supuso también el fin de lo que hoy se conoce como la Era Dorada del Cómic. La moda del cómic de superhéroes terminó aún más rápido de lo que había surgido. Las ventas se desplomaron, la inmensa mayoría de los personajes desaparecieron y muchas editoriales cerraron o reorientaron su negocio a otros productos. Solo un puñado de héroes (Superman, Batman, Wonder Woman...) lograron mantenerse con vida esperando el resurgimiento. Éste llegó en la década de los 60, cuando Marvel y DC volvieron a poner de moda el género. Ya en los 80 tuvo otra época de esplendor. Lo cierto es que el cómic de superhéroes ha logrado sobrevivir con altibajos desde su creación, en los años 30, hasta hoy. En la actualidad mantiene su popularidad gracias en gran parte a Hollywood, que ha encontrado un auténtico filón recuperando personajes de décadas pasadas para producciones que lo único que tienen de “super” es el presupuesto.

Drones y estrellas de Hollywood

Reginald Denny era un actor británico que había hecho carrera en Hollywood participando en numerosas películas como actor de reparto. Era también un ex-aviador (había servido en el Royal Flying Corps británico durante la Primera Guerra Mundial) y un gran aficionado a la aviación. En la década de los 30 se entusiasmó con el aeromodelismo, una afición que comenzaba a tener seguidores en aquella época. En 1934 abrió en Hollywood una tienda de aviones a radiocontrol y modelos a escala, la Reginald Denny Hobby Shops. Muchos de los aparatos que vendía eran diseñados por él mismo. En 1935 fundó la Radioplane Company, o RC, una compañía dedicada a la fabricación de aviones a escala teledirigidos. A Denny se le ocurrió que podía ofrecer al Ejército aparatos de bajo costo para su uso como blancos móviles en las prácticas de artillería antiaérea. A los militares les gustó la idea, y la RC comenzó a suministrar drones de entrenamiento a las fuerzas armadas. Gracias a sus contratos militares, cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial la Radioplane Company creció hasta convertirse en una gran empresa. Uno de sus modelos, el RP-5 (OQ-2 para el Ejército), fue el primer dron de la historia producido de forma masiva. Al final de la guerra se habían entregado más de quince mil unidades. Los aviones se fabricaban en una planta industrial situada en las proximidades del aeropuerto de Van Nuys, en el área metropolitana de Los Ángeles.

El 26 de junio de 1945 un oficial de la 1ª Unidad Cinematográfica de la USAAF, el capitán Ronald Reagan (famoso actor de Hollywood en la vida civil y futuro presidente de los Estados Unidos), envió al fotógrafo militar David Conover a Van Nuys para hacer un reportaje fotográfico en la fábrica de su colega Denny. Se trataba de un encargo para la revista Yank, un semanario publicado por el Ejército que solía incluir reportajes en los que se mostraba a civiles (preferentemente mujeres atractivas, ya que la mayoría de sus lectores eran soldados destinados en ultramar) contribuyendo con su trabajo al esfuerzo de guerra nacional. Conover se recorrió la línea de montaje buscando a los empleados mas fotogénicos. Se fijó entonces en una muchacha de pelo castaño que trabajaba en el montaje de las hélices de los drones. Nada más verla supo que era lo que estaba buscando.


La chica se llamaba Norma Jean Mortenson. Tenía 19 años, y era la esposa de un marino destinado en Australia. Al marcharse su marido, Norma Jean se había mudado a casa de su suegra, en Los Ángeles, y había conseguido un empleo en la Radioplane Company. La revista Yank nunca llegó a publicar aquellas fotografías, pero Conover, convencido de que la muchacha tenía futuro, la persuadió para que probase fortuna en una agencia de modelos. Allí le dijeron que buscaban chicas con el pelo más claro, así que Norma decidió teñirse de rubio platino. En 1946, convertida ya en una cotizada modelo fotográfica, se divorció de su marido e inició su carrera como actriz. Eligió el nombre artístico de Marilyn Monroe.

Así que se podría decir que, indirectamente, Ronald Reagan fue el descubridor de Marilyn Monroe.

"V"


Desde su nacimiento en la Segunda Guerra Mundial, la V se ha convertido en un símbolo de resistencia reconocido universalmente. Su significado no se le escapa ni a una raza de lagartos alienígenas (el video que abre este post es una secuencia de una mítica teleserie estadounidense de ciencia-ficción de los años 80, titulada precisamente V, en la que unos reptiles con apariencia humana -y con una estética muy nazi, por cierto- conquistan la Tierra).

Seguramente la clave del éxito del símbolo de la V está en su sencillez. Bastaba un gesto con dos dedos, o dos trazos dibujados en un muro, para ayudar a difundirlo. Su creador fue un jurista y político belga, ex-ministro de Justicia, llamado Victor de Laveleye, que entre 1940 y 1944 dirigió desde Londres las emisiones de la BBC en lengua francesa para la Bélgica ocupada por los alemanes. El 14 de enero de 1941 De Laveleye propuso en un programa radiado a sus compatriotas que utilizasen una V como símbolo de unidad frente al invasor, dándole un significado de "victoire" ("victoria" en francés) y "vrijheid" ("libertad" en flamenco). Según él, "las fuerzas de ocupación, al ver esta señal, siempre la misma, infinitamente repetida, entenderán que están rodeados, rodeados de una inmensa multitud de ciudadanos esperando ansiosamente su primer momento de debilidad, atentos a su primer fracaso". En poco tiempo comenzaron a aparecer uves pintadas en paredes de toda Bélgica, y en cuestión de semanas la “Vmanía” se extendió por Holanda y el norte de Francia. Se había convertido en una forma sutil de sabotaje, para gran disgusto de los alemanes, que aunque inicialmente trataron de quitarle importancia, al final acabaron persiguiéndolo como un delito grave.

Inspirados por aquel inesperado éxito, en junio de 1941 los responsables de la BBC pusieron en marcha la campaña "V for Victory", alentando el uso del símbolo ideado por De Laveleye. A cargo de la campaña estaba Douglas Ritchie, asistente del editor de noticias de la BBC, que en sus emisiones utilizaba el alias de "coronel Britton" (hasta después de la guerra no se hizo pública su identidad). Ritchie sugirió una V sonora utilizando el código Morse. La letra V en Morse se representa con tres puntos y un guión, una secuencia que podía identificarse con los primeros compases de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Desde entonces la BBC utilizó aquellas cuatro notas como señal de llamada en sus programas radiofónicos emitidos para los países ocupados.

El 19 de julio de 1941, cuando la V se había extendido ya por toda la Europa ocupada, el primer ministro británico Winston Churchill se sumó a la campaña, y desde aquel día comenzó a hacer el signo de la V con los dedos en todos sus discursos. Al principio solía hacerlo con las palmas hacia dentro, un gesto que se considera muy ofensivo en Gran Bretaña. Desde que sus asesores le avisaron del error, tuvo cuidado de no repetirlo y hacer la señal correctamente.


Churchill no fue el único líder aliado que decidió utilizar la V como símbolo de victoria. Charles de Gaulle lo usó en todos sus discursos desde 1942 hasta el final de su carrera política en 1969.

Uno de los ejemplos más llamativos del uso de la V se encuentra en el Royal Square de St Helier, la capital de Jersey, la mayor de las Islas del Canal. Este pequeño archipiélago situado frente a las costas francesas es el único territorio británico que fue ocupado por los alemanes durante la guerra. Arriesgándose a sufrir las represalias si los alemanes sospechaban su verdadera intención, un cantero local llamado Joseph Marie Le Guyader aprovechó unos trabajos de restauración en el pavimento de la plaza y formó una V con los adoquines. A partir de entonces los soldados alemanes se pasearon por la plaza sin imaginar que tenían bajo sus botas todo un desafío a la ocupación.


Fuentes:
http://www.psywar.org/v_for_victory.php
http://en.wikipedia.org/wiki/V_sign
http://en.wikipedia.org/wiki/Victor_de_Laveleye
http://www.jersey.com/English/discoverjersey/occupationtoliberation/Pages/OccupationTrail.aspx


Virtudes de la zanahoria


John Cunningham tenía solo 21 años cuando en 1938 empezó a trabajar como piloto de pruebas de la de Havilland Aircraft. Un año después estalló la guerra, y Cunningham se alistó en la RAF. En septiembre de 1940, cuando comenzó el Blitz (la campaña de bombardeos de la Luftwaffe contra las ciudades inglesas), Cunningham aún no había volado nunca en una misión de combate. Estaba destinado en el 604º Escuadrón de la RAF, una unidad equipada con bombarderos ligeros Bristol Blenheim utilizados como cazas nocturnos. A finales de aquel mes los anticuados Blenheims comenzaron a ser sustituidos por los Bristol Beaufighter, más veloces y mucho mejor armados, con sus cuatro cañones de 20 mm montados bajo el morro. Con los nuevos aviones comenzaron a llegar los éxitos al 604º Escuadrón.

La noche del 19 de noviembre, durante un raid alemán contra la ciudad de Birmingham, Cunningham derribó su primer avión enemigo, un bombardero Junkers Ju-88. Seis meses después, a finales de mayo de 1941, había alcanzado ya los catorce derribos y se había convertido en el más famoso piloto de caza nocturna. En la prensa se le empezó a conocer con el apodo de "Ojos de gato", ya que, según decían, por muy oscura que fuese la noche ningún bombardero nazi podía ocultarse a su prodigiosa vista.

Pronto se supo el secreto de Cunningham: "Ojos de gato" acostumbraba a comer grandes cantidades de zanahorias, una hortaliza rica en vitamina A, muy beneficiosa para la visión.

Por supuesto, aquello era totalmente falso.

Durante el verano de 1940 los británicos habían logrado desarrollar un radar que podía instalarse en aviones para su uso en combates aéreos nocturnos. Eran equipos aún poco perfeccionados montados en aviones obsoletos (los Blenheims), por lo que inicialmente los resultados fueron decepcionantes. A finales de septiembre los modernos Beaufighters comenzaron a sustituir a los Blenheims, y con ellos llegó un nuevo modelo de radar, el Mark IV. Aquella combinación resultó letal y fue la clave de los triunfos de la caza nocturna británica en los meses posteriores.

Pero el radar aún era una tecnología secreta, y aquellas victorias llamaban demasiado la atención, así que al Ministerio del Aire se le ocurrió ocultar la verdadera causa de la efectividad de sus cazas nocturnos con la historia de "Ojos de gato" y su pasión por las zanahorias. De paso, el Ministerio de Alimentación aprovechó para usarlo como ejemplo: la zanahoria era el alimento elegido por los héroes, una buena razón para que los niños siguiesen su ejemplo y dejasen de quejarse por la escasez de carne.

Cunningham era un joven tímido y sencillo, que llevaba con resignación lo de verse convertido en un héroe. Detestaba el apodo de "Ojos de gato". Entre 1943 y 1944 fue comandante del 85º Escuadrón. Terminó la guerra con el rango de group captain (el equivalente a coronel). Después regresó a de Havilland Aircraft, donde trabajó como piloto de pruebas jefe hasta 1978, cuando la empresa fue absorbida por British Aerospace.

El mito de los aviadores devoradores de zanahorias tuvo un éxito enorme. De hecho, ha sobrevivido hasta nuestros días. Aunque esto habría que matizarlo, porque su popularidad fue tan grande que poco tiempo después de su nacimiento dejó de ser un mito. En Estados Unidos, el más fiel aliado de los británicos (y donde, por cierto, tenían radares y no sufrían los problemas de abastecimiento que hubo en Gran Bretaña), se lo creyeron completamente, así que sus pilotos y tripulaciones aéreas se hartaron de comer zanahorias durante la guerra. En cambio, no hay pruebas de que los alemanes se lo tomasen en serio.

El teniente Ulric L. Day da ejemplo a sus alumnos comiendo zanahorias para mejorar su visión nocturna, durante unas prácticas en el campo de entrenamiento de la USAAF de Esler Field, Louisiana:


Foto:
http://www.usmilitariaforum.com/forums/index.php?/topic/102362-studio-photos/
Sobre Cunningham:
http://www.airspacemag.com/history-of-flight/Cats-Eyes.html
http://en.wikipedia.org/wiki/John_Cunningham_(RAF_officer)


Propaganda negra


AMERICANOS:
Somos conscientes de que es lógico que nuestros soldados caigan en vuestras manos como prisioneros bajo circunstancias imposibles.
A pesar de que sois nuestros enemigos apreciamos el buen trato que estáis dando a los soldados japoneses, dándoles comida, ropa y atención médica a los enfermos y heridos.
Sin embargo, no podemos tolerar vuestras extravagantes mentiras sobre que Japón viola el derecho internacional y trata atrozmente como bárbaros a los prisioneros americanos. Vuestra propaganda está llena de mentiras.
Los prisioneros americanos en nuestras manos están recibiendo un buen trato y viven una vida pacífica y feliz.
Nuestra historia es diez veces más antigua que la vuestra. Cuando vuestros antepasados vagaban como salvajes, Japón ya estaba civilizado. Estamos mucho más civilizados que vosotros, americanos.
EL GRAN EJÉRCITO JAPONÉS


Esta era una de las muchas hojas de propaganda con las que japoneses y estadounidenses se “bombardeaban” durante la campaña de las Filipinas. El mensaje parece claro: intentar convencer a los soldados estadounidenses de la falsedad de las informaciones que aseguraban que los japoneses maltrataban a sus prisioneros. Pero no siempre lo evidente es lo correcto. La hoja tenía el mismo texto en inglés en una cara y en japonés en la otra, algo que ya nos podría hacer sospechar. Porque en realidad esta octavilla es una rara muestra de propaganda negra: sus autores no son los que dicen ser. El folleto era obra de los servicios de propaganda del Ejército de los Estados Unidos, y su verdadero propósito era hacer creer a los soldados japoneses que su gobierno reconocía que los norteamericanos daban un buen trato a sus prisioneros. Con eso esperaban influir en ellos para que les fuese más fácil tomar la decisión de rendirse.

También los japoneses recurrieron en ocasiones a la black propaganda. Como este otro folleto, supuestamente firmado por el U.S. Army y dirigido a sus soldados, pero cuyo auténtico objetivo era volver a la población civil filipina en contra de los norteamericanos:


PROTÉJASE CONTRA LAS ENFERMEDADES VENÉREAS
Últimamente ha habido un gran aumento en el número de enfermedades venéreas entre oficiales y hombres debido a sus prolíficos contactos con mujeres filipinas de dudosa condición.
Debido a los tiempos difíciles y las penosas condiciones provocadas por la ocupación japonesa de las islas, las mujeres filipinas están dispuestas a ofrecerse por una pequeña cantidad de alimentos. Es recomendable en estos casos tomar todas las medidas de protección mediante el uso de preservativos, medicamentos de protección, etc.; mejor aún si se mantienen relaciones sexuales solo con esposas, vírgenes, o mujeres de similar condición.
Además, en vista del aumento de las tendencias pro-estadounidenses, muchas mujeres filipinas están más que dispuestas a ofrecerse a los soldados americanos, y como los filipinos no tienen conocimiento de la higiene, las portadoras de enfermedades están extendidas y se deben tomar los cuidados debidos.
EJÉRCITO DE ESTADOS UNIDOS


Fuente:
http://www.psywarrior.com/JapanPSYOPWW2.html


El precio de la gasolina

Philip Zecanovskya nació en Londres el día de Navidad de 1909. Era uno de los once hijos de Simon Zecanovskya, un sastre judío de Odessa que había llegado con su familia a Inglaterra huyendo de la opresión que sufrían en la Rusia zarista. A los trece años Philip consiguió una beca para estudiar en la Escuela de Arte de St Martins, y tras graduarse comenzó a trabajar para Arks Publicity, una agencia especializada en publicidad para radio. A principios de la década de los 30, un antiguo corrector de estilo de Philip en Arks Publicity llamado William Connor le recomendó para un trabajo en el diario Daily Mirror. Connor, que era articulista del Mirror (firmaba con el seudónimo "Cassandra"), convenció a Philip para que dibujase las viñetas que acompañaban a su columna de actualidad política. Los editores le garantizaban que tendría una completa libertad creativa, sin censura editorial. Así, sin tener ninguna experiencia previa, Philip Zecanovskya se convirtió en Zec, humorista gráfico en uno de los periódicos de mayor tirada de Gran Bretaña.

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, Zec, como los demás dibujantes de la época, dedicó sus viñetas a criticar y ridiculizar al enemigo. Pero a diferencia de otros caricaturistas británicos, que dibujaban a los nazis con rasgos burlescos, él los representaba de forma mucho más siniestra, caracterizados como serpientes o buitres. Zec no escondía su fuerte sentimiento antinazi, probablemente originado por su origen judío. Y el sentimiento era recíproco. Se dice que Zec estaba en la lista negra de las personas que iban a ser ser arrestadas cuando los nazis invadiesen Gran Bretaña.

El 6 de marzo de 1942 el Mirror publicó una viñeta de Zec en la que se mostraba a un superviviente de un naufragio aferrado a unas tablas. No se decía, pero estaba claro que representaba a un marino mercante británico cuyo barco había sido hundido por un submarino alemán. Debajo de la imagen, el texto decía: "El precio de la gasolina se ha incrementado en un penique – Oficial.":


El texto original escrito por Zec era "La gasolina es más cara ahora", pero William Connor le convenció para cambiarlo por otro de mayor impacto. El dibujo formaba parte de una serie de viñetas dedicadas a atacar a los especuladores. El mensaje que se quería dar era que muchos británicos estaban arriesgando sus vidas a diario para conseguir que el combustible llegase al país, y que era inmoral que otros se enriqueciesen especulando con él. Pero no todos lo entendieron así. En el gobierno británico la viñeta provocó una enorme indignación, hasta el punto de que para el propio primer ministro Winston Churchill su publicación había sido un acto de traición. Algunos lo interpretaron como un ataque a las compañías petroleras, acusándolas de lucrarse a costa de las vidas de los británicos con la complicidad del gobierno. El ministro de Abastecimientos, Herbert Morrison, la definió como “una malvada caricatura (…) digna de Goebbels en su mejor momento”, añadiendo una perla dedicada al editor del Mirror, Cecil Thomas: "Solo un editor muy poco patriótico podría aprobarla para su publicación". Ernest Bevin , ministro de Trabajo, aseguraba que la viñeta de Zec había conseguido bajar la moral de las fuerzas armadas y de la población en general.

Churchill pidió al MI5 (el servicio de contraespionaje británico) que investigase los antecedentes de Zec. Aparte de confirmar sus simpatías izquierdistas, conocidas por todo el mundo, no lograron ninguna prueba que le vinculase con organizaciones o actividades subversivas. También se investigó a los accionistas del Daily Mirror, al tiempo que el gobierno se planteaba ordenar el cierre del periódico. Finalmente, la cuestión llegó a la Cámara de los Comunes. Tras muchas peticiones de calma por parte de un buen número de parlamentarios, el gobierno de Churchill decidió dejar el castigo en una severa reprimenda.

Cuatro décadas más tarde, durante la Guerra de las Malvinas, otro humorista gráfico británico llamado Les Gibbard resucitó la viñeta de Zec, dibujándola de forma casi idéntica y con el mismo texto. El revuelo político que provocó también fue similar al de 1942.

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Philip_Zec
http://www.historyatfreeston.co.uk/FBECHistorySite/CAssess2013/CAT2-2013.htm


Cigarrillos Volveré

En marzo de 1942, con las fuerzas filipino-estadounidenses en Luzón acorraladas por los invasores japoneses en la península de Batán y sin esperanza de recibir refuerzos, el general Douglas MacArthur recibió la orden del presidente Roosevelt de abandonar las Filipinas y trasladarse a Melbourne. En un principio, MacArthur se opuso a la orden, incluso cuando el propio presidente filipino, Manuel Quezón, había salido ya del país. Tras muchas protestas, al fin MacArthur aceptó huir acompañado de su mujer, su hijo de cuatro años y un pequeño grupo de oficiales y ayudantes de confianza. El 11 de marzo una lancha torpedera zarpó de Corregidor, burló la vigilancia japonesa y le trasladó a Mindanao. Allí subió en un B-17 en el que llegó finalmente a Australia. El 20 de marzo, tres días después de su llegada al país, pronunció un discurso en Terowie, Australia Meridional, que se haría famoso por una frase: "Salí de Batán y volveré". Su promesa de regresar a las Filipinas ("I Shall Return") se convirtió gracias a la prensa en uno de los lemas propagandísticos más populares de la guerra.

En agosto de 1943 el coronel Courtney Whitney, un oficial de inteligencia destinado en el cuartel general de MacArthur en Australia, propuso utilizar la ya famosa frase del general en distintos productos de uso común y distribuirlos clandestinamente entre la población filipina. Pocas cosas eran tan populares y se compartían tan habitualmente como los cigarrillos, así que las cajetillas de tabaco y las cajas de cerillas eran un medio ideal para hacer llegar el mensaje a los filipinos. La Oficina de Información de Guerra aprobó la idea y se dirigió a la Larus Bro. Tobacco Company, fabricante de la marca Chelsea, que al comienzo de la guerra se había hecho con el contrato para suministrar los paquetes de cigarrillos que se incluían en las raciones de campaña. Para mantener el secreto, la tabaquera reservó un ala de su fábrica en Richmond, Virginia, donde se empaquetaban los cigarrillos destinados a las Filipinas. Se trataba de pequeños paquetes de cuatro cigarrillos en los que aparecían las banderas de Estados Unidos y las Filipinas, una reproducción de la firma del general MacArthur, y el famoso slogan "I Shall Return".

Los cigarrillos "Volveré" y las cajas de fósforos se introducían tras las líneas enemigas lanzándolos durante la noche desde bombarderos B-24 "Liberator" o transportados en los submarinos con los que se abastecía a la guerrilla filipina. Más tarde, los guerrilleros se ocupaban de distribuirlos entre la población.

Es difícil saber el efecto que tuvo la campaña propagandística. Es posible que aquellos pequeños paquetes de cigarrillos ayudasen a mantener viva la esperanza del pueblo filipino en la liberación recordándoles la promesa del general MacArthur. Hoy se han convertido en objetos de colección. Difíciles de conseguir y muy cotizados, por cierto.

Foto:
http://www.forties.net/Fortiesdecade.html


Katiusha



Una joven rusa añora a su amado, que se encuentra en el ejército luchando por su patria en alguna lejana frontera. Esa es toda la historia que cuenta Katiusha, una de las canciones más conocidas de la guerra. Su popularidad fue tal que dio el nombre a unas de las armas más representativas del Ejército Rojo, los lanzacohetes múltiples BM-8, BM-13, y BM-31. Y no solo fue conocida en la URSS, porque los alemanes y sus aliados en el frente oriental se encargaron de popularizarla en toda Europa. Una versión italiana, titulada Fischia il vento, se convirtió junto a Bella Ciao en una de las canciones más célebres de los partisanos antifascistas.

Katiusha (un diminutivo cariñoso de Yekaterina) estaba basada en una canción popular de la época zarista. Fue compuesta en 1938 para la cantante folclórica rusa Lidiya Ruslanova, una de las más famosas de la Unión Soviética en aquellos años. Ruslanova se pasó la guerra actuando en interminables giras por los distintos frentes, levantando la moral de los soldados del Ejército Rojo con sus canciones patrióticas. Al final de la guerra su popularidad no le sirvió de mucho cuando su marido, el teniente general Vladimir Kryukov, comandante del cuerpo de caballería blindada que se había destacado en las campañas de Polonia y Berlín, se enfrentó a Stalin. El general Kryukov fue juzgado en 1947 acusado de traición a la patria y condenado a 25 años de prisión. Ruslanova también fue enviada al gulag por negarse a declarar contra su marido. Ambos permanecieron en prisión hasta la muerte de Stalin, en 1953.

Desde aquella primera cantada por Lidiya Ruslanova hasta hoy se han hecho innumerables versiones de la canción, alguna de ellas realmente impresionante:



Las otras banderas de Yevgeni Khaldei

Hace tiempo que conté en este blog la historia de la fotografía de la bandera soviética ondeando sobre el edificio del Reichstag, tomada por el fotógrafo Yevgeni Khaldei para representar gráficamente la victoria del Ejército Rojo sobre el nazismo:


No fue la única foto de este tipo que hizo Khaldei. Hubo otras "fotos de la victoria". En los días posteriores al final de la batalla de Berlín el reportero gráfico ucraniano recogió escenas muy similares, con soldados soviéticos izando sus banderas en otros lugares simbólicos del poder nacionalsocialista.

Uno de esos lugares era el aeropuerto berlinés de Tempelhof. Inaugurado en 1940, el edificio del vestíbulo principal estaba coronado por la estatua de un águila de cuatro metros y medio de altura:


Cuando los soldados soviéticos subieron a la azotea del edificio a colocar la bandera de la URSS sobre la enorme escultura, Khaldei estaba allí para inmortalizar el momento (o quizá fue él mismo el responsable de la puesta en escena, porque su parecido con la fotografía del Reichstag es bastante sospechoso):


En 1960 la estatua fue retirada con motivo de unas obras en el aeropuerto. Su cabeza fue recuperada por militares estadounidenses y enviada a West Point, donde permaneció hasta 1985, cuando la academia militar la devolvió al aeropuerto berlinés. Desde entonces se encuentra en la plaza que hay frente al edificio.

La historia de la cuádriga que corona la Puerta de Brandenburgo es todavía más movida que la del águila de Tempelhof. Representando a la diosa Victoria en un carro tirado por cuatro caballos, fue instalada originalmente en 1793, retirada y enviada a París por los soldados de Napoleón en 1806, y devuelta a Berlín en 1814. Fue entonces cuando le fueron añadidas una cruz de hierro y un águila, símbolos del militarismo prusiano, que no existían en la escultura original. En 1945 fue muy dañada durante la batalla de Berlín. Retirada tras la guerra, fue restaurada en 1958, de nuevo sin la cruz ni el águila, aunque ambos símbolos serían recuperados en 1991, tras la reunificación alemana.

Miembros de las SA nazis desfilan bajo la Puerta de Brandenburgo en 1934:


Tras la victoria en mayo de 1945, soldados del Ejército Rojo, una vez más con Yevgeni Khaldey como testigo, suben a la Puerta de Brandenburgo para colocar su bandera sobre el monumento:


El fotógrafo Yevgeni Khaldei también quiso aparecer en una de las fotografías:


Fuentes:
http://iconicphotos.wordpress.com/2011/08/02/three-flags-of-khaldei/
http://1977voltios.blogspot.com/2011/08/la-roja-ensena-de-la-victoria.html
http://ozebook.com/wordpress/archives/2981">http://ozebook.com/wordpress/archives/2981
http://www.annefrank.org/en/Subsites/