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Operación Jericó

Jericó estaba cerrada a cal y canto por miedo a los israelitas: nadie salía ni entraba. Yahveh dijo a Josué: “Mira, yo pongo en tus manos a Jericó y a su rey. Vosotros, valientes guerreros, todos los hombres de guerra, rodearéis la ciudad, dando una vuelta alrededor. Así haréis durante seis días. Siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca. Al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las trompetas. Y sucederá que cuando el cuerno de carnero suene, cuando oigáis el sonido de la trompeta, todo el pueblo prorrumpirá en un gran clamoreo, y el muro de la ciudad se derrumbará”.
(Josué 6:1-5)


En febrero de 1944 la RAF recibió el encargo de planificar y ejecutar una misión que aún hoy no está claro si habría que considerar disparatada o desesperada. Se trataba de bombardear la prisión de la ciudad francesa de Amiens, de forma que se derrumbasen sus muros principales pero sin destruir el edificio. Se escogieron cuidadosamente las bombas que se iban a utilizar, que debían tener el poder destructivo justo para conseguir lo que se pretendía. La aproximación se haría a muy baja altura, siguiendo la carretera recta y larga que conducía a la prisión. Se decidió que el mejor momento para el ataque sería el mediodía. A esa hora la mayor parte de los guardias almorzaban en un pabellón adyacente al edificio principal. Ese sería el primer blanco del ataque. Después de neutralizar a los guardias y abrir brechas en los muros de piedra, se esperaba que una buena parte de los 700 presos que albergaba la prisión pudiesen fugarse a través de ellas.

La misión recibió la denominación en clave de operación Jericó (la explicación de por qué se eligió este nombre está en la cita bíblica del principio). Los escogidos para llevarla a cabo fueron los cazabombarderos De Havilland Mosquito del Ala 140 de la 2 ª Fuerza Aérea Táctica. Intervendrían tres escuadrillas de seis Mosquitos cada una: el No. 487 Squadron neozelandés, el No 464 Squadron australiano y el No 21 Squadron británico, además de otro Mosquito de la PRU (unidad de reconocimiento fotográfico), encargado de filmar la misión. Serían escoltados por los cazas Hawker Typhoon del No 198 Squadron de la RAF. El hombre al mando de la operación era el Group Captain (el rango equivalente a coronel en las fuerzas aéreas de la Commonwealth) Percy Charles Pickard.

El plan era sencillo, pero requería de una gran coordinación entre todos los participantes: los Mosquitos de la 487ª escuadrilla serían los primeros en atacar, bombardeando la sala de los guardias y los muros exteriores. Les seguirían los aviones de la 464ª escuadrilla en una segunda oleada, mientras que los de la 21ª escuadrilla permanecerían en reserva por si era necesario un tercer bombardeo. El encargado de decidirlo sería Pickard, que tras participar en el ataque de los australianos se mantendría sobrevolando la prisión para evaluar los daños. Si algo le ocurriese al avión de Pickard, el Mosquito de la PRU ocuparía su lugar.

La fecha fijada para el ataque coincidió con con un temporal de nieve que azotó toda Europa occidental. La mayoría de los tripulantes nunca habían volado en unas condiciones climáticas tan adversas, y menos en un vuelo a baja cota. Pero la misión no se podía aplazar. La mañana del 18 de febrero de 1944 los diecinueve Mosquitos despegaron de Hundson, una base de la RAF situada al norte de Londres. Solo unas horas antes las tripulaciones habían sido informadas de su objetivo. Los aviones sobrevolaron el canal de la Mancha a una altura de entre 30 y 50 metros para evitar la localización de los radares alemanes. Los pilotos tenían orden de mantener silencio de radio. La mala visibilidad hizo que cuatro Mosquitos perdiesen el contacto con la formación y tuviesen que regresar a la base. Un quinto avión abandonó por problemas mecánicos. Aún no habían llegado a la costa francesa y ya habían perdido casi un tercio de sus efectivos.

Ya sobre Francia, buscaron la desembocadura del Somme y la carretera paralela a este río que conducía directamente a Amiens. Cuando localizaron el objetivo hicieron la aproximación a muy baja altura, apenas a 15 metros. A las doce y tres minutos los cinco aviones que quedaban de la escuadrilla neozelandesa atacaron simultáneamente el pabellón de los guardias y los muros este y norte de la prisión con bombas de 250 kilos equipadas con espoletas de retardo (para evitar que las explosiones alcanzasen a los propios aviones que las lanzaban). La sala de los guardias quedó destrozada, pero los observadores no vieron daños significativos en los muros. Tres minutos más tarde fue el turno de los cuatro Mosquitos de la escuadrilla australiana, que bombardearon de nuevo las paredes exteriores. Cuando Pickard sobrevoló la prisión vio a decenas de hombres saliendo a través de una gran brecha en el muro norte. Envió un mensaje a los cuatro aviones de la escuadrilla británica que se mantenían a la espera para ordenarles que iniciasen el regreso. El objetivo de la misión se había cumplido.

Cuando se alejaban de Amiens, el avión de Pickard fue atacado por un caza Focke-Wulf Fw 190. El Mosquito se estrelló a unos 12 kilómetros al norte de la prisión, muriendo Pickard y su navegante, el Flight Lieutenant (capitán) Alan Broadley. Un Mosquito australiano fue alcanzado por una batería antiaérea cerca de Dieppe. Los impactos mataron al navegante y dejaron muy dañado al avión. El piloto consiguió aterrizar de panza en un campo nevado y fue capturado por los alemanes. Otros tres Mosquitos también resultaron dañados, aunque pudieron regresar a Inglaterra.

Unos 250 prisioneros lograron escapar, aunque la mayor parte (más de 150) fueron vueltos a capturar en poco tiempo. No se sabe cuántos de ellos eran miembros de la Resistencia.

La operación Jericó fue probablemente la primera misión de bombardeo de precisión a baja altura de la historia. La dificultad era enorme: tenían que efectuar la aproximación casi a ras del suelo y atacar de forma coordinada unos objetivos muy concretos. Y a pesar de la precipitación con la que se preparó (el propio Pickard, el comandante de la misión, sin experiencia en vuelo a bajo nivel, tuvo que recibir un entrenamiento intensivo previo de solo diez horas), la ejecución fue casi perfecta.

Pero por muy quirúrgico que hubiese sido el bombardeo, era inevitable que se produjesen lo que ahora se llaman “daños colaterales”. No está claro cuánta gente murió en el ataque. Puede que el número superase ampliamente el centenar. Tampoco hay unanimidad sobre qué porcentaje de las víctimas eran presos. A menudo se da la cifra de cien reclusos muertos. Fue sin duda un coste excesivo, aunque debería entrar dentro de lo esperable. La operación Jericó es muy difícil de justificar, no solo desde un punto de vista ético, sino incluso desde el de su supuesta utilidad práctica. La RAF se limitó a informar del desarrollo de la misión, sin explicar las razones estratégicas que la motivaron. Al parecer la decisión de bombardear la prisión partió del MI6, el servicio de inteligencia británico, aunque no está claro cuál era el objetivo concreto, si es que lo había. En teoría se buscaba liberar a los miembros de la Resistencia francesa encarcelados en la prisión. Se dijo el bombardeo había sido solicitado por la propia Resistencia, y que se trataba de dar alguna posibilidad de supervivencia a decenas de prisioneros que iban a ser ejecutados al día siguiente. Pero esas parecen justificaciones a posteriori. En realidad la gran mayoría de los reclusos eran presos comunes, y desde diciembre de 1943, cuando habían sido fusilados doce miembros de la Resistencia, no se habían producido ejecuciones en Amiens.

Durante mucho tiempo ha estado muy extendida la creencia de que el objetivo real de los británicos era matar a dos de sus hombres, dos agentes de inteligencia capturados y enviados a Amiens, y así evitar que la Gestapo pudiese obtener de ellos información vital. Yo recuerdo haber visto algo parecido en una película, aunque no puedo acordarme ni del título ni de las circunstancias concretas (ni siquiera si la acción se desarrollaba en Francia). No parece nada creíble. Tenían que estar muy desesperados y tener una información muy precisa (sobre dónde se encontrarían exactamente sus agentes en el momento del ataque) para intentar algo así. También se dijo que la operación se decidió tras la detención por la Gestapo de Raymond Vivant, viceprefecto de Abbeville, quien supuestamente tenía información de gran importancia para los aliados. Vivant fue uno de los que aprovecharon el bombardeo para fugarse. El problema en este caso es que había sido detenido solo unos días antes, cuando el plan ya estaba en desarrollo.

Así que nos queda la versión oficial: el objetivo del bombardeo era permitir la fuga del mayor número posible de presos. Podemos suponer que realmente esperaban que entre ellos hubiese muchos miembros de la Resistencia. Faltaban apenas tres meses para el desembarco en Normandía. Los aliados necesitaban que en el momento adecuado todas las redes de resistencia del norte de Francia intensificasen los ataques para entorpecer los movimientos de tropas alemanas hacia las playas de desembarco. Pero extrañamente la operación no se realizó a petición del SOE, el organismo del que teóricamente dependían las acciones de sabotaje en territorio enemigo, sino del MI6, el servicio de espionaje. Se ha sugerido también que Jericó pudo ser una de las operaciones de engaño que pretendían hacer creer a los alemanes que el desembarco se iba a producir en la región de Calais (Amiens está cerca del extremo norte del país, a poca distancia de Pas-de Calais). Pero la fecha del ataque es demasiado temprana para pensar en esa posibilidad. Las operaciones de engaño empezaron bastante más tarde, y de hecho la operación Fortitude aún no existía oficialmente. Además, dependía del MI5, el contraespionaje británico, no del MI6.

Es posible que no haya ningún misterio, que el MI6 ordenase la operación porque fue el departamento que obtuvo la información que la hizo posible, y que realmente creyesen que iban a salvar la vida a un gran número de miembros de la Resistencia. En cualquier caso, es difícil que la operación Jericó se libre algún día de la polémica que siempre la ha acompañado.

Noor Inayat Khan


Noor Inayat Khan era la hija mayor del matrimonio formado por Hazrat Inayat Khan, un maestro sufí y músico perteneciente a una importante familia de la nobleza musulmana india (descendiente del sultán Fateh Ali Tipu, histórico monarca del antiguo reino de Mysore), y la estadounidense Ora Meena Ray Baker, hermana de otro conocido maestro sufí. Nació en San Petersburgo el 2 de enero de 1914. Pocos meses más tarde, cuando la Gran Guerra estaba a punto de estallar, la familia abandonó Rusia y se estableció en Londres, donde nacieron los tres hermanos de Noor. Al término del conflicto los Inayat Khan se mudaron a Suresnes, cerca de París. En Francia Noor creció en un ambiente culto y cosmopolita. Estudió psicología infantil en la universidad de la Sorbona y música en el Conservatorio de París. Comenzó su carrera artística escribiendo poemas y cuentos infantiles para diversas publicaciones. En 1939 publicó su primer y único libro, Veinte cuentos Jataka, una recopilación de cuentos de tradición budista.

En junio de 1940, cuando Francia estaba siendo invadida por las tropas alemanas, Noor, su madre y sus hermanos (su padre había muerto en 1927) huyeron del país y regresaron a Gran Bretaña. Aunque nunca había vivido en la India, Noor se sentía india de corazón y estaba en contra del dominio colonial británico. Además siempre había sido una seguidora incondicional de las enseñanzas de su padre, un pacifista “radical”. Sin embargo, en Inglaterra decidió que no podía quedarse al margen y que su deber era unirse a la lucha para derrotar los nazis.

En noviembre de 1940 Noor se alistó en la WAAF (Women's Auxiliary Air Force, el cuerpo auxiliar femenino de la RAF). Un año más tarde fue reclutada por el SOE (Special Operations Executive), la organización encargada de las operaciones encubiertas en territorio controlado por el enemigo. Durante su formación como agente adoptó el alias de Nora Baker. A mediados de 1943, de forma bastante apresurada, fue designada como agente de enlace del SOE con uno de los principales grupos de resistencia de la zona de París. Probablemente habría necesitado algo más de entrenamiento, pero la destreza que demostró como operadora de radio, su conocimiento del país y del idioma, y, sobre todo, la dramática escasez de agentes experimentados que por entonces sufría el SOE, hicieron que fuese destinada a Francia antes de tiempo.

Noor, que utilizaría el nombre en clave de Madeleine, fue la primera mujer del SOE enviada como operadora de radio a territorio enemigo. La noche del 16 al 17 de junio de 1943 un pequeño avión de enlace Westland Lysander la dejó en una pista de aterrizaje improvisada en el norte de Francia. Allí la estaban esperando miembros del grupo de resistencia conocido con el nombre en clave de Physician. Su llegada a París se produjo en el peor momento posible. La red Physician había sido infiltrada por agentes alemanes, y el SD (Sicherheitsdienst, “Servicio de Seguridad”, parte del imperio de las SS) se disponía a lanzar contra ella una campaña de hostigamiento, redadas y arrestos masivos. Seis semanas más tarde la organización había sido desmantelada casi en su totalidad. Por entonces, Noor, ocultándose bajo la identidad falsa de Jeanne-Marie Regnier, era la única operadora de radio de la organización de resistencia que aún no había sido capturada.

Los responsables de la Sección F trataron de organizar la evacuación de Noor, conscientes del peligro que corría, pero ella se negó a regresar a Londres y abandonar a sus compañeros franceses. Su trabajo era vital para mantener operativo lo que quedaba de la red y tratar de reconstruirla. Pero los británicos no eran los únicos que conocían la importancia de su misión. El SD tenía su descripción y conocía su nombre en clave, Madeleine. Los alemanes sabían que si lograban capturarla se cortarían definitivamente las comunicaciones entre Londres y una de las redes principales de la resistencia francesa. Noor se convirtió en el agente enemigo más buscado por servicios de seguridad alemanes en París. Se mantenía continuamente en movimiento, limitando sus comunicaciones por radio a unos pocos minutos cada vez para evitar ser localizada.

Noor logró burlar a sus perseguidores durante semanas, hasta que finalmente, a mediados de octubre, fue capturada por el SD. Parece que su arresto fue debido a una traición, aunque hay al menos dos versiones distintas sobre cómo ocurrió. Unos creen que fue traicionada por Henri Dericourt, un agente francés del SOE, ex piloto de la Fuerza Aérea Francesa, del que se sospecha que era un agente doble. Otros piensan que la entregó una resistente llamada Renée Garry, según se dice celosa por la relación de Noor con otro agente del SOE del que estaba enamorada.

Noor fue conducida al cuartel general de la Gestapo en París. Durante más de un mes fue sometida a continuos interrogatorios. No hay pruebas de que fuese torturada físicamente. Tampoco hay ninguna evidencia de que aceptase cooperar ni de que compartiese cualquier tipo de información con los alemanes. En realidad no fue necesario. Incumpliendo las normas de seguridad más elementales (posiblemente a causa de un entrenamiento deficiente y de la precipitación con la que se decidió su envío a Francia), Noor había guardado una copia de todos los mensajes que había intercambiado con el SOE. Cuando los agentes del SD encontraron sus cuadernos de notas, los alemanes pudieron utilizar toda aquella información para mantener las comunicaciones con Londres haciéndose pasar por Madeleine y haciéndoles creer que seguía en libertad.

Por lógica, al conocer el acoso al que estaban siendo sometidos sus agentes en Francia por parte del contraespionaje alemán, el SOE habría estado obligado a extremar las medidas de seguridad, pero de forma inexplicable en la Sección F se limitaron a dar por buenos los mensajes que recibían de la falsa Noor, sin más comprobaciones. Peor aún, una colaboradora francesa del SOE llamada Sonya Olschanezky (de nombre en clave Tania) se las había arreglado para alertar a Londres del arresto de Madeleine, pero al provenir de una agente de importancia secundaria el aviso no se consideró fiable y fue ignorado. Como resultado, las falsas transmisiones continuaron y tuvieron como consecuencia el arresto y la ejecución de un buen número de agentes del SOE en Francia, entre ellos la propia Olschanezky. Varios agentes enviados desde Inglaterra fueron capturados nada más pisar suelo francés.

El 25 de noviembre Noor fue descubierta cuando trataba de huir del edificio del SD en París a través del tejado aprovechando el caos que siguió a una alerta de ataque aéreo. Dos días después se decidió su traslado a la prisión de Pforzheim, en el sur de Alemania. Considerada una prisionera muy peligrosa, permaneció en total aislamiento los diez meses que estuvo allí encarcelada.

El 11 de septiembre de 1944 Noor Inyayat Khan fue trasladada desde Pforzheim al campo de concentración de Dachau junto a otras tres agentes capturadas del SOE, la británica Eliane Plewman y las francesas Yolande Beekman y Madeleine Damerment. Dos días más tarde, la mañana del 13 de septiembre, las cuatro mujeres fueron ejecutadas de un tiro en la nuca.

En el año 2012 se inauguró un busto de Noor Inayat Khan en el parque londinense de Gordon Square. Se dice que es el único monumento que existe en Gran Bretaña dedicado a una mujer musulmana.

Operación Fortitude, el mayor engaño de la historia

La operación Fortitude nació oficialmente el 26 de febrero de 1944. Ese día el general Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa occidental, emitió una directiva de alto secreto en la que comunicaba la puesta en marcha de un complejo plan con el que se pretendía hacer creer a los alemanes que Normandía no era el objetivo principal de la gran ofensiva que se estaba preparando (conocida con el nombre en clave de operación Overlord). Fortitude englobaba dos grupos de medidas: las que tenían como finalidad ocultar los preparativos auténticos y las que trataban de engañar al enemigo dándole todo tipo de información falsa (como el nombre y la composición de las unidades aliadas, sus zonas de despliegue o sus objetivos). Ambos aspectos entraban dentro de las competencias del MI-5, el servicio de contraespionaje británico.

En cuanto a las medidas de seguridad y contrainteligencia, en los meses anteriores a Overlord se tomaron precauciones sin precedentes: Por ejemplo, los servicios de correo aéreo entre Gran Bretaña y el continente fueron suspendidos, y la correspondencia terrestre se retrasó de forma que si alguna información eludía la censura y llegaba a los alemanes lo haría con tanta demora que habría perdido gran parte de su utilidad. Llegaron a decretarse restricciones a las comunicaciones diplomáticas, tanto de países aliados como neutrales.

En cuanto al engaño, se emplearon tres métodos distintos para proporcionar información falsa al enemigo:

- Camuflaje y simulación por medio de maquetas y decorados para engañar al reconocimiento aéreo. Las técnicas de enmascaramiento y engaño visual se habían desarrollado mucho en los años anteriores, especialmente en el teatro norteafricano (en el desierto constituían un elemento vital de cualquier operación militar). Amplias zonas del sur de Inglaterra se llenaron de tiendas, tanques, vehículos y armas falsas de todo tipo, construidas en cartón, lona o goma, simulando el despliegue de unidades imaginarias preparándose para el asalto a la Europa continental. Fue el medio de engaño que más recursos humanos y materiales requirió. Y también el menos rentable. Ante la aplastante superioridad aérea aliada, y a pesar de la vital necesitad de información fiable que tenían los alemanes, la Luftwaffe prácticamente renunció a los vuelos de reconocimiento sobre territorio británico, por lo que todo aquel trabajo acabó siendo casi inútil.

- Falsas comunicaciones de radio. Si se quería que el engaño fuese creíble, cada una de las inexistentes unidades que formaban parte del plan tenía que generar tráfico de radio desde las zonas en las que teóricamente estaban desplegadas. Un pequeño ejército de radiooperadores era el encargado de simular las comunicaciones cotidianas de todas aquellas unidades.

- Agentes dobles. Fueron con diferencia el factor más decisivo en Fortitude. La red de agentes dobles británicos estaba controlada por una sección del MI-5 conocida como Comité XX (o Double Cross). Algunos, como el yugoslavo Dusko Popov, de nombre en clave Tricicle, habían llegado a Inglaterra siendo ya agentes británicos. Pero la mayor parte eran espías enviados por los alemanes al Reino Unido, que tras entregarse o ser capturados habían aceptado colaborar con la contrainteligencia británica para librarse de la ejecución. Ese era el caso del polaco Roman Czeriawski, alias Brutus, uno de los que tuvieron un papel más importante en Fortitude. La historia más sorprendente fue la del más decisivo de todos los agentes dobles, el español Juan Pujol García, Garbo, que se había ofrecido por su cuenta al Abwehr como espía en Gran Bretaña y había estado enviando a los alemanes información totalmente inventada desde meses antes de comenzar a trabajar para el MI-5. También sorprendente fue el caso de Pandora, el nombre en clave de un nacionalista irlandés que se había ofrecido gustosamente a espiar para los alemanes. En realidad Pandora nunca existió. Se trataba de un personaje virtual creado por el Comité XX con la única finalidad de pasar información falsa a Abwehr.

Los tres medios de engaño tenían que estar coordinados. Por ejemplo, había que conseguir que la información suministrada por los agentes dobles pudiese ser confirmada por los posibles reconocimientos aéreos del enemigo o por sus escuchas de radio, y sobre todo tener cuidado de que las distintas fuentes no cayesen en contradicciones.

La operación Fortitude estaba constituida por dos planes independientes principales, conocidos como Fortitude Norte y Fortitude Sur. Simultáneamente se pusieron en marcha otros de menor magnitud, con los que se pretendía aumentar la confusión del enemigo sobre los auténticos objetivos. Entre los planes secundarios estaban la operación Royal Flush, consistente en un ataque imaginario a tres países neutrales (España, Turquía y Suecia), la operación Zeppelin, que simulaba los preparativos de una ofensiva en los Balcanes (con desembarcos en la costa rumana del mar Negro, en Creta y en el oeste de Grecia y Albania), o la operación Ironside, un desembarco en la costa francesa del golfo de Vizcaya.

Fortitude Norte consistía en una amenaza de ataque a Noruega por parte del inexistente 4º Ejercito Británico, formado en teoría por las divisiones británicas 3ª y 52ª y la 3ª División de Infantería canadiense. En realidad Fortitude Norte era la continuación de un plan anterior, la operación Tindall, puesta en marcha en el verano de 1943 (por entonces se trataba de fijar fuerzas alemanas en el norte de Europa y evitar que reforzasen los frentes oriental y mediterráneo). Tindall simulaba los preparativos para un desembarco en Stavanger, en el sur de Noruega, que supuestamente iba a estar sincronizado con un ataque soviético en el norte del país. En Fortitude Norte se cambió el objetivo por Trondheim, más al norte, e igualmente requirió la colaboración soviética para simular que se estaba preparando una ofensiva conjunta. Por parte británica el engaño se basaba en una combinación de movimientos auténticos e imaginarios de las fuerzas navales que iban a participar en el desembarco de Normandía. Gran parte de la flota se había concentrado en los puertos de la costa oriental de Escocia, fuera del radio de acción de los bombarderos o las torpederas enemigas. Los alemanes serían informados de ello por su red de agentes en Gran Bretaña (en realidad agentes dobles controlados por el Comité XX), y, según se esperaba, lo confirmarían con reconocimientos aéreos. Se pretendía sugerir que la presencia de los buques tan al norte no se debía solo a razones de seguridad. Más tarde, cuando la flota zarpase y se dirigiese a los puertos del sur de Inglaterra para participar en Overlord, los agentes dobles informarían de que se estaban desplazando a la costa occidental escocesa, donde teóricamente estaban concentradas las tropas que iban a desembarcar en Noruega.

Fortitude Norte fue un fracaso relativo, ya que, aunque la inteligencia alemana no se tomó demasiado en serio la amenaza noruega, el objetivo se cumplió y Hitler mantuvo inmovilizados cientos de miles de hombres en el país escandinavo hasta el final de la guerra. Pero en realidad el Führer había basado aquella decisión en sus elucubraciones de estratega de salón, más que en las informaciones de sus servicios de inteligencia.

Fortitude Sur, más compleja, tenía como objetivo crear la amenaza de una gran operación anfibia en la costa francesa entre Calais y Boulogne. Igual que la anterior, consistía en suministrar al enemigo una estudiada mezcla de informaciones auténticas y falsas de modo que la visión de conjunto sugiriese que los aliados estaban preparando el asalto a Europa a través del sector más oriental del Canal de la Mancha.

Si Fortitude Norte era una actualización de la operación Tindall, Fortitude Sur lo era de otro plan del verano de 1943, la operación Starkey, que había consistido en simular un intento de desembarco en las costas francesas a cargo de un inexistente (en aquel entonces) 21º Grupo de Ejércitos. Los agentes dobles habían informado con insistencia de los preparativos, esperando dar la impresión de que era una amenaza realmente grave. Los alemanes recibieron incluso la fecha exacta del ataque, el 8 de septiembre de 1943. Ese día una flota de desembarco zarpó de Southampton y se adentró en el canal hasta avistar Calais. A continuación los buques dieron media vuelta y se dedicaron a hacer ejercicios de desembarco en las costas inglesas. Aquella operación fue un valioso ensayo para Fortitude. Sirvió para detectar errores, como la ausencia de coordinación entre la información que se trataba de hacer llegar al enemigo y las noticias que se publicaron en la prensa. Los diarios británicos especularon mucho sobre qué había ocurrido realmente, si de verdad había sido un ejercicio, como decía la versión oficial, o si fue un ataque cancelado en el último momento, como se quiso hacer creer a los alemanes.

En contra de lo que se suele pensar, Fortitude Sur no tenía como objetivo ocultar los desembarcos en Normandía. Se trataba de un engaño bastante más sofisticado: la idea era hacer creer que había dos grupos de ejércitos aliados preparándose para dos operaciones anfibias independientes. Supuestamente la de Normandía era la de menor magnitud, y serviría como distracción para el ataque principal que se iba a realizar a través del Paso de Calais. El orden de batalla de las fuerzas que se preparaban para desembarcar en Normandía fue transmitido a Alemania por los agentes dobles, y era esencialmente el correcto: el ataque lo realizaría el 21º Grupo de Ejércitos del general Montgomery, formado por el 1º Ejército de los Estados Unidos y el 2º Ejército Británico, al mando de los generales Bradley y Dempsey, respectivamente. También informaron del comienzo de la invasión, aunque lo hicieron pocas horas antes, sin dar tiempo a los alemanes a reaccionar. Había que evitar que la información que enviaban resultase ser falsa, porque era vital continuar con el engaño después del Día D. Se trataba de mantener la amenaza de un imaginario FUSAG (First United States Army Group) contra el Paso de Calais, que fijase fuerzas alemanas en la zona mientras los aliados aseguraban las cabezas de playa en Normandía. Este segundo ataque no tenía que parecer inminente, para que las tropas alemanas permaneciesen inmovilizadas en la zona de Calais el mayor tiempo posible. Además, por una cuestión logística, un desembarco casi simultáneo no habría sido creíble. Se suponía que los aliados iban a necesitar parte de la flota de transporte y de desembarco que se estaba utilizando en Normandía para el ataque definitivo en Calais.

El éxito de Fortitude Sur fue completo. El 6 de junio de 1944, cuando comenzaron los desembarcos en Normandía, el OKW (Estado Mayor de la Wehrmacht) llegó a la conclusión de que se trataba de una maniobra de distracción. En un primer momento Hitler ordenó contraatacar únicamente con las fuerzas disponibles en la zona de los desembarcos. Más tarde permitió que se movilizasen las divisiones situadas en la región de París, pero las desplegadas más al norte, en el Paso de Calais permanecieron en sus posiciones, esperando un ataque que nunca llegaría. El 24 de julio, casi cincuenta días después del Día D, el Führer aún insistía ante sus generales asegurando que el ataque principal tendría lugar en cualquier momento en la costa de Calais.

En aquellas mismas fechas, hacia el 20 de julio, el 1º Ejército Canadiense y el 3º Ejército Estadounidense desembarcaron en Normandía. Ambas formaciones (reales) habían constituido hasta entonces el imaginario FUSAG. Para mantener la amenaza contra las costas del Paso de Calais se decidió que ocupasen su lugar los inexistentes 14º Ejército de los Estados Unidos, supuestamente recién llegado de América, y el 4º Ejército Británico, el mismo que en teoría había estado preparándose para desembarcar en Noruega (Fortitude Norte). Los agentes dobles informaron puntualmente de los cambios y del abandono definitivo de los planes de desembarco en la península escandinava.

Había un detalle más difícil de justificar. Al mando del 3º Ejército de los Estados Unidos estaba el general George Patton, el mismo que hasta entonces había figurado en todos los informes como comandante supremo del FUSAG. Para explicar por qué el general a cargo de todas las fuerzas que iban a desembarcar en el Paso de Calais había aparecido en Francia al frente de un ejército hubo que inventarse una historia, muy creíble para todo el que conociese la personalidad de los protagonistas: Para explotar el éxito que habían tenido los desembarcos en Normandía, mucho mayor de lo esperado, Montgomery había exigido a Eisenhower que reforzase su 21º Grupo de Ejércitos con unidades del FUSAG. Aquello implicaba que el ataque a través del Paso de Calais perdería importancia y tendría que ser aplazado. Patton, herido en su orgullo, se opuso y se enfrentó abiertamente a Eisenhower, que castigó su insubordinación quitándole el mando del FUSAG y enviándole a Francia al mando del 3º Ejército. Ponerle a las órdenes de Montgomery habría supuesto una humillación demasiado grande, así que Eisenhower, en una precipitada reorganización, ordenó que los dos ejércitos estadounidenses que se habían enviado a Francia, el 1º y el 3º, se uniesen en una nueva formación bajo el mando del sumiso general Bradley. El resultado fue la creación del 12º Grupo de Ejércitos de los Estados Unidos. Aunque los hechos eran completamente inventados, todos los personajes y las formaciones que aparecían en esta enrevesada historia eran auténticos.

A mediados de agosto hubo una nueva reestructuración del ficticio FUSAG, cuando el también ficticio 14º Ejército de los Estados Unidos lo abandonó para formar una reserva estratégica que apoyaría en caso necesario a las fuerzas desembarcadas en Normandía. En su lugar se creó el 1º Ejército Aerotransportado, con las divisiones estadounidenses 101ª y 82ª, que habían regresado de Normandía (reales, por tanto), y otras imaginarias. A comienzos de septiembre el 4º Ejército Británico dejaba también el FUSAG, y lo que había nacido como una operación anfibia se transformó en una fuerza preparada para realizar una operación aerotransportada a gran escala, con un objetivo mucho menos definido. Poco después el 1º Ejército Aerotransportado se convirtió en una unidad real, y sus auténticas divisiones de paracaidistas saltaron sobre Holanda durante la desastrosa operación Market Garden. Aquella fue la última aparición del fantasmal FUSAG antes de su disolución definitiva en octubre de 1944.

El extraño caso del espía travestido

El teniente coronel Dudley Clarke era uno de los hombres más notables de la inteligencia británica. Como director de la sección del MI9 para Oriente Medio, fue el responsable de innumerables operaciones de desinformación y engaño estratégico en toda el área del Mediterráneo. Sus exitosos métodos no tardaron en llamar la atención de sus superiores en Londres, y a finales de septiembre de 1941 recibió orden de viajar a la capital británica para informar con detalle de sus actividades. A mediados de octubre inició el viaje de regreso a su cuartel general de El Cairo, vía Lisboa, Madrid y Gibraltar.

La noche del 17 de octubre el coronel Clarke fue detenido en una calle de Madrid por la policía española. Llevaba los labios pintados con carmín y vestía completamente con ropas de mujer: vestido estampado de flores, collar de perlas, zapatos de tacón, bolso, e incluso sostén.

Cuando le interrogó la policía, Clarke dijo ser un corresponsal de The Times llamado Wrangal Craker. Explicó que estaba escribiendo una novela, y que se había vestido de aquella manera para estudiar las reacciones que provocaban las mujeres en los hombres cuando se cruzaban con ellas por la calle.

Al día siguiente un funcionario de la embajada británica telegrafió a Londres para informar de lo sucedido. En su informe incluyó una explicación alternativa a la que Clarke había dado a la policía española: “El cónsul que le vio esta mañana le encontró tranquilo y despreocupado, pero le contó una historia diferente. Llevaba las prendas a una dama de Gibraltar y pensó en ponérselas como una broma. Esto difícilmente cuadra con el hecho de que las prendas femeninas y los zapatos le quedan perfectos” (este último comentario parece hecho con un poco de mala leche). Además, entre otras cosas, explicó que a Clarke se le había encontrado “otro juego completo de ropa de mujer, el uniforme de un corresponsal de guerra (...) y un rollo de papel higiénico extrafino, que ha entusiasmado particularmente a la policía...”

Fotografías del coronel Clarke tomadas por la policía española:


La detención provocó una enorme alarma en Londres. Por un lado, el servicio secreto británico estaba aterrorizado por la posibilidad de que quedase al descubierto la tapadera del coronel Clarke, que ya por entonces era uno de sus agentes más valiosos. Y por otro, el gobierno temblaba al pensar que la historia pudiese hacerse pública y al imaginar el uso que podía hacer de ella la propaganda alemana. Como decía el informe de la embajada: “No necesito señalar el daño que este incidente nos va a hacer (…) Ya han comenzado las bromas sobre el editor de The Times que se hace pasar por mujer”.

“El hecho de que él es un oficial británico puede que sea desconocido para las autoridades españolas y debe mantenerse en secreto. Informe también si muestra signos de trastorno mental”, fue la respuesta de las autoridades de Londres al telegrama de la embajada en Madrid. El mismísimo primer ministro Winston Churchill mostró su preocupación por el episodio y dio instrucciones para que el coronel Clarke, en cuanto fuese puesto en libertad, regresase a Inglaterra a la mayor brevedad posible para dar explicaciones.

Finalmente la policía española archivó el tema como un “asunto homosexual” y dejó en libertad a Clarke tras hacerle pagar una multa.

Tal como se le había ordenado, el coronel Clarke regresó a Lisboa y allí embarcó en el primer barco que encontró, el Ariosto, un mercante británico que iba a zarpar con destino a Liverpool. El 24 de octubre el barco fue torpedeado y hundido por un submarino alemán. Clarke y el resto de supervivientes fueron trasladados a Gibraltar. Churchill aceptó entonces que fuese el gobernador de la colonia, Lord Gort, quien entrevistase al coronel. No se sabe con qué argumentos, Clarke convenció al anciano gobernador, que acabó aceptando sus explicaciones y concluyó que “podemos esperar razonablemente que esta escapada y sus consecuencias le han castigado lo suficiente como para que se muestre más prudente en el futuro”.

La gran duda es qué hacía Clarke en una calle de Madrid vestido de mujer. No hay nada que indique que su comportamiento tuviese una motivación sexual. Parece que tenía un gran sentido del humor, pero tampoco creo que pensase que la España de 1941 estaba para muchas bromas. En realidad lo más probable es que hubiese decidido disfrazarse para seguir o vigilar a alguien, o quizás para ponerse a prueba a sí mismo. Clarke no era un agente de campo, pero imaginemos que se encontró en Madrid con algún personaje sospechoso y no tenía a nadie a quien recurrir. Con su experiencia en operaciones de inteligencia pudo pensar que estaba perfectamente capacitado para hacer un trabajo de seguimiento. Evidentemente se equivocó. Y quedó en el más espantoso de los ridículos.

Pese a todo, el episodio de Madrid no afectó a la carrera militar de Clarke. Una carrera brillante, por otro lado. Fue sin duda un genio de la desinformación. Buena parte de las operaciones de engaño previas a la batalla de El Alamein y a los desembarcos en Sicilia y Normandía fueron obra suya. Como por ejemplo, la operación Copperhead, que hace ya tiempo comenté en este blog. También, aunque esto fue anterior a su “aventura” española, tuvo un papel decisivo en la creación de los Commandos británicos (también lo conté aquí hace tiempo) e incluso en la de los Rangers estadounidenses. Se retiró con el rango de general de brigada y con el reconocimiento de todos a su extraordinaria trayectoria.

John Cairncross, el quinto de Cambridge

“Los Cinco de Cambridge” es el nombre por el que se conoce a una de las redes de espionaje más famosas de la historia. Todos sus miembros fueron reclutados por el NKVD (el antiguo nombre del KGB) en la década de los 30, cuando eran estudiantes de la Universidad de Cambridge, y durante quince años se dedicaron a hacer carrera en los servicios de inteligencia o diplomáticos británicos, alcanzando puestos de la más alta responsabilidad desde los que actuaban como topos de Moscú. Cuando se desarticuló la red, en 1951, Kim Philby ocupaba el cargo de agente de enlace entre el servicio secreto británico y la CIA estadounidense, y muchos le veían como un futuro jefe de los servicios de inteligencia de su país, mientras que Guy Burgess y Donald Maclean eran altos funcionarios del Foreign Office. Un cuarto miembro, un profesor de Bellas Artes llamado Anthony Blunt, no fue descubierto en un primer momento, y de hecho su nombre no se dio a conocer al público hasta 1979, solo cuatro años antes de su muerte (le benefició ser asesor de arte de la reina de Inglaterra y una persona muy cercana a la familia real).

Durante mucho tiempo se ha especulado sobre la identidad del “quinto de Cambridge”, aunque en realidad no hay demasiado misterio. Él mismo confesó en 1951, su testimonio sería corroborado por las declaraciones de Blunt en 1964 y por las del desertor del KGB Oleg Gordievski en 1985, y la confirmación definitiva llegaría con la desclasificación de los archivos soviéticos en la década de los 90. Aun así, sigue siendo un personaje discutido, probablemente porque su caso era especial: había conocido al grupo en su época de estudiante en Cambridge, compartió con ellos los mismos agentes de enlace soviéticos durante los años que fue un agente activo, y fue descubierto a raíz de la caída del resto de la red, pero en realidad nunca formó parte de ella. La suya era más bien una guerra en solitario. Y sin embargo, y a pesar de ser el menos famoso de todos, fue el que más habilidad demostró infiltrándose en diversos organismos y centros de poder y consiguiendo información de la mayor importancia para Moscú.


John Cairncross era un escocés de origen modesto, uno de los ocho hijos de una maestra de escuela y el empleado de una ferretería. Seguramente por eso su relación con los otros componentes de la red fue siempre distante, y en ocasiones hostil. En el elitista Trinity College de Cambridge él no era más que un estudiante becado, mientras que los demás provenían de importantes familias aristocráticas (serían comunistas, pero hasta ciertos límites). Cairncross estuvo un año estudiando en París con una beca de la Universidad de La Sorbona, y parece que fue allí donde abrazó el comunismo. A su regreso aceptó colaborar con el NKVD, pero no fue captado por Theodor Maly, el agente que reclutó al resto del grupo, sino por un colaborador de segunda fila de la célula comunista de Cambridge llamado James Klugmann (hasta en eso se notaban las clases). En 1936, tras acabar sus estudios de literatura francesa y alemana, se presentó a las oposiciones para entrar en el civil service, consiguiendo la mejor nota de su promoción. Comenzó a trabajar en el Foreign Office y durante un tiempo estuvo entregando a la inteligencia soviética información de poca trascendencia. Más tarde pidió un traslado al Departamento del Tesoro y el NKVD se olvidó de él. Hasta 1940, con Gran Bretaña ya en guerra contra Alemania, cuando se convirtió en secretario particular de Lord Hankey, ministro sin cartera y asesor de los gobiernos de Chamberlain y Churchill. Por sus manos comenzaron a pasar documentos de la mayor importancia, y fue entonces cuando el servicio secreto soviético decidió despertar a su agente “dormido”. Las informaciones más valiosas que consiguió en esa época fueron las referidas al funcionamiento de la parte británica del comité anglo-soviético encargado de coordinar el envío de material bélico a la URSS. Su nombre en clave para la inteligencia soviética era “Carelio”.

En marzo de 1942 Moscú le pidió que solicitase su traslado a Bletchley Park, el centro secreto encargado de la descodificación de las radiocomunicaciones alemanas. El gobierno británico compartía con la URSS por los canales oficiales parte de la información que se obtenía de la desencriptación de la Enigma, pero Stalin desconfiaba de sus aliados (tratándose de Stalin no es ninguna sorpresa) y quería tener acceso a los mensajes originales. Aunque los británicos no explicaban por qué medio conseguían la información (lo que implicaba, entre otras cosas, no entregar directamente las transcripciones de las comunicaciones alemanas), para la inteligencia soviética no era un secreto la existencia de Bletchley Park ni el trabajo que se realizaba allí. Cairncross fue destinado al grupo encargado del análisis de las comunicaciones de la Luftwaffe. Durante meses, al terminar la jornada, escondía en sus pantalones las transcripciones que tenía que destruir y las entregaba en Londres a su contacto del NKVD. En los primeros meses de 1943 consiguió sus informaciones más valiosas: la situación de los aeródromos alemanes en la URSS y el despliegue de las escuadrillas de la Luftwaffe durante los preparativos de la operación Citadelle. Aquella fue la última gran ofensiva alemana en el frente oriental, y su fracaso (con la derrota en la batalla de Kursk) supuso un punto de inflexión en la guerra. Los analistas británicos habían proporcionado a los soviéticos informes detallando los planes alemanes, pero gracias al Carelio la Stavka pudo disponer además de las transcripciones originales de las comunicaciones enemigas. Los soviéticos reconocieron su trabajo concediéndole la Orden de la Bandera Roja. No le entregaron la condecoración físicamente (como es lógico), pero Cairncross se emocionó cuando su agente de enlace se la mostró en una de sus reuniones en un parque de Londres. Poco más tarde pidió permiso a sus superiores en el NKVD para abandonar Blethcley Park. Estuvo unos años destinado en puestos de poca relevancia, hasta que en 1948 le concedieron un destino en la sección del Departamento del Tesoro encargada de las industrias de defensa, lo que le convirtió de nuevo en uno de los agentes soviéticos más valiosos de todos los que operaban en Gran Bretaña.

Tras el descubrimiento de la red de Cambridge y la huida a la URSS de Philby, Burgess y Maclean en 1951, el MI5 descubrió en un registro en la casa de Guy Burgess una nota manuscrita de Cairncross. Aquello le colocó en el punto de mira de la contrainteligencia británica, aunque lo cierto es que Cairncross tenía que ser un sospechoso evidente, compañero de estudios del resto del grupo y comunista en su juventud. Fue sometido a varios interrogatorios, pero los servicios de espionaje británicos no pudieron conseguir pruebas contra él. Finalmente aceptó confesar a cambio de inmunidad, en un acuerdo que posiblemente incluyese alguna otra condición que hoy todavía se desconoce (no deja de ser sorprendente lo bien librado que salió). Nunca fue procesado, aunque perdió su trabajo para la Administración. Consiguió un puesto como profesor de literatura en una pequeña universidad de Estados Unidos. Allí vivió sin que nadie le molestase, dedicado a la enseñanza, e incluso llegó a escribir varios libros sobre literatura francesa del siglo XVII. Más tarde se trasladó a Italia para trabajar como traductor para la ONU. En 1979, cuando vivía en Roma, fue descubierto por un periodista e hizo una confesión pública de su pasado como agente soviético. Al jubilarse se retiró al sur de Francia. Regresó a Gran Bretaña en 1995, poco antes de morir.

John Cairncross era un hombre comprometido con sus ideales. Nunca pidió nada a los soviéticos a cambio de sus servicios. Era muy inteligente y tenía una gran cultura, pero también era de trato difícil, desagradable, con una memoria horrible que desesperaba a sus enlaces del KGB: olvidaba el lugar o la fecha de las citas, y cuando las recordaba era incapaz de llegar puntual a ninguna; siempre aparecía con al menos media hora de retraso (y estar media hora esperando a alguien en algún sitio público puede poner nervioso al espía más avezado). Además era un hombre de una torpeza increíble. Los soviéticos le dieron varias veces cámaras para fotografiar documentos e intentaron enseñarle a utilizarlas, pero nunca fue capaz de hacer una sola fotografía decente.

Yuri Modin, su enlace entre 1944 y 1947, cuenta en su libro Mis camaradas de Cambridge que en una ocasión el KGB decidió que el método más seguro para reunirse con el Carelio era circulando con un automóvil por las calles de Londres, así que dieron dinero a Cairncross para que se comprase uno. Él lo aceptó sin decir nada, pero pasaban los meses y Cairncross seguía acudiendo a sus citas andando. Finalmente el agente soviético le preguntó por el coche. Explicó que ya lo había comprado, pero que no había conseguido aprobar el examen para el permiso de conducir (“es que me hago un lío con los pedales”). Por fin un día apareció con su flamante automóvil. Modin subió al asiento del acompañante, se pusieron en marcha y de repente el coche se paró en medio de un cruce. Cairncross estuvo tratando de arrancarlo sin éxito durante unos minutos. En ese momento se acercó un agente de policía y pidió al conductor que se bajase. Cairncross salió del coche con su documentación en la mano, el agente le ignoró, se sentó en el asiento, echó un vistazo al salpicadero, pulsó un botón, arrancó el coche tras un par de intentos y lo movió fuera del cruce. Cuando Cairncross llegó junto a él, el policía le reprochó: “Cuando el motor de su vehículo esté ya caliente debe quitar el estárter, de lo contrario el motor se ahoga ¡Debería saberlo!”.

Para Modin aquel fue su peor momento en todos los años que estuvo destinado en Londres. Si los nervios hubiesen delatado a Cairncross o si el agente hubiese sospechado algo por cualquier motivo y les hubiese pedido la documentación ¿cómo iban a justificar la presencia de un diplomático soviético en el coche de un funcionario del Departamento del Tesoro con documentación comprometida encima? Pero una cualidad que sí tenía el Carelio era su sangre fría, que demostró sobradamente en sus muchos años como espía al servicio del KGB.

La ventaja de tener un jefe llamado Churchill

Odette Brailly nació en 1912 en Amiens, en el norte de Francia. Su infancia estuvo marcada por la muerte de su padre en la batalla de Verdún, cuando Odette tenía seis años, y por una poliomielitis que contrajo un año más tarde y que la dejó durante meses ciega y con parálisis en las piernas (aunque se recuperó totalmente y la enfermedad no le dejó secuelas). Cuando tenía diecinueve años se casó con un joven británico llamado Roy Sansom y se marchó a vivir con él a Londres. El matrimonio tuvo tres hijas, y durante casi una década Odette vivió una vida de ama de casa normal y corriente. Aquello cambió al estallar la guerra. En 1940 Roy se alistó en el Ejército y Odette se quedó sola en Londres al cuidado de las niñas. En la primavera de 1942, cansada de la inactividad y deseando contribuir de alguna manera al esfuerzo de guerra, solicitó su incorporación al cuerpo auxiliar femenino. Al hacerlo consiguió que el SOE se fijase en ella (el Special Operations Executive era la organización británica encargada de las operaciones encubiertas en la Europa ocupada). Se necesitaban con urgencia agentes para infiltrarse en Francia, y Odette, como francesa nativa, era una candidata ideal (aunque estuvo a punto de ser rechazada porque, a juicio de los reclutadores que la examinaron, presentaba una personalidad demasiado impulsiva y poco reflexiva).

Los meses siguientes Odette estuvo compaginando sus labores de ama de casa y madre con el entrenamiento que recibía en el SOE. Al fin fue seleccionada para ir a Francia como agente de enlace con la Resistencia. Un día de agosto de 1942 dejó a sus hijas internas en un colegio de monjas y subió a un avión para saltar en paracaídas en la región de la Costa Azul. En Francia su contacto y superior era un oficial del SOE llamado Peter Churchill, que pese a su apellido no tenía ninguna relación con el primer ministro británico. Descendiente de una familia de diplomáticos, había nacido en Amsterdam, donde estaba destinado como cónsul su padre, William Algernon Churchill (que además fue un prestigioso historiador de arte). El capitán Churchill tenía treinta y tres años y era ya un veterano agente del SOE. Aquella era su tercera misión en Francia. Había saltado cerca de Cannes en abril de 1942 como oficial de enlace con una red de resistencia local de nombre en clave Spindle. Su tarea era organizar la recepción de las armas y el material que se enviaba desde Inglaterra y de los agentes que saltaban en paracaídas o desembarcaban en las costas del sur de Francia.

Odette Sansom y Peter Churchill establecieron una estrecha relación. A comienzos de 1943 se trasladaron de la Costa Azul a Annecy, en la Alta Saboya. Por entonces Spindle estaba ya condenada. Hugo Bleicher, el agente de contrainteligencia alemán más efectivo en la lucha contra la resistencia francesa, había logrado infiltrar agentes dobles dentro de la red y recibía información de todos sus movimientos. El 23 de marzo de 1943 Churchill hizo un breve viaje a Inglaterra para recibir instrucciones. El 15 de abril saltó de nuevo en paracaídas en las montañas de la Alta Saboya, cerca del lago de Annecy. Al día siguiente tenía una cita con Odette en un hotel de Sainy-Jorioz. Cuando acudieron a la reunión la Gestapo les estaba esperando. Ambos fueron arrestados y trasladados a las oficinas del SD en París. Allí fueron torturados y sometidos a todo tipo de vejaciones. Odette y su superior tenían una historia preparada para aquella situación que esperaban que les ayudase a suavizar el trato de sus interrogadores o incluso que les librase de ser ejecutados como espías. Afirmaron que estaban casados y que Peter era sobrino de Winston Churchill. Durante los interrogatorios Odette se mantuvo firme con aquella historia. Su supuesto parentesco con el primer ministro británico no le sirvió para recibir un trato menos brutal, pero acabaría salvándole la vida.

Odette fue enviada a Ravensbrück, el mayor campo de concentración para mujeres en territorio del Reich, situado unos 90 kilómetros al norte de Berlín. Se había firmado su orden de ejecución (aunque sin fecha fijada), pero el comandante del campo, el Sturmbannführer Fritz Sühren, creyendo que realmente estaba emparentada con Winston Churchill, decidió mantenerla con vida y concederle un trato de privilegio por si alguna vez la necesitaba como moneda de cambio. El momento llegó en abril de 1945, en los últimos días de la guerra, cuando las tropas soviéticas estaban ya a escasos kilómetros de Ravensbrück. Sühren subió a Odette a su coche particular y huyó con ella hacia el oeste. Al alcanzar las líneas estadounidenses entregó su pistola a Odette y se rindió a los soldados, esperando que las supuestas conexiones de su prisionera (convertida en captora) con el primer ministro británico pudiesen rebajar el castigo que le esperaba. No le sirvió de mucho. Fritz Sühren fue acusado de crímenes contra la humanidad por el asesinato de miles de personas en Ravensbrück. Fue condenado a muerte y ejecutado en la horca en junio de 1950. En el juicio Odette había declarado en su contra.

Peter Churchill también tuvo suerte. Permaneció recluido en la prisión francesa de Fresnes hasta febrero de 1944, cuando la Gestapo le trasladó a Berlín. Tras varias semanas de interrogatorios en la capital del Reich fue enviado al campo de concentración de Sachsenhausen. En abril de 1945, ante la proximidad de las tropas soviéticas, las SS dieron orden de evacuar el campo. Churchill, junto con una treintena de prisioneros relevantes (entre los que se encontraba el antiguo canciller de Austria Kurt Schuschnigg), fueron trasladados a Flossenbürg, en Baviera. Solo unos días después de su llegada, el avance estadounidense por el sur de Alemania obligó a los alemanes a trasladar de nuevo a los cautivos. Su condición de oficial le permitió hacer el viaje en camión, librándole de la “marcha de la muerte”, la evacuación a pie y en condiciones inhumanas de miles de prisioneros de Flossenbürg con destino a Dachau (más de la tercera parte de ellos perecieron en el camino). A finales de abril los guardianes de Dachau seleccionaron a los prisioneros más valiosos (Churchill entre ellos) y los condujeron a un hotel de montaña cerca del lago Wildsee, en sur del Tirol. Tenían orden de ejecutarlos y hacer desaparecer las pruebas, pero en lugar de eso los SS optaron por liberarles allí, desertar y tratar de pasar desapercibidos. El Reich se estaba desmoronando, y solo los más fanáticos o los más insensatos habrían aceptado cometer un crimen en nombre de una autoridad que ya casi nadie reconocía. El 4 de mayo de 1945 Churchill y sus compañeros de cautiverio fueron encontrados por las tropas del Quinto Ejército de los Estados Unidos.

Después de la guerra Odette fue recibida como una heroína. Entre otras distinciones, el rey Jorge VI la nombró Miembro de la Orden del Imperio Británico, y el gobierno francés "Caballero” de la Legión de Honor. En 1946 se divorció de Roy Sansom, y un año más tarde se casó con Peter, su antiguo superior, convirtiéndose en Odette Churchill y haciendo así realidad una parte de su historia inventada.

The Deadly Double

El 22 de noviembre de 1941, apenas dos semanas antes del ataque japonés a Pearl Harbor, dos extraños anuncios aparecieron en la revista estadounidense New Yorker. Parecían ser publicidad de algo llamado The Deadly Double (“El Doble Mortal”). Uno de ellos, publicado en la página 32 de la revista, estaba encabezado con una advertencia en varios idiomas: “Achtung! Warning! Alerte!”. Debajo se veía un dado blanco que mostraba los caracteres 12, 24 y XX, y otro negro con los números 0, 5 y 7. Sobre ellos tan solo había una frase: “Ver anuncio página 86”.


En la mencionada página 86 se encontraba el segundo anuncio. Un dibujo mostraba a un grupo de gente de aspecto alegre reunida en un bunker subterráneo, jugando a los dados en torno a una mesa, mientras sobre ellos se desarrollaba lo que parecía ser un ataque aéreo, con focos reflectantes y explosiones en el aire y en tierra. Se repetía la advertencia “Achtung! Warning! Alerte!”, y bajo ella un texto explicativo (que en realidad no explicaba demasiado): “Esperamos que usted nunca tenga que pasar una larga noche de invierno en un refugio antiaéreo, pero pensamos ... que es de sentido común estar preparado. Si no está demasiado ocupado entre este momento y la Navidad, por qué no sentarse y planear una lista de las cosas que usted querría tener a mano... Productos enlatados, por supuesto, y velas, Sterno [latas de combustible para barbacoas y estufas], agua embotellada, azúcar, café o té, brandy, y un montón de cigarrillos, suéteres y mantas, libros o revistas, cápsulas de vitaminas ... y aunque no es tiempo, realmente, de pensar en lo que está de moda, apostamos a que la mayoría de sus amigos se acordará de incluir esos intrigantes dados y fichas que componen el juego favorito de Chicago”. A continuación aparecían en gran tamaño las palabras “The Deadly Double” y un águila bicéfala, con un aspecto sospechosamente germánico, e incrustado en ella un escudo con las siglas XX.


Después de Pearl Harbor, aquellos misteriosos mensajes parecieron adquirir un significado siniestro. Hubo quien pensó que los anuncios habían sido el método utilizado por las potencias del Eje para avisar a sus agentes en Estados Unidos de que la guerra era inminente. En los dados aparecía la fecha del ataque (los números 7 y 12, es decir, 7 de diciembre). El resto de caracteres podrían incluir mensajes en clave con más información o instrucciones para espías y saboteadores (se han intentado descifrar de distintas maneras, pero ninguna de las interpretaciones tenía mucho sentido). “Deadly Double” podía ser una forma de describir la doble amenaza que se cernía sobre la nación, Alemania y Japón. Y las premonitorias alusiones a bombardeos “entre este momento y la Navidad” parecían referirse a los ataques japoneses. Se cuenta que, ante tanto indicio sospechoso, el FBI se vio obligado a realizar una exhaustiva investigación. Lo que descubrieron (o, mejor dicho, lo que no descubrieron) no hizo sino aumentar el misterio. A pesar de todos sus esfuerzos, no se logró averiguar la identidad del hombre que había contratado los anuncios en el New Yorker. Había pagado en efectivo y no había dejado ningún nombre ni dirección. Los anuncios aparecían firmados por una compañía de Nueva York llamada Monarch Trading Co., que resultó ser una empresa ficticia.

El caso del "Deadly Double" se ha convertido en uno de los grandes misterios de la Segunda Guerra Mundial, y así aparece en infinidad de sitios. Por ejemplo, en este libro de curiosidades matemáticas, además del día y el mes del ataque japonés, el autor es capaz de encontrar en los anuncios del New Yorker el año y la hora, e incluso la latitud de Pearl Harbor. Afirma también que en 1967 se reveló que el FBI había estudiado el asunto en 1941 y había llegado a la conclusión de que todo podía atribuirse a una gran coincidencia. En este artículo de Los Angeles Times el autor asegura que conoció la historia a través de un oficial de inteligencia con el que habló durante la guerra (el artículo es de 1989). En este otro, el autor se atreve a afirmar que en el dibujo del segundo anuncio "todas las imágenes sugieren Pearl Harbor en Hawai", y cree ver una bomba cayendo en la superficie del mar, cuando es evidente que lo que representa es un ataque aéreo sobre tierra y un refugio subterráneo. Se dice también que el FBI sí consiguió identificar al misterioso hombre que contrató los anuncios, pero que éste murió pocas semanas después en circunstancias extrañas. Son versiones no exactamente coincidentes, pero todas llegan a la misma conclusión: el misterio sigue sin resolverse.

Pero lo cierto es que nunca hubo tal misterio. The Deadly Double era exactamente lo que parecía, un juego de mesa.


En medio de la paranoia que siguió al ataque a Pearl Harbor, resulta incluso creíble que el FBI se interesase por el asunto, pero en cualquier caso la investigación no les llevaría demasiado tiempo. Monarch Trading Co. era una empresa auténtica y completamente legal, y The Deadly Double un juego que se comenzó a comercializar en la campaña navideña de aquel año. Es posible que las alusiones a bombardeos en su publicidad fuesen de mal gusto, pero hay que tener en cuenta que era el tema de moda (Europa llevaba dos años en guerra y la amenaza sobre Estados Unidos era cada vez mayor) y que el primer objetivo de cualquier campaña de marketing es llamar la atención. Por supuesto, que apareciesen los números 12 y 7 en los anuncios fue una simple casualidad (y no demasiado sorprendente), y el resto de cifras y símbolos no tenían ningún significado oculto.

Felix Dadaev ¿el doble de Stalin?

Gazavat Dadaev nació en Kazi-Kumuj, una aldea del Daguestán, en las montañas del Cáucaso ruso (“gazavat” es la palabra que utilizan los pueblos musulmanes del Cáucaso para referirse a un “guerrero”, o , más concretamente, a lo que hoy llamaríamos un “yihadista”). En su adolescencia fue pastor y aprendiz de orfebre. Pero su auténtica vocación era la danza. Ingresó en un grupo de bailes folclóricos de Grozny, y destacó tanto que llegaron a ofrecerle un puesto en una famosa banda de coros y danzas ucraniana. Al estallar la guerra Dadaev fue destinado a una “brigada de entretenimiento”, cuyo trabajo era recorrer el frente ofreciendo a las tropas espectáculos de baile, malabarismo o ilusionismo. Aquello no le libró de tener que tomar las armas en más de una ocasión. Según cuenta él mismo, participó en arriesgadas misiones de inteligencia y recibió varias condecoraciones. Durante la liberación de Grozny fue herido de gravedad. Llegó al hospital de campaña en tal mal estado que los médicos le dieron por muerto, e incluso se llegó a expedir un certificado de defunción con su nombre.

No tengo claro hasta qué punto su falsa muerte influyó en el comienzo de su doble vida. Gazavat se cambió el nombre por Felix (en memoria de un oficial y profesor de baile polaco que había muerto en sus brazos), aunque no sé si lo hizo aprovechando su “resurrección” o en otro momento. A menudo sus amigos bromeaban con su parecido físico con Stalin. Aunque él se mostraba molesto por aquellos chistes, en el fondo se sentía orgulloso, según confesaría muchos años después. Pero nunca había imaginado que aquella coincidencia iba a marcar su vida. Un día de 1943 unos hombres vestidos de civiles fueron a buscarle y sin darle muchas explicaciones le hicieron subir a un avión con destino a Moscú. Le instalaron en una dacha a las afueras de la capital y comenzaron a prepararle para convertirle en un doble del dictador soviético.

El parecido entre Dadaev y Stalin estaba lejos de ser perfecto. El joven tuvo que engordar once kilos y calzar tacones para eliminar las desigualdades en peso y altura que había entre los dos hombres. La nariz, las cejas, los ojos y la voz eran casi idénticos. La diferencia más llamativa estaba en las orejas, pequeñas y pegadas a la cabeza en el caso de Dadaev y grandes y separadas en el del dictador. Tuvieron que recurrir al maquillaje para simular las canas y las marcas de la viruela en la cara. El entrenamiento duró meses, bajo la permanente supervisión de agentes del NKVD. Le hicieron ver horas y horas de documentales para que aprendiese a imitar los movimientos, la forma de andar, los gestos, los ademanes y la entonación de voz de Stalin. Las dotes para la interpretación de Dadaev y su pasado en el mundo del espectáculo le ayudaron a conseguirlo.

Al fin llegó el día de la prueba definitiva. Una mañana Dadaev fue trasladado al Kremlin y conducido ante el general Vlasik, el jefe de seguridad personal de Stalin. El general le inspeccionó en silencio, y, tras una pausa, hizo un gesto de aprobación con la cabeza. A continuación comenzó un examen detallado de su ropa, la forma de comportarse, los gestos y la entonación de su voz. Aquella noche los nervios habían impedido dormir a Dadaev, aunque en realidad no era consciente de todo lo que se jugaba. De no haber superado aquella prueba quizá habría acabado en el GULAG, o algo aún peor...

Según Dadaev, Stalin tenía cuatro dobles. Eran utilizados, por ejemplo, como señuelos en los desplazamientos. En un principio, Dadaev se limitó a realizar aquella tarea, entrando y saliendo del Kremlin en el coche del Secretario General. Más tarde le asignaron misiones más complejas, como sustituirle en actos oficiales. En una ocasión presidió un desfile de deportistas desde el Mausoleo de Lenin, en la Plaza Roja:

"Todo el mundo estaba seguro de que yo era el propio Stalin. Caminé hasta el mausoleo con los miembros del gobierno, y a continuación me detuve en el estrado central, sonriendo y saludando a las columnas que pasaban. La clave era conseguir el paso correcto. Cuando Stalin iba junto a su séquito su andar era rápido y firme. Pero en las recepciones o reuniones caminaba despacio y pensativamente. Mi confianza se reforzó tan pronto como salí y fui saludado por los miembros del gobierno. Fuimos directamente al mausoleo. Pude ver que nadie sospechaba. Una vez más la KGB lo había logrado"

La misión más importante de Dadaev tuvo lugar en febrero de 1945, cuando Stalin tuvo que viajar a Yalta para participar en la cumbre aliada junto a Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. La inteligencia soviética había recibido informaciones sobre un complot para asesinar al dirigente soviético, y se extremaron las precauciones. Dadaev le suplantó en el coche que hizo el trayecto del Kremlin al aeropuerto y en el avión que le llevó a Crimea. Allí se encontraba ya Stalin, que había hecho el viaje en secreto con anterioridad.

Pese a haber permanecido tantos años a su servicio, Dadaev estuvo solo una vez delante de Stalin, ya en los años 50. El encuentro fue breve: "Él sonrió y me hizo un gesto de aprobación, y eso fue todo".

Tras la muerte de Stalin, Dadaev quedó liberado de sus funciones (como es lógico). Le permitieron volver a la vida civil, aunque antes le hicieron comprometerse a guardar de por vida el secreto de su trabajo. Y lo hizo durante más de medio siglo, hasta que en 2008 se decidió a romper el silencio. Ese año publicó un libro y apareció en numerosos artículos de prensa, por ejemplo en uno del diario británico Daily Mail (en inglés, hacer clic aquí) o en otro del español El Mundo (hacer clic aquí). Desde entonces su nombre ha aparecido en numerosos artículos y libros como uno de los pocos casos confirmados de dobles de dirigentes históricos. A menudo estos relatos incluyen fotografías como estas dos, que nos sirven para poder comparar el parecido entre Dadaev (a la izquierda) y Stalin (derecha):


Tengo que decir que a mí la historia de Felix Dadaev me parece como mínimo dudosa. En los artículos que señalé anteriormente se cuenta que ha sido confirmada por documentos desclasificados de los archivos soviéticos. También se dice que el gobierno de Putin le dio autorización para hacerla pública, algo que dudo que fuese necesario a estas alturas. El artículo del Daily Mail añade que la historia también ha sido corroborada por la hija del general Vlasik, el jefe de seguridad de Stalin: “Sí, ellos usaron dobles. Mi padre inventó todo tipo de trucos para distraer la atención del líder. Estaba tan absorto en su trabajo, y amaba tanto a Stalin, que sugirió ideas fantásticas”. Yo aquí solo veo una confirmación de que Stalin usaba dobles (lo que sí puedo creer sin problemas), pero nada en concreto sobre Dadaev.

En general todo el relato de Dadaev me hace desconfiar: que se presente a sí mismo como un bailarín condecorado por su participación en operaciones especiales, que cuente cómo fue enviado a un hospital y dado por muerto, pero sin especificar cuáles fueron sus heridas (cualquier herido en combate sería lo primero de lo que hablaría)... Y sobre todo está la cuestión de la edad. En los artículos, de 2008, se dice que Dadaev tenía entonces 88 años. Eso implica que estaría en torno a los 23 años en 1943, cuando fue seleccionado como doble. Ese año Stalin cumplió 65. Dadaev explica la aparente incongruencia diciendo que la tensión de la guerra le hacía envejecido tanto que parecía mucho mayor de lo que era, y que con la ayuda de un poco de maquillaje podía hacerse pasar sin problemas por un sexagenario.

Hace un año Dadaev fue entrevistado para un documental de una televisión alemana. El programa se tituló Stalins Tod: Das Ende einer Ära (“La muerte de Stalin: El fin de una era”). Yo no entiendo el alemán y no puedo explicar lo que contó, pero lo dejo aquí por si alguien tiene curiosidad. Dadaev aparece en cuatro ocasiones, en los minutos 12:25, 22:50, 34:55 y cerrando el documental a los 42:15:



Se le ve muy juvenil para tener 93 años (si tenía 88 en 2008...). Espero que siga así por mucho tiempo, pero también esto me hace dudar de que la edad que dice tener sea la auténtica.

En fin, os toca decidir a vosotros qué credibilidad queréis dar a esta historia.

Werner Drechsler: Roma no paga a traidores

El 12 de junio de 1943 un torpedero Avenger y un caza Wildcat pertenecientes al grupo aéreo del portaaviones estadounidense Bogue, en patrulla antisubmarina al suroeste de las Azores, descubrieron un sumergible alemán navegando en superficie. El u-boot se sumergió rápidamente cuando el Wildcat se lanzó sobre él abriendo fuego con sus ametralladoras, y logró ocultarse a tiempo para esquivar las cargas de profundidad del Avenger. Poco después otros aviones se unieron a la caza y comenzaron a rastrear el océano esperando a que reapareciese el submarino enemigo. Cuando volvió a emerger, fue localizado y atacado por un Avenger pilotado por el teniente H.E. Fryatt. El u-boot fue alcanzado de lleno por una carga de profundidad y comenzó a hundirse a gran velocidad. Fryatt lanzó al agua una balsa de goma para socorrer a los hombres que trataban de abandonar el buque. Solo quince de sus tripulantes lo lograron y fueron rescatados por el destructor estadounidense Osmon Ingram, que había recibido orden de dirigirse al lugar del hundimiento.

El submarino alemán durante el ataque de los aviones del Bogue:


El u-boot hundido era el U-118, un submarino minador de la clase XB. Cuarenta y cuatro hombres, incluido su comandante, habían muerto en el naufragio. Los quince supervivientes fueron desembarcados en Estados Unidos y trasladados a un campo de prisioneros en Fort Meade, Maryland. Uno de ellos era un marinero de 20 años llamado Werner Drechsler. Al parecer su familia era opositora al nazismo (su padre había sido recluido en un campo de concentración acusado de delitos políticos), así que es probable que cuando sus captores le propusieron que colaborase con ellos, al joven Werner no le supusiese un gran dilema moral aceptar la oferta.

Werner Drechsler (izquierda), herido en una pierna, es ayudado por su compañero Hermann Polowzyk al desembarcar del Osmon Ingram:


Drechsler fue separado de sus compañeros y enviado al Centro Conjunto de Información, con base en Fort Hunt, Virginia (en las afueras de Washington), donde los oficiales de inteligencia interrogaban a los prisioneros susceptibles de tener información valiosa. Usando identidades falsas, Werner compartía celda con otros prisioneros alemanes, con la misión de ganarse su confianza y conseguir información sobre aspectos concretos y datos específicos que le solicitaba la inteligencia de la Marina (por ejemplo detalles técnicos o procedimientos operacionales de la Kriegsmarine).

Drechsler estuvo siete meses colaborando con la inteligencia naval. Después fue devuelto a la custodia del Ejército y tratado como cualquier otro prisionero de guerra. Los oficiales de inteligencia de Fort Hunt insistieron en que el Ejército debía garantizar su seguridad manteniéndole separado del resto de prisioneros de la Kriegsmarine, pero alguien no se tomó muy en serio aquella recomendación (siempre permanecerá la duda de si fue un trágico error o simple indiferencia). El 12 de marzo de 1944 Drechsler fue trasladado a Papago Park, un campo de prisioneros situado en las proximidades de Phoenix, Arizona, que albergaba a un gran número de tripulantes de u-boote. Inmediatamente fue reconocido por varios de los hombres a los que había tratado de sonsacar información en Fort Hunt, y en pocas horas la noticia de la llegada del "espía" se había extendido por todo el campamento.

Aquella noche, la primera que Drechsler pasaba en Papago Park, un grupo de prisioneros improvisó un tribunal para decidir qué debían hacer con el traidor. Aparte de la sospecha de que actuase de informante para los guardias del campo, se pretendía que el castigo sirviese de advertencia para cualquier otro alemán que tuviese la tentación de aceptar la colaboración con el enemigo. Werner Drechsler fue sentenciado a muerte por sus compatriotas. Por la mañana apareció ahorcado en las duchas.

Siete hombres, todos ellos tripulantes de u-boote (Helmut Fischer, Fritz Franke, Gunther Kuelsen, Heinrich Ludwig, Bernard Ryak, Otto Stengel y Rolf Wizny), fueron juzgados por una corte marcial estadounidense y condenados a muerte por el asesinato de Werner Drechsler. Dos de ellos, Ludwig y Widny, habían sido compañeros de celda de Drechsler en Fort Hunt. Los siete fueron ahorcados el 28 de julio de 1945 en Fort Leavenworth, Kansas, en la que sería última ejecución múltiple de la historia de los Estados Unidos.

El mayor robo de diamantes de la historia

El teniente coronel Montagu Reaney Chidson (conocido familiarmente como “Monty”) era un oficial de artillería británico que en su juventud había sido pionero de la aviación, prisionero de guerra y héroe de la Primera Guerra Mundial. Ya cerca de la cincuentena, disfrutaba de un apacible destino como agregado militar en Holanda, el país de origen de su esposa. El comienzo del ataque alemán violando la neutralidad holandesa, el 10 de mayo de 1940, le sorprendió en la embajada británica en La Haya. Aunque no es del todo correcto decir que “le sorprendió”, ya que en toda Holanda eran pocas las personas que podían presumir de tener más información que él de las intenciones alemanas. Porque en realidad Reaney Chidson era un agente del MI6, el servicio de espionaje británico. Llevaba semanas esperando aquel momento y poniendo a punto un plan que debía ejecutar en cuanto tuviese noticia del comienzo de la invasión.

Reaney Chidson abandonó la embajada británica vestido de civil (lo que por cierto suponía una más que probable ejecución por espionaje en caso de que los alemanes le capturasen) y se dirigió al principal mercado de diamantes de Amsterdam. Había logrado hacerse con una llave del edificio, y, aunque no tenía la combinación de la cámara de seguridad, sus informadores le habían dado algunas pistas que esperaba que le ayudasen a abrirla. En aquella época Amsterdam todavía era el centro del comercio de diamantes más importante del mundo. Aprovechando el caos del momento, Montagu entró en el edificio vacío y se dirigió a la cámara. Pasaban las horas y la puerta se le resistía. Al día siguiente continuaba trabajando, tratando de forzar las cerraduras de la caja fuerte. Entonces oyó ruidos y voces que le hicieron pensar que los soldados alemanes habían entrado en el edificio. Era cuestión de tiempo que las tropas invasoras apareciesen para hacerse con el tesoro que se guardaba allí. Pero Reaney Chidson no se dejó llevar por el pánico y continuó con su misión hasta que por fin consiguió abrir la puerta de la cámara. Huyó del lugar llevándose todos los diamantes que pudo cargar. De alguna manera logró cruzar el Mar del Norte y llegar a Inglaterra. En Gran Bretaña entregó su botín a la reina Guillermina y al gobierno holandés en el exilio.

Se dice que este fue el mayor robo de diamantes de la historia, aunque entre la poca información que he encontrado sobre el episodio no he podido descubrir ningún dato concreto sobre las cantidades robadas o el valor del botín. Pero hay un detalle que me hace suponer que es una historia auténtica. Pocos meses después de su regreso a Inglaterra, a Reaney Chidson le fue concedida la Orden al Servicio Distinguido como miembro de la Fuerza Expedicionaria Británica. La concesión se publicó en la London Gazette (el Boletín Oficial británico) el 20 de diciembre de 1940, donde se especificaba que recibía la distinción “en reconocimiento a su valor en Francia y Flandes”. La Orden al Servicio Distinguido (DSO) era una condecoración que se daba exclusivamente a oficiales que hubiesen destacado por su liderazgo y valor en el campo de batalla. Al menos así ocurría desde 1917, cuando las protestas de los militares que servían en primera línea obligó a acabar con los abusos en la concesión de aquella prestigiosa medalla a oficiales de Estado Mayor. En 1940 habría sido totalmente imposible que un agregado militar en una embajada hubiese recibido la DSO a menos que hubiese protagonizado una acción especialmente arriesgada y meritoria.

Reaney Chidson continuó trabajando para el servicio secreto durante el resto de la guerra. Entre 1943 y 1944 fue el responsable de seguridad de la embajada británica en Ankara. Precisamente en aquellos meses un mayordomo turco-albanés al servicio del embajador llamado Elyesa Bazna se dedicó a fotografiar todos los documentos secretos que caían en sus manos para vendérselos a los alemanes. Bazna, conocido con el nombre en clave de Cicerón, fue probablemente el espía alemán más importante de toda la Segunda Guerra Mundial. Está claro que la labor de Reaney Chidson en Turquía no fue tan brillante como su desempeño en Holanda.

El hombre del violín

El 28 de septiembre de 1935 el transatlántico Europa arribó a Nueva York en una de sus travesías entre Alemania y Estados Unidos. Mientras el buque permanecía atracado en el muelle, el comportamiento extraño de dos personas llamó la atención de un inspector de aduanas del puerto llamado Morris Josephs. Al pie de la pasarela de la tripulación un hombre alto que lanzaba constantes miradas a su alrededor, como si sospechase que le vigilaban, hablaba con un camarero que sostenía una funda de violín. Josephs pensó que podían estar tratando de introducir el instrumento en el país sin declararlo a las autoridades aduaneras. El hombre alto vio cómo el funcionario se acercaba a ellos y dijo en voz alta y con un fuerte acento alemán: "Muy bien, ahora lleva a declarar el violín a la aduana y yo lo recogeré cuando pague las tasas. Es muy bonito". A Josephs no le convenció la forzada actuación del sospechoso y pidió al camarero que le entregase la funda. Al abrirla descubrió que estaba vacía. Se dirigió entonces al hombre alto y se dio cuenta de que trataba de ocultar bajo su chaqueta un sobre voluminoso y pesado: "Así que esto es lo que había en la funda del violín. Será mejor que me acompañe". Mientras tanto, el camarero había aprovechado para escabullirse y desaparecer por la pasarela.

En la oficina de Aduanas los agentes abrieron el sobre y vieron que contenía una gran cantidad de negativos fotográficos, aparentemente con imágenes de diagramas o planos, y otras tantas hojas con anotaciones en alemán, que por lo que pudieron entender eran en su mayor parte datos técnicos.

El hombre alto dijo ser un afinador de pianos llamado William Lonkowski. Explicó que también era colaborador de una revista de aviación alemana y que los documentos eran copias de publicaciones técnicas que utilizaba para escribir sus artículos. Según dijo, el destinatario del sobre era su editor, y había pensado en hacérselo llegar a través del camarero del Europa para ahorrarse el dinero del franqueo. La historia no tenía ningún sentido, pero los agentes no encontraron motivos para retener al sospechoso. Después de todo, no había cometido ninguna infracción aduanera. Antes de dejarle marchar le dijeron que tendría que volver a presentarse unos días más tarde para un nuevo interrogatorio. La mañana siguiente Lonkowski huyó a Canadá. Allí embarcó en un carguero con destino a Alemania.

La oficina de Aduanas del puerto contactó con el G-2, el servicio de inteligencia del Ejército, que envió al mayor Stanley Grogan para hacerse cargo de la investigación. Grogan estudió los negativos y descubrió que contenían información de algunos proyectos secretos desarrollados por varias industrias aeronáuticas estadounidenses, entre los que se encontraban los planos de un bombardero experimental de la Marina o los de un novedoso tren de aterrizaje. Lonkowski desapareció sin dejar rastro. Al comprobar la dirección que había dado descubrieron que nunca había vivido allí. Tampoco había trabajado nunca como afinador de pianos. El Europa zarpó de Nueva York y con él se esfumó también el misterioso camarero sin que hubiesen conseguido identificarle. El inspector Josephs no había podido dar una descripción detallada de él, y el nombre que había dado Lonkowski no aparecía en la lista de la tripulación del transatlántico.

William Lonkowski había nacido en Silesia en 1893. Se inició en el mundo de la aviación trabajando como mecánico de aeroplanos durante la Primera Guerra Mundial. Con el tiempo se convirtió en un auténtico experto. Después de la guerra estudió ingeniería aeronáutica y se dedicó al diseño de aviones. Por esa época también comenzó a colaborar con el Abwehr. En marzo de 1927 llegó a Estados Unidos y consiguió un empleo en la Ireland Aircraft Corporation, una compañía aeronáutica de Long Island. Unos años después abandonó aquel trabajo al encontrar una nueva tapadera como corresponsal de la revista de aviación alemana Luftreise. Después de ser descubierto se vio obligado a huir del país, pero dejó tras él una amplia y eficaz red de espionaje con numerosos agentes que él mismo había reclutado durante aquellos años entre los trabajadores de origen alemán de las industrias aeronáuticas norteamericanas. Gracias al hombre del violín, en la década de los treinta la aviación estadounidense no tuvo secretos para los alemanes.

La espía que surgió del frío

Marina Alexeevna nació en San Petersburgo en 1902. Durante la Revolución sus padres fueron asesinados por los bolcheviques, y Marina tuvo que huir a Escandinavia. En Rusia había sido estudiante de ballet, y al exiliarse pudo comenzar una carrera como bailarina con el nombre de Marina Lee. Con el tiempo se estableció en Oslo, se casó con un noruego y acabó dirigiendo una escuela de danza.

Marina Lee comenzó a trabajar para el servicio secreto alemán en 1937. En abril de 1940, cuando los alemanes invadieron Noruega, recibió el encargo de infiltrarse en el cuartel general del general Auchinleck, comandante de las fuerzas aliadas en Tromsø, donde las tropas franco-británicas se preparaban para un contraataque que debía iniciar desde el norte la reconquista del país. En Tromsø, se supone que haciendo uso de sus encantos, Marina logró hacerse con los planes de ataque aliados al puerto de Narvik.

Las fuerzas alemanas en Narvik estaban en clara inferioridad, y no parecía que pudiesen hacer nada para frenar la ofensiva aliada. Al parecer su comandante, el general Eduard Dietl, estaba ya preparando la retirada, pero al conocer los planes enemigos pudo reorganizar su defensa y logró que la ofensiva aliada perdiese un tiempo valiosísimo en la captura de la ciudad. Semanas después las tropas franco-británicas se vieron obligadas a retirarse de Noruega.

Los británicos conocieron la existencia de la espía casi dos años más tarde, en febrero de 1942, a través de un prisionero llamado Gerth van Wijk, que trabajaba como informador para el MI5 revelando las confidencias que le hacían otros prisioneros del campo en el que estaba internado. Van Wijk conoció la historia por un hombre llamado Hans von Finckenstein, capturado a finales de 1940 en la isla Jan Mayen, en el Ártico noruego, cuando formaba parte de un equipo meteorológico alemán. Von Finckenstein le reveló la identidad de Lee y le explicó el decisivo papel que la espía había jugado en la campaña de Narvik. La historia fue corroborada en noviembre de aquel año en los interrogatorios a otro prisionero alemán, K.C. Hansen, capturado también en Jan Mayen, y que afirmó que Marina Lee era “amiga de un amigo” de Von Finckenstein.

Marina Lee desapareció después de la guerra (si es que alguna vez existió). En 1947 el MI5 envió una alerta a la policía y la guardia de fronteras con la advertencia de que debían informar inmediatamente al servicio secreto en el caso de que tratase de entrar en el Reino Unido. La última vez que el contraespionaje británico tuvo noticia de ella fue en 1948, cuando, viajando con pasaporte polaco, estuvo hospedada en el Hotel Ritz de Madrid. Su expediente en el MI5 se cerró en 1960. Fue desclasificado cincuenta años más tarde, en agosto del 2010. Las últimas anotaciones especulan con la posibilidad de que hubiese ofrecido su lealtad al KGB y se hubiese asentado en Moscú, a pesar de su pasado pro-nazi y del fin que habían tenido sus padres.

En fin, como veis este es un episodio con pocos datos probados y muchas lagunas, en el que es imposible separar la verdad de la leyenda. Hay quien ve la historia de Marina Lee con mucho escepticismo, y lo cierto es que aunque se demostrase que fue un personaje real su papel en la batalla de Narvik parece que se ha exagerado bastante.

Pero quién se resiste a una historia de espías protagonizada por una bailarina rusa...

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Marina_Lee
http://www.guardian.co.uk/world/2010/aug/26/russian-ballerina-nazi-spy-marina-lee
http://blogs.telegraph.co.uk/news/guywalters/100051670/nazis-and-beautiful-spies-how-tittle-tattle-becomes-history/