Operación Jericó

Jericó estaba cerrada a cal y canto por miedo a los israelitas: nadie salía ni entraba. Yahveh dijo a Josué: “Mira, yo pongo en tus manos a Jericó y a su rey. Vosotros, valientes guerreros, todos los hombres de guerra, rodearéis la ciudad, dando una vuelta alrededor. Así haréis durante seis días. Siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca. Al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las trompetas. Y sucederá que cuando el cuerno de carnero suene, cuando oigáis el sonido de la trompeta, todo el pueblo prorrumpirá en un gran clamoreo, y el muro de la ciudad se derrumbará”.
(Josué 6:1-5)


En febrero de 1944 la RAF recibió el encargo de planificar y ejecutar una misión que aún hoy no está claro si habría que considerar disparatada o desesperada. Se trataba de bombardear la prisión de la ciudad francesa de Amiens, de forma que se derrumbasen sus muros principales pero sin destruir el edificio. Se escogieron cuidadosamente las bombas que se iban a utilizar, que debían tener el poder destructivo justo para conseguir lo que se pretendía. La aproximación se haría a muy baja altura, siguiendo la carretera recta y larga que conducía a la prisión. Se decidió que el mejor momento para el ataque sería el mediodía. A esa hora la mayor parte de los guardias almorzaban en un pabellón adyacente al edificio principal. Ese sería el primer blanco del ataque. Después de neutralizar a los guardias y abrir brechas en los muros de piedra, se esperaba que una buena parte de los 700 presos que albergaba la prisión pudiesen fugarse a través de ellas.

La misión recibió la denominación en clave de operación Jericó (la explicación de por qué se eligió este nombre está en la cita bíblica del principio). Los escogidos para llevarla a cabo fueron los cazabombarderos De Havilland Mosquito del Ala 140 de la 2 ª Fuerza Aérea Táctica. Intervendrían tres escuadrillas de seis Mosquitos cada una: el No. 487 Squadron neozelandés, el No 464 Squadron australiano y el No 21 Squadron británico, además de otro Mosquito de la PRU (unidad de reconocimiento fotográfico), encargado de filmar la misión. Serían escoltados por los cazas Hawker Typhoon del No 198 Squadron de la RAF. El hombre al mando de la operación era el Group Captain (el rango equivalente a coronel en las fuerzas aéreas de la Commonwealth) Percy Charles Pickard.

El plan era sencillo, pero requería de una gran coordinación entre todos los participantes: los Mosquitos de la 487ª escuadrilla serían los primeros en atacar, bombardeando la sala de los guardias y los muros exteriores. Les seguirían los aviones de la 464ª escuadrilla en una segunda oleada, mientras que los de la 21ª escuadrilla permanecerían en reserva por si era necesario un tercer bombardeo. El encargado de decidirlo sería Pickard, que tras participar en el ataque de los australianos se mantendría sobrevolando la prisión para evaluar los daños. Si algo le ocurriese al avión de Pickard, el Mosquito de la PRU ocuparía su lugar.

La fecha fijada para el ataque coincidió con con un temporal de nieve que azotó toda Europa occidental. La mayoría de los tripulantes nunca habían volado en unas condiciones climáticas tan adversas, y menos en un vuelo a baja cota. Pero la misión no se podía aplazar. La mañana del 18 de febrero de 1944 los diecinueve Mosquitos despegaron de Hundson, una base de la RAF situada al norte de Londres. Solo unas horas antes las tripulaciones habían sido informadas de su objetivo. Los aviones sobrevolaron el canal de la Mancha a una altura de entre 30 y 50 metros para evitar la localización de los radares alemanes. Los pilotos tenían orden de mantener silencio de radio. La mala visibilidad hizo que cuatro Mosquitos perdiesen el contacto con la formación y tuviesen que regresar a la base. Un quinto avión abandonó por problemas mecánicos. Aún no habían llegado a la costa francesa y ya habían perdido casi un tercio de sus efectivos.

Ya sobre Francia, buscaron la desembocadura del Somme y la carretera paralela a este río que conducía directamente a Amiens. Cuando localizaron el objetivo hicieron la aproximación a muy baja altura, apenas a 15 metros. A las doce y tres minutos los cinco aviones que quedaban de la escuadrilla neozelandesa atacaron simultáneamente el pabellón de los guardias y los muros este y norte de la prisión con bombas de 250 kilos equipadas con espoletas de retardo (para evitar que las explosiones alcanzasen a los propios aviones que las lanzaban). La sala de los guardias quedó destrozada, pero los observadores no vieron daños significativos en los muros. Tres minutos más tarde fue el turno de los cuatro Mosquitos de la escuadrilla australiana, que bombardearon de nuevo las paredes exteriores. Cuando Pickard sobrevoló la prisión vio a decenas de hombres saliendo a través de una gran brecha en el muro norte. Envió un mensaje a los cuatro aviones de la escuadrilla británica que se mantenían a la espera para ordenarles que iniciasen el regreso. El objetivo de la misión se había cumplido.

Cuando se alejaban de Amiens, el avión de Pickard fue atacado por un caza Focke-Wulf Fw 190. El Mosquito se estrelló a unos 12 kilómetros al norte de la prisión, muriendo Pickard y su navegante, el Flight Lieutenant (capitán) Alan Broadley. Un Mosquito australiano fue alcanzado por una batería antiaérea cerca de Dieppe. Los impactos mataron al navegante y dejaron muy dañado al avión. El piloto consiguió aterrizar de panza en un campo nevado y fue capturado por los alemanes. Otros tres Mosquitos también resultaron dañados, aunque pudieron regresar a Inglaterra.

Unos 250 prisioneros lograron escapar, aunque la mayor parte (más de 150) fueron vueltos a capturar en poco tiempo. No se sabe cuántos de ellos eran miembros de la Resistencia.

La operación Jericó fue probablemente la primera misión de bombardeo de precisión a baja altura de la historia. La dificultad era enorme: tenían que efectuar la aproximación casi a ras del suelo y atacar de forma coordinada unos objetivos muy concretos. Y a pesar de la precipitación con la que se preparó (el propio Pickard, el comandante de la misión, sin experiencia en vuelo a bajo nivel, tuvo que recibir un entrenamiento intensivo previo de solo diez horas), la ejecución fue casi perfecta.

Pero por muy quirúrgico que hubiese sido el bombardeo, era inevitable que se produjesen lo que ahora se llaman “daños colaterales”. No está claro cuánta gente murió en el ataque. Puede que el número superase ampliamente el centenar. Tampoco hay unanimidad sobre qué porcentaje de las víctimas eran presos. A menudo se da la cifra de cien reclusos muertos. Fue sin duda un coste excesivo, aunque debería entrar dentro de lo esperable. La operación Jericó es muy difícil de justificar, no solo desde un punto de vista ético, sino incluso desde el de su supuesta utilidad práctica. La RAF se limitó a informar del desarrollo de la misión, sin explicar las razones estratégicas que la motivaron. Al parecer la decisión de bombardear la prisión partió del MI6, el servicio de inteligencia británico, aunque no está claro cuál era el objetivo concreto, si es que lo había. En teoría se buscaba liberar a los miembros de la Resistencia francesa encarcelados en la prisión. Se dijo el bombardeo había sido solicitado por la propia Resistencia, y que se trataba de dar alguna posibilidad de supervivencia a decenas de prisioneros que iban a ser ejecutados al día siguiente. Pero esas parecen justificaciones a posteriori. En realidad la gran mayoría de los reclusos eran presos comunes, y desde diciembre de 1943, cuando habían sido fusilados doce miembros de la Resistencia, no se habían producido ejecuciones en Amiens.

Durante mucho tiempo ha estado muy extendida la creencia de que el objetivo real de los británicos era matar a dos de sus hombres, dos agentes de inteligencia capturados y enviados a Amiens, y así evitar que la Gestapo pudiese obtener de ellos información vital. Yo recuerdo haber visto algo parecido en una película, aunque no puedo acordarme ni del título ni de las circunstancias concretas (ni siquiera si la acción se desarrollaba en Francia). No parece nada creíble. Tenían que estar muy desesperados y tener una información muy precisa (sobre dónde se encontrarían exactamente sus agentes en el momento del ataque) para intentar algo así. También se dijo que la operación se decidió tras la detención por la Gestapo de Raymond Vivant, viceprefecto de Abbeville, quien supuestamente tenía información de gran importancia para los aliados. Vivant fue uno de los que aprovecharon el bombardeo para fugarse. El problema en este caso es que había sido detenido solo unos días antes, cuando el plan ya estaba en desarrollo.

Así que nos queda la versión oficial: el objetivo del bombardeo era permitir la fuga del mayor número posible de presos. Podemos suponer que realmente esperaban que entre ellos hubiese muchos miembros de la Resistencia. Faltaban apenas tres meses para el desembarco en Normandía. Los aliados necesitaban que en el momento adecuado todas las redes de resistencia del norte de Francia intensificasen los ataques para entorpecer los movimientos de tropas alemanas hacia las playas de desembarco. Pero extrañamente la operación no se realizó a petición del SOE, el organismo del que teóricamente dependían las acciones de sabotaje en territorio enemigo, sino del MI6, el servicio de espionaje. Se ha sugerido también que Jericó pudo ser una de las operaciones de engaño que pretendían hacer creer a los alemanes que el desembarco se iba a producir en la región de Calais (Amiens está cerca del extremo norte del país, a poca distancia de Pas-de Calais). Pero la fecha del ataque es demasiado temprana para pensar en esa posibilidad. Las operaciones de engaño empezaron bastante más tarde, y de hecho la operación Fortitude aún no existía oficialmente. Además, dependía del MI5, el contraespionaje británico, no del MI6.

Es posible que no haya ningún misterio, que el MI6 ordenase la operación porque fue el departamento que obtuvo la información que la hizo posible, y que realmente creyesen que iban a salvar la vida a un gran número de miembros de la Resistencia. En cualquier caso, es difícil que la operación Jericó se libre algún día de la polémica que siempre la ha acompañado.

2 comentarios:

  1. Gracias por el nuevo articulo. Interesante como siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, unos son más interesantes que otros.
      Gracias a ti, fer.

      Eliminar