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El último permiso del mariscal Pétain

En el verano de 1945 la recién restaurada Corte Suprema francesa juzgó por los crímenes de alta traición y colaboración con el enemigo al mariscal Philippe Pétain, el dictador que tras la derrota de 1940 había instaurado en Francia un régimen de corte fascista y colaboracionista con la Alemania nazi. El 15 de agosto se leyó la sentencia: Pétain fue declarado culpable y condenado a muerte, aunque, debido a su avanzada edad (cuando se celebró el juicio tenía ya 89 años), el gobierno de De Gaulle conmutó poco más tarde aquella pena por la de cadena perpetua. Pétain fue internado en el Fort de la Citadelle, en la pequeña isla de Yeu, al sur de la península de Bretaña. Allí pasó el viejo mariscal los últimos años de su vida. Murió el 23 de julio de 1951, con 95 años. En su testamento había expresado su deseo de ser enterrado en la Necrópolis de Douaumont, donde reposan los restos de decenas de miles de soldados caídos en Verdún (la batalla que le había consagrado como héroe nacional), pero las autoridades francesas no deseaban ver convertido aquel lugar simbólico en un destino de peregrinación para los nostálgicos de su régimen, así que se decidió darle sepultura en una discreta tumba del cementerio marinero que había en la propia isla de Yeu.

Muchos años más tarde, la mañana del 19 de febrero de 1973, la sepultura del mariscal en Yeu apareció profanada. Durante la noche alguien había desenterrado y robado el ataúd con el cuerpo de Pétain. La acción parecía tener una clara motivación política (aunque no estaba tan claro de qué signo), en un momento realmente delicado, cuando ya había empezado la campaña para las elecciones legislativas que se iban a celebrar el 4 de marzo. Las luchas partidistas, la movilización de las fuerzas de seguridad y la gran cobertura mediática propias de una campaña electoral se combinaron para agigantar la repercusión del misterioso y macabro caso y hacer que el país entero estuviese pendiente de su desenlace. Durante tres días un enorme despliegue policial se dedicó a buscar por toda Francia el paradero de los restos del mariscal. Inicialmente la policía siguió algunas pistas falsas. Unas hojas de un diario español encontradas junto a la sepultura llevaron a sospechar que un comando de ultraderechistas pudo haber sido enviado desde la España de Franco para cometer el robo. A medida que pasaba el tiempo sin que se pudiesen presentar resultados visibles, el nerviosismo de las autoridades aumentaba. Y no era para menos, ya que el caso les estaba dejando en ridículo ante la opinión pública nacional. Pero el trabajo policial y la presión de las fuerzas de seguridad acabó dando sus frutos. En cuanto se centraron en investigar a los círculos ultranacionalistas locales, todos los indicios comenzaron a señalar a un conocido militante de la extrema derecha francesa llamado Hubert Massol.

El domingo 18 de febrero un comando de seis hombres, con Massol al mando, había desembarcado del ferry que unía Yeu con el continente con la supuesta intención de acudir a la feria semanal que se celebraba en la isla. Aquella noche se colaron en el pequeño cementerio, desenterraron el ataúd de Pétain y lo cargaron en una furgoneta que habían alquilado unos días antes. Su plan era transportarlo a la Necrópolis de Douaumont, cumpliendo así el último deseo expresado por el mariscal. Pero la profanación fue descubierta mucho antes de lo que esperaban, y el gigantesco despliegue policial les pilló de sorpresa. Las medidas de seguridad en Douaumont y otros lugares simbólicos se multiplicaron. Durante tres días estuvieron paseándose por media Francia con el cadáver en su furgoneta, sin saber qué hacer con él. Finalmente, el 22 de febrero, Massol, sabiéndose buscado, convocó una rueda de prensa para confesar su participación en la acción. Ante los periodistas afirmó que revelaría el paradero de los restos del mariscal con la condición de que el presidente de la República le garantizase por escrito que se le daría sepultura en Douaumont. Massol fue detenido inmediatamente después. El ataúd fue localizado en un garaje de Saint-Ouen, en la periferia de París. Los cinco compañeros de Massol fueron también arrestados. Uno de ellos era el gerente de una empresa funeraria, que había sido reclutado expresamente por sus habilidades profesionales. Los otros miembros del comando eran dos veteranos de la Legión Extranjera (uno polaco y otro húngaro), un mecánico parisino de 61 años, encargado de conducir la furgoneta, y su hijo, un exparacaidista. Aunque el trabajo policial finalmente había tenido éxito, la opinión pública no se tranquilizó al saber que una acción chapucera llevada a cabo por un pequeño grupo de aficionados había sido capaz de provocar semejante conmoción nacional.

Massol, un publicista de 35 años, veterano de la guerra de Argelia, asumió toda la responsabilidad de la acción, pero no engañó a nadie. Todo el mundo tuvo claro desde el primer momento quién había sido el cerebro del grupo. Massol era un estrecho colaborador de un histórico dirigente de la extrema derecha francesa, el abogado Jean-Louis Tixier-Vignancour, que décadas antes se había hecho popular defendiendo a muchos franceses acusados de colaboracionismo, y que en 1965 se había presentado a las elecciones presidenciales, en las que apenas obtuvo un 5 % de los votos (su director de campaña fue un joven prometedor llamado Jean-Marie Le Pen). Tixier-Vignancour llegó a afirmar en una entrevista que nunca hubiera podido imaginar que Hubert Massol iba a verse implicado en un asunto como aquel. Lo cierto es que las evidencias de su relación con Massol y el resto del grupo eran abrumadoras, aunque no había pruebas de su participación directa en los hechos.

El momento escogido para poner en marcha el plan había sido un acierto. Es innegable que supuso un gran golpe propagandístico en plena campaña electoral. Para la ultraderecha aquella acción tenía un gran valor simbólico. El traslado de los restos de Pétain al osario de Douaumont era una vieja reivindicación de asociaciones de excombatientes de la Gran Guerra y de los defensores del régimen de Vichy, pero sus peticiones habían sido siempre rechazadas por los sucesivos gobiernos franceses. Pero Tixier-Vignancour probablemente tenía un objetivo último más importante y a más largo plazo que el de conseguir un golpe de efecto en la campaña: convertir el juicio a los profanadores en un nuevo juicio a Pétain y su obra y utilizarlo para rehabilitar la figura del viejo mariscal.

Si ese era realmente el objetivo final, el plan fracasó. Pocos días después de su arresto los detenidos fueron puestos en libertad a la espera de juicio. Pero nunca serían juzgados, beneficiados por la amnistía presidencial decretada tras la elección de Giscard d'Estaing (parece razonable pensar que fueron incluidos en ella precisamente para evitar la utilización política del caso que supuestamente pretendía hacer Tixier-Vignancour).

Los restos de Pétain regresaron a su humilde tumba en la isla de Yeu, donde todavía siguen. Aunque, al menos, sus “secuestradores” le habían permitido disfrutar de un último permiso de tres días (así es como se refirió al episodio Michel Dumas, el gerente de funeraria que participó en él, que años más tarde publicó un libro en el que relataba sus peripecias titulado La Permission du maréchal, trois jours en maraude avec le cercueil de Pétain, es decir, “El permiso del mariscal, tres días deambulando con el ataúd de Pétain”).

Tumba del mariscal Pétain en la isla de Yeu:

Rockall, la última conquista del Imperio Británico

A comienzos de la década de los 50 el Ejército de los Estados Unidos y un consorcio de empresas privadas norteamericanas desarrollaron conjuntamente el primer misil de crucero con capacidad nuclear, el MGM-5 Corporal. En 1954 el gobierno del Reino Unido eligió el Corporal como vector de lanzamiento principal de sus fuerzas nucleares tácticas, convirtiéndolo en el primer misil guiado estadounidense vendido a una potencia extranjera. Para poner a prueba las capacidades de su nueva arma, el Ejército británico construyó una base de lanzamiento en la remota isla escocesa de Benbecula, en las Hébridas Exteriores, y una estación de radar en el minúsculo y aún más remoto archipiélago de San Kilda, 65 kilómetros al oeste. Los misiles eran disparados hacia objetivos imaginarios en medio del océano, lejos de las rutas de navegación habituales, y su trayectoria monitorizada por los radares situados en San Kilda. Allí, en el extremo norte británico, podían realizar los ensayos libres de miradas indiscretas, aunque de vez en cuando algún barco pesquero soviético era descubierto navegando por aguas sospechosamente próximas al área de pruebas.

Fue la necesidad de garantizar el secreto de sus pruebas armamentísticas, exagerada por la paranoia típica de los comienzos de la Guerra Fría, lo que llevó al gobierno británico a tomar la decisión de ordenar, por última vez en su historia (al menos hasta el día de hoy), una operación militar con el objetivo de anexionarse un territorio.

La isla de Rockall es un diminuto peñón situado en medio del océano, casi a mitad de camino entre Islandia y las islas Británicas. El lugar habitado más cercano es North Uist, una isla del archipiélago de las Hébridas Exteriores, a 370 Km de distancia. No es más que una roca de paredes casi verticales, el pico de un volcán extinto, que sobresale del mar hasta una altura de 23 metros. El islote está continuamente azotado por las olas, en una región del Atlántico Norte en la que el mal tiempo es habitual, y la única vida que alberga es una pequeña colonia de aves marinas. Los militares británicos temían que a los soviéticos se les ocurriese instalar allí un puesto de observación para espiar sus ensayos de misiles, así que decidieron adelantarse a ellos y ocupar la isla.

Rockall, un trozo de roca perdido en el Atlántico:


El 14 de septiembre de 1955 la reina Isabel II autorizó por escrito la operación. Sus órdenes eran:

”A la llegada a Rockall efectuarán un desembarco e izarán la bandera de la Unión sobre el lugar que les parezca más factible o conveniente, y a continuación, tomarán posesión de la isla en Nuestro nombre.”

La misión fue encomendada al buque de investigación oceanográfica HMS Vidal. Casualmente, el barco había sido bautizado con ese nombre en honor a Alexander Thomas Emeric Vidal, cartógrafo y oficial de la Royal Navy del siglo XIX, que, entre otras cosas, había sido el autor de la primera descripción conocida de Rockall.

El buque oceanográfico Vidal:


El Vidal llegó a Rockall al día siguiente,.pero una vez allí se vieron obligados a esperar varios días a que mejorasen las condiciones meteorológicas. El oleaje hacía muy peligroso el desembarco en el peñón desde un bote, y los fuertes vientos no permitían las operaciones con el helicóptero del buque. Al fin, la mañana del 18 de septiembre de 1955 el helicóptero Westland Dragonfly, pilotado por el comandante Ronald "Tubby" Leonard, pudo transportar hasta el islote a cuatro hombres: dos Royal Marines, el sargento Brian Peel y el cabo Alexander A. Fraser, un civil (aunque también ex-marine), el naturalista James Fisher, y un oficial de la Royal Navy, el lieutenant commander (rango británico equivalente a capitán de corbeta) Desmond Scott. El radio de las palas del rotor era demasiado grande como para intentar aterrizar o tan siquiera aproximarse a la roca, por lo que el comandante Leonard se vio obligado a llevar a los miembros del grupo de desembarco uno a uno, colgados de un arnés, y dejarles en la única superficie relativamente plana de la isla, una pequeña cornisa situada unos tres metros por debajo de la cumbre, conocida como “saliente de Hall” (llamada así en recuerdo del capitán Basil Hall, el primer marino británico que desembarcó en Rockall, en 1811).

Los hombres que desembarcaron en el islote, en una fotografía tomada desde el helicóptero, en la que se puede ver el poco espacio que tuvieron para el aterrizaje:


El sargento Peel fue el primero en aterrizar. Era la primera persona que pisaba Rockall desde hacía un siglo. Peel era un experto escalador. A petición de Fisher, descendió hasta el nivel del agua para recoger algunas muestras de algas. Tuvo que volver a subir precipitadamente, asustado por la fuerza con la que rompían las olas en el peñón. El capitán Scott fue el encargado de izar la Union Jack en lo alto del islote, mientras Fisher inmortalizaba el histórico momento con su cámara. A continuación fijaron en la roca una placa de bronce con la inscripción:

Por la autoridad de Su Majestad la Reina Isabel II, por la Gracia de Dios del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de los otros reinos y territorios de la Reina, Cabeza de la Commonwealth, Defensora de la Fe, y de acuerdo con las instrucciones de Su Majestad fechadas el día 14 de septiembre de 1955, el día de hoy se ha efectuado un desembarco en esta isla de Rockall desde el HMS Vidal. La bandera de la Unión ha sido izada y se ha tomado posesión de la isla en nombre de Su Majestad.
RH Connell, capitán , HMS Vidal, 18 de septiembre de 1955.


En la actualidad la placa ya no está donde la dejaron. No se sabe si fue víctima de las inclemencias del tiempo o si se la llevó de recuerdo alguno de los pocos visitantes que ha tenido Rockall desde entonces.

El capitán Scott iza la bandera británica en el peñón, con el cabo Fraser a su derecha:


El 21 de septiembre de 1955 el Reino Unido hizo el anuncio oficial de la anexión del islote deshabitado de Rockall. En un momento en el que el Imperio Británico estaba desintegrándose a una velocidad sorprendente, cuando muchas de sus colonias ya habían obtenido la independencia y otras no iban a tardar en hacerlo, la noticia de aquella aventura “imperial” fue recibida con burlas generalizadas por la mayor parte de la prensa y la opinión pública.

Al final la URSS nunca mostró el menor interés por Rockall, y no hay ninguna prueba de que los soviéticos se hubiesen planteado alguna vez ocuparlo o utilizarlo para operaciones de espionaje o para cualquier otro uso. Parece por tanto que los temores británicos eran infundados y no había motivo alguno para la anexión. Pero, aunque su valor militar fuese nulo, con los años el islote ha acabado teniendo una enorme importancia estratégica. Hoy casi nadie discute la soberanía británica de Rockall, que administrativamente forma parte del concejo escocés de las Hébridas Exteriores. Otra cosa son sus aguas circundantes. La posesión del islote ha servido al Reino Unido para reclamar como zona económica exclusiva una enorme extensión de océano en torno al peñón. La plataforma continental sobre la que se asienta podría ser rica en yacimientos de petróleo y minerales, y el gobierno británico afirma tener los derechos sobre todos los recursos que pudiera contener el lecho marino. Las reclamaciones británicas chocan con las de los países “vecinos”, Irlanda, Islandia y Dinamarca (este último en nombre de las islas Feroe), que niegan esos derechos y reclaman para sí mismos parte de ellos.

En 1997 la organización ecologista Greenpeace ocupó Rockall en protesta por las prospecciones petrolíferas británicas en la zona. Proclamaron su independencia como un nuevo estado con el nombre de Waveland (“Tierra de Olas”). El gobierno británico respondió con una absoluta indiferencia y se limitó a conceder a los activistas un permiso para permanecer en el islote. Fue entonces cuando se batió el récord de permanencia en el peñón: 42 días consecutivos. Se calcula que no llegan a veinte los desembarcos habidos en Rockall en toda la historia.

JB-2, las V-1 estadounidenses


En 1942 los servicios de inteligencia estadounidenses comenzaron a recibir informaciones sobre los cohetes V-1 alemanes, en aquella época todavía en fase de experimentación. Ya en 1943, basándose en aquellos primeros datos, varios equipos de investigación empezaron a trabajar en el desarrollo de una versión norteamericana del que está considerado como el primer misil de crucero de la historia. Pero fue a partir del verano de 1944, con el inicio de la campaña de bombardeos con misiles contra Londres y otros objetivos ordenada por Hitler, cuando los estadounidenses pudieron finalizar con éxito sus trabajos gracias a la ingeniería inversa. Varias V-1 estrelladas en Inglaterra fueron transportadas a Estados Unidos para su estudio. A partir de ellas, en poco tiempo, los ingenieros norteamericanos lograron completar su propia versión de la Vergeltungswaffe 1.

El resultado de aquellos trabajos fue la Republic-Ford JB-2, el primer misil de crucero producido de forma masiva en los Estados Unidos (antes hubo una JB-1, de la que se llegó a construir un prototipo para pruebas aerodinámicas, con pobres resultados). La velocidad a la que se desarrolló todo el programa resulta casi sorprendente. En septiembre de 1944 ya se había completado el primer prototipo, y poco después, el 12 de octubre, tuvo lugar el primer lanzamiento de prueba en la base aérea de Eglin, en Florida. La “bomba a reacción” (Jet Bomb, el significado de las siglas JB) era propulsada por un pulso-jet fabricado por la compañía Ford. El misil era una copia casi exacta de la V-1 alemana, con algunas pequeñas diferencias (por ejemplo la estadounidense tenía una superficie alar y unas dimensiones ligeramente mayores que la original). Incluso se limitaron a copiar su rudimentario método de guiado inercial, sin incorporar los avances que se habían hecho en Estados Unidos con los sistemas de guiado por radio o incluso por radar.

Los buenos resultados en los ensayos hicieron que el gobierno no tardase en aprobar el comienzo de la producción. La intención inicial era utilizar las JB-2 de forma masiva contra Alemania. Pero en los primeros meses de 1945 la Luftwaffe había desaparecido casi totalmente de los cielos europeos y el dominio aliado del aire se hizo absoluto. En aquellas condiciones, los planificadores comenzaron a considerar innecesario el uso de misiles para atacar objetivos que podían ser alcanzados sin mucha dificultad por las fuerzas aéreas. En consecuencia, la producción de las JB-2 se ralentizó, aunque no llegó a cancelarse. Aún quedaba un enemigo por derrotar.

Tras el final de la guerra en Europa los estadounidenses se volcaron en los preparativos de la operación Downfall, la futura conquista aliada del archipiélago japonés. Estaba previsto que los asaltos anfibios en Kyushu fuesen precedidos por una campaña masiva de bombardeos que habría empequeñecido todo lo que se había visto hasta entonces. El plan incluía el uso de decenas de miles de JB-2 en su versión naval (denominada KGW-1), que serían lanzadas desde bombarderos PB4Y-2 Privateer (la versión naval del B-24 Liberator), o desde LST (Landing Ship Tanks, buques de desembarco de tanques) u otro tipo de embarcaciones especialmente modificadas. Finalmente, en agosto de 1945 Japón anunció su rendición y la operación Downfall fue cancelada. El 15 de septiembre se ordenó detener la producción de la JB-2. Hasta ese momento se habían completado un total de 1.391 unidades. Ninguna de ellas llegó a ser utilizada nunca en combate.

En la postguerra la US Navy continuó con el desarrollo de las KGW-1, ahora con la denominación LTV-N-2 Loon. Su intención era adaptar submarinos para que sirviesen como vectores de lanzamiento de misiles. La idea no era nueva. Los alemanes ya habían buscado la forma de transportar y lanzar desde submarinos las V-1 e incluso las V-2, mucho más grandes, aunque no habían pasado de algunas imaginativas propuestas teóricas (en el caso de las V-2, los cohetes irían en el interior de contenedores especiales remolcados por los submarinos).

El 12 de febrero de 1947 el submarino estadounidense Cusk, de la clase Balao, lanzó con éxito una Loon durante una prueba realizada en Point Mugu, California. El buque había sido modificado con la instalación en su popa de una rampa de lanzamiento y un pequeño hangar hermético para transportar el cohete. El Cusk fue el primer submarino de la historia en lanzar un misil de crucero, convirtiéndose en ese aspecto en un auténtico precursor de los temibles submarinos atómicos que en las décadas posteriores constituyeron (y siguen constituyendo) una pieza fundamental en la estrategia de disuasión nuclear y proyección global de las grandes potencias.

Lanzamiento de una Loon desde el Cusk:

¿Puede exigir Grecia reparaciones de guerra a Alemania?

Hace unas semanas fue noticia el anuncio formal que hizo el nuevo primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, de su intención de reclamar a Alemania compensaciones por daños de guerra derivadas de la ocupación del país entre 1941 y 1944. La cantidad reclamada, según se filtró a la prensa, sería de 11.000 millones de euros, valor actual calculado de un préstamo de 476 millones de Reichsmarks que los ocupantes alemanes obtuvieron del gobierno títere griego en 1942 y que nunca fue devuelto. Además, Grecia pedirá compensaciones económicas para las víctimas de la ocupación y la devolución a su país de miles de piezas arqueológicas expoliadas. La historia no es nueva. De hecho, parece que el gobierno de Syriza ha bajado considerablemente las exigencias con respecto a sus predecesores (aunque también parece que se va a tomar el tema más en serio). Hace dos años, durante el gobierno del conservador Antonis Samaras, un comité del Ministerio de Finanzas griego evaluó la cuantía a reclamar en 162.000 millones de euros, lo que supondría casi la mitad de la deuda griega actual, o un 80% de su PIB. Esta cifra saldría de la suma, por un lado, del coste del expolio, los daños y la destrucción de infraestructuras durante la ocupación nazi (que supondría 108.000 millones), y por otro de la devolución del préstamo que el Banco Central griego concedió a Alemania (que calcularon en otros 54.000 millones, una cifra muy superior a los 11.000 que exige el gobierno actual).

La respuesta alemana ha sido contundente: no hay nada que negociar. Según el gobierno de Angela Merkel, Grecia renunció voluntariamente a la devolución de la deuda al firmar el Acuerdo de Londres de 1953, y renunció también a reclamar compensaciones de guerra tras su visto bueno al Tratado 2+4 de 1990.

¿Es eso cierto? ¿Renunció Grecia a reclamar compensaciones por la ocupación nazi por partida doble, en 1953 y 1990?

Veamos...

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial Alemania había quedado literalmente arrasada. A falta de algo mejor, las potencias ocupantes se cobraron “en especie” parte de las compensaciones que reclamaban a Alemania por los daños provocados. Fábricas enteras fueron desmanteladas y trasladadas a la URSS, Francia o Gran Bretaña, al igual que materias primas, productos industriales e incluso trabajadores (cientos de miles de prisioneros de guerra fueron utilizados como mano de obra casi esclava). Mientras tanto, en Grecia había estallado una guerra civil entre conservadores y comunistas que duraría hasta octubre de 1949. La inestabilidad interna impidió a Grecia plantear el tema de las reparaciones en la inmediata postguerra. Más tarde, sería Estados Unidos el encargado de convencer a los distintos gobiernos griegos para que aparcasen sus reivindicaciones, utilizando como argumento (muy persuasivo) los dólares del plan Marshall. Los norteamericanos habían comenzado a presionar a sus aliados europeos para que abandonasen sus actitudes revanchistas. Se trataba de impedir un avance de los comunistas en Europa, para lo que era vital una Alemania occidental fuerte y estable.

Ese fue precisamente el objetivo del Acuerdo de Londres de 1953. A comienzos de la década de los 50 la economía alemana estaba asfixiada por el peso de la enorme deuda que arrastraba. Con su industria destruida, no tenía forma de conseguir divisas y no iba a poder hacer frente a los pagos que se le exigían. El temor a que la deuda se convirtiese en una fuente de desestabilización permanente y un lastre que impidiese el desarrollo de Alemania occidental llevó a las potencias aliadas a convocar una conferencia con el objetivo de renegociar las deudas y suavizar las condiciones de pago. Participaron representantes de la República Federal Alemana y de más de una veintena de países (Grecia entre ellos), además de un gran número de acreedores privados.

La deuda reclamada a Alemania anterior a la guerra se elevaba a 22.600 millones de marcos. La deuda de la posguerra se estimaba en 16.200 millones de marcos. Era principalmente deuda privada, en su mayor parte contraída en los años de entreguerras por los préstamos Young y Dawes, contratados para hacer frente a las reparaciones de la Primera Guerra Mundial, y los préstamos derivados del Plan Marshall, ya en la postguerra. En las negociaciones los montos se redujeron a 7.500 millones y 7.000 millones de marcos, respectivamente, lo que representaba una quita del 62,6%.

Pero, pese a la enorme cuantía de las cantidades perdonadas, no fue la reducción de la deuda la concesión más importante de los acreedores. Se acordaron unas condiciones de pago muy ventajosas, de forma que Alemania pudiese reembolsar la deuda sin poner en riesgo su crecimiento y su estabilidad. Así, los firmantes aceptaron que los alemanes hiciesen la mayor parte de los pagos en su propia moneda, el Deutsche Mark. También se les permitió producir bienes que antes importaban y vender sus productos en el extranjero para reducir su balanza comercial negativa. Además, el pago de la deuda se adaptaría a la situación de la economía alemana en cada momento, permitiendo que el país hiciese frente a sus obligaciones exclusivamente con sus excedentes de exportación, sin castigar sus reservas monetarias. Se puso un límite del 5% de los ingresos por exportación al pago de la deuda, y este se interrumpiría si el país no tenía una balanza comercial positiva. Los tipos de interés iban desde el 0% al 5%. En los primeros cinco años (hasta 1958) se decretó una moratoria al pago de la deuda, y en ese tiempo Alemania solo tendría que asumir el pago de los (escasos) intereses.

Con todas esas medidas, y con las millonarias ayudas del Plan Marshall primero y de la Agencia Internacional de Desarrollo de los Estados Unidos después, Alemania se reindustrializó muy rápidamente, su economía se recuperó y en poco tiempo resurgió como potencia económica mundial.

Como se ve, la gran preocupación de los firmantes del Acuerdo de Londres era garantizar que Alemania no pasaría por dificultades para hacer frente a sus obligaciones de pago. Y, en esa línea, otra de sus concesiones principales fue la que se refería al desembolso de las reparaciones de guerra. El punto 2 del artículo 5 del tratado dice textualmente:

La revisión de las reclamaciones derivadas de la Segunda Guerra Mundial por los países que estuvieron en guerra con o fueron ocupados por Alemania durante la guerra, y por los ciudadanos de esos países, en contra del Reich y organismos del Reich, incluyendo los costes de la ocupación alemana, compensaciones de activos adquiridos durante la ocupación y las reclamaciones contra la Reichskreditkassen, quedará aplazada hasta la solución definitiva del problema de las reparaciones.

Es decir, los países ocupados o atacados por la Alemania de Hitler no renunciaban al cobro de reparaciones de guerra, pero aplazarían sus reclamaciones hasta que se celebrase una nueva ronda negociadora sobre la cuestión. El representante alemán en la conferencia de Londres, el financiero Hermann Josef Abs, prometió que se revisarían todas las reclamaciones cuando se firmase “un tratado de paz o un acuerdo semejante”. El gobierno del canciller Adenauer tenía un argumento de peso para no abrir la negociación sobre las compensaciones: Alemania era un país dividido, y la RFA no debía hacerse cargo de las reparaciones en solitario. Todo quedaría pendiente de la negociación de un tratado de paz definitivo, que acabase con la ocupación aliada en Alemania y permitiese la reunificación. El futuro tratado tendría que fijar además las fronteras definitivas de Alemania. Al finalizar la guerra la URSS se había anexionado las regiones polacas ocupadas por Stalin en 1939 (antiguos territorios del imperio zarista perdidos en la guerra ruso-polaca de 1919-1920), y a cambio había permitido que Polonia desplazase sus fronteras hacia el oeste hasta la línea formada por los ríos Oder y Neisse, ocupando extensos territorios históricamente alemanes. Además, la URSS y Polonia se habían repartido la Prusia Oriental. En 1953 la RFA aún no había reconocido la frontera entre la RDA y Polonia (no lo haría hasta 1970), y consideraba el problema de las fronteras orientales alemanas como otro punto a negociar cuando se celebrase la conferencia de paz definitiva. La cuestión de las fronteras, aunque no parezca tener mucha relación con el tema de las reparaciones, acabaría jugando un papel fundamental en esta historia, como veremos más adelante.

En 1989, tras la caída del Muro de Berlín, parecía haber llegado el momento de encontrar la solución definitiva a todos aquellos problemas. El fin del régimen comunista en la RDA hacía posible la reunificación y permitía negociar la retirada de los cuatro países que todavía mantenían su status de potencias ocupantes. La decisión lógica habría sido convocar una conferencia de paz con la participación de todos los estados que habían hecho la guerra a Alemania, pero el gobierno del canciller Helmut Kohl era consciente de que aquello reabriría el debate sobre las compensaciones de guerra y traería consigo una oleada de reclamaciones económicas de los países afectados. Así, en lugar de la conferencia de paz, el gobierno de la RFA convenció a las potencias ocupantes de que se podía solucionar el tema con una negociación cerrada.

Las negociaciones se iniciaron en febrero de 1990, y la firma definitiva del tratado fue el 12 de septiembre de ese mismo año. Los firmantes, además de la RFA y la RDA, fueron las cuatro potencias ocupantes de Alemania: Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia. El acuerdo fue bautizado oficialmente con el engañoso nombre de “Reglamentación jurídica sobre el fin de los derechos y las responsabilidades de las cuatro potencias”, pero es más conocido simplemente como Tratado 2+4. En él se daba el visto bueno a la reunificación de las dos Alemanias y se recogía la renuncia de las potencias ocupantes a todos sus derechos como tales. Aparte de los seis firmantes, tan solo otro país fue consultado: Polonia. La razón para incluir a los polacos en las negociaciones era que una de las cuestiones principales que se dirimieron fue la de las fronteras orientales de Alemania. A cambio de alcanzar un acuerdo rápido, la nueva Alemania aceptaba la línea Oder-Neisse como frontera germano-polaca y renunciaba a presentar en el futuro reclamaciones territoriales en el este de Europa. Según el gobierno alemán, el tratado supuso también un punto final en el tema de las indemnizaciones de guerra. Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña renunciaron expresamente a solicitar reparaciones. Solo la URSS se mostraba dispuesta a incluirlas en las negociaciones, pero la promesa alemana de olvidarse de reclamaciones territoriales hizo que el gobierno de Gorbachov cambiase de opinión. El compromiso de respetar las fronteras vigentes no solo les aseguraba que no se iba a reabrir la cuestión de la frontera polaco-soviética, sino que suponía una confirmación de la soberanía soviética del oblast de Kaliningrado (la antigua Königsberg prusiana), un enclave ruso en la costa del Báltico del tamaño de la provincia española de León.

Todo esto se decidió a espaldas del resto de países que habían participado en la Segunda Guerra Mundial. Algunos de ellos renunciaron también a exigir de reparaciones de guerra a Alemania, pero no fue ese el caso de Grecia. Lo cierto es que el gobierno griego no reaccionó en aquel momento y dejó pasar mucho tiempo antes de hacer la reclamación, aunque se supone que eso no invalida sus supuestos derechos. En cualquier caso, aunque fuese cierto que el Tratado 2+4 da por finiquitado el tema de las reparaciones, los terceros países que ni siquiera fueron consultados no tienen por qué estar sujetos a las decisiones de los firmantes y tienen todo el derecho a considerar inválido el acuerdo.

En conclusión, Grecia nunca renunció a exigir a Alemania reparaciones por la ocupación nazi, y por consiguiente no hay ningún motivo por el que no pueda hacerlo. Otra cosa es que pueda tener éxito en sus demandas. En primer lugar, por el tiempo transcurrido. Que yo sepa, no hay ningún plazo temporal en la legislación internacional para hacer reclamaciones de este tipo, pero setenta años son muchos años ¿Y si cunde el ejemplo y los estados se enzarzan en demandas de reclamaciones por guerras de hace uno o dos siglos? ¿Dónde estaría el límite?

Otro problema es el cálculo de la cuantía de las reparaciones, para lo que habría que decidir en primer lugar qué es lo que hay que compensar. En los años 50 y 60 la RFA negoció acuerdos bilaterales con varios países por los que concedió indemnizaciones a víctimas de la guerra. En 1960 pagó unos 115 millones de marcos como compensación a víctimas griegas de la ocupación. Esto también ha sido utilizado como argumento por los que creen que Alemania ya ha pagado sus deudas (aunque parece una cifra bastante escasa). Sin embargo, se trataba de compensaciones a particulares, mientras que lo que el gobierno griego plantea ahora es una negociación de estado a estado para acordar principalmente reparaciones por la destrucción de infraestructuras y los daños que causó la ocupación en la economía del país.

Parece que Grecia insistirá sobre todo en la devolución del préstamo concedido por el gobierno títere en 1942. Si se considera un crédito ordinario, y no como parte de las reparaciones de guerra, podría tener más posibilidades de que Alemania se viese obligada a desembolsarlo. Pero en este caso también hay problemas con el cálculo de la cuantía. Era un crédito en Reichsmarks, una moneda que dejó de existir en 1948, y según los distintos estudios su valor actual podía ir desde los 8.250 millones de dólares que calculó un comité del Bundestag en 2012 hasta los 54.000 millones de euros reclamados por el gobierno de Samaras.

Muchos piensan que la intención del gobierno griego no es otra que utilizar la cuestión de las reparaciones de guerra como argumento moral en sus negociaciones para suavizar las exigencias de la Troika. Después de todo, la generosidad con la que los acreedores (entre ellos la propia Grecia) trataron a Alemania en la postguerra contrasta enormemente con la postura intransigente del actual gobierno alemán con respecto a la deuda griega.

Hijos en guerras lejanas

Hace un tiempo conté la historia de Chiang Wei-kuo, el hijo (adoptivo) de Chiang Kai-shek, que sirvió como oficial en el ejército alemán y estuvo a punto de participar en la invasión de Polonia:


Pues si es chocante ver al hijo de Chiang Kai-shek posando en una fotografía con el uniforme de teniente de la Wehrmacht, lo es más si la ponemos junto a otra del hijo de su mayor enemigo luciendo el uniforme de teniente del Ejército Rojo soviético:


Mao Anying era hijo de Mao Zedong y su segunda esposa, Yang Kaihui. Nació el 24 octubre de 1922 en un hospital de misioneros cristianos de Changsha, la capital de la provincia china de Hunan. Un año más tarde el matrimonio tuvo a su segundo hijo, Mao Anqing, y seis años después nació el tercero, Mao Anlong. Aquella fue la única etapa en la vida del dirigente comunista en la que disfrutó de un hogar propiamente dicho. Pero sus obligaciones políticas le dejaban poco tiempo para estar con su familia. Cada vez con mayor frecuencia abandonaba durante meses a su mujer y sus hijos para emprender largos viajes por todo el país.

En 1927 los nacionalistas del Kuomitang tomaron Changsa. Mao dejó definitivamente a su familia para ponerse al frente de las guerrillas comunistas en la región. El abandono de su marido sumió a Yang Kaihui en una grave depresión. Llegó a pensar en el suicidio, aunque al final pudo más el amor por sus hijos y la responsabilidad de saber que solo la tenían a ella.

En 1930 los comunistas lanzaron una ofensiva contra Changsa. El intento de tomar el poder en la ciudad acabó en un completo desastre, y las guerrillas de Mao fueron derrotadas en unos pocos días de combates. Al finalizar la lucha, las fuerzas nacionalistas desataron una sangrienta represión contra los comunistas en toda la provincia. Yang Kaihui fue arrestada junto a Mao Anying, justo el día en que el niño cumplía ocho años. La madre fue ejecutada en presencia de su hijo mayor.

Tras la muerte de Yang Kaihui los tres hermanos se convirtieron en niños de la calle, condenados a dormir a la intemperie y a rebuscar en las basuras para comer. El pequeño, Anlong, murió de disentería con solo cuatro años. Hacia 1932 Anying y Anqing fueron acogidos por unos militantes comunistas de Shanghai. Las redes clandestinas de solidaridad comunista se hicieron cargo de la crianza y la educación de los dos niños. Mientras, su padre continuaba el ascenso al poder. Entre 1934 y 1935 el éxito de la Larga Marcha le convirtió en el líder absoluto de los comunistas chinos.

Fue entonces cuando Stalin fijó su atención en los hijos olvidados de Mao. En 1936 se ofreció a acoger a los dos niños en la Unión Soviética para proporcionarles una educación acorde con la relevancia política que había adquirido su padre (y de paso como modo de garantizarse una influencia en los asuntos futuros de China, aunque esto es de suponer que se lo callaría). Mao aceptó la invitación, y en 1936 Anying y Anqing llegaron a Moscú tras una breve estancia en París. Mao Anying vivió los siguientes diez años en la URSS. Su hermano pequeño tardaría aún más tiempo en regresar a China.

Cuando los alemanes invadieron la Unión Soviética, Mao Anying dejó los estudios para unirse al Ejército Rojo con el nombre de Xie Liaosha. Durante la guerra alcanzó el rango de teniente de artillería. Su hermano Anqing también sirvió en el ejército soviético por un breve tiempo, pero tuvo que abandonarlo cuando empezó a manifestar los síntomas de una esquizofrenia. En 1946 Anying regresó a China y continuó su carrera militar en el Ejército Popular. Anqing volvió un año más tarde. Pasó buena parte del resto de su vida ingresado en sanatorios mentales.

En octubre de 1950 Mao Anying llegó a Corea como traductor de ruso y asistente del mariscal Peng Dehuai, comandante supremo del Ejército de Voluntarios del Pueblo (el nombre que recibió la fuerza expedicionaria china en la guerra de Corea). Un mes más tarde, el 25 de noviembre, un solitario bombardero A-26 de la Fuerza Aérea Sudafricana atacó con bombas de napalm un conjunto de trincheras y tiendas que resultó ser el cuartel general chino. Anying murió en el bombardeo. Tenía 28 años.

Egipto, campeón de Europa

Otra entrada en la que, aprovechando que se está disputando el Mundial, voy contar una curiosidad relacionada con el baloncesto (será la última, lo prometo).

Entre los partidos que se juegan hoy hay uno que enfrenta a dos campeones de Europa: España... y Egipto.

Lo de España tiene menos misterio. Ha sido la gran dominadora del baloncesto europeo en la última década. Ganó dos Eurobasket consecutivos, en 2009 y 2011, y pudieron ser más (una lástima la inexplicable derrota frente a Rusia en la final de 2007).

En proporción, el palmarés de Egipto es envidiable. En sus tres participaciones en los campeonatos europeos de selecciones ha conseguido un título y una medalla de bronce. En la postguerra era la única selección de baloncesto que existía en África (lo cierto es que era uno de los pocos estados independientes del continente, junto a Liberia, Etiopía y la Unión Sudafricana, esta última dentro de la Commonwealth británica), así que su federación nacional jugaba los torneos internacionales organizados por la rama europea de la FIBA. El Campeonato Europeo de Baloncesto de 1947 se disputó en Checoslovaquia, y fue dominado por los países de lo que ya empezaba a conocerse como bloque comunista. En la final, la Unión Soviética, que había reunido una gran selección aprovechando la tradición baloncestística de los estados bálticos (Lituania, Letonia y Estonia, convertidos en repúblicas soviéticas), ganó sin muchos problemas a los anfitriones y comenzó un reinado que prometía ser duradero.

Pero en 1948 un hecho que no tenía ninguna relación con el baloncesto interrumpiría aquel reinado. A inicios de ese año las potencias ocupantes y las autoridades civiles de lo que más tarde sería la República Federal de Alemania decidieron introducir en el territorio bajo su jurisdicción una nueva moneda, el Deutsche Mark. La reforma monetaria, que no había sido consensuada con los soviéticos, suponía una independencia económica de facto de Alemania Occidental y perjudicaba gravemente la economía de la parte oriental, muy dependiente del comercio con el oeste. La respuesta de Stalin, en junio de 1948, fue ordenar un bloqueo en todos los accesos terrestres a Berlín Occidental. A su vez los estadounidenses respondieron con un gigantesco puente aéreo, con el que pretendían (y consiguieron) abastecer a la población de Berlín Occidental de todos los alimentos, combustibles y suministros que necesitaban para resistir el bloqueo soviético. En aquel clima de tensión, que parecía el preludio de una nueva guerra mundial, la URSS decidió retirarse como protesta de todos las competiciones deportivas internacionales. El resto de países comunistas hicieron lo mismo.

La organización de la edición de 1949 del Campeonato Europeo de Baloncesto correspondía a la Unión Soviética, como país defensor del título. Al retirarse los soviéticos, la anfitriona tendría que haber sido Checoslovaquia, medalla de plata. Pero los checos secundaron el boicot, así que el torneo se iba a celebrar en el país de los terceros clasificados: Egipto. En 1947 los egipcios habían dado la gran sorpresa, con un torneo casi perfecto, en el que solo habían perdido un partido (en la segunda fase, contra la URSS) y habían derrotado a Bélgica, Italia, Albania, Polonia, Bulgaria, y nuevamente Bélgica en el partido por el tercer y cuarto puesto.

Así que el Campeonato Europeo de Baloncesto de 1949 se celebró en El Cairo, en una pista de cemento al aire libre. La retirada a última hora de todos los países del bloque comunista dejó un torneo muy descafeinado. Tan solo participaron siete selecciones, entre las que había dos asiáticas que nunca hasta entonces se habían clasificado para un torneo de ese nivel, Siria y Líbano. Se disputó con el formato de liga, con todas las selecciones encuadradas en un único grupo. Egipto ganó sus seis partidos y se proclamó campeón directamente. El medallero lo completaron Francia (plata) y Grecia (bronce).

Egipto aún tendría una tercera participación en un campeonato europeo. Fue en Moscú, cuatro años más tarde, en 1953, en un torneo que dominó la URSS de principio a fin. Los egipcios tuvieron una participación honrosa, quedando en octava posición con 4 partidos ganados y 6 perdidos.

¿Quién fue el primer jugador no blanco de la NBA?

Una pregunta de las que ponen a prueba al típico amigo enciclopedia-deportiva-andante que todos tenemos, aprovechando que hoy empieza el Mundial de Baloncesto. Lo cierto es que la respuesta no es nada obvia, y seguro que sorprenderá a más de uno. Estamos acostumbrados a ver cómo el baloncesto norteamericano está dominado por enormes e hipermusculados jugadores de raza negra. Pero el primero que logró romper las barreras raciales en el baloncesto profesional estadounidense pertenecía a un grupo étnico que no destaca precisamente por su altura ni por sus condiciones atléticas... ni por su afición al basket. Además, hizo su carrera deportiva en unos años en los que tuvo que enfrentarse a los prejuicios y la hostilidad de buena parte de sus conciudadanos.

Wataru "Wat" Misaka era un nisei (hijo de emigrantes japoneses) nacido en 1923 en Ogden, en el estado de Utah. Era un jugador más bien bajo (1'70 metros) que se había destacado en sus años de instituto liderando a su colegio en la consecución del campeonato estatal de Utah dos años seguidos. En 1943 se matriculó en ingeniería en la Universidad de Utah y se unió al equipo de baloncesto (en gran parte del oeste del país el gobierno había decretado el internamiento forzoso de los ciudadanos de origen japonés, pero Utah había quedado fuera de la zona de exclusión). En 1944 ganaron el torneo universitario de la NCAA. Poco después Misaka hizo un paréntesis en sus estudios para alistarse en el Ejército. Se licenció en 1946 con el rango de sargento, después de un año sirviendo como intérprete para las fuerzas de ocupación en Japón. A su regreso volvió a jugar con el equipo de su universidad. En 1947 recibieron una invitación para jugar un torneo de exhibición en Nueva York. Se hicieron con el título venciendo en la final a la Universidad de Kentucky, una de las más poderosas, en un partido disputado en el mítico Madison Square Garden. Allí Misaka llamó la atención de los técnicos del equipo local, los New York Knicks.

Los Knicks seleccionaron a Misaka en el Draft de 1947 y le ofrecieron un contrato profesional. Debutó en la BAA (Basketball Association of America, hoy conocida como NBA) en la temporada 1947/48, jugando tan solo tres partidos en los que anotó un total de 7 puntos. A mitad de la temporada fue cortado. Según Misaka, la única razón por la que prescindieron de sus servicios era que el equipo tenía demasiados jugadores en su posición. Siempre negó que sufriese algún tipo de discriminación por parte de sus técnicos, sus compañeros o el público neoyorquino. Rechazó una oferta de los Harlem Globetrotters, un famoso equipo de exhibición compuesto en su totalidad por jugadores de raza negra, y regresó a Utah para terminar sus estudios universitarios. Poco después encontró trabajo de ingeniero en una empresa de Salt Lake City y dejó definitivamente el baloncesto.

El extraño caso del político mentiroso

Douglas Stringfellow era un héroe de guerra. Como agente de la OSS (la organización predecesora de la CIA, encargada de operaciones encubiertas en territorio enemigo) participó en numerosas misiones en la Europa ocupada por los nazis. En una de ellas logró secuestrar y trasladar a Inglaterra al físico Otto Hahn, Premio Nobel de Química y máxima figura de la investigación atómica alemana. Durante otra peligrosa misión en Alemania fue capturado y enviado al campo de concentración de Bergen-Belsen. Allí la Gestapo le sometió a continuas torturas físicas y psicológicas, que resistió gracias a su fortaleza moral y su fe en Dios. Logró escapar con la ayuda de la resistencia alemana antinazi y, pese a las terribles experiencias que había sufrido, no tardó en volver a la lucha. Poco después, durante una misión de reconocimiento en busca de unos lanzadores de cohetes alemanes, resultó herido de gravedad al pisar una mina. Aquel fue el final de su carrera militar: Stringfellow había perdido la movilidad de sus dos piernas.

Después de la guerra Stringfellow regresó a casa con sus creencias religiosas fortalecidas. Hasta 1948 estuvo sirviendo como misionero de la iglesia mormona en el norte del estado de California. En 1949 comenzó a trabajar como locutor de radio en una emisora de Utah, su estado natal. Unos años después decidió dar el salto a la política. Era un joven desconocido y sin experiencia, pero con una gran facilidad para hablar en público, fuertes convicciones morales, un pasado como héroe de guerra y una historia de superación que conmovía a todo el que la escuchaba. En 1952, con 32 años, Douglas Stringfellow se presentó por el Partido Republicano a la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Ganó las elecciones en su distrito con más del 60% de los votos. En aquellos tiempos iniciales de la guerra fría, él representaba al tipo de líder que la sociedad estadounidense reclamaba: un hombre fuerte pero dispuesto al sacrificio, seguro de sí mismo, de sus creencias y de su país.

No parece que en los dos años que Stringfellow ocupó su escaño en el Congreso destacase demasiado por su labor en Washington. En cambio, en Utah su popularidad no dejó de aumentar gracias a las giras que hizo a lo largo y ancho del estado, dando charlas dedicadas más a cuestiones religiosas que políticas. En sus conferencias utilizaba a menudo episodios autobiográficos. El interés del público por su historia llevó al congresista a firmar un contrato con una productora cinematográfica que planeaba hacer una película sobre su vida. En 1954, cuando se aproximaba la fecha de presentarse a la reelección, Stringfellow se había convertido en una de las grandes promesas del Partido Republicano. Fue entonces cuando acudió como invitado al programa de televisión líder de audiencia en todo el país, This is your Life ("Esta es su vida", que ya salió en este blog, en su versión griega, cuando conté la historia del secuestro del general Kreipe). A través de unas emotivas recreaciones y los testimonios de algunos de sus compañeros de armas, el show dio a conocer a toda la nación el pasado heroico del político de Utah. Su aparición en el programa estrella de la televisión norteamericana podía suponer el empujón que necesitaba para hacerse un nombre a nivel nacional y aspirar a cargos más altos. Sin embargo, su gran momento de gloria acabaría siendo la causa de su caída en desgracia.

Muchas personas que conocían a Stringfellow (y otras que no le conocían, como los auténticos soldados que capturaron a Otto Hahn) vieron incrédulos cómo el programa consistía en una sucesión de relatos de falsos testigos y recreaciones de episodios totalmente inventados. Las primeras protestas no tardaron en llegar a la prensa, y los periódicos comenzaron a acusar a Stringfellow de fraude. El congresista trató de defenderse del escándalo solicitando al presidente Eisenhower que desclasificase los documentos secretos referidos a sus misiones para la OSS. Probablemente suponía que el presidente se limitaría a explicar que aquello no se podía hacer. En cambio, recibió una inesperada respuesta de la CIA, que aseguró que aquellos documentos no habían existido nunca. Poco después se hizo público su auténtico historial militar. Era cierto que había sido herido por una mina, pero en su hoja de servicios no figuraba ninguna acción heroica. Había sido un simple soldado raso de la USAAF, sin ninguna relación con la OSS ni con operaciones encubiertas de ningún tipo.

Cuando se descubrió el fraude, la prensa y la opinión pública se ensañaron con el congresista. Posteriores investigaciones periodísticas descubrieron que también había mentido en relación a sus estudios y que los dos títulos universitarios de los que presumía en su curriculum eran completamente inventados (las universidades afectadas afirmaron no tener constancia de que Stringfellow hubiese sido nunca alumno suyo). Sus rivales políticos comenzaron a decir incluso que exageraba su minusvalía y que en realidad podía andar con la ayuda de un simple bastón. Aquella era una acusación injusta (era cierto que podía caminar, aunque para hacerlo necesitaba unos incómodos aparatos ortopédicos), pero ya nadie estaba dispuesto a defenderle. El 16 de octubre de 1954, dos semanas antes de las elecciones, el congresista Stringfellow hizo una confesión pública obligado por su iglesia. Inmediatamente después fue expulsado del Partido Republicano. A pesar del desprecio que casi todo el mundo le mostraba, aún intentó sacar algún provecho de su popularidad organizando una gira de conferencias, que como era de esperar fue un rotundo fracaso. Finalmente volvió a trabajar como locutor de radio, utilizando un pseudónimo. Murió de un ataque al corazón en 1966, con solo 44 años.

El congresista Stringfellow confesando su engaño ante las cámaras:


En los últimos tiempos se ha tratado de limpiar el nombre de Douglas Stringfellow desde círculos próximos a su familia, asegurando que él en realidad no mentía, ya que estaba convencido de que las vivencias que contaba eran completamente reales. Según dicen, durante su larga y dolorosa convalecencia en el hospital su mente comenzó a fabricar recuerdos falsos a partir de retazos de historias que escuchaba o leía, convirtiéndose a sí mismo en un héroe de guerra como protección psicológica contra las graves secuelas físicas que le habían dejado sus heridas y la dureza de su regreso a casa en aquellas condiciones. Según su familia, cuando saltó el escándalo Stringfellow comenzó a dudar y al final se dio cuenta de que sus recuerdos no eran reales, pero antes de que le considerasen un enfermo mental prefirió decir que se había inventado todo y quedar como un farsante ante el mundo entero. No me parece una explicación muy creíble, aunque imagino que cuando una persona se crea una vida falsa y mantiene la mentira incluso cuando sabe que inevitablemente acabará siendo descubierto, tiene que haber algo en su mente que no funcione del todo bien.

Fuentes:
http://www.museumofhoaxes.com/hoax/archive/permalink/douglas_r._stringfellow
http://www.sltrib.com/sltrib/politics/57246509-90/stringfellow-war-utah-says.html.csp
http://en.wikipedia.org/wiki/Douglas_R._Stringfellow

Pavos azules y pollos radiactivos

Blue Peacock ("pavo real azul") era el nombre en clave que recibió un proyecto británico de arma nuclear táctica de la década de los 50. Se trataba de una mina nuclear de 10 kilotones contenida en una carcasa de acero, con un peso conjunto de 7,2 toneladas. La mina sería enterrada y detonada a distancia por cable o por medio de un temporizador programado para ocho días. La carcasa estaba presurizada, y contaba con un dispositivo antimanipulación con sensores de presión e inclinación que la harían detonar a los diez segundos en caso de detectar movimiento o pérdida de presión (si la bomba era trasladada o la carcasa perforada). El arma fue desarrollada entre 1954 y 1957 por el RARDE (Royal Armament Research and Development Establishment) en su centro de investigación de Fort Halstead, en Kent.

En julio de 1957 el ejército británico solicitó diez Blue Peacocks para ser enviadas a Alemania Occidental. El plan consistía en sembrar las llanuras del norte de Alemania con minas nucleares que serían detonadas en caso de invasión soviética. Se conseguiría así destruir instalaciones estratégicas tras la retirada aliada y al mismo tiempo impedir al enemigo la ocupación del terreno por un tiempo considerable a causa de la contaminación radiactiva. Entre los objetivos escogidos había plantas hidroeléctricas, instalaciones industriales, refinerías de petróleo, nudos ferroviarios y canales. Los diez dispositivos solicitados habrían tenido el poder explosivo combinado de más de cinco bombas atómicas como la que destruyó Nagasaki. Pero las minas nunca llegaron a colocarse. En febrero de 1958 el Ministerio de Defensa canceló el proyecto por razones políticas. Lógico, ya que se trataba del despliegue de armas nucleares pensadas para utilizarse en el territorio de un país aliado.

Antes de eso los británicos habían tenido que esforzarse en solucionar algunos problemas técnicos que les planteaba el plan. Uno de ellos era que en el norte de Alemania los inviernos eran muy fríos, y la temperatura de un objeto enterrado allí durante varios días podía llegar a ser realmente baja. Los técnicos del AWE (Atomic Weapons Establishment) de Aldermaston, en Berkshire, estudiaron varios métodos para evitar que el frío pudiese provocar fallos en la electrónica de las minas. La solución más razonable fue la de envolver las bombas en mantas aislantes de fibra de vidrio. Pero también hubo alguna propuesta más imaginativa. Alguien sugirió que se podían meter pollos vivos dentro del mecanismo de las bombas. Encerrados allí con un suministro suficiente de semillas y agua, podían permanecer con vida durante una semana o más, y su calor corporal bastaría para mantener los componentes electrónicos a su temperatura de trabajo.

En 2004, cuando el gobierno británico desclasificó la información relativa a Blue Peacock, y con ella los documentos que explicaban la extravagante idea de los pollos encerrados dentro de las bombas, muchos pensaron que alguien podía haberlos añadido a los informes originales para hacer una broma. Tom O'Leary, responsable de servicios online y educación de los Archivos Nacionales, tuvo que desmentirlo a la prensa: "Parece una inocentada, pero no lo es. La Administración Pública no hace chistes".

Fuentes;
http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/3588465.stm
http://www.theguardian.com/uk/2003/jul/17/world.jamiewilson


Teruo Nakamura: El último soldado del Emperador no era japonés

Durante la Segunda Guerra Mundial miles de coreanos, manchúes, taiwaneses y soldados procedentes del resto de territorios del Imperio sirvieron en las fuerzas armadas de Japón. Los no japoneses en muy raras ocasiones eran encuadrados en unidades de combate, siendo habitualmente relegados a tareas auxiliares (aunque en los meses finales de la guerra llegó a haber incluso pilotos kamikazes coreanos). Pero hubo una importante excepción, una fuerza de élite del Ejército Imperial constituida por extranjeros: las Unidades de Voluntarios Takasago estaban formadas por nativos de Formosa, hombres reclutados en los pueblos del interior de la isla, provenientes de una cultura de cazadores-recolectores y con una centenaria tradición guerrera. Su adaptación al clima tropical y a un entorno selvático, en el que podían desenvolverse sin necesidad de un gran apoyo logístico, les convertía en los candidatos ideales para operaciones de infiltración tras las líneas enemigas en las junglas del sudeste asiático y el Pacífico. Además de sus cualidades innatas para ese tipo de misiones, los voluntarios taiwaneses recibían un entrenamiento especializado en operaciones de comando y guerra de guerrillas en la Escuela de Inteligencia de Nakano.

Miembros de una unidad Takasago se despiden con gritos de "¡Banzai!" antes de partir a una misión; los oficiales (japoneses étnicos), reconocibles por las fajas blancas, alzan sus espadas, mientras que el resto de los hombres levantan los cuchillos largos tradicionales de los guerreros taiwaneses:


Teruo Nakamura era el nombre japonés de Attun Palalin, un taiwanés probablemente perteneciente a la etnia amis, uno de los pueblos indígenas más numerosos de Formosa. En 1943, con 23 años, Nakamura fue reclutado por la 4ª Unidad Takasago del Ejército Imperial. A mediados de 1944 esta unidad fue enviada como refuerzo a la isla indonesia de Morotai, al norte de las Molucas, para hacer frente a los desembarcos enemigos que el alto mando japonés suponía inminentes.

La batalla de Morotai comenzó la mañana del 15 de septiembre de 1944 con el desembarco de la 31ª División de los Estados Unidos, y se prolongó oficialmente hasta el 4 de octubre, día en que la isla fue declarada segura por los norteamericanos. Los aeródromos capturados a los japoneses jugaron un importante papel en la campaña de las Filipinas, que se inició el 25 de octubre con los desembarcos aliados en Leyte, y fueron utilizados hasta el final de la guerra por la Real Fuerza Aérea Australiana en operaciones contra objetivos en las Indias Orientales Holandesas y las Filipinas. Desde abril de 1945 Morotai se convirtió también en la principal base del I Cuerpo de Ejército Australiano, ocupado por entonces en los preparativos de la campaña de Borneo.

Mientras los australianos convertían Morotai en su principal base de apoyo y logística en toda Indonesia, las tropas estadounidenses continuaban con las operaciones de limpieza contra los restos de las fuerzas japonesas, que todavía mantenían una resistencia activa en el norte y el oeste de la isla. La 31ª División permaneció en Morotai hasta abril de 1945, cuando partió para participar en los desembarcos de Mindanao y fue reemplazada por la 93ª División de Infantería, una unidad "afroamericana". Desde ese momento hasta el final de la guerra, los infantes de la 93ª División se vieron envueltos en numerosas escaramuzas con pequeños grupos dispersos de soldados japoneses. El 2 de agosto el coronel Kisou Ouchi fue hecho prisionero por una patrulla del 25º Regimiento de Infantería. Ouchi fue el oficial japonés de más alto rango capturado con vida en toda la guerra.

Después de la rendición de Japón, Morotai siguió siendo una importante base aliada. La fuerza australiana responsable de la ocupación y la administración militar de las Indias Orientales Holandesas fijó allí su cuartel general hasta abril de 1946, cuando se restableció el gobierno colonial holandés. Miles de soldados japoneses, provenientes de las guarniciones de Halmahera y otras islas cercanas, capitularon y entregaron las armas en Morotai. Entre ellos, había también unos 650 supervivientes de la guarnición original de la isla.

No todos se rindieron. Teruo Nakamura se ocultó en la jungla junto a un grupo de soldados taiwaneses. Durante más de diez años permaneció con ellos, hasta que en torno a 1956 decidió abandonarles y establecerse en solitario. Buscó un lugar alejado de todo, limpió un pequeño terreno en la selva y construyó allí una cabaña. Según explicó más tarde, se vio obligado a dejar el grupo después de que sus compañeros hubiesen intentado matarle.

A mediados de 1974 un avión descubrió accidentalmente la cabaña en medio de la jungla. Hacía solo unos meses que el teniente Hirō Onoda había aparecido en las Filipinas, y la sociedad japonesa estaba deseosa de noticias sobre nuevos casos de soldados imperiales rescatados en remotas islas del Pacífico. En noviembre de 1974 la embajada de Japón en Yakarta solicitó al gobierno indonesio una operación de búsqueda y rescate. El 18 de diciembre fuerzas del Ejército del Aire indonesio llegaron al lugar donde había sido vista la cabaña, capturaron a Nakamura y se lo llevaron por la fuerza a Yakarta. Poco después fue repatriado a Japón.

Llegada a Tokio de Teruo Nakamura:


El recibimiento a Nakamura fue mucho más frío que el que los japoneses brindaron a Hirō Onoda o a Shōichi Yokoi. Lo cierto es que su aparición, además de suponer un problema diplomático, era un recordatorio del polémico pasado colonialista de Japón. Porque Teruo Nakamura no era japonés. De hecho se había convertido en un apátrida. Después de la guerra, las Naciones Unidas habían reconocido la soberanía china de Formosa. En los años posteriores se sucedieron sangrientos disturbios en la isla cuando los pueblos nativos se rebelaron contra el dominio chino. La situación empeoró para ellos cuando la guerra civil china terminó con la victoria de Mao, y millones de refugiados, partidarios del Kuomintang, llegaron a Taiwan e instauraron allí la República de China (que pretendía ser el único gobierno chino legítimo, y que como tal fue reconocido por un gran número de países). Para los japoneses Nakamura no era japonés, pero desde luego tampoco era chino. No hablaba ni japonés ni mandarín. La prensa taiwanesa le llamaba por su nombre chino, Lee Guang-Hui, un nombre que él nunca había oído hasta entonces. Pese a todo, Nakamura decidió regresar a Taiwan, su tierra natal. Murió de cáncer de pulmón en junio de 1979, solo cuatro años después de dejar su cabaña en la jungla de Morotai.

Fuentes principales:
http://laescaleradeiakob.blogspot.com.es/2011/10/los-soldados-japoneses-que-no-se.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Teruo_Nakamura

http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Morotai


Otros "rezagados"

Imagino que a estas alturas ya estaré aburriendo a los lectores del blog con las historias de zan-ryū Nippon hei ("soldados japoneses dejados atrás"). Y es que todos los casos en realidad parecen versiones de la misma historia: el soldado japonés que se niega a rendirse y se oculta en la jungla, donde sobrevive durante años sufriendo infinitas penalidades, que se niega a creer que la guerra ha terminado cuando es descubierto, hasta que al fin logran convencerle y regresa a su país convertido en un héroe.

Pero estas historias no siempre tenían un final feliz.

Información de United Press International publicada el 14 de noviembre de 1955:

REZAGADO SE SUICIDA
MANILA - Un rezagado japonés que fue capturado a principios de este mes después de 11 años en las junglas de Luzón se ha ahorcado hoy, ha informado un portavoz del ejército filipino. El marinero Noboru Kinoshita, de 33 años, previamente había pedido a los guardias del ejército filipino que le matasen porque le avergonzaba regresar derrotado a Japón.


(Ver aquí)

También estaban los desaparecidos voluntariamente que fueron encontrados muy a su pesar. Esta otra información, también de United Press International, fue publicada el 17 de julio de 1973 (a 28 años del final de la guerra, nada menos):

REZAGADO JAPONÉS ENCONTRADO EN FILIPINAS
MANILA - Un rezagado japonés de la Segunda Guerra Mundial al que se suponía muerto ha sido encontrado en la isla de Mindanao por su hermano gemelo después de 28 años de búsqueda, ha informado hoy la embajada japonesa.
Un portavoz ha explicado que Sozo Miki, de 51 años, identificó al rezagado como su desaparecido hermano gemelo Ryoji, un antiguo marinero de la Marina Imperial.
"No tengo ningún detalle", ha dicho el portavoz de la embajada, "pero Sozo Miki simplemente me dijo que había encontrado a su hermano gemelo en algún momento de este mes en Mindanao, y que Ryoji expresó su deseo de que le dejasen tranquilo y de permanecer en Filipinas".
Afirmó que la embajada conoció el descubrimiento de Miki solo después de que su hermano lo comunicase oficialmente este lunes.
Ryoji Miki, ha dicho el funcionario, aparentemente se casó con una mujer filipina y formó una familia en Mindanao.
"Sozo me comentó" dijo el funcionario de la embajada "que a pesar de que su hermano fue declarado oficialmente muerto, él se negó a creerlo".


(Ver aquí)

Muchos japoneses no quisieron regresar a su país al finalizar la guerra. Puede que en un principio gran parte de ellos temiesen el deshonor de volver a casa derrotados, aunque otros tenían motivos más terrenales: habían formado una familia, se habían integrado en las poblaciones locales, o se habían unido a las guerrillas de Indonesia, Malasia o Filipinas (por espíritu aventurero, por ideología, o simplemente porque ya no sabía hacer otra cosa).

Y por último quedan los cientos de soldados japoneses escondidos en las junglas del Pacífico que nunca fueron encontrados. Como es lógico, de esos no hay noticias.

("Rezagado" es la traducción que hago del inglés straggler, aunque si alguien quiere proponer una palabra más apropiada puede hacerlo)

La captura de Murata Sasumu

En el repaso que estoy dando a la historia de los zan-ryū Nippon hei (los "soldados japoneses dejados atrás") más conocidos, ya han salido varias veces las islas Marianas: la supervivencia en solitario de Shōichi Yokoi o en pareja de Itō y Minagawa en Guam, la resistencia del capitán Sakae Ōba en Saipan, o los náufragos que se refugiaron en la isla de Anatahan cuando los buques que les llevaban a Saipan fueron torpedeados. Para completar la lista (que de paso sirve para hablar un poco de una de las campañas militares más sangrientas y decisivas de la guerra en el Pacífico), faltaba por aparecer la isla que fue escenario de la tercera gran batalla de las Marianas, además de Saipan y Guam: Tinian.

La batalla de Tinian comenzó el 24 de julio de 1944 con el desembarco en la isla de dos divisiones de marines, con el apoyo de una poderosa flota y de la artillería instalada en Saipan, a solo ocho kilómetros de distancia en dirección nordeste. Los defensores eran unos 9.000 hombres, pertenecientes al Ejército y a las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Marina. La batalla fue muy similar a la desarrollada en Saipan un mes antes. Los japoneses recurrieron a ataques nocturnos de infiltración, rehuyendo el combate durante el día. El terreno, más llano que en Saipan, favorecía a los estadounidenses, que pudieron utilizar con mayor eficacia los tanques y el apoyo artillero. Con superioridad numérica, el control absoluto del aire y la ayuda de la artillería y la US Navy, los infantes de marina de Estados Unidos tardaron poco más de una semana en conquistar la isla. El 31 de julio los japoneses supervivientes lanzaron una última carga banzai. Al día siguiente los marines anunciaron que Tinian estaba completamente bajo su control.

Después de la batalla, Tinian se convirtió en una gigantesca base aérea que albergaba a decenas de miles de militares y trabajadores civiles. Los estadounidenses construyeron seis pistas de aterrizaje de 2.400 metros de longitud cada una, desde las que operaban los B-29 Superfortress del XXI Comando de Bombardeo de la USAAF que participaban en la campaña de bombardeo estratégico contra Japón. La actividad en Tinian fue mayor que en cualquier otra base aérea de la Segunda Guerra Mundial. Desde allí despegaron el Enola Gay y el Bockscar, los B-29 que lanzaron las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Igual que ocurrió en Saipan, varios cientos de japoneses supervivientes de la batalla de Tinian se refugiaron en las junglas y mantuvieron una actividad guerrillera durante meses. La guarnición de Aguijan, una pequeña isla situada siete kilómetros al sur, al mando del teniente Kinichi Yamada, no capituló hasta el 4 de septiembre de 1945, varios días después de la rendición oficial de Japón. Pero aún tendrían que pasar otros ocho años para que el último soldado japonés de Tinian se entregase a un policía llamado Cristino Dela Cruz (sic).

Cristino era un chamorro de Saipan con antepasados españoles y alemanes. En 1944, cuando tenía 17 años, fue reclutado por la 4ª División de Marines como "marine provisional" para ayudar a localizar los almacenes de municiones que los japoneses habían ocultado por toda la isla antes de los desembarcos estadounidenses.

Después de dejar el ejército me alisté en la recién creada policía local. En 1953, cuando estaba destinado en Tinian, se descubrió que todavía había un soldado japonés oculto en la isla. Alguien había encontrado su cabaña cerca de un pantano (...). Fui allí con un pequeño grupo de hombres armados para capturarle con vida. Le dije que saliese con las manos en alto o le mataría. Se lo repetí tres veces hasta que acabó saliendo. Le pregunté si había alguien más. Él dijo: "No". Le pregunté varias veces más, pero siempre me contestaba que él era el único. Entonces, tomé mi carabina M-1 y vacié un cargador en su choza. Empecé a recargar, pero cuando levanté la vista el japonés estaba llorando. Cuando le pregunté por qué, me dijo que yo había destruido su única provisión de salsa de soja. Le dije que no importaba, ya que iba a encontrar un montón de salsa de soja en Saipan. Su nombre era Murata Sasumu, y fue repatriado a Japón.

Fuentes:
Testimonio de Cristino Dela Cruz:
Bruce M. Petty: Saipan, Oral Histories of the Pacific War.
Sobre la batalla de Tinian: http://www.stamfordhistory.org/ww2_tinian.htm

Dos soldados testarudos

Cuando los marines estadounidenses completaron la conquista de Guam, en agosto de 1944, cientos de soldados japoneses supervivientes de la batalla se negaron a rendirse y se ocultaron en las selvas del interior de la isla. Entre ellos se encontraban dos jóvenes de 24 años, el sargento Masashi Itō y el cabo Bunzo Minagawa. Habían huido a la jungla junto a un centenar de hombres, pero poco tiempo después, viendo la poca disciplina que existía en el grupo, se separaron del resto pensando que ellos solos tendrían más posibilidades de sobrevivir. Al principio subsistían gracias a la comida que robaban a los campesinos, pero el miedo a las patrullas estadounidenses les hizo adentrarse cada vez más en la selva hasta que acabaron perdiendo totalmente el contacto con el resto de la humanidad. Con el tiempo fueron adquiriendo los conocimientos y las habilidades necesarias para sobrevivir en la jungla. Se alimentaban de serpientes, ranas, ratas, cangrejos y cocos. Tenían fusiles, aunque muy raramente cazaban con ellos para no delatar su presencia. Las precauciones que tomaban para no ser descubiertos llegaban casi hasta la obsesión. Comían los animales crudos, por temor a ser localizados si encendían fuego. Hablaban siempre en susurros, y cuando se desplazaban trataban de borrar todas las huellas que dejaban tras de sí.

Ocho años después, en 1952, alguien descubrió algún rastro suyo y dio aviso al ejército. Los norteamericanos comenzaron a lanzar en la zona pasquines y periódicos para tratar de convencerles de que la guerra había terminado y podían entregarse. Itō y Minagawa desconfiaban, pensando que podían ser trucos del enemigo para capturarles. Sin embargo, decidieron asegurarse siguiendo las instrucciones que les daban en aquellas hojas. Eligieron un árbol en un lugar de paso y grabaron en él sus ideogramas familiares con un cuchillo. Los estadounidenses encontraron las señales, las fotografiaron y enviaron las imágenes a Tokio. El gobierno japonés contactó con el padre de Itō, que escribió una estremecedora carta a su hijo rogándole que volviese a casa. Los militares norteamericanos dejaron la carta en el mismo árbol en el que los fugitivos habían escrito sus nombres. Pero mientras tanto Itō y Minagawa habían encontrado una noticia en uno de los periódicos que les habían lanzado que les hizo sospechar. En ella se informaba de que el precio de las tortas de habas se había fijado en diez yenes. Aquella cifra era ridícula. Diez yenes era la mitad del sueldo mensual de un suboficial del Ejército. Sin duda los oficiales de propaganda estadounidenses habían cometido un error. Convencidos de que todo aquello era un montaje del enemigo para engañarles, se adentraron aún más en la jungla. Nunca regresaron al árbol para comprobar si había respuesta. Itō y Minagawa no podían saber nada de la fuerte inflación que había sufrido Japón en los años de postguerra.

Pasaron otros ocho años. Todo el mundo se había olvidado ya de los dos japoneses ocultos en la selva. Hasta mayo de 1960, cuando dos leñadores chamorros se encontraron en medio del bosque con un hombre vestido únicamente con un taparrabos. Era Minagawa. Trató de escapar, pero los leñadores le capturaron y le entregaron a las autoridades. Unos días después, al ver que su compañero no regresaba, Itō salió de la selva y se entregó voluntariamente. El miedo a la soledad había podido más que su sentido del deber y su temor al trato que recibiría del enemigo. Los dos hombres fueron reconocidos por médicos estadounidenses, que les encontraron en un estado de salud sorprendentemente bueno. Habían sobrevivido quince años y diez meses en la jungla.

Los dos soldados estaban convencidos de que la guerra no había terminado y de que iban a ser ejecutados por sus captores. Se negaron a comer y beber, e intentaron suicidarse cortándose las venas con los muelles de las camas. Para calmarles pusieron en contacto telefónico a Minagawa con su hermana, pero aquello tampoco dio resultado. Al final los estadounidenses optaron por una solución drástica: les ataron y les subieron a un avión con destino a Tokio. Itō y Minagawa hicieron todo el viaje pensando que en cualquier momento iban a ser arrojados al océano. Solo cuando bajaron del avión y vieron a sus familiares esperándoles se convencieron de que la guerra había terminado para ellos.

Fuente principal:
http://www.elcorreo.com/vizcaya/ocio/201401/18/sabado-japoneses.html

Los robinsones de Anatahan y la abeja reina Kazuko

Anatahan es una isla del archipiélago de las Marianas, situada a 65 millas náuticas (120 kilómetros) al norte de Saipan. Es una isla volcánica, de forma elíptica, con unos nueve kilómetros de longitud y cuatro de anchura (en realidad toda la isla es el cono de un volcán que sobresale del océano hasta una altura de casi 800 metros). Su relieve es muy accidentado, con costas escarpadas y laderas empinadas surcadas por profundos barrancos cubiertos de maleza.

El 3 de enero de 1945 un bombardero estadounidense B-29 Superfortress del 498º Grupo de Bombardeo, con base en Saipan, se estrelló en Anatahan cuando regresaba de un raid sobre Nagoya. Todos los tripulantes del avión murieron en el accidente. En febrero varios chamorros de Saipan fueron enviados a la isla para recuperar los cuerpos de los estadounidenses. A su regreso informaron de que en Anatahan vivían una treintena de japoneses, entre ellos una mujer.

La mujer era una joven de Okinawa llamada Kazuko. Había llegado a Anatahan junto a su marido, Shoichi Higa, cuando este fue nombrado capataz de la plantación de copra que había en la isla. Los trabajadores chamorros les habían abandonado, dejando al matrimonio con la única compañía del encargado de la plantación, Kikuichiro Higa (la coincidencia en los apellidos es solo eso, una coincidencia; Higa es un apellido muy común en Okinawa). El 12 de junio de 1944 un convoy naval japonés fue torpedeado en las proximidades de la isla, y una treintena de supervivientes logró alcanzar sus playas. Los náufragos, el matrimonio Higa y el encargado se convirtieron en los únicos habitantes de Anatahan, abandonados a su suerte y totalmente incomunicados con el resto del mundo.

Vivían en chozas hechas con hojas de palmera. Se alimentaban de cocos, taro, caña de azúcar silvestre, peces y lagartos. También hacían una bebida alcohólica a base de coco llamada tuba. Después del accidente del B-29 su situación mejoró. Pudieron utilizar las chapas metálicas del avión para reforzar sus cabañas y fabricar herramientas, las telas de los paracaídas para confeccionar ropas, y los tanques de oxígeno para almacenar el agua.

Cuando terminó la guerra las autoridades estadounidenses de las Marianas hicieron varios intentos para comunicarse con los japoneses de Anatahan. Cada poco tiempo les sobrevolaban aviones, dejando caer periódicos y pasquines en los que les instaban a rendirse, pero los japoneses ignoraron todas sus peticiones. De forma periódica barcos de la US Navy se acercaban a la isla. En una de aquellas patrullas, en junio de 1950, los norteamericanos vieron a una mujer haciendo señales desde la orilla. Varios hombres se acercaron en un bote y se encontraron con Kazuko pidiéndoles ayuda para abandonar la isla. Kazuko fue llevada a Saipan. Explicó a los estadounidenses que sus compañeros estaban convencidos de que la guerra continuaba y pensaban que todos los intentos de ponerse en contacto con ellos eran tretas del enemigo para engañarles.

Kazuko Higa el día que se entregó a los estadounidenses:


El gobierno japonés se interesó por la situación de sus compatriotas de Anatahan y solicitó a la US Navy información "relativa a los robinsones condenados a vivir una vida primitiva en una isla desierta", ofreciendo toda su colaboración. El gobierno contactó con los familiares de los náufragos en Japón y les pidió que escribiesen cartas explicándoles que la guerra había terminado y que podían regresar a casa. En uno de los paquetes que se dejaron caer sobre la isla, ya en 1951, se incluyó un mensaje del gobernador de la Prefectura de Kanagawa:

"Estoy muy orgulloso de saber que todos ustedes están bien de salud y que aún viven en una pequeña isla en el Pacífico, seis años después del fin de la guerra.
No les voy a censurar por decir que nuestro país perdió la guerra. Eso fue hace seis años, en 1945. El 15 de agosto de 1945 se firmó el tratado de paz
. [En realidad, aunque el alto el fuego se decretó el 15 de agosto, la firma de la rendición fue el 2 de septiembre de 1945]
Nuestro país ha perdido la guerra, pero no somos desgraciados, ya que Estados Unidos nos está dando las mayores oportunidades para recuperarnos y estoy seguro de que son nuestros mejores amigos en el mundo actual.
Durante la guerra se dijo que los soldados estadounidenses mataban a todos los prisioneros de guerra, pero eso no era cierto. Estados Unidos dio el mejor trato a los prisioneros hasta 1947, cuando todos ellos fueron puestos en libertad y regresaron a casa. Ahora no hay más militares japoneses en el Pacífico, excepto ustedes, caballeros.
[Lo cierto es que aún quedaban muchos soldados japoneses olvidados en remotas islas del Pacífico; en los años posteriores aparecerían algunos no muy lejos de Anatahan, en las vecinas islas de Tinian y Guam, aunque eso el gobernador no podía saberlo]
Antiguamente, en nuestro país, un prisionero de guerra perdía su reputación,de modo que, incluso después de la guerra, cuando volvía a casa, tenía que vivir en la oscuridad. Eso ahora no es así. El Emperador ordenó a todo nuestro pueblo, dondequiera que estuviese, rendirse pacíficamente. Todos los que han regresado nunca podrán volver a ser separados de sus hogares. Todos los que han regresado a Japón dan las gracias a los estadounidenses porque su largo período de sufrimiento ha terminado.
Creo que han leído las cartas de sus familias en las que les decían que no se preocuparan, que les darán confianza para entregarse a los estadounidenses. En la caja con nuevas cartas que les enviamos adjuntamos un trozo de tela blanca con la que pueden hacer señales al barco de la US Navy. No tienen de qué preocuparse. Los estadounidenses les tratarán con la mayor atención y consideración hasta que regresen a nuestro país".


El 26 de junio un avión lanzó las cartas sobre la isla. Días después, el remolcador Cocopa de la US Navy, al mando del lieutenant commander (capitán de corbeta) James B. Johnson, zarpó de Saipan y se dirigió a Anatahan. La mañana del 30 de junio de 1951 Johnson y un intérprete llamado Ken Akatani desembarcaron en un bote y aceptaron formalmente la rendición de los diecinueve japoneses que seguían con vida. Habían pasado cinco años y diez meses desde la conclusión de las hostilidades.

Junji Inoue, uno de los náufragos, a bordo del Cocopa, con la isla de Anatahan tras él:


Los náufragos atrapados en Anatahan habían vivido un auténtico infierno. Era un pequeño grupo de hombres encerrados en una isla inhóspita, sin esperanzas, sufriendo todo tipo de penalidades, con todo el alcohol que pudiesen beber (la tuba) y con la presencia de una única mujer. En aquellas condiciones la convivencia pacífica era imposible. Al menos seis de los doce fallecidos en Anatahan murieron de forma violenta. Después de su rescate, la prensa japonesa más sensacionalista comenzó a contar sobre ellos historias plagadas de sexo y violencia, en las que los robinsones sucumbían a sus más bajos instintos. Según esos relatos, tras la desaparición de su marido en una expedición de pesca, Kazuko Higa se convirtió en la auténtica líder del grupo. Se decía que tenía un harén de cuatro o cinco hombres, que ella decidía quién disfrutaba de sus favores, quién estaba condenado a la abstinencia... y quién tenía que desaparecer.

En este artículo, publicado en julio de 1952, el redactor llama a Kazuko "el ángel negro de Anatahan" y la hace responsable de la muerte de doce hombres:

ÁNGEL DE LA MUERTE PIDE PERMISO PARA VOLVER A CASA
Kobe, Japón, 12 de julio
Kazuko Higa, el Ángel Negro de Anatahan, cuyo beso significó la muerte de doce hombres, pidió regresar a Japón para buscar a 19 compañeros que pasaron casi siete años con ella en una isla desierta.
Un marinero, Yoshio Takashima, vio recientemente a Kazuko, que tiene en la actualidad 30 años, en Okinawa, donde está trabajando de camarera. Afirma que ella ha solicitado permiso para volver a Japón en agosto.
Kazuko se convirtió a sí misma en la figura central de esta historia cuando fue abandonada durante la guerra en Anatahan, una isla de las Marianas, con 31 hombres.
En el transcurso de los hechos, 12 hombres murieron peleando entre ellos por sus afectos. Finalmente, ella se alarmó tanto que se rindió a la US Navy.
Los 19 supervivientes se rindieron el año pasado, seis meses después que Kazuko, cuando cartas de amigos y periódicos japoneses les convencieron de que la guerra había terminado.


Unos meses después, en noviembre de 1952, otro artículo informa de la llegada de Kazuko al puerto de Yokohama:

MUJER ATRAPADA CON 36 JAPONESES RELATA SU VIDA
Yokohama, viernes, 21 de noviembre
Una mujercita de Okinawa que fue abandonada durante cinco años en una isla con 36 náufragos japoneses
[en otros artículos se dice que eran 31, puede que la cifra de 36 sea un error del redactor, aunque es la que se da en el título] llegó ayer a Japón para protestar por las "desaprensivas y distorsionadas" historias sobre su tormentosa vida amorosa.
Algunos periódicos japoneses cuentan que doce hombres murieron en peleas por las atenciones de la mujer de 29 años Kazuko Higa, la "abeja reina de Anatahan".
Pero Kazuko, de cuatro pies y diez pulgadas
[1,50 metros] y ojos brillantes, dijo que solo dos hombres murieron en disputas por ella. Los otros diez, dijo, murieron en peleas entre ellos o a causa de enfermedades o inanición.
Kazuko llegó con su hermano, un manager y un representante de un periódico de Tokio que patrocina su visita, y presentará su caso al pueblo japonés desde el escenario de un teatro burlesco de Tokio
[imagino que se refiere al kabuki].
"Muchas personas sin escrúpulos han escrito historias muy distorsionadas sobre mi vida en Anatahan", contó Kazuko a los periodistas. "Mi propósito al hacer este viaje es presentarme directamente al pueblo japonés".
Cinco de los hombres que estaban con Kazuko en Anatahan, cerca de Saipan, la saludaron calurosamente en el muelle.
Contó a los periodistas que llegó con su marido a Atanahan en 1944, y cuando desapareció se unió a Kikuichiro Higa para que le protegiese de los 36 soldados y marineros que naufragaron cerca de la isla.
Ella cuenta que uno de los náufragos disparó a Higa y que este fue después acuchillado por otro japonés que murió de muerte natural. Fue sucedido como pareja de Kazuko por otro náufrago que murió en el océano.
Kazuko negó acaloradamente que bebiese grandes cantidades de sake mientras estuvo en la isla. "Yo solo bebí vino de coco, que era dulce y flojo", dijo.
A veces su única vestimenta consistía en hojas de plátano, y se vio obligada a comer murciélagos.
"Estaban muy buenos", ha dicho.


En 1953 el cineasta de Hollywood Josef von Sternberg rodó en Japón la película Anatahan (también conocida como La saga de Anatahan), basada en la historia de Kazuko. En ella una docena de náufragos llegan a una isla habitada únicamente por el guardián de una plantación y su hermosa esposa y se enzarzan en una cruenta lucha por el poder y por la mujer, que los maneja a todos a su antojo. Viendo esto, no parece que los intentos de Kazuko por desmentir las versiones más truculentas de su historia tuviesen mucho éxito, aunque teniendo en cuenta que se había buscado un manager y había comenzado una gira con el patrocinio de un periódico es probable que tampoco estuviese demasiado interesada en acabar del todo con la polémica.

Fuentes:
http://www.saipantribune.com/newsstory.aspx?newsID=45023
http://www.pacificwrecks.com/provinces/marianas_anatahan.html
http://libweb.hawaii.edu/digicoll/ttp/ttp_htms/1993.html
http://www.newyorker.com/archive/1962/03/17/1962_03_17_051_TNY_CARDS_000267917
http://en.wikipedia.org/wiki/Anatahan