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Kamikazes antiaéreos: las escuadrillas de embestida del Ejército Imperial Japonés

La práctica de los pilotos de caza de embestir bombarderos enemigos con sus aviones fue relativamente frecuente en la Segunda Guerra Mundial, en especial en la VVS (Fuerza Aérea Soviética), donde se llegó a oficializar mediante órdenes escritas. Las directivas soviéticas aconsejaban los ataques de embestida (que ellos denominaban Tarán, “Ariete” en ruso) cuando el piloto se hubiese quedado sin municiones o el bombardero enemigo se dirigiese a un objetivo de gran importancia para el Estado. Las directrices oficiales reconocían la disposición para el sacrificio del piloto, pero al mismo tiempo detallaban las distintas técnicas de ataque que permitían realizar las embestidas de la manera más efectiva y segura posible, ya que, aunque suponían un gran riesgo, no se consideraban ataques suicidas. Hubo cientos de ataques Tarán durante la guerra. Muchos pilotos soviéticos murieron en ellos, aunque otros llegaron a sobrevivir a varios ataques y se convirtieron en auténticos especialistas. En otras fuerzas aéreas se dieron casos aislados de pilotos que por iniciativa individual embistieron un bombardero enemigo. No necesariamente eran acciones suicidas. A menudo bastaba con destrozar el timón de cola con la hélice o golpear un ala para derribar el avión contrario, pero también con demasiada frecuencia el piloto perdía el control de su propio avión tras el golpe y ambos aparatos acababan estrellándose.

Pero si hablamos de disposición al sacrificio, es difícil que algún otro país estuviese a la altura de los japoneses. Tanto en las fuerzas aéreas del Ejército Imperial como en las de la Marina se pueden encontrar casos de pilotos de caza que por propia iniciativa decidieron estrellarse contra aviones enemigos, igual que otros lo hicieron contra barcos u objetivos terrestres desde mucho antes del nacimiento oficial de las escuadrillas kamikaze.

El 8 de mayo de 1943, en el este de Nueva Guinea, un solitario B-17 de la USAAF de nombre The Fighting Swede fue atacado por una escuadrilla de cazas Nakajima Ki-43 del Ejército Imperial. Cuando parecía que el bombardero iba a conseguir librarse de sus atacantes, un Ki-43 pilotado por el sargento Takao Oda lo embistió de frente. Los dos aviones se estrellaron, muriendo todos los tripulantes. El sargento Oda recibió un ascenso póstumo a teniente por su sacrificio. Unos días antes, el 1 de mayo de 1943, durante un combate aéreo sobre Rangún, el sargento Miyoshi Watanabe, del 64º Sentai (grupo aéreo del Ejército Imperial), golpeó con su Ki-43 la cola de un B-24 Liberator. Ambos aviones se vieron obligados a hacer un aterrizaje de emergencia, y los tripulantes del bombardero estadounidense fueron hechos prisioneros (solo tres de ellos sobrevivirían a su cautiverio). El 26 de octubre de 1943 otro Ki-43 del 64º Sentai, también sobre Birmania, embistió a un B-24 e hizo que se estrellase en la jungla. Solo hubo un superviviente, el alférez Gus Johnston, que fue capturado y pasó el resto de la guerra en un campo de prisioneros. El piloto japonés, un cabo novato de 19 años llamado Tomio Kamiguchi, salvó la vida al saltar en paracaídas. El Ejército dio publicidad a su acción como una muestra de heroísmo, aunque sus compañeros más veteranos no estaban nada de acuerdo. Según decían, el bombardero estadounidense ya había sido dañado por el fuego de varios cazas y estaba cayendo cuando el Ki-45 de Kamiguchi lo golpeó. Estos son solo tres ejemplos de ataques de embestida de cazas del Ejército Imperial, todos ellos por iniciativa personal de los pilotos. Siguió siendo así hasta que en los meses finales del conflicto aparecieron en escena los bombarderos B-29. Impotentes para hacer frente a los raids de las superfortalezas volantes, las fuerzas aéreas del Ejército Imperial no solo aceptaron la embestida como una táctica válida, sino que llegaron a crear unidades suicidas especializadas en ese tipo de ataques.

Una formación de B-29 soltando sus cargamentos de bombas sobre Yokohama:


El Boeing B-29 Superfortress podría considerarse el arma más mortífera de toda la guerra. Era un bombardero pesado, enorme para su época, que permitía transportar una carga de hasta 9 toneladas de bombas. Su alta cota de vuelo lo hacía prácticamente invulnerable a la artillería antiaérea y al ataque de muchos de los modelos de caza japoneses. Los interceptores que podían alcanzar su altura tenían que hacer frente a su impresionante armamento defensivo, consistente en diez ametralladoras repartidas por todo el aparato y un cañón de 20 mm en la cola, y para derribarlos necesitaban mucho más que el fuego de sus ametralladoras, que los bombarderos soportaban sin demasiados problemas gracias a la robustez de su diseño. En el verano de 1944 los B-29 comenzaron a atacar con relativa impunidad todo tipo de objetivos estratégicos en el sur de Japón, Formosa y otros territorios del Imperio. A partir del otoño, con la entrada en servicio de las bases aéreas de las Marianas, todo el archipiélago japonés quedó dentro del radio de acción de las fortalezas volantes. Los pilotos de caza que defendían los cielos japoneses, frustrados por sus casi nulos resultados en sus intentos de detenerlos, comenzaron a estrellar sus aviones contra los bombarderos estadounidenses. El primer caso conocido de embestida suicida contra un B-29 lo protagonizó el sargento Shigeo Nobe, del 4º Sentai. El 20 de agosto de 1944 el sargento Nobe despegó con su Kawasaki Ki-45 para hacer frente a una incursión de bombarderos B-29 contra las acerías de Yawata, en Fukuoka, se dirigió de frente contra uno de los bombarderos enemigos y se estrelló intencionadamente contra él. La explosión provocó daños fatales a un segundo bombardero, que también cayó derribado. Su ejemplo y el de otros pilotos que se sacrificaron de la misma manera en las semanas siguientes demostraron que, desde un punto de vista práctico, la embestida de los cazas era una de las pocas tácticas válidas que se podían utilizar contra las superfortalezas volantes.

Con ese convencimiento, varios comandantes de Sentai (grupos aéreos del Ejército) se decidieron a crear unidades de “Ataque Especial” (el eufemismo con el que se conocía habitualmente a las unidades suicidas) específicamente preparadas para realizar ataques de embestida contra los bombarderos enemigos. Estas unidades recibieron la denominación de Shinten Seiku Tai, algo así como “Unidad de Superioridad Aérea”. Sus integrantes eran voluntarios provenientes de las escuadrillas de cada uno de los Sentai. En teoría era un destino sin retorno: se esperaba que los pilotos encadenasen misiones hasta acabar muertos o incapacitados para seguir volando. La más conocida de todas esas unidades fue la Shinten Seiku Tai del 244º Sentai, un grupo de caza con base en Chofu, un suburbio de Tokio, que en los meses siguientes se destacaría en la defensa de la capital contra las incursiones de bombarderos enemigos. El 244º Sentai estaba bajo el mando del capitán Teruhiko Kobayashi, que con solo 24 años era el comandante de grupo más joven del Ejército Imperial. En noviembre de 1944 Kobayashi organizó una Unidad de Superioridad Aérea con pilotos voluntarios de sus tres Chotais (escuadrillas) equipada con cazas Kawasaki Ki-61 Hien.

El Ki-61 era un caza muy ligero y veloz, pero frágil y con poca potencia de fuego. Sus líneas, poco habituales en los cazas japoneses, hicieron creer a la inteligencia estadounidense que en realidad se trataba del italiano Macchi MC 202, supuestamente importado o construido bajo licencia en Japón, por lo que en la nomenclatura aliada recibió la muy italiana denominación de “Tony”. Para las misiones de embestida a los cazas se les retiró el armamento y la mayor parte de su blindaje, con lo que se redujo todavía más su peso y aumentó su velocidad de ascenso.

Un Ki-61 del 244º Sentai:


No hubo un modelo específico de caza para este tipo de misiones. Cada Sentai recurría a los aparatos que tenía a su disposición. Así, mientras la Shinten Seiku Tai del 244º Sentai utilizaba los Ki-61 aligerados, la del 47º Sentai contaba con cazas Nakajima Ki-44, y la del 53º Sentai con bimotores Kawasaki Ki-45, que, paradójicamente, gracias a su armamento pesado (un cañón de 37 mm situado en el morro del avión) y a sus buenas prestaciones a gran altura, era un interceptor idóneo para enfrentarse a los B-29 en ataques convencionales. Pero en los meses finales de la guerra la mayor carencia de las fuerzas aéreas japonesas no eran los aviones, sino los pilotos. La inmensa mayoría de los aviadores experimentados habían muerto en combate en los años anteriores, y la desesperada situación bélica obligaba a que los nuevos pilotos entrasen en servicio mucho antes de que hubiesen completado la formación mínima. Un piloto inexperto no podría sacar demasiado partido de un buen caza en un combate aéreo convencional, pero no se necesitaban muchos recursos para enseñarle a estrellarse contra un objetivo.

El 3 de diciembre de 1944 la Shinten Seiku Tai del 244º Sentai despegó para hacer frente a una incursión de bombarderos B-29 contra la factoría de motores de aviación de Musashino y las instalaciones portuarias de Tokio. El oficial al mando de la escuadrilla, el teniente Toru Shinomiya, embistió un bombardero enemigo y consiguió regresar a la base pese a que su caza había perdido parte de un ala. El sargento Matsumi Nakano golpeó con su Ki-61 otro B-29 y logró hacer un aterrizaje de emergencia en un campo de cultivo. Y el sargento Masao Itagaki embistió a un tercer bombardero, saltó en paracaídas cuando perdió el control de su caza y llegó a tierra ileso. Hasta ese día la existencia de las Unidades de Superioridad Aérea se había mantenido en secreto, pero las hazañas de aquellos tres pilotos, con final feliz, merecían que se les diese publicidad para que sirviesen como ejemplos de valor y sacrificio. Cuatro días más tarde nacía por un edicto imperial el Bukosho, la más alta condecoración del Ejército japonés. El teniente Shinomiya y los sargentos Nakano e Itagaki fueron sus tres primeros receptores. El 27 de enero de 1945 Itakagi sobrevivió a otra embestida contra un B-29 y fue condecorado con un segundo Bukosho, siendo uno de los dos únicos militares conocidos que recibieron la distinción por partida doble. Sorprendentemente, logró llegar vivo al final de la guerra.

Precisamente en la acción del 27 de enero las Unidades de Superioridad Aérea obtuvieron su mayor triunfo. Ese día se contabilizaron un mínimo de diez embestidas de cazas japoneses contra una formación de superfortalezas volantes que participaban en una misión de bombardeo sobre Tokio y Nagoya. Fueron siete Ki-61 del 244º Sentai, dos Ki-44 de 47º Sentai, y un Ki-45 biplaza de la División de Entrenamiento Aéreo de Hitachi. Cuatro de los pilotos sobrevivieron, entre ellos el sargento Itagaki y el capitán Kobayashi, el comandante del 244º Sentai. Los demás, incluyendo al piloto y al cadete que tripulaban el avión de entrenamiento, murieron estrellándose contra los bombarderos norteamericanos. Los informes estadounidenses destacaron que tuvieron que hacer frente a una oposición sin precedentes de la aviación enemiga, con un elevado número de intentos de embestida. Según sus datos oficiales, perdieron nueve de los 74 bombarderos que tomaron parte en la incursión.

El capitán Teruhiko Kobayashi tenía fama de ser uno de los mejores cazadores de superfortalezas volantes de las fuerzas aéreas japonesas. Como comandante del 244º Sentai, teóricamente no podía participar en los ataques semisuicidas de la Shinten Seiku Tai. Sin embargo, en el combate del 27 de enero embistió un B-29 con su Ki-61. Parece ser que lo hizo cuando se le encasquillaron las ametralladoras, aunque puede que en realidad solo quisiese dar ejemplo a sus hombres. Kobayashi saltó en paracaídas y resultó ileso. En la fotografía, en la que posa a bordo de su caza, se ven pintadas bajo la carlinga las siluetas de los B-29 que supuestamente derribó; uno de ellos aparece atravesado por otro avión, el símbolo que representaba una victoria en un ataque de embestida:


En marzo de 1945 dos hechos redujeron drásticamente las opciones de las unidades de caza japonesas en su desigual lucha contra los B-29. A comienzos de ese mes la 20ª Fuerza Aérea cambió de estrategia, hasta entonces centrada en los bombardeos diurnos de precisión contra objetivos concretos, e inició su campaña de bombardeos nocturnos de alfombra con bombas incendiarias que redujeron a cenizas una tras otra las ciudades japonesas y costaron la vida a cientos de miles de civiles inocentes. También en marzo las primeras escuadrillas de cazas de largo alcance P-51 Mustang comenzaron a operar desde los aeródromos conquistados por los marines en Iwo Jima y a dar escolta a los B-29 en sus misiones sobre Japón. Desde ese momento, si querían llegar hasta los bombarderos, los interceptores japoneses tenían que superar en primer lugar la cobertura de cazas que los acompañaban, algo que muy pocos conseguían. Las Unidades de Superioridad Aérea siguieron activas, aunque las embestidas habían dejado de ser una táctica efectiva contra las superfortalezas volantes.

Los perros marines de Guam

A finales de 1942 los responsables del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos estaban preocupados por el alto porcentaje de bajas que sufrían sus tropas en la isla de Guadalcanal. Se suponía que los marines eran soldados expertos que habían recibido un entrenamiento específico para la guerra en los trópicos, pero las condiciones del combate en las junglas del Pacífico resultaron ser mucho más duras de lo que nadie había esperado. Además del calor, la humedad, los insectos o las enfermedades, tenían que enfrentarse a un enemigo que sí parecía haberse adaptado bien a la selva (lo cierto es que solo era apariencia), que les hostigaba continuamente con francotiradores, emboscadas y ataques de pequeña intensidad y desaparecía a continuación ocultándose en el interior de la jungla. Entre las medidas que se tomaron para aumentar la seguridad en los campamentos y las patrullas en la selva estuvo la de poner en marcha el primer programa oficial de entrenamiento de perros de guerra del Cuerpo de Marines.

El programa nació en noviembre de 1942, y unas semanas después, en enero de 1943, el primer grupo de trece dobermans estaba ya recibiendo adiestramento en Camp Lejeune, la gran base de entrenamiento de los Marines en Carolina del Norte.

Los perros eran adquiridos por el Cuerpo de Marines o donados por particulares (en este último caso eran devueltos a sus dueños al completar su servicio). La mayor parte eran doberman, ya que se creía que era una raza que se adaptaba mejor que otras al clima tropical, aunque también había algunos pastores alemanes. Cada animal tenía un número de identificación tatuado en la oreja derecha, y en su hoja de servicios figuraba el nombre, la raza, la fecha de nacimiento, la fecha de incorporación y el tipo de formación que habían recibido (podían ser exploradores, mensajeros o entrenados en “trabajos especiales”). Recibían ascensos por antigüedad, como cualquier soldado. Así, a los tres meses de servicio el perro pasaba a ser “soldado de primera clase”, al año era ascendido a “cabo”, a los dos años a “sargento”... hasta que al cabo de cinco años alcanzaba el mayor rango al que podía aspirar un perro, el de “sargento mayor”. Al final de su periodo de servicio, o en el caso de que tuviesen que retirarlo antes de tiempo por motivos médicos, obtenía un certificado acreditativo. Si era expulsado del cuerpo por problemas de conducta, el perro recibía una “baja deshonrosa”.

Marines y perros durante una práctica de desembarco anfibio en Camp Lejeune:


En un principio los Marines recurrieron a adiestradores civiles o de la policía, pero pronto se dieron cuenta de que el entrenamiento convencional no preparaba a los animales para las condiciones de combate. En poco tiempo los civiles fueron sustituidos por auténticos marines. El entrenamiento duraba catorce semanas. En la formación básica los perros aprendían a obedecer órdenes de voz o señales con los brazos. A continuación recibían un entrenamiento especializado según las funciones que fuesen a desarrollar. Los perros mensajeros tenían que transportar mensajes, municiones o suministros médicos. Se les acostumbraba a soportar el sonido de los disparos y las explosiones, para adaptarlos a lo que se iban a encontrar en el campo de batalla. Los perros exploradores eran entrenados para advertir de la proximidad de extraños. Les enseñaban a dar la alerta sin ladridos, para no revelar su posición.

El primer pelotón de perros de guerra fue enviado a Bougainville junto al 2º Batallón Raider. Los pelotones segundo y tercero sirvieron en Guadalcanal, Kwajalein, Eniwetok y Guam. En esta última batalla los perros tuvieron una actuación destacada, acompañando el avance de los infantes, explorando cuevas, detectando minas y trampas explosivas, o como centinelas, vigilando día y noche los campamentos y los cruces de caminos.


De los sesenta perros que desembarcaron en Guam, catorce murieron en combate y otros diez por accidentes, enfermedades tropicales, golpes de calor o agotamiento. En cuanto a sus acompañantes humanos, tan solo un adiestrador murió durante una patrulla. Los veinticuatro perros fueron enterrados en el mismo lugar en el que se dio sepultura a los marines muertos en la batalla, en Asan, el punto de desembarco inicial en la isla. Años más tarde los restos humanos fueron exhumados y enviados de vuelta a Estados Unidos. Las tumbas de los perros, marcadas con pequeñas lápidas blancas, se quedaron allí olvidadas y cubiertas de maleza, hasta que en la década de los 80 una asociación de veteranos de los pelotones caninos comenzó a hacer campaña para recuperarlas. En junio de 1994 los restos fueron trasladados a un nuevo cementerio situado en el interior de la base naval estadounidense de Guam, bautizado oficialmente como Cementerio Nacional de Perros de Guerra. El 21 de julio de 1994, el 50º aniversario del inicio de la batalla, se inauguró un monumento, consistente en una lápida de granito con los nombres de los veinticuatro perros allí enterrados y una estatua de bronce de un doberman, representando a Kurt, el primer perro muerto en acción en la isla. La escultura tiene por título Always Faithful (“siempre fiel”), en referencia al lema del Cuerpo de Marines, semper fidelis. No podían haber encontrado un nombre más apropiado para honrar a a sus camaradas caninos.

Un héroe americano

Cuando el gobierno de los Estados Unidos decretó la suspensión de los derechos civiles y el internamiento de los ciudadanos japoneses y nisei (hijos de japoneses) de los estados del Pacífico, centenares de militares de origen japonés recibieron una orden de expulsión de las fuerzas armadas norteamericanas. En Hawai aquella medida suponía un grave trastorno, ya que en muchas unidades los americano-japoneses suponían un alto porcentaje del personal, así que los mandos locales solicitaron que se hiciese una excepción con ellos. Finalmente se permitió que los nisei hawaianos permaneciesen en el Ejército, e incluso se aceptaron cientos de solicitudes de alistamiento de jóvenes de origen japonés. Los nuevos reclutas fueron integrados en una unidad especial, denominada Batallón Provisional Hawaiano, y trasladados al continente para su periodo de instrucción. Cuando el Ejército quedó convencido de su lealtad, el reclutamiento se extendió a los campos de internamiento del territorio continental. Así nació el 442º Regimiento de Infantería, una unidad del Ejército estadounidense formada exclusivamente por nisei-americanos.

Kazuo Otani se alistó voluntario en el 442º Regimiento.en 1943. Un año antes este joven californiano, hijo de inmigrantes japoneses, había sido internado junto con toda su familia en el Centro de Reubicación de Gila River, en Arizona. Solo salió de allí para ingresar en el Ejército.

Las primeras tropas americano-japonesas, el 100º Batallón de Infantería, desembarcaron en Salerno en septiembre de 1943. En los meses posteriores llegarían a Italia el resto de unidades del regimiento. Los nisei tuvieron un papel destacado en la campaña italiana, en especial en las batallas de Montecassino y Anzio. En julio de 1944, cuando participaba en el avance estadounidense por la Toscana, el 442º era ya un regimiento experimentado y respetado.

Kazuo Otani era sargento de un pelotón de la Compañía G del 100º Batallón. El 15 de julio de 1944 guiaba a sus hombres en un avance en dirección a la localidad de Santa Luce, cerca de Pisa. De repente, al atravesar un campo de trigo, una ametralladora abrió fuego contra ellos y les inmovilizó en campo abierto. Otani supo que tenía que sacar a sus hombres de allí. Se levantó y cruzó el sembrado, atrayendo el fuego de la ametralladora alemana, hasta llegar a la cobertura de una pared de piedra. Sus hombres habían comenzado a reptar en su dirección, pero el enemigo no tardó mucho en concentrar el fuego en ellos. Otani salió de su refugio para atraer de nuevo el fuego enemigo, lo que permitió que los soldados que habían avanzado más llegasen a las rocas y se pusiesen a cubierto. Después de organizar a aquellos hombres para rechazar un posible ataque, volvió a atravesar el campo para reunirse con los rezagados del pelotón, una vez más con las balas silbando a su alrededor. Al llegar junto a sus hombres, les animó a avanzar y alcanzar la protección de las rocas, mientras él se quedaba atrás para darles fuego de cobertura. Cuando cruzaban, uno de los soldados fue alcanzado y cayó herido. Otani ordenó al resto que permaneciesen a cubierto, reptó hasta el herido y le arrastró hasta ponerle también a cubierto en el interior de una pequeña zanja. Había comenzado a prestarle los primeros auxilios, cuando una ráfaga de la ametralladora le alcanzó de lleno. El sargento Otani murió casi instantáneamente.

Kazuo Otani recibió a título póstumo la Cruz al Servicio Distinguido, la segunda condecoración en importancia del Ejército de los Estados Unidos. A finales de los 90 se revisaron las concesiones de medallas a soldados nisei-americanos durante la Segunda Guerra Mundial, y nada menos que a veintidós de ellos se les consideró merecedores de la Medalla de Honor, la máxima condecoración otorgada por las Fuerzas Armadas estadounidenses. En junio del 2000 la familia de Kazuo Otani recibió la Medalla de Honor de manos del presidente Bill Clinton.

El 442º Regimiento de Infantería es el regimiento más condecorado de la historia del Ejército de los Estados Unidos.

Una orilla lejana

A principios de septiembre de 1943 la guerra en la Unión Soviética había cambiado de signo. Los alemanes habían perdido definitivamente la iniciativa y no podían hacer otra cosa que tratar de contener las masivas ofensivas soviéticas. Las tropas del Grupo de Ejércitos Sur, derrotadas después de intensos combates alrededor de Belgorod y Jarkov (en las fronteras orientales de Ucrania), habían iniciado su retirada hacia el oeste. El Ejército Rojo se puso como objetivo la liberación de Kiev, aunque para alcanzar el corazón de Ucrania previamente tendrían que superar un gran obstáculo, el Dnieper, un río ancho y caudaloso, con fuertes corrientes, y cuya orilla occidental era escarpada y fácilmente defendible. El 8º Ejército y el 4º Ejército Panzer comenzaron una desesperada carrera para alcanzar el Dnieper antes de que lo hiciesen las fuerzas soviéticas del Frente del Voronezh, a pesar de que Hitler había dado la orden de no establecer defensas a lo largo del río, tratando así de evitar que sus generales tuviesen la tentación de replegarse tras ellas.

A mediados de agosto la Stavka comenzó a considerar una operación aerotransportada a gran escala para capturar cabezas de puente en la orilla occidental del Dnieper y evitar que los alemanes se hiciesen fuertes en el río. A principios de septiembre, las 1ª, 3ª y 5ª Brigadas Aerotransportadas de la Guardia se fusionaron en un cuerpo paracaidista de 10.000 hombres. Eran unidades de formación reciente (tenían apenas unos meses), integradas por jóvenes reclutas que habían recibido un entrenamiento claramente insuficiente. A pesar de la falta de experiencia de sus tropas aerotransportadas, el 16 de septiembre el general Vatoutine, comandante del Frente del Voronezh, aprobó la operación. La fecha fijada para el ataque fue la noche del 25 de septiembre. El control alemán del aire obligaría a los inexpertos paracaidistas soviéticos a realizar un salto nocturno.

Partiendo de bases aéreas que acababan de ser capturadas a los alemanes, situadas al noroeste de Jarkov, a 200 kilómetros del Dnieper, los paracaidistas tenían que tomar una franja boscosa comprendida entre las poblaciones de Bukrin y Kanev, de unos 30 kilómetros de longitud y de 15 a 20 kilómetros de profundidad. Contarían únicamente con armas ligeras y algunos morteros y cañones antitanque transportados en planeadores. Su misión era mantener la cabeza de puente el tiempo suficiente para construir puentes que permitiesen el paso del río de tanques y artillería pesada.

La fuerza aérea del Frente de Voronezh tenía un papel fundamental en el plan. Aparte de aportar los aviones de transporte y planeadores, sería la encargada del reabastecimiento de la cabeza de puente y la evacuación de los heridos, además de dar apoyo aéreo y de observación a las fuerzas de tierra. También se contaba con la ayuda de grupos de partisanos locales, que se unirían a los paracaidistas y les servirían de guías.

Las pésimas comunicaciones por ferrocarril retrasaron la agrupación de las tres brigadas que iban a participar en el ataque. Además el mal tiempo bloqueó a los aviones de transporte en sus bases de origen. El 23 de septiembre, a dos días del inicio de la operación, tan solo estaban disponibles ocho aviones. Obligado por las circunstancias, el general Vatoutine ordenó un aplazamiento de 24 horas y redujo la fuerza atacante a dos brigadas, la 3ª y la 5ª. Los cambios en los planes a última hora generaron una enorme confusión en las tropas que iban a participar en el ataque.

Por si fuera poco, la información que tenían los soviéticos sobre las fuerzas enemigas en la región era muy incompleta y en gran parte errónea. Esperaban encontrar poca resistencia y tener a su favor el factor sorpresa. Y lo cierto es que la zona de despliegue de los paracaidistas estaba poco defendida... hasta un par de días antes de la fecha del salto. La noche del 21 de septiembre tropas soviéticas trataron de cruzar el Dnieper en Bukrin, y los alemanes reaccionaron enviando al área una gran cantidad de refuerzos. En el momento del ataque estaban desplegadas en la zona la 19ª División Panzer y otras cinco divisiones alemanas.

La noche del salto las bases aéreas de partida de los paracaidistas estaban sumidas en el caos más absoluto. Los planificadores habían cometido graves errores, como el de no asignar unidades de exploración para marcar las zonas de aterrizaje de los planeadores, Al final ese olvido no tendría demasiada importancia, ya que los planeadores no llegaron a despegar. Parte de los aviones de transporte (Li-2, la versión soviética de los C-47 estadounidenses) no habían llegado aún a los aeródromos. Además, los pilotos se negaron a embarcar a veinte paracaidistas por avión, insistiendo en que por razones de seguridad permitirían subir a quince o como mucho dieciocho hombres. La falta de aviones y las restricciones al peso que impusieron los pilotos obligaron a dejar en tierra gran parte del equipo (entre el material que se abandonó en el último momento había muchas radios, lo que afectaría más tarde a la coordinación de las operaciones). Hacia la una de la madrugada se agotó el combustible disponible y se interrumpieron las salidas. Gran parte de la 5ª Brigada se quedó en tierra. En total, solo se hicieron trescientos de los quinientos despegues previstos. Partieron más de 4.500 paracaidistas, la mayoría pertenecientes a la 3 ª Brigada, pero otros 2.000 se quedaron en tierra. Además, los que despegaron no podrían contar con cañones anticarro ni el resto del equipo pesado que iba a ser transportado en los planeadores, e incluso gran parte de su equipo ligero se había quedado en las pistas.

El vuelo fue una pesadilla. Muchos de los pilotos tenían un entrenamiento muy deficiente y poca o ninguna experiencia en vuelos nocturnos. Llegaron al objetivo dispersos, volando a alturas que variaban entre los 600 y los 2.000 metros. El fuego antiaéreo fue de una intensidad mayor de lo esperado, lo que aumentó aún más la confusión. Hubo paracaidistas que saltaron sobre las tropas soviéticas en la orilla oriental de Dnieper, otros cayeron directamente en el río. Algunos pilotos se pasaron de largo e hicieron saltar a los hombres muy por detrás de las líneas alemanas. Trece aviones regresaron a sus bases con los paracaidistas aún a bordo.

Los paracaidistas se encontraron dispersos en pequeños grupos, en un área mucho mayor de la prevista, y enfrentados a unas fuerzas enemigas también mucho mayores de lo esperado. Presas del pánico, intentaron reagruparse, buscando a sus compañeros y los contenedores con armas, en muchos casos abandonando sus paracaídas sin ocultarlos, lo que ayudaría a las patrullas alemanas a guiarles hasta ellos. Los alemanes reaccionaron con rapidez. Muchos soldados soviéticos fueron muertos o capturados nada más pisar tierra. Otros grupos serían reducidos en las horas siguientes. Cerca de Bukrin la 19ª Panzer acabó con uno de los grupos más numerosos, formado por unos 150 paracaidistas al mando del comandante de la 3ª Brigada. Pese a todas las dificultades, los soviéticos opusieron una dura resistencia, e incluso en ocasiones lograron pasar al ataque y realizar con éxito algunas emboscadas. Pero estaban condenados. Consciente de que ya nada podría evitar el fracaso de la operación, el general Vatoutine ordenó suspender los envíos de refuerzos y suministros previstos para el día siguiente, abandonando a su suerte a los paracaidistas. Los alemanes continuaron con las operaciones de limpieza en los días posteriores, hasta que el 30 de septiembre el área fue considerada segura. Algunos de los supervivientes lograron cruzar el río y alcanzar las líneas soviéticas. Otros se unieron a los partisanos locales. En el norte, cerca de de Bukrin, el terreno abierto daba toda la ventaja a los alemanes, pero más al sur numerosos grupos se ocultaron en los bosques de Kanev y se organizaron en partidas guerrilleras. A mediados de noviembre los últimos supervivientes se unieron a las tropas soviéticas que ocuparon la región.

Los errores cometidos por los soviéticos fueron muchos y muy evidentes: pésima planificación, precipitada puesta en marcha, deficiente preparación de los paracaidistas y las tripulaciones aéreas, poca información sobre las fuerzas enemigas, o subestimación de las necesidades logísticas para una operación de esa naturaleza. Paradójicamente la Unión Soviética había sido un país pionero en la creación de unidades paracaidistas, ya a comienzos de la década de los 30, pero tras el estallido de la guerra la falta de aviones de transporte había obligado al alto mando a reconvertir las tropas aerotransportadas existentes en unidades de infantería. En 1943 las fuerzas paracaidistas soviéticas estaban empezando a renacer, pero el fracaso de la operación sobre el Dnieper supuso el fin de las operaciones aerotransportadas a gran escala del Ejército Rojo durante la guerra. Las tres brigadas aerotransportadas, o lo que quedaba de ellas (la 3ª había sido prácticamente aniquilada), fueron disueltas y sus hombres enviados a unidades de infantería.

He tenido la tentación de aprovechar la actualidad internacional y poner un título tramposo a esta entrada, como por ejemplo "Paracaidistas rusos saltan sobre Ucrania". Al final preferí no hacerlo para no alarmar innecesariamente a los muchos internautas que nunca leen más allá de los titulares. El título que elegí pretende recordar la película Un puente lejano (A Bridge Too Far, 1977), que narra la historia de la operación Market Garden, el lanzamiento de miles de paracaidistas aliados tras las líneas enemigas para tomar una serie de puentes en Holanda. Market Garden terminó en un completo desastre, y lo cierto es que esa fue la norma en las operaciones aerotransportadas a gran escala en la Segunda Guerra Mundial. Incluso en las que tuvieron éxito el índice de bajas fue tan alto que se podrían considerar victorias pírricas. Como la ocupación alemana de Creta en mayo de 1941, donde los Fallschirmjäger sufrieron tantas pérdidas que Hitler decidió prohibir las operaciones aerotransportadas durante el resto de la guerra.

La rebelión de los SS croatas

Uno de los grandes mitos neonazis es el de considerar las Waffen-SS como un auténtico ejército europeo. Es algo muy oportuno para que, por ejemplo, un español pueda declararse nacional-socialista sin sentir la más mínima vergüenza por soltar semejante incongruencia. Y lo cierto es que en las Waffen-SS combatieron hombres de muchas nacionalidades distintas, debido, fundamentalmente, a la sed de poder de Himmler, que nunca llegó a estar satisfecho con el tamaño de su ejército particular, y que logró que buena parte de las unidades de voluntarios extranjeros que existían en las fuerzas armadas alemanas quedasen encuadradas en él. En un principio el reclutamiento estuvo restringido a los naturales de países germánicos ocupados (holandeses, flamencos, daneses o noruegos), pero con el tiempo los criterios raciales se fueron arrinconando hasta acabar aceptando incluso divisiones formadas por tártaros o indios. Es cierto que muchos de ellos se alistaron por motivos ideológicos, pero otros simplemente aprovecharon una oportunidad que les permitía salir de los campos de prisioneros o de las brigadas de trabajo, y en muchos casos se encontraron de la noche a la mañana formando parte de una división SS sin haber tenido nunca esa intención.

El 13º Batallón de Ingenieros era una unidad encuadrada en la 13ª División de Montaña SS Handschar, en su origen 1ª División Croata. Hay que aclarar que el término “croata” se refiere al estado títere liderado por Ante Pavelic, que incluía, además de la actual Croacia, el territorio de Bosnia y Herzegovina. De hecho el reclutamiento de la unidad comenzó en Bosnia, y la mayoría de sus efectivos eran bosnios musulmanes. Los croatas (católicos) eran como mucho la cuarta parte del total de hombres de la división. Como prueba del carácter básicamente musulmán de la unidad, se permitió que cada regimiento tuviese su propio mulá y cada batallón su imán. Debido al escaso éxito del alistamiento voluntario, la división tuvo que completarse con reclutamientos forzosos y banderines de enganche en campos de prisioneros. Los reclutas fueron reunidos en un campamento cerca de Zagreb. Allí, un día, en lugar de los ustachas aparecieron unos oficiales de las SS, que les hicieron subir a vagones de tren y les llevaron a Alemania. En Dresde los hombres del 13º Batallón comenzaron a recibir formación como pontoneros. Les entregaron por primera vez sus uniformes alemanes antes de partir a Estrasburgo, en la frontera franco-alemana, donde iban a ejercitarse en unas maniobras.

El uniforme de la División Handschar incluía un característico fez:


A mediados de agosto de 1943 comenzaron a llegar oficiales alemanes al pueblo de Villefranche-de-Rouergue, en el sur de Francia, para preparar la instalación de un batallón de entre 1.000 y 1.500 hombres. A partir del 7 de septiembre empezaron a llegar al pueblo los hombres del 13º Batallón de Ingenieros. Para entonces la unidad ya estaba claramente dividida en dos bandos, los pro-alemanes y los “conspiradores”. Estos tenían a su favor las noticias que les llegaban de los desastres alemanes en el frente del este y de los desembarcos aliados en Italia. El 8 de septiembre el gobierno italiano anunció la firma del armisticio con los aliados. Es posible que la noticia hiciese albergar a muchos bosnios la loca esperanza de poder contactar con las tropas aliadas que, creían, habían ocupado la península italiana. Los oficiales de las SS les sometían a una disciplina brutal, y el descontento de la tropa aumentó hasta el punto de que comenzaron a producirse deserciones. A menudo los desertores contaban con la ayuda de la población local. En general parece que la relación de los civiles de Villefranche con los bosnios era amistosa. Todo lo contrario que con los alemanes.

El 16 de septiembre los bosnios desfilaron por primera vez armados y con casco. Corrían rumores de que de forma inminente iban a ser utilizados en operaciones de lucha contra el maquis. Aquella misma tarde los líderes de los descontentos celebraron una reunión en la que decidieron no esperar más y pasar a la acción.

El hombre al mando de los rebeldes se llamaba Ferid Dzanic, y era un antiguo partisano capturado. Su segundo era un joven alférez llamado Nikola Vukelic. El tercero de los líderes, y el único que sobreviviría a la rebelión, era Bozo Jelenek, nacido en Zagreb en 1920. En 1941 había pasado ocho meses en prisión por pertenecer al Partido Comunista.

En la medianoche del 17 de septiembre Jelenek condujo a una docena de soldados hasta el hotel Moderne, conde se alojaban los oficiales. Irrumpieron en las habitaciones y capturaron al comandante del batallón, el SS-Obersturmbannführer Oskar Kirchbaum, y al resto de oficiales. Al mismo tiempo, otro grupo se dirigió a la escuela en la que dormían los suboficiales, y tras capturarles les encerraron en el primer piso del edificio. A las dos de la mañana, cinco de los oficiales, entre ellos Kirchbaum, fueron condenados a muerte por los amotinados y ejecutados.

Los rebeldes creían que la mayoría de los soldados del batallón se iban a unir a su causa, pero lo impidieron dos hombres con gran influencia en la tropa, el imán Halim Malkoc y el alférez médico, el doctor Schweiger, que dieron la voz de alarma y convencieron a muchos bosnios de que estaban siendo engañados por los amotinados. Hacia las cuatro de la madrugada los alemanes habían reaccionado y en las calles de Villefranche comenzaron a oírse los primeros tiroteos. A la mañana siguiente llegaron tropas desde los acuartelamientos vecinos para ayudar a sofocar la rebelión. En pocas horas los alemanes recuperaron el control de Villefranche sin que los insurgentes, mal armados y superados en número, pudiesen hacer nada para evitarlo. Muchos de ellos se rindieron y fueron ejecutados de inmediato. Otros lograron romper el cerco y se ocultaron en los montes vecinos, lo que dio inicio a una gran cacería humana que duraría semanas. Los pocos que escaparon formarían el núcleo de la Resistencia francesa en el departamento del Aveyron. Es imposible saber el número de muertos entre los combates y las ejecuciones. El alcalde de Villefranche-de-Rouergue, Louis Fontange, afirmó haber visto unos cuarenta cadáveres, otros vecinos del pueblo vieron cómo salían camiones cargados de muertos hacia la ciudad de Rodez. Puede que el número de víctimas estuviese en torno a las ciento cincuenta. Entre ellos estaban Dzanic, que murió en la lucha, y Vukelic, que fue capturado y fusilado. Jelinek logró ocultarse con ayuda de algunos vecinos del pueblo. En noviembre se unió al maquis con el nombre de “teniente Leopold”. Tras los desembarcos aliados combatió con las fuerzas de la Francia Libre, regresó a su país y se unió al ejército de Tito. Se retiró en 1953 con el rango de capitán del ejército yugoslavo.

Por su decisiva intervención, que había hecho fracasar el motín, el imán Malkoc y el doctor Schweiger recibieron la Cruz de Hierro de segunda clase. Además tuvieron el honor de ser recibidos por el Reichsführer-SS, Heinrich Himmler.

La rebelión no pudo ser ocultada y supuso un duro golpe para la imagen de las Waffen-SS. Radio Londres dio la noticia afirmando que Villefranche-de-Rouergue había sido la primera ciudad liberada de la Francia ocupada por los nazis. Los alemanes estaban convencidos de que la revuelta había sido obra de comunistas que se habían infiltrado en las fuerzas croatas siguiendo órdenes de Tito, como una forma de conseguir armas, uniformes y entrenamiento a costa de los alemanes. Inmediatamente después de sofocar la rebelión, iniciaron una purga de la unidad. Ochocientos veinticinco bosnios fueron declarados "no aptos para el servicio" o "políticamente poco fiables" y enviados a Alemania para trabajar en la Organización Todt. Doscientos sesenta y cinco de ellos se negaron a ir y acabaron en el campo de concentración de Neuengamme. Pocos sobrevivieron a la guerra.

Comandante Diavolo


Amedeo Guillet era un joven oficial de caballería perteneciente a una familia de la baja aristocracia del Piamonte que durante generaciones había estado al servicio de la Casa de Saboya. Era un excelente jinete, y a finales de 1935 fue seleccionado para formar parte del equipo de hípica que iba a representar a Italia en los Juegos Olímpicos de Berlín. Sin embargo Amedeo renunció a los Juegos y utilizó sus influencias familiares para conseguir que le destinasen a los Spahis de Libia (tropas de caballería ligera bereber) y participar en la conquista italiana de Etiopía. Sirviendo como oficial de caballería, tuvo una destacada actuación durante la campaña africana. Más tarde se presentó voluntario para combatir en la Guerra Civil Española con la División Fiamme Nere. Cuando regresó a Italia se encontró con un ambiente político que le desagradó mucho, con los fascistas rendidos a la influencia del nazismo alemán (el gobierno de Mussolini acababa de decretar sus primeras leyes raciales). Guillet rechazó un nuevo destino en Libia y solicitó un traslado al África Oriental, donde podría cumplir con el juramento de fidelidad de su familia a la Casa de Saboya, ya que para sustituir al inepto mariscal Graziani había sido nombrado un nuevo virrey, Amadeo, Duque de Aosta, sobrino del rey Víctor Manuel III y nieto del que fuera rey de España Amadeo I.

En el África Oriental Guillet participó en operaciones militares contra los insurgentes etíopes que permanecían leales al derrocado emperador Haile Selassie, convirtiéndose en uno de los hombres de confianza del virrey. En 1940 éste le encargó la creación de una nueva fuerza militar indígena. La unidad, denominada oficialmente Gruppo Bande Amhara, estaba compuesta por unos dos mil quinientos hombres reclutados en toda África Oriental Italiana. Todos los suboficiales eran eritreos, estando la participación italiana limitada a seis oficiales. El núcleo de la fuerza lo componían las unidades de caballería, aunque también incluía un cuerpo de camellos y tropas de infantería yemení. El duque nombró a Guillet comandante de la nueva unidad. Que un joven teniente estuviese al mando de una fuerza militar equivalente a una brigada era algo realmente extraordinario. Sin embargo, Guillet no tardó en demostrar que era la persona ideal para ocupar el puesto.

Amedeo Guillet, apodado el "Comandante Diavolo", al frente de sus tropas:


A finales de 1940 el "Gruppo Bande a Cavallo" o "Gruppo Bande Guillet", como se le conocía ya, tuvo que enfrentarse a las fuerzas de la Commonwealth que atacaron las posesiones italianas en el África Oriental desde el Sudán. Por medio de una larga serie de combates y escaramuzas, sus tropas lograron ralentizar el avance aliado sobre Eritrea y Etiopía. En una de aquellas batallas, en enero de 1941, Guillet y doscientos cincuenta de sus hombres lanzaron un ataque a caballo contra una columna de carros blindados para cubrir la retirada italiana del territorio de Amba Alagi. La sorpresa permitió a los jinetes cruzar por vez primera entre los tanques lanzando granadas. A continuación, los incrédulos tanquistas vieron cómo los hombres de Guillet daban media vuelta y volvían a lanzarse en una nueva carga casi suicida directamente contra sus cañones. Aquellas cargas de caballería a sable desenvainado (las últimas a las que tuvo que enfrentarse el ejército británico en toda su historia) y los ataques a las columnas mecanizadas con cócteles molotov y granadas de mano convirtieron a Guillet en un personaje de leyenda. Las crónicas británicas se referían a él como “un caballero de otros tiempos” o “el Lawrence de Arabia italiano”.

El Gruppo Bande Guillet destacó siempre por su trato respetuoso hacia las poblaciones de Eritrea y el norte de Etiopía. Eso les permitió continuar la lucha a partir de marzo de 1941, cuando los aliados completaron la ocupación de las colonias italianas. Durante los ocho meses siguientes mantuvieron una guerra de guerrillas contra los británicos, saqueando caravanas y atacando puestos militares aislados. Los hombres de Guillet, en su mayor parte eritreos, pagaron un precio muy alto por su lealtad hacia un rey que nunca conocieron y una nación de la que no sabían nada. Unos ochocientos de ellos murieron en un año de combates. Como militar, Guillet sentía un profundo respeto por aquellos guerreros. Con frecuencia expresaba su admiración asegurando que "los eritreos son los prusianos de África sin los defectos de los prusianos".

La bella Khadija, la amante etíope de Guillet:


Pero el “Comandante Diavolo” no podía mantener por mucho tiempo una guerra de guerrillas sin ningún apoyo exterior. A finales de 1941 los supervivientes del Gruppo Bande Amhara abandonaron la lucha y se dispersaron. Después de muchas peripecias, Guillet logró burlar a sus perseguidores británicos y huir a través del Mar Rojo hasta el neutral Yemen. Allí estuvo cerca de un año entrenando a soldados y jinetes del ejército del Imán Ahmed. En 1943, a pesar de los intentos del Imán por retenerle, regresó disfrazado a Eritrea y consiguió embarcar de incógnito en un barco de la Cruz Roja utilizado para repatriar a italianos heridos y enfermos.

Tan pronto como llegó a Italia, Guillet comenzó a buscar financiación, reclutar hombres y conseguir armas para iniciar una nueva campaña guerrillera en Eritrea. Pero entonces llegó el armisticio e Italia cambió de bando. Guillet fue ascendido a mayor y asignado al SIM (Servizio Informacioni Militare, la inteligencia militar italiana). En su nuevo destino participó en arriesgadas misiones en territorio ocupado por los alemanes. Irónicamente, tuvo que trabajar en estrecha colaboración con sus antiguos enemigos británicos, incluyendo a algunos de los agentes que le habían perseguido en África tratando de capturarle. Uno de ellos, el mayor Max Harrari, se convertiría con el tiempo en uno de sus mejores amigos.

Al terminar la guerra en Italia se celebró un plebiscito para elegir su forma de estado. Cuando ganaron los partidarios de la república, Guillet comunicó al rey Humberto II, que se disponía a partir al exilio, su intención de abandonar también el país. El rey se lo prohibió, convenciéndole de que debía quedarse y servir a su patria fuese cual fuese la forma de gobierno. En 1946 Guillet entró en el servicio diplomático. Gracias a su familiaridad con la cultura árabe, pudo servir como embajador de Italia en Egipto, Yemen, Jordania y Marruecos. Finalmente estuvo destinado en la India hasta su retirada en 1975. Murió en Roma el 16 de junio de 2010, a los 101 años de edad.

Por el uniforme del mariscal

El 500 SS-Fallschirmjäger-Bataillon era una unidad paracaidista y de operaciones especiales de las Waffen-SS. Hay quien la considera una unidad disciplinaria, ya que si bien aproximadamente la mitad de sus mil hombres eran reclutas voluntarios, el resto eran reclusos indultados a cambio de su incorporación al batallón, provenientes de lugares como las prisiones militares de las SS de Danzig-Matzkau y Dachau. La mayoría de ellos cumplían penas por insubordinación, desobediencia, y en general faltas contra la disciplina militar. No se aceptaba a condenados por crímenes contra el régimen nazi o que tuviesen relación con el mercado negro.

El batallón nació oficialmente en Chlum, Bohemia, en octubre de 1943, al mando del SS-Sturmbannführer (el equivalente a comandante en las Waffen-SS) Herbert Gilhofer. En noviembre se trasladaron a la Luftwaffe Fallschirm-Schule Nr 3 de Mataruska-Banja, cerca de Kraljevo, en Serbia, donde recibieron adiestramiento en técnicas de paracaidismo. El entrenamiento físico al que están sometidos era particularmente duro, con frecuentes prácticas de supervivencia en las montañas y marchas forzadas. Debido al heterogéneo origen de los hombres que formaban la unidad, el objetivo principal del adiestramiento era lograr la cohesión del grupo.

En enero de 1944 el batallón se trasladó a Papa, Hungría, donde completaron su formación como paracaidistas. En febrero tuvieron sus primeros combates con partisanos yugoslavos, participando en cooperación con otras unidades alemanas en operaciones contra las guerrillas comunistas en la zona de Tuzla, en Bosnia. Durante dos meses intervinieron en numerosas operaciones antipartisanas en Serbia, Macedonia y Bosnia, combatiendo siempre como infantería, no como tropas aerotransportadas. A finales de abril el batallón fue retirado del combate y regresó a su base. Gilhofer fue sustituido en el mando de la unidad por el SS-Hauptsturmführer (capitán) Kurt Rybka. Poco después recibieron nuevas órdenes de Berlín: su siguiente misión iba a ser por fin una operación aerotransportada, y su objetivo nada menos que Josip Broz, más conocido como Tito, el líder de los partisanos yugoslavos.

Acabar con Tito se había convertido en una prioridad para las fuerzas alemanas en los Balcanes. El líder comunista llevaba dirigiendo operaciones a gran escala contra las fuerzas del Eje desde 1941, cuando creó y organizó el NOVJ (Ejército Popular Yugoslavo de Liberación), una fuerza que en 1944 estaba formada por entre 250.000 y 300.000 combatientes. Había logrado ser reconocido por las potencias aliadas como el único interlocutor en la región, y estadounidenses, británicos y soviéticos mantenían misiones de enlace permanentes con su cuartel general. Pese a su ideología comunista, los británicos le abastecían de equipo militar y suministros desde julio de 1943, en perjuicio del líder monárquico Dara Mihailovic y sus chetniks. Los partisanos controlaban aproximadamente un tercio del territorio de Yugoslavia. En 1944, enfrentada al avance soviético en el este, a la presión aliada en Italia y a la amenaza de desembarcos en el oeste, Alemania no podía destinar muchos recursos a la lucha antipartisana en los Balcanes. Los alemanes apenas podían mantener el control en las ciudades y las principales vías de comunicación, mientras que los hombres de Tito se habían hecho fuertes en las zonas rurales y montañosas. Aquella guerra de guerrillas era muy costosa para la Wehrmacht. Protegidos por el terreno montañoso, los partisanos sometían un acoso continuo a las columnas alemanas, en una lucha cruel en la que rara vez se hacían prisioneros.

A finales de febrero un comando de brandenburger (tropas de operaciones especiales dependientes del Abwehr) localizó el cuartel general de Tito en Drvar, un pequeño pueblo situado en la parte inferior del valle de Unac, en el oeste de Bosnia. Partiendo de aquella información los alemanes planificaron un asalto aerotransportado, la única forma de conseguir la sorpresa y la velocidad de acción necesarias para lograr el éxito. El ataque fue confiado a los paracaidistas del 500 SS-Fallschirmjäger-Bataillon.

La operación, denominada con el nombre en clave de Rösselsprung, fue programada para el 25 de mayo de 1944. El plan era sencillo en su planteamiento, pero de muy difícil ejecución. El objetivo era eliminar a Tito y su estado mayor y a los oficiales de enlace de las misiones aliadas. Para asegurarse de que Tito no pudiese escapar, la operación incluía el cerco de Drvar por parte de varias columnas motorizadas, que con el apoyo de la Luftwaffe y partiendo de las ciudades de Bihac, Livno, Jajce, Krupa, Bosan y Kulen convergerían en el valle. Entre aquellas unidades terrestres destacaban los veteranos de la 7ª División de Montaña SS-Prinz Eugen, reforzados por elementos de la 1ª División de Montaña y varias unidades de voluntarios croatas.

A aquellas alturas de la guerra los aviones de transporte con los que podían contar los alemanes eran muy escasos. Los Ju 52 disponibles podrían como mucho llevar a un tercio de los paracaidistas, así que se decidió recurrir a planeadores, por una parte, y lanzar el asalto en dos oleadas, por otra. El primer escalón estaría formado por seiscientos cincuenta y cuatro paracaidistas y un grupo de veinte hombres (brandenburger, especialistas en transmisiones e intérpretes de la Prinz Eugen) encargados de destruir los equipos de comunicaciones de los partisanos y capturar los códigos enemigos. Trescientos catorce paracaidistas saltarían de los Ju 52, con la misión de asegurar las zonas de aterrizaje de los planeadores, y otros trescientos cuarenta tomarían tierra en planeadores DFS Gotha Go 230 remolcados hasta el objetivo por Ju-87 y Hs-126. Estos últimos estaban divididos en seis grupos: el mayor, llamado Panther, formado por ciento diez hombres, sería el encargado de tomar al asalto el cuartel general de Tito. Otros tres grupos, Greifer, Sturmer y Brecher, con cincuenta hombres cada uno, acabarían con las misiones aliadas. Los grupos Draufgänger y Beisser, más reducidos y en los que estaban los especialistas en transmisiones, tenían que destruir las instalaciones de comunicaciones y capturar los códigos de radio. Si todo iba bien y el cuartel general yugoslavo era capturado, el grupo Panther desplegaría una bandera alemana. Si tenían problemas lanzarían una bengala roja y el resto de grupos acudirían en su auxilio. Una segunda oleada saltaría más tarde de los Ju 52 con la misión de rodear el pueblo y asegurarse de que los defensores no recibiesen ningún refuerzo del exterior.

Entre el 21 y 24 de mayo los paracaidistas se trasladaron por camión y ferrocarril desde su base en Mataruska Banja hasta los campos de aviación de Zrenganin, Banja Luka y Zagreb. Los movimientos y los preparativos se hicieron bajo el máximo secreto. Los hombres arrancaron de sus uniformes las insignias de la unidad y ocultaron su equipo de salto, evitando mostrar cualquier detalle que pudiese servir de pista a los espías de Tito. Incluso en la última reunión informativa, celebrada horas antes del comienzo de la misión, los oficiales se limitaron a dar vagos detalles sobre sus objetivos.

Pero a pesar del secreto que rodeaba la operación, una serie de ataques aéreos de la Luftwaffe contra Drvar, un objetivo sin interés estratégico aparente, había puesto en guardia a los partisanos. Probablemente no pensaban en un asalto paracaidista, pero habían tomado medidas para enfrentarse a un ataque inminente de los alemanes. Tito reforzó su guardia personal y se encerró en su cuartel general, situado a cuatro o cinco kilómetros del pueblo, en una gruta rodeada de ametralladoras y armas antiaéreas ligeras. Las misiones aliadas se trasladaron por precaución a Potoci, una pequeña población al este de Drvar. En el pueblo las fuerzas partisanas estaban formadas por un batallón de infantería, otro de ingenieros, un grupo de unos ciento cincuenta reclutas del cercano centro de entrenamiento de Sipoulyani y otras unidades menores, además de tres tanques italianos Fiat Ansaldo L6/40 capturados.

En la noche del 24 al 25 de mayo, mientras los paracaidistas abordaban los Junkers y planeadores, las columnas terrestres alemanas se pusieron en marcha en dirección al valle de Unac. Hacia las siete menos diez de la madrugada los primeros paracaidistas se lanzaron sobre el objetivo. Tratando de evitar bajas por el fuego desde tierra, se arriesgaron en un salto a muy baja altura. El SS-Hauptsturmführer Rybka fue uno de los primeros en llegar al suelo. Rápidamente los paracaidistas aseguraron las áreas de aterrizaje de los planeadores. Casi todos tomaron tierra en los puntos previstos, pero sufrieron muchas bajas por el fuego antiaéreo de los partisanos. De los treinta planeadores, solo uno, el que transportaba al líder del grupo Greifer, se estrelló lejos de la zona de aterrizaje.

Los seis planeadores que transportaban al grupo Panther aterrizaron en los lugares previstos, en las cercanías del cementerio de Drvar, donde, según la información de inteligencia, estaba el cuartel general partisano. Pero en realidad este se encontraba en el otro extremo del pueblo, a varios kilómetros de distancia. Los grupos Greifer, Sturmer y Brecher tampoco encontraron las misiones aliadas donde se suponía que tenían que estar. El objetivo que tenía que atacar el grupo Draufgänger, en teoría la central telefónica, resultó ser la sede del Partido Comunista de Yugoslavia. El edificio tuvo que ser destruido con explosivos para acabar con la tenaz resistencia de los defensores. Pese a que casi toda la información con la que contaban había resultado ser errónea, los paracaidistas cumplieron con su misión lo mejor que pudieron, y hacia las nueve de la mañana Drvar estaba en poder de los alemanes. Rybka estableció su cuartel general en el cementerio, y sus hombres comenzaron a registrar la población casa por casa en busca del mariscal yugoslavo. Mientras, los partisanos que habían abandonado el pueblo se concentraban al norte, en las inmediaciones de la cueva. Rybka supuso acertadamente que su objetivo se encontraba en aquella dirección y disparó una bengala roja para reunir a sus fuerzas y lanzar un ataque. El asalto terminó en una masacre, con los partisanos acribillando a los paracaidistas que trataban de alcanzar sus posiciones casi sin contar con ninguna protección natural. Por si fuera poco, los reclutas de Sipoulyani se sumaron a la batalla en el momento justo, atacando por un flanco a los alemanes y obligándoles a retirarse. A media mañana Rybka ordenó un segundo ataque, que fracasó igualmente.

La situación de los paracaidistas se había vuelto crítica. Un contraataque de los partisanos expulsó a los alemanes de las cercanías del cuartel general de Tito. Rybka escudriñaba el cielo esperando ansiosamente la llegada de la segunda oleada de paracaidistas. Al fin, hacia el mediodía llegaron los Junkers con doscientos hombres al mando del SS-Hauptsturmführer Obermeier. Los paracaidistas sufrieron muchas bajas durante el descenso y al tomar tierra. Los Stukas alemanes les sobrevolaban tratando de darles cobertura durante el salto, pero no eran muy efectivos contra los guerrilleros que disparaban ocultos entre las rocas.

Contando con las tropas recién llegadas, Rybka decidió arriesgarlo todo en un tercer ataque. Con una gran cantidad de bajas, los paracaidistas tomaron al asalto las posiciones de los defensores y se enzarzaron con ellos en un terrible combate cuerpo a cuerpo. Durante la lucha Rybka fue herido en un brazo por la metralla de una granada. Cuando al fin consiguieron alcanzar la cueva en la que se encontraba el cuartel general de Tito, encontraron el lugar vacío. Lo único que pudieron capturar fue un uniforme nuevo del mariscal yugoslavo. Tito había huido después del primer ataque, descolgándose con una cuerda desde la entrada de la cueva hasta el río. Acompañado de varios de sus ayudantes llegó a Potoci, donde se reunió con los oficiales de las misiones aliadas. El grupo se trasladó a una pista de aterrizaje en Kupresko Polje. Desde allí un avión soviético llevaría al mariscal a Bari, en Italia. Más tarde, Tito instalaría temporalmente su cuartel general en la isla de Vis, en el mar Adriático.

Con Rybka herido, el mando de los supervivientes recayó en el SS-Hauptsturmführer Bentrup. Los paracaidistas se replegaron bajo la presión de los partisanos y organizaron una defensa provisional en torno al cementerio, esperando la llegada de las tropas croatas del Kampfgruppe Willan, de la 373ª División de Infantería, encargadas de cubrir su retirada. Al anochecer los croatas aún no habían aparecido. En toda la región los partisanos estaban atacando las columnas motorizadas que se dirigían al valle, ralentizando su avance. Bentrup consiguió que un Fieseler Storch aterrizase cerca de su posición y evacuase a Rybka, cuyo estado estaba empeorando rápidamente (pasaría varios meses recuperándose de sus heridas en un hospital de Praga). Poco después los yugoslavos atacaron el cementerio con fuego de mortero y los paracaidistas tuvieron que retirarse y refugiarse en un gran aserradero que había en las afueras del pueblo. Por la noche la defensa se reorganizó y los alemanes resistieron un ataque tras otro de los partisanos hasta que finalmente abandonaron Drvar amparándose en la oscuridad. Un pequeño grupo de paracaidistas aislado en una granja no recibió la orden de retirada, y tras una tenaz resistencia fue reducido por los partisanos hacia la medianoche.

La mañana del 26 de mayo el batallón de reconocimiento de la Prinz Eugen contactó al fin con los paracaidistas que se retiraban de Drvar. La operación Rösselsprung había terminado. Los alemanes afirmaron haber destruido el cuartel general de Tito y haber causado 6.000 bajas al enemigo. Por su parte, los yugoslavos admitieron 200 muertos, 400 heridos y 60 desaparecidos. Las pérdidas alemanas ascendieron a 213 muertos, 881 heridos y 59 desaparecidos, casi todos ellos del 500 SS-Fallschirmjäger-Bataillon. Al final de la batalla, de los aproximadamente 1.000 hombres que formaban el batallón, tan solo quedaban 15 oficiales, 81 suboficiales y 196 soldados en condiciones de seguir combatiendo. Un precio demasiado alto a cambio de un uniforme:


Fuentes principales:
http://www.feldgrau.com/fall500.html
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?p=660160
http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%A9ptima_Ofensiva_Antipartisana

El hombre que pudo empezar la Segunda Guerra Mundial

En octubre de 1938, aprovechando la desmembración de Checoslovaquia que comenzó tras la Conferencia de Múnich, Polonia se anexionó el territorio de Zaolzie, una región en disputa entre ambos países, y que incluía el nudo ferroviario de Bohumin, donde terminaba el ferrocarril que saliendo de Cracovia cruzaba los Cárpatos Occidentales y entroncaba con las líneas de Viena y Budapest. Aquella línea férrea era por tanto una de las vías de comunicación más importantes del sur de Polonia, y una de las rutas de ataque que necesariamente tendrían que utilizar en una hipotética invasión las fuerzas alemanes estacionadas en el Protectorado de Bohemia-Moravia y en Eslovaquia. Su punto débil era un túnel de 300 metros de longitud que atravesaba las montañas por el paso de Jablonków, cerca de la estación de Mosty.

En el verano de 1939, a medida que la tensión entre Polonia y Alemania crecía hasta hacer inevitable la guerra, el Estado Mayor polaco, plenamente consciente del valor estratégico del túnel de Jabłonków, comenzó a tomar medidas para evitar que cayese en manos enemigas. Los agentes del puesto local de la Guardia de Fronteras de la aldea de Świerczynowiec, encargados de la custodia del túnel, fueron reforzados por un pelotón de infantería del 4º Regimiento de Fusileros Podhale (“Podhale” es una región montañosa del sur de Polonia, y el nombre que tradicionalmente se daba a las unidades de montaña del ejército polaco). Se colocaron cargas de demolición a lo largo del túnel, y, desde el mes de junio, todos los días después del paso del último tren, soldados del 21º Batallón de Zapadores de Bielsko pasaban la noche en ambos extremos preparados para detonar los explosivos en cuanto recibiesen la orden. El oficial a cargo de la defensa era el coronel Witold Pirszel, que era además ingeniero de minas.

La firma del pacto germano-soviético el 23 de agosto de 1939 dejó a Hitler con las manos libres para iniciar la invasión de Polonia. Los ejércitos alemanes empezaron a movilizarse de acuerdo al Fall Weiss (“Caso Blanco”), el plan de invasión preparado meses antes por el OKW. El inicio del ataque fue fijado para las 4:25 de la madrugada del 26 de agosto de 1939. Pero en el último momento, el 25 de agosto, Hitler se enteró de que Gran Bretaña había firmado un nuevo tratado con Polonia por el que garantizaba su apoyo militar en caso de ataque alemán. La noticia hizo dudar al Führer y le obligó a suspender la invasión. Todas las unidades alemanas que habían iniciado su avance hacia las fronteras polacas tuvieron que regresar a sus cuarteles y esperar allí a que se fijase una nueva fecha.

¿Todas? No exactamente. A causa de un problema en las comunicaciones, una pequeña fuerza de veinticuatro hombres continuó con los planes previstos y comenzó su invasión de Polonia particular. Un error que pudo haber provocado que la guerra estallase antes de tiempo.

Según el plan alemán, en las horas previas al inicio de las hostilidades pequeños grupos de fuerzas especiales del Abwehr tenían que infiltrarse en territorio polaco, vestidos de civiles, para capturar una serie de puntos estratégicos necesarios para asegurar el avance de los ejércitos alemanes. Uno de aquellos grupos era una unidad de veinticuatro hombres al mando del teniente Hans-Albrecht Herzner, de la oficina del Abwehr en Breslau, cuya misión consistía en preparar el camino para el asalto de la 7ª División de Infantería a través del paso de Jabłonków. Su objetivo era tomar y asegurar la estación de Mosty y el túnel del ferrocarril, impidiendo así que los polacos detonasen las cargas y cerrasen el paso a las tropas alemanas.

Parte de los hombres de Herzner, en una fotografía tomada probablemente en Čadca, en el norte de Eslovaquia, antes del ataque; el grupo era una fuerza irregular dependiente del Abwehr (el servicio de inteligencia militar alemán), integrada por voluntarios civiles, todos ellos de la minoría alemana de Chequia:


El destacamento de Herzner partió de Čadca, a última hora de la tarde del viernes 25 de agosto, antes de que llegase la noticia de la suspensión de la ofensiva. Pasada la medianoche los comandos alemanes cruzaron la frontera polaco-eslovaca por las montañas de Velký Polom. Durante la marcha nocturna el grupo se dividió y varios de los hombres se desorientaron, de manera que cuando llegó a Mosty, hacia las cuatro de la madrugada, Herzner contaba tan solo con trece hombres para iniciar el ataque. Los alemanes cortaron las líneas telefónicas, tomaron posiciones en una colina que dominaba la estación y comenzaron a disparar contra ella. Tras un breve tiroteo, Herzner convenció a los polacos para que abandonasen el combate y se rindiesen, afirmando que la invasión había comenzado y que toda resistencia sería un inútil derramamiento de sangre. Los alemanes capturaron la estación, haciendo prisioneros a un grupo de policías y trabajadores del ferrocarril. Pero no sabían que en el sótano del edificio había un equipo de comunicación militar. Una telefonista se puso en contacto con la guarnición que custodiaba el túnel y dio la voz de alarma. Cuando los hombres de Herzner se dirigieron al túnel, los polacos les estaban esperando. El ataque alemán fue rechazado tras un caótico tiroteo en el que un soldado polaco acabó muerto y dos alemanes resultaron heridos. Por la mañana Herzner supo que la invasión se había suspendido y recibió la orden de liberar a los prisioneros y regresar a su base inmediatamente. Él y sus hombres se dispersaron por los bosque cercanos y volvieron a territorio eslovaco.

Algunas fuentes alemanas (poco creíbles, en mi opinión) afirman que los hombres de Herzner lograron tomar el túnel y capturaron a 2.000 soldados polacos, aunque no se aclara de qué unidad eran los prisioneros.

El ataque del destacamento de Herzner sirvió para poner en alerta a las fuerzas polacas en la frontera. Los alemanes trataron de quitar importancia al incidente. El general Eugen Ott, comandante de la 7ª División de Infantería (que estaba concentrada en el noroeste de Eslovaquia y tenía como misión el avance a través del paso de Jablonków), pidió disculpas al general Józef Kustroń, comandante de la 21ª División de Infantería de Montaña polaca, responsable de la defensa de aquel sector de la frontera. Ott le aseguró que la acción había sido obra de un perturbado que actuaba por su cuenta.

Finalmente la invasión comenzó en la madrugada del 1 de septiembre de 1939. El túnel de Jabłonków fue volado por el coronel Pirszel a las 6 de la mañana de ese día, minutos antes de que llegasen las tropas alemanas. Hasta 1941 no se restauró la comunicación ferroviaria entre los dos extremos del túnel.

En un principio Herzner vio cómo las autoridades alemanas rechazaban concederle cualquier tipo de reconocimiento por su acción (ya que oficialmente había tenido lugar en tiempo de paz), pero al final consiguió que le otorgasen nada menos que la Cruz de Hierro. Durante la guerra llegó a ser comandante del Batallón Nachtigall, una unidad formada por voluntarios ucranianos (fue la primera “legión extranjera” creada dentro de la Wehrmacht). En 1942 tuvo un accidente de automóvil que le dejó dañada la columna vertebral. En septiembre de ese año murió ahogado mientras practicaba ejercicios de rehabilitación en una piscina.

Fuentes principales:
http://www.strangehistory.net/2012/09/09/the-man-who-accidentally-started-ww2-five-days-too-early/
http://www.historytoday.com/andrew-roberts/second-world-war-storm-war
http://en.wikipedia.org/wiki/Jab%C5%82onk%C3%B3w_Incident


Los ataques de la Fuerza Z al puerto de Singapur

Operación Jaywick

El Departamento de Servicios Interaliado (IASD), con base en la ciudad australiana de Melbourne, era la cobertura de una organización de inteligencia militar interaliada, llamada SOA (Operaciones Especiales Australia), que había sido creada en marzo de 1942 por varios oficiales británicos del SOE que habían logrado huir de Singapur tras la ocupación japonesa. En junio de 1942 el SOA organizó una unidad de comandos, la Unidad Especial Z (más tarde sería conocida simplemente como Fuerza Z), con personal reclutado principalmente en la Real Marina y el Ejército australianos.

En 1943 un oficial británico del SOA de 28 años, el Capitán Ivan Lyon, propuso un plan para un ataque con comandos a los barcos japoneses anclados en el puerto de Singapur. Los comandos viajarían al puerto en un barco pequeño que se haría pasar por un pesquero asiático. Una vez llegasen a Singapur usarían canoas plegables para infiltrarse en el puerto y colocar minas lapa en los buques japoneses.

El capitán Ivan Lyon, en el centro, tomando unas cervezas con otros dos miembros de la Fuerza Z:

capitan ivan lyon
Lyon había servido en el regimiento Gordon Highlanders en Singapur. En febrero de 1942, cuando organizaba la evacuación de civiles de la colonia británica, había conocido a un civil australiano de 61 años llamado Bill Reynolds, propietario de un pesquero costero japonés de 21,3 metros de eslora, el Kofuku Maru, que estaba siendo utilizado para evacuar refugiados de Singapur a la India. Reynolds ofreció el Kofuku Maru para la misión. Era el barco perfecto para pasar desapercibidos en la Indonesia ocupada por los japoneses. Cuando el barco llegó a Melbourne, Lyon lo renombró Krait (el nombre de una serpiente asiática venenosa). El Krait y un grupo de comandos de la Unidad Especial Z se trasladaron a un campo de entrenamiento en Broken Bay, Nueva Gales del Sur. A mediados de 1943, el equipo definitivo de comandos, compuesto por tres británicos y once australianos, abandonaron campo de entrenamiento y se dirigieron a Thursday Island a bordo del Krait. El propio capitán Lyon era el comandante de la misión. La operación recibió el nombre en clave de operación Jaywick.

El Krait:

krait
El 13 de agosto de 1943, el Krait dejó Thursday Island y se dirigió a la base naval estadounidense del golfo de Exmouth, Australia Occidental, donde repostaron combustible y emprendieron reparaciones. El 2 de septiembre el Krait abandonó el golfo de Exmouth y puso rumbo a Singapur. El éxito de la misión dependía de que tuviesen éxito en hacerse pasar por un barco de pesca local. Los hombres se oscurecieron la piel con tinte marrón para tener más apariencia de asiáticos. Eran muy meticulosos con la basura que tiraban al agua, ya que un rastro de basura “europea” podía despertar sospechas. Después de un viaje relativamente tranquilo el Krait llegó a Singapur el 24 de septiembre. Esa misma noche seis hombres dejaron el barco, que permanecía anclado en un pequeño puerto pesquero, y se dirigieron en tres canoas a una pequeña isla cercana a Singapur. Allí encontraron una cueva que les serviría de base avanzada y refugio.

Durante la noche del 26 de septiembre de 1943 los comandos se dirigieron en sus canoas al puerto y colocaron minas lapa en varios barcos japoneses antes de volver a su escondite. Las minas hicieron explosión, y hundieron o dañaron gravemente siete cargueros japoneses, sumando todos ellos más de 39.000 toneladas de desplazamiento. Los comandos esperaron a que la conmoción por el ataque hubiera disminuido, y unos días después (el 2 de octubre) regresaron al Krait. La vuelta a Australia fue bastante tranquila, excepto por un tenso un incidente en el Estrecho de Lombok, cuando una patrullera japonesa se acercó al Krait; sin embargo no fueron descubiertos. El 19 de octubre, el barco y los catorce comandos llegaron a salvo a la base estadounidense del golfo de Exmouth.

Las autoridades japonesas de Singapur se vieron totalmente sorprendidas por la incursión. Nunca sospecharon que el ataque pudiera haber sido planeado en Australia y ejecutado por comandos aliados. Dieron por hecho que había sido obra de saboteadores locales, probablemente guerrilleros comunistas chinos. En sus esfuerzos para descubrir a los autores, iniciaron una oleada de detenciones, torturas y ejecuciones, que afectó a la población china local, así como a malayos, civiles europeos y prisioneros de guerra (los japoneses sospechaban que los saboteadores estaban siendo organizados y dirigidos por internos británicos de la prisión de Changui). El incidente se conoce como la masacre del Doble Diez, ya que fue el 10 de octubre el día en que la policía secreta japonesa (la Kempeitai) comenzó las detenciones en masa. En conclusión, la operación Jaywick fue un éxito, pero indirectamente causó mucho sufrimiento a la población local a cambio de unos resultados estratégicos relativamente limitados.

La tripulación del Krait durante la operación Jaywick:

operacion jaywick
Operación Rimau

Los aliados nunca reivindicaron el ataque contra el puerto de Singapur, ya que quisieron mantener el secreto del Krait para futuras misiones similares. Por lo tanto, los japoneses no aumentaron la seguridad ni destinaron recursos significativos a la defensa contra acciones de ese tipo. Así fue como un año después la Fuerza Z se decidió a repetir el ataque contra el puerto de Singapur. La operación fue bautizada operación Rimau (“tigre” en malayo), y de nuevo iba a estar dirigida por el ahora teniente coronel Ivan Lyon. En un principio iba a ser parte de una operación más ambiciosa de nombre en clave Hornbill, que incluía un ataque simultáneo al puerto de Saigón. Sin embargo, esta última acción fue finalmente descartada. El plan era similar al de la operación Jaywick, aunque esta ocasión serían llevados por un submarino hasta un área designada en Indonesia en lugar de ir en barco desde Australia. Una vez allí se harían con un pesquero local y entrarían con él en el puerto pesquero. Para infiltrarse en el puerto y colocar las bombas lapa iban a utilizar unas canoas motorizadas semisumergibles, apodadas “Bellas Durmientes”. Después se dirigirían al punto asignado para ser recogidos nuevamente por un submarino.

La MSC (Motorised Submersible Canoe), también llamada “Sleeping Beauty”, tenía un motor eléctrico y una batería que le daba una velocidad máxima de 4,4 nudos y una autonomía de 30 millas a una velocidad de crucero de 3 nudos; tan sólo fue utilizada dos veces: en la desastrosa operación Rimau y en un ataque al puerto tailandés de Phuket en el que fueron hundidos dos barcos japoneses:

msc
El 11 de septiembre de 1944 Lyon y otros veintidós hombres de la Fuerza Z abandonaron la base naval de Perth a bordo del submarino HMS Porpoise. Seis de ellos habían participado en la operación Jaywick el año anterior. El 28 de septiembre el Porpoise capturó un junco malayo llamado Mustika. Tras hacer subir a bordo del submarino a sus tripulantes malayos, los comandos de la Fuerza Z embarcaron en el junco con todo su equipo y pusieron rumbo a Singapur, separándose del Porpoise. Cuando llegaron a la isla Merapas, en el archipiélago Riau, el punto de recogida acordado, Lyon dejó allí a cinco de sus hombres para proteger su base de regreso.

El HMS Porpoise:

hms porpoise
La tarde del 10 de octubre, tan solo unas horas antes del comienzo de la incursión, una lancha patrullera de la policía indonesia descubrió al Mustika y se aproximó a él. Entonces uno de los comandos, posiblemente presa del pánico, abrió fuego contra la patrullera. La lancha fue destruida, pero, con la operación comprometida, Lyon se vio obligado a abortar la misión. Ordenó a la mayor parte de sus hombres regresar a la isla Merapas, volar el Mustika y todo el material y esperar allí al regreso del Porpoise, previsto para el 7 de noviembre. Pero Lyon no abandonó por completo sus planes. A pesar de tener muy pocas posibilidades de retirada, él y otros seis hombres se dirigieron en las canoas al puerto de Singapur. En las primeras horas del 11 de octubre entraron en el puerto y colocaron las minas lapa en varios barcos japoneses. Las minas explotaron, hundiendo posiblemente tres barcos.

Comenzó entonces una larga persecución de varios días, con los siete hombres saltando de isla en isla y tratando de ocultarse de los soldados japoneses que les buscaban. El 16 de octubre los comandos fueron localizados por los japoneses en la isla Soreh y tuvieron un enfrentamiento en el que dos de los hombres, el teniente Donald "Davo" Davidson y el cabo Archie Campbell resultaron heridos. Lyon y dos de sus compañeros, el teniente Bobby Ross y el cabo Clair Stewart, se quedaron para contener a los japoneses y permitir la huida de los heridos. Lyon y Ross murieron en el combate, Stewart fue capturado. Davidson y Campbell murieron el 18 de octubre en la isla Tapai (no se sabe si se suicidaron o murieron a consecuencia de sus heridas). Los otros dos hombres que tomaron parte en la incursión, el marinero de primera Andrew "Happy" Huston y el soldado Douglas Warne, posiblemente lograsen llegar a Merapas y unirse al resto del grupo. Acosados por los japoneses, los comandos se dispersaron y fueron cazados poco a poco. En total, de los 23 hombres, 13 acabaron muertos y 10 fueron capturados. Los supervivientes fueron llevados a Singapur y encarcelados en la prisión de Outram Road. El 3 de julio de 1945 fueron juzgados y declarados culpables de espionaje. El 7 de julio (poco más de un mes antes del final de la guerra) los diez hombres fueron decapitados.

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Rimau
http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Jaywick
http://www.mindef.gov.sg/imindef/about_us/history/world_war2/v08n10_history.html
http://www.armchairgeneral.com/forums/showthread.php?t=71480