Diseño italiano

Este fue posiblemente el diseño aeronáutico más sorprendente de la guerra, el Caproni-Moroni C2 "Scud":


Fue desarrollado por los ingenieros de la compañía Aeronautico Piccolo Caproni de Turín. Tenía la particularidad de que contaba con dos motores, uno en el morro y otro en la cola (aunque sería difícil decir cuál es cuál), una cabina con controles a ambos lados y un asiento giratorio. Así, en caso de que el piloto recibiese en pleno vuelo la noticia de que Italia había cambiado de bando, no tenía más que dar la vuelta a su asiento para unirse a sus nuevos aliados. Otra característica notable de este avión es que carecía totalmente de armamento, pese a ser un caza de combate. Los diseñadores italianos no quisieron estropear sus bellas líneas añadiendole armas de fuego.

Llegó a construirse un prototipo para realizar los tests de vuelo, aunque al parecer no encontraron a ningún piloto que se atreviese a probarlo y el proyecto quedó paralizado. No se sabe con certeza qué ocurrió con el prototipo. Circula por internet una extraña historia, no muy creíble, según la cual el día del armisticio italiano el "Scud" despegó del aeropuerto de Fiumicino pilotado por el general Albano Colombo, famoso aviador y destacado dirigente fascista. Colombo tenía la intención de huir con el prototipo a Alemania, pero al parecer se equivocó de dirección y acabó amerizando con el combustible agotado frente a una playa tunecina. El avión se hundió en el mar y el general alcanzó la costa a nado. Es un hecho probado que el general Colombo se rindió a los escoceses del 72º Regimiento Highlander en un local de dudosa reputación del puerto de Bizerta, aunque no se conoce la fecha exacta de este hecho. Lo más probable es que hubiese ocurrido tras la capitulación de las fuerzas del Eje en el norte de África, unos meses antes del supuesto vuelo. El misterio continúa.

Navidad

No se pasa lista esta mañana. Es el día de Navidad de 1944.

Era mi segunda Navidad como prisionero de guerra. Mirando por la ventana, podía ver las cercas de alambre de púas y los soldados alemanes de guardia tiritando. Como de costumbre, todo parecía igual.

No había nevado, pese a lo que se había pronosticado. Los rumores abundan en este lugar. El día estaba nublado. La temperatura estaba por debajo de los cero grados y el aire estaba pesado. Habría dado cualquier cosa por estar en casa, junto a una estufa caliente o una chimenea.

Casi podía oler la cocina de madre. Estaba un poco deprimido, porque todos creímos que íbamos a estar en casa para Navidad. Por lo menos habíamos oído que sería así. También es uno de los días especiales de mi familia. A partir de hoy, ya no soy un adolescente. Soy un viejo de 20 años.

A la misma hora cada mañana, el sargento Schultz, el oficial de seguridad, pasaba por nuestro barracón y tomaba una taza de té inglés que el sargento Davis (un artillero aéreo británico derribado en 1940) tenía para él. El sargento Schultz, un hombre de 60 años, que había servido en la Primera Guerra Mundial, nos deseó una Feliz Navidad.

Le preguntamos por su familia y lo que había planeado para el día.

"Estar con mi familia, ir a la iglesia, y luego regresar a mis tareas", dijo.

Cuando el sargento Schultz iba a salir a hacer su ronda matinal por el campamento, dudó por un momento.

Mirándome con una leve sonrisa en su rostro, el sargento buscó bajo su largo abrigo del uniforme de invierno y sacó una botella de vino y una manzana. No había visto una manzana desde que salí de los Estados Unidos. "Feliz Navidad y feliz cumpleaños", dijo mientras me entregaba los regalos, y desapareció por la puerta en un frío día de invierno. Fue un momento que nunca olvidaré.

(http://www.axpow.org/christmasduringwwii.htm)


El que relata esta historia es Elliott Wilson, tripulante de un B-17 derribado sobre Alemania en abril de 1943.

Parodiando al Führer

El gran dictador fue la primera película hablada de Charles Chaplin. Muchos (incluido él mismo) creían que el cine sonoro había acabado con su carrera, pero en septiembre de 1939, días después del estallido de la guerra en Europa. comenzó el rodaje de esta sátira del nazismo. El estreno fue en octubre de 1940, y las críticas no fueron buenas. Estados Unidos era todavía neutral y a muchos no les gustaba una película tan militante. La acción se desarrolla en un país imaginario llamado Tomania. Chaplin interpreta a dos personajes, un barbero judío y el dictador Adenoid Hynkel. No hacía falta ser muy espabilado para saber a quién representaba:



Puede que el doblaje os suene muy moderno, y es que la película no se pudo ver en España hasta 1976. Cosas del pequeño dictador.

La otra gran comedia antinazi de la guerra fue Ser o no ser, de Ernst Lubitsch. Se estrenó en 1942, Estados Unidos estaba ya en guerra, pero la película tampoco tuvo una buena acogida. Puede que a la gente no le pareciese correcto tomarse la guerra a broma. Cuenta la historia de un grupo de actores de teatro que lucha a su manera contra los nazis en la Polonia ocupada. Me habría gustado encontrar esta secuencia subtitulada, aunque no es necesario entender el diálogo para darse cuenta de cómo utiliza la exagerada repetición del saludo nazi para ridiculizarlos:



Para los que no saben inglés, la última frase es Heil myself ("Heil yo mismo")

La última Águila Marina de Rabaul

Después de la conquista de Nueva Bretaña a comienzos de 1942, Rabaul se convirtió en la principal base aeronaval japonesa en el suroeste del Pacífico, vital para dar apoyo a las campañas de las islas Salomon y Nueva Guinea. Muchos de los principales ases de caza de la Marina Imperial ganaron su prestigio en Rabaul en los dos primeros años de la guerra, cuando en el aire las fuerzas estaban todavía igualadas. Cuando la contraofensiva aliada expulsó a los japoneses de la Melanesia, Rabaul fue dejada de lado, siguiendo la estrategia de aislar los principales puntos de resistencia en lugar de intentar su conquista. Los japoneses se vieron obligados a contraer su perímetro defensivo y tuvieron que abandonar Rabaul para dirigirse al norte, a la Micronesia o las Filipinas, y tratar de detener allí el avance norteamericano.

El 20 de febrero de 1944 el 253 Kokutai (Grupo Aéreo de la Marina Imperial) comenzó su traslado desde Rabaul a Truk, en las Carolinas. La apresurada retirada les obligó a dejar abandonados a su suerte en el campo de aviación de Tobera a unas decenas de heridos y enfermos. Unos cuantos de aquellos hombres eran mecánicos, que en cuanto pudieron comenzaron a trabajar en algunos de los aviones averiados que se habían quedado en la base. Utilizando los restos abandonados de muchos aparatos inservibles consiguieron reunir las piezas necesarias para reparar siete u ocho Zeros. Entre los hombres que se quedaron en Tobera también había dos pilotos de caza con experiencia en combate, los brigadas Shigeo Fukumoto y Sekizen Shibayama, que se encargaron de adiestrar a media docena de pilotos novatos. De esta manera, después de que la fuerza aérea de la Marina Imperial abandonase oficialmente la zona, nació en Rabaul una escuadrilla de caza “de guerrilla” que iba a operar tras las líneas enemigas.

Shigeo Fukumoto es un personaje misterioso. De hecho hay quien duda que fuese una persona real. En muchas listas figura como uno de los mayores ases de la aviación de caza japonesa con 72 victorias en su haber, una cifra que parece muy exagerada. En general todas las cifras de derribos de los ases japoneses lo son, pero en este caso resulta además muy extraño que siendo un piloto tan destacado se tengan tan pocos datos sobre él. El caso es que, si de verdad fue uno de los “rezagados” de Rabaul, logró abandonar la isla en algún momento, porque al parecer en 1945 se encontraba en la base naval de Yokosuka, destinado en el 302 Kokutai, una de las unidades aéreas encargadas de la defensa del área de Tokio. Fukumoto no sobrevivió a la guerra, aunque la fecha y las circunstancias de su muerte también son un misterio. Al menos para mí.

Por tanto (sin saber cuál fue realmente el papel de Fukumoto pero suponiendo que no permaneció mucho tiempo en Rabaul) el líder de la escuadrilla improvisada en Tobera fue Sekizen Shibayama, un joven piloto de veinte años sin demasiada experiencia en combate. Shibayama nació en la región de Saitama en diciembre de 1923. Ingresó en la academia de vuelo de la Marina Imperial a los dieciseis años y completó la instrucción en mayo de 1942, siendo su primer destino el de instructor en la escuela de vuelo de Yatabe. Allí se tomó esta fotografía, donde se ve a un sonriente Shibayama en la cabina de un Mitsubishi A5M "Claude":


En septiembre de 1943 Shibayama fue destinado a Rabaul, inicialmente al 201 Kokutai, aunque poco tiempo después fue trasladado al 253. El 11 de noviembre despegó con su Zero para hacer frente a un ataque aéreo estadounidense. Cuando estaba tratando de ganar altura para situarse sobre los aparatos enemigos, tuvo problemas en el motor y su avión descendió hasta quedar en medio de una formación de ocho Hellcats norteamericanos. Uno de los cazas enemigos abrió fuego contra el Zero de Shibayama alcanzándolo en la cabina y el motor. El piloto japonés, herido en la rodilla, logró planear con su avión hasta que cayó al mar en Simpson Harbour. Fue rescatado poco después. El piloto que derribó a Shibayama fue el teniente A. B. "Chick" Smith, del VF-9, un escuadrón de caza del portaaviones USS Essex (Smith conseguiría la categoría de as al contabilizar un total de diez victorias al final de la guerra).

Shibayama contrajo la malaria cuando se reponía de las heridas sufridas en la pierna, y fue uno de los hombres abandonados en Tobera cuando el 253 se retiró a Truk en febrero de 1944. En marzo ya podía volver a volar, y se hizo cargo del adiestramiento de los hombres que pilotarían los Zeros recuperados gracias al trabajo de los mecánicos de Tobera. El 3 de marzo de 1944 Shibayama y sus seis compañeros estaban realizando un vuelo de entrenamiento sobre Tobera cuando los siete Zeros se encontraron con una formación de Corsairs del VMF-223. Los novatos pilotos de Shibayama lograron escapar del combate sin que ninguno de ellos fuese derribado. Por su parte reclamaron el derribo de cinco Corsairs enemigos (uno de ellos por el propio Shibayama), aunque en realidad los norteamericanos no perdieron ninguno de sus aviones. El 12 de marzo tuvieron menos suerte en otro encuentro con una formación de Corsairs del VMF-222. Dos de los Zeros fueron abatidos. Los japoneses reclamaron a su vez dos derribos, pero los estadounidenses tampoco perdieron ningún Corsair ese día. Hasta agosto de 1945 los aviones de Tobera continuaron volando en misiones de patrulla y (en las pocas ocasiones que se les presentaron) de hostigamiento de las fuerzas estadounidenses. Al final de la guerra tan solo les quedaban dos Zeros útiles, aunque no deja de ser meritorio que la fuerza de “guerrilla aérea” de Tobera aún continuase operativa después de casi año y medio sobreviviendo en unas condiciones tan difíciles.

En el campo de aviación de Kara, en Bougainville, los japoneses también habían dejado atrás a unas decenas de hombres cuando se retiraron. No había ningún piloto entre ellos, pero sí algunos mecánicos. Más como forma de mantener la moral que porque creyesen que alguna vez iba a ser utilizado, los hombres de Kara se dedicaron a reparar un Zero a base de recuperar piezas de los aviones abandonados en el aeródromo. Cuando lograron ponerlo a punto e informaron a Rabaul de su éxito, Shibayama se trasladó en un hidroavión E13A "Jake" desde Rabaul a Kara para hacerse cargo del avión. Eso ocurrió ya a finales de julio de 1945. La supremacía aérea aliada en los cielos de Bougainville era tal que hacía más de un año que no se veía ningún avión japonés en la región aparte de algún hidroavión de enlace. Cuando Shibayama recibió la noticia de la rendición del Japón aún seguía en Kara a la espera de órdenes. No está claro si su misión era hacer volar el Zero y regresar con él a Rabaul o si estaba esperando el permiso para lanzar un ataque kamikaze. De cualquier modo Shibayama no volvió a volar antes del final de la guerra.

Fuentes:
Los ases de la Marina Imperial japonesa 1937-1945 (Osprey)
http://www.cieldegloire.com/010_shibayama_s.php
http://www.pacificwrecks.com/aircraft/a6m5/4323.html
http://www.pacificwrecks.com/aircraft/a6m3/3844.html


El Kamikaze según Saburo Sakai

En la entrada anterior, cuando conté la historia de Minoru Honda, comentaba que se había opuesto a las misiones kamikaze. No fue el único piloto japonés que lo hizo, pero también hubo otros muchos que las aceptaron convencidos de que era la única forma que tenían los japoneses de seguir presentando batalla a la flota estadounidense. De hecho, desde sus inicios hasta el final de la guerra nunca faltaron voluntarios para las escuadrillas de ataque suicida.

Saburo Sakai es el más famoso de los pilotos japoneses. Aunque era más veterano que ellos (ya había destacado durante la guerra en China) su trayectoria en la guerra en el Pacífico es similar a la de Minoru Honda, Hiroyoshi Nishizawa, y otros muchos ases de la Marina Imperial: Después de los primeros meses victoriosos, siguió una época de combates casi continuos durante las campañas de las Salomon y Nueva Guinea. Los que sobrevivieron a aquellas terribles batallas aéreas de desgaste, a partir de finales de 1943, vieron con desesperación cómo la aviación japonesa había perdido su capacidad de hacer frente al poderío aéreo aliado. La mayor parte de los pilotos experimentados habían muerto, y la necesidad urgente de reponer las bajas hacía que los nuevos entrasen en servicio sin la preparación mínima. Tecnológicamente los Zeros habían sido superados por los nuevos cazas estadounidenses, e incluso en las tácticas de combate aéreo los japoneses no habían sabido evolucionar como lo habían hecho sus contrincantes. En los enfrentamientos aéreos convencionales los cazas japoneses eran aniquilados sin piedad por los aviones enemigos. Un ataque aéreo contra una formación naval estadounidense no tenía prácticamente ninguna posibilidad de éxito. Esa era la situación cuando en octubre de 1944 se crearon las primeras escuadrillas “de ataque especial” para enfrentarse a los desembarcos aliados en las Filipinas.

En su autobiografía, cuando Sakai habla del nacimiento de las escuadrillas kamikaze comienza diciendo que como piloto de caza que era le costó aceptar la idea, aunque a continuación hace toda una justificación de los ataques suicidas basada en su eficacia y en la desesperada situación bélica en la que se encontraba Japón:

Todos sabíamos que cuando los aviones Kamikaze partían eso representaba el sacrificio de nuestra gente. Muchos de ellos no llegaban siquiera a alcanzar sus objetivos, pues eran destrozados antes por los interceptores enemigos o por la formidable barrera de fuego antiaéreo de los navíos. Sin embargo, siempre había algunos que conseguían traspasarlos y lanzarse verticalmente, como verdaderos espíritus vengadores que caían del cielo, sobre los barcos, a veces con las alas arrancadas y otras envueltos en llamas. Salían rugiendo de sus caminos y se precipitaban contra sus blancos, uno detrás de otro, a veces en parejas y otras muchas en grupos de seis, de diez o de dieciséis aviones. Los kamikazes constituían una nueva y tremenda fuerza.

Su eficacia quedó evidente por el número de barcos de guerra y navíos de transporte que ahora ardían en llamas, cuyas bombas explotaban y cuyos hombres daban gritos penetrantes. Antes eran inviolables a nuestros ataques, resguardados por un potente fuego mortífero. Los Kamikazes arrasaban a los portaaviones de popa a proa, con mucha más eficiencia de lo que nuestras armas serían capaces de hacerlo.

Al enemigo le parecía que nuestros hombres practicaban el suicidio, que ellos se sacrificaban en vano. Esto tal vez nunca será comprendido por los americanos o por la gente del mundo occidental. Pero en realidad los Kamikazes no pensaban así, no consideraban que sus vidas se estuviesen desperdiciando inútilmente. Al contrario, los pilotos se presentaban voluntariamente y en masa para las misiones de las que sabían que no retornarían. No, aquello no era suicidio.

Aquellos hombres, jóvenes y viejos, no morían en vano. Cada avión que se despedazaba sobre un navío de guerra enemigo era un golpe asestado en nombre de nuestra patria. Cada bomba conducida por un Kamikaze sobre los tanques de combustible de un portaaviones gigante liquidaba a numerosos enemigos, evitando que varios aviones bombardeasen y ametrallasen nuestro suelo. Aquellos hombres tenían fe. Creían en Japón, luchando por él y entregando en sacrificio la propia vida.

Consideraban que valía la pena: una vida a cambio, tal vez, de centenares o incluso de millares de otras. Nuestro país ya no estaba en condiciones de apoyarse en tácticas convencionales. Ya no teníamos poderío para tanto. Y todos los que entregaban su vida en realidad no morían, sino que transferían su existencia a los que permanecían.

(Saburo Sakai: Samurai)


La resurrección de Minoru Honda

El alférez Minoru Honda fue uno de los mejores pilotos de caza de la Marina Imperial japonesa. Pese a haber sido siempre un soldado ejemplar y un jefe estricto cuando tuvo hombres bajo su mando, Honda sentía una gran animadversión hacia los oficiales y era muy crítico con la mentalidad de los militares japoneses. Creía que la cultura del sacrificio en la que eran educados no solo no les convertía en mejores combatientes que sus enemigos, sino que era una carga que les empujaba a asumir riesgos inútiles. Así lo explicaba después de la guerra:

"Uno de nuestros mayores problemas era que estábamos educados en el lema de que la mente, por encima de la fuerza, puede ganar una guerra. Combatíamos con el espíritu y nos decían que los norteamericanos eran vagos y demás. No era cierto. Los pilotos norteamericanos eran extremadamente valerosos. Al contrario que nosotros, no asumían riesgos estúpidos. Nuestro sistema de mando no era tan flexible como el de nuestro enemigo. Los norteamericanos aprendían de sus errores y desarrollaban mejores aviones y mejores técnicas de combate, mientras nosotros nos aferrábamos religiosamente a la posición del 'lobo solitario' en el caza Zero para un hombre... Vaya error".

En 1944 en las Filipinas Honda tuvo que instruir a pilotos novatos asignados a ataques kamikaze. Fue una tarea que le dejó totalmente desmoralizado. Se quejaba amargamente a sus superiores del sinsentido de enviar a misiones suicidas a aquellos jóvenes pilotos. Eso sin duda aumentó su odio hacia la oficialidad japonesa, un odio que ya sentía antes del comienzo de las misiones kamikaze a las que se oponía. El origen de su rencor estaba en una situación absurda que había vivido un año antes.

En 1943 Honda era un joven piloto de 20 años destinado en Rabaul, que había destacado ya en numerosos combates aéreos sobre las islas Salomon y Nueva Guinea. En uno de esos combates fue derribado y tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en la isla de Kolombangara. Cuando un grupo de nativos curiosos se acercó al avión, Honda salió a su encuentro con su pistola en una mano y una bolsa de caramelos en la otra. Eligieron los caramelos. Honda fue acogido durante diez días por aquellas buenas gentes hasta que fue rescatado. Cuando regresó a Rabaul se enteró de que había sido dado por muerto y que, como reconocimiento a su actuación destacada en aquellos meses, le había sido concedido un doble ascenso póstumo (era un honor poco habitual para un muerto, pero menos aún recibirlo en vida). Sus superiores inmediatos se quedaron temblando cuando le vieron aparecer delante de ellos, no porque creyesen que se trataba de un espíritu de ultratumba, sino porque se dieron cuenta del papeleo que eso suponía. Iban a tener que corregir el informe de baja y revisar la concesión de ascensos. Por no hablar del ridículo en que les hacía quedar... Así que optaron por la solución más sencilla. Un día tras otro mandaban a Honda a peligrosas misiones en solitario sobre territorio enemigo con la esperanza de que no regresase. Pero el tozudo de Honda se empeñaba en volver de todas ellas. Eso duró una semana, hasta que un oficial superior se enteró de lo que estaba pasando y decidió devolverle oficialmente a la vida. Eso sí, solo después de anular los ascensos que había recibido estando muerto.

Fuente principal:
Los ases de la Marina Imperial japonesa 1937-1945 (Osprey)
Foto: http://getglue.com/topics/p/minoru_honda


La larga travesía del I-8

Las misiones Yanagi ("sauce" en japonés) fueron una serie de intercambios de tecnología y materiales estratégicos entre Alemania y Japón realizados por medio de submarinos de gran autonomía. Los japoneses utilizaron en ellas sus grandes submarinos transoceánicos, inicialmente los del tipo B-1, con 14.000 millas de autonomía en superficie y con capacidad de transportar un hidroavión de reconocimiento. La idea de utilizar submarinos para mantener un canal de comunicación que permitiese la transferencia de tecnología entre los dos países curiosamente no fue de ningún marino. Fue el mariscal alemán Von Manstein quien se lo propuso al embajador japonés en Berlín.

La primera misión Yanagi comenzó en abril de 1942, cuando el submarino japonés I-30 partió de Kure con un cargamento de mica, goma laca y caucho. En agosto llegó a la base naval de Lorient, en Francia. El viaje de regreso lo hizo transportando máquinas de cifrado Enigma, torpedos alemanes y equipo electrónico. El I-30 estuvo a punto de completar su misión, pero, después de atravesar con éxito el Atlántico y el Índico, el 13 de octubre de 1942 se hundió tras chocar con una mina al salir del puerto de Singapur, cuando comenzaba la última etapa de su viaje (y la menos peligrosa).

El I-30 escoltado por buques de guerra alemanes a su llegada a Lorient:


Esta fotografía tiene un detalle curioso. Si veis alguna otra foto de un submarino del Tipo B-1, como esta de la Wiki, os llamará la atención la llamativa protuberancia de varios metros de largo que tiene sobre la cubierta, delante de la vela. Se trata del hangar estanco en el que se guardaba el hidroavión de reconocimiento del submarino. Sorprendentemente, en la foto del I-30 en Lorient, publicitada por la propaganda alemana, el hangar parece haber desaparecido. En realidad siempre estuvo allí, pero se ve que a los japoneses no les hacía gracia que todo el mundo supiese que sus submarinos oceánicos contaban con hidroaviones, así que la imagen fue retocada por la censura militar y el hangar fue borrado de la fotografía.

Para la segunda misión Yanagi, al año siguiente, el escogido fue el submarino I-8, del tipo J-3, al mando del capitán Shinji Uchino. Además de los 100 hombres que componían la tripulación propia del submarino, para el viaje de ida embarcaron también el capitán Sadatoshi Norita y otros 49 hombres, que a su llegada a Francia iban a formar la tripulación del U-1224, un submarino alemán de clase IXC/40 que había sido cedido a los japoneses (entraría en servicio en la Marina Imperial con la denominación RO-501). Otros pasajeros eran cuatro traductores especialistas en códigos, un oficial medico y un oficial experto en motores de lanchas torpederas. Además el I-8 partió de Japón con una carga compuesta por dos torpedos Tipo 95 "Lanza Larga" y los planos para construir los tubos lanzadores, un sistema de achique automático y un nuevo tipo de avión de reconocimiento. Embarcar a tanta gente tuvo su mérito. Si hay algo que no sobra en el interior de un submarino es el espacio. Aumentar la tripulación en más de un cincuenta por ciento, además de la carga, para una travesía de varios meses, tuvo que suponer la desaparición de las pocas comodidades que pudiesen tener tripulantes y pasajeros. El capitán Norita y sus hombres tuvieron que acomodarse en la sala de torpedos. Pocos buques en la historia de la navegación submarina se merecieron más el apelativo de “lata de sardinas”.

El I-8 zarpó de Kure el 1 de junio de 1943 en compañía del I-10 (otro submarino del tipo A-1) y el buque nodriza Hie Maru. Inicialmente su destino era la base naval de Lorient. El 11 de junio llegaron a Penang, la base de la flota submarina japonesa en el Indico. Allí, después de descargar el hidroavión de reconocimiento para hacer sitio, cargaron quinina, estaño y caucho. El 27 de junio zarpó de Penang. El 8 de julio repostó por última vez de un buque japonés, el I-10, y continuó en solitario hacia el Atlántico.

El 20 de agosto el I-8 se encontró al sur de las Azores con el submarino alemán U-161. En medio de un temporal los alemanes instalaron en el sumergible japonés un radar Metox 600A (conocido como “cruz de Vizcaya”). Uchino recibió instrucciones de dirigirse a Brest en lugar de Lorient. Tres operadores de radio del sumergible alemán embarcaron en el I-8 para acompañarles hasta la base francesa. Después el U-161 continuó su viaje hacia las costas del Brasil (nunca llegaría allí, por lo que los tres hombres embarcados en el I-8 se convirtieron en los únicos supervivientes de la última patrulla del U-161).

Desde el 29 de agosto, cuando se adentró en el Golfo de Vizcaya, el I-8 fue escoltado por aviones Ju-88 y lanchas torpederas alemanas que lo guiaron a través de los campos de minas hasta el puerto de Brest, donde arribó el 31 de agosto de 1943. Allí fue recibido por el almirante Theodor Krancke, comandante del "acorazado de bolsillo" Admiral Scheer y jefe del Grupo de Operaciones Navales del Oeste.

La tripulación del I-8 forma en cubierta a su llegada al puerto de Brest:


Submarinistas japoneses y alemanes confraternizando durante el desayuno:


Durante su estancia en Francia la tripulación del I-8 pudo visitar París. El capitán Uchino fue recibido por el Grossadmiral Karl Dönitz, comandante en jefe de la Kriegsmarine. La visita del submarino japonés fue muy utilizada por la propaganda de Goebbels. Era presentada como la prueba de que había submarinos japoneses operando en el Atlántico, tal como afirmaba la prensa alemana.

El 5 de octubre de 1943 el I-8 zarpó de Brest para iniciar su viaje de regreso a Kure. La carga que transportaba era una variada muestra de la mejor tecnología armamentística alemana: un montaje cuádruple de 20mm antiaéreo Flakvierling, seis Rheinmetall-Borsig MG131 de 13mm con munición, un motor naval para patrulleras Daimler-Benz, cronómetros navales, sonares y un radar Rótterdam-Gerät, miras para bombardeos en picado y en horizontal, torpedos eléctricos y penicilina. Además embarcó a varios pasajeros: el contralmirante Tadao Yokoi, agregado naval japonés en Berlín, el capitán de navío Sukeyoshi Hosoya, agregado naval en Francia, tres oficiales navales alemanes, un comandante del Ejército y cuatro técnicos especialistas en sonares y radares.

El 13 de noviembre, a la altura de Ciudad del Cabo, el capitán Uchino recibió un mensaje de radio en el que se le ordenaba no hacer escala en Penang y dirigirse a Singapur para reunirse con el I-29, el submarino que iba a comenzar la siguiente misión Yanagi. El 5 de diciembre el I-8 llegó a duras penas al puerto de Singapur, con el combustible prácticamente agotado. Allí, antes de seguir camino hacia Japón, le fue desmontada la Cruz de Vizcaya para instalarla en el I-29. El I-8 arribó al puerto de Kure el 21 de diciembre de 1943, después de un viaje de 30.000 millas, convirtiéndose en el primer submarino japonés en completar una misión Yanagi. Sería el único en conseguirlo (el I-29 también regresó de su misión, pero en su caso tan solo tuvo que llegar hasta el Canal de Mozambique, donde tenía una cita con un submarino alemán para intercambiar sus cargamentos).

Fuentes:
http://www.de1939a1945.bravepages.com/japon/004yanagi.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Japanese_submarine_I-8
http://www.combinedfleet.com/I-8.htm


Adiós al Facebook

Este es un aviso para los pocos seguidores que tiene Nonsei SGM en Facebook. Resulta que me han bloqueado la cuenta, así que no puedo acceder a ella y las entradas del blog han dejado de actualizarse en en el grupo de Facebook. Pero solo en el grupo de Facebook Nonsei SGM, a Networkedblogs no le afecta en nada (una vez que se sube un blog a Networkedblogs la aplicación se actualiza de forma automática independientemente que quién figure como creador, o aunque no figure nadie).

La razón por la que Facebook me ha bloqueado es que por tener más de una cuenta de usuario he infringido su "Declaración de derechos y responsabilidades". Y es cierto. Confieso mi crimen. Tenía dos cuentas de Facebook, una con mi nombre real y otra con el nombre Non Sei, que utilizaba exclusivamente para lo relacionado con Nonsei SGM. Y es que me gusta que el blog sea anónimo. Como mucho hay tres o cuatro amigos (del mundo material) que saben de mis andanzas en la red y otros tres o cuatro amigos del universo internauta que conocen mi identidad real.

Hay una solución muy sencilla, que sería utilizar mi otra cuenta de Facebook para seguir actualizando el grupo, pero entonces se acabaría mi anonimato. Así que, sintiéndolo mucho por los ocho o nueve afectados (que tampoco creo que les afecte demasiado) el grupo de Facebook Nonsei SGM queda oficialmente abandonado.

Lo que no entiendo es cómo me han descubierto. Se me ha ocurrido que podía ser por las ip, porque lógicamente utilizaba el mismo ordenador para acceder a las dos cuentas, pero no le veo mucho sentido (entonces solo se podría tener una cuenta de facebook por familia). Por supuesto siempre hay pistas, pero no me parece que sean pistas que pueda seguir una aplicación, y no creo que Facebook tenga empleados dedicados a confirmar en persona la identidad de sus millones de usuarios. Quién sabe, puede que haya sido una casualidad, que mi cuenta se haya quedado bloqueada por un fallo del sistema que le podía haber tocado a cualquier otro, inocente o culpable. Si de verdad han sido capaces de descubrir mis dos identidades es algo que da un poco de miedo. Sería un buen argumento para una novela distópica, con el Caralibro haciendo de Gran Hermano, controlando hasta el más mínimo detalle de nuestras vidas.

Biak

En los primeros meses de 1944 la lucha por el liderazgo de la campaña del Pacífico entre el general MacArthur y el almirante King pareció resolverse a favor de este último. La estrategia defendida por la Marina de un avance a través del Pacífico central se impuso a la de MacArthur, empeñado en cumplir su promesa de regresar a las Filipinas. Tras ocupar las Marshall, las fuerzas de King y Nimitz tenían como siguiente objetivo el archipiélago de las Marianas, mientras que las de MacArthur, después de completar brillantemente la campaña de Nueva Guinea, iban a quedar relegadas a un segundo plano durante los meses siguientes (y quizá durante el resto de la guerra).

Los estadounidenses necesitaban bases aéreas que permitiesen operar a bombarderos pesados para apoyar los desembarcos previstos en las Marianas y Palau. El reconocimiento aéreo encontró la solución en Biak, una isla de unos 60 Km de largo y 30 de ancho situada frente a la costa noroeste de Nueva Guinea. No habría sido un objetivo estratégico de importancia si no fuese por los tres campos de aviación que habían construido allí los japoneses, en especial el de Mokmer, que podría servir de base a los bombarderos estadounidenses de gran radio de acción. Biak se encontraba en plena línea de avance de las fuerzas de MacArthur. La orden de ocupar la isla se dio el 10 de mayo, casi sin tiempo para planificar las operaciones, con la intención de que se completasen antes del inicio de los desembarcos en las Marianas. Tan solo una semana después, el 17 de mayo, se realizó un desembarco preliminar en la cercana isla de Wakde para ocupar sus aeródromos y dar cobertura aérea desde ellos al desembarco en Biak, previsto para diez días después.

MacArthur encomendó la captura de la isla al general Kreuger, comandante del 6º Ejército. Kreuger destinó a la operación a la 41ª División de Infantería, a pesar de que uno de sus tres regimientos, el 163º RCT (Regimental Combat Team) se encontraba todavía en las últimas etapas de las operaciones de combate en la isla de Wakde. Por tanto Biak se iba a tomar por asalto anfibio con solo dos regimientos, los RCTs 162º y 186º. Los estadounidenses disponían de informes de inteligencia en los que se afirmaba que los japoneses tenían en la isla más de 10.000 hombres armados y al menos una compañía de tanques ligeros. MacArthur rechazó esos datos y optó por creer que no habría más de 3.000 defensores. Lo cierto es que las estimaciones de inteligencia eran correctas. La guarnición japonesa de Biak constaba de cerca de 10.000 soldados, aunque apenas 4.000 de ellos eran combatientes entrenados. El núcleo de las fuerzas de combate japonesas era el experimentado 222º Regimiento de Infantería del coronel Naoyuki Kuzume, una unidad veterana de la guerra en China, formada por soldados expertos y dispuestos a luchar hasta el último hombre para defender la isla. El regimiento contaba con una compañía de tanques medios Tipo 95. El resto de la guarnición estaba formado por auxiliares coreanos, ingenieros, artillería, y cerca de 1.500 hombres de la Marina. Los japoneses habían preparado una compleja red defensiva apoyada en la gran cantidad de cuevas naturales que había en la isla. El sistema de cuevas más grande, situado al norte de Mokmer, podía albergar a más de mil defensores.

El 27 de mayo los estadounidenses desembarcaron en la isla. El primer problema lo tuvieron con una corriente oceánica no prevista, que desvió a la flota de asalto una milla y media al oeste de las zonas de desembarco fijadas. Por suerte para ellos no había japoneses defendiendo las playas. Los dos regimientos desembarcaron sin oposición, pero todas las unidades quedaron entremezcladas y lejos de sus posiciones asignadas. Los estadounidenses perdieron el resto del día en distribuirse correctamente, lo que retrasó su avance tierra adentro. Cuando comenzaron a enviarse las primeras patrullas de exploración hacia el interior de la isla el enemigo seguía sin aparecer. El general Fuller, comandante de la 41ª División, llegó a tener la falsa esperanza de que los japoneses hubiesen evacuado la isla. Pero cuando las tropas estadounidenses llegaron a las colinas del interior cayó sobre ellos un intenso fuego de artillería que detuvo su avance. Los japoneses, desde sus posiciones en las alturas, bombardeaban con precisión a las tropas norteamericanas situadas en las praderas colinas abajo. La hierba alta y el eficaz camuflaje japonés hacían inútil el fuego de contrabatería estadounidense y la ayuda de la aviación de apoyo.

El bombardeo artillero fue solo el preludio de un fuerte ataque enemigo. El 222º Regimiento de Kuzume atacó por un flanco y logró rodear a todo el 3er batallón del 162º RCT. Con el apoyo de los tanques Tipo 95, los japoneses lanzaron tres furiosos ataques a bayoneta calada contra las fuerzas rodeadas. Los estadounidenses (también tropas expertas, veteranas de la campaña de Nueva Guinea) lograron resistir los ataques hasta el día siguiente, cuando acudió en su ayuda un pelotón de doce tanques Sherman M-4. En el primer enfrentamiento entre blindados de la campaña del Pacífico los Shermans destruyeron a los Tipo 95 japoneses. El batallón estadounidense logró retirarse con el apoyo de los Shermans, al tiempo que los japoneses regresaban también a sus posiciones en las colinas. Al final del combate el 3er batallón había perdido a más de 100 hombres.

Cuando los estadounidenses continuaron su avance hacia el interior de la isla se encontraron con dos graves problemas. El primero, que era evidente que el número de fuerzas enemigas era mucho mayor de lo que se había calculado. El segundo, que la poca agua dulce que había en la isla se encontraba en zonas controladas por el enemigo. El agua potable tenía que ser desembarcada y transportada a mano hasta primera línea por un terreno casi imposible. Una pesadilla logística que multiplicaba sus dificultades para vencer la resistencia fanática de los japoneses, que les esperaban muy bien atrincherados en las zonas más difíciles de la isla, en los lugares en los que la selva tenía mayor espesor y en las colinas más escarpadas. El general Fuller solicitó el envío de refuerzos a su superior, el general Krueger, alegando que la resistencia a la que se estaban enfrentando era muy superior de la esperada y que el problema del agua restaba eficacia a sus unidades. Krueger, que estaba siendo presionado por MacArthur para ocupar cuanto antes la isla, decidió completar la división enviando al 163º Regimiento a Biak tan pronto como terminaron los combates en Wakde. La llegada del agotado 163º Regimiento no supuso mucha ayuda para los estadounidenses. Las unidades más desgastadas se utilizaron inicialmente como fuerza de reserva y para defender las playas donde se desembarcaban los suministros.

Infantes estadounidenses en Biak, en mayo de 1944:


MacArthur quiso saber cuál era la causa de la demora en la conquista de Biak y envió un equipo de inspección a la isla para evaluar la situación. Sus conclusiones fueron que la división se encontraba sobreextendida, haciendo frente a una fuerza mucho mayor de lo previsto, atrincherada en un terreno muy difícil, y sufriendo una terrible escasez de agua bajo un sol abrasador. Eso no era lo que MacArthur quería oir, así que... envió otro equipo de inspección. El segundo informe le gustaba más: la 41ª División se había desplegado de forma incompetente, dejando huecos peligrosos que podían ser aprovechados por el enemigo, y las tropas no se comportaban con la agresividad que era de esperar, desmotivados por la actitud de los oficiales de más alto rango que ni siquiera se dignaban a visitar el frente. Al parecer era lo que MacArthur necesitaba para justificar la destitución del general Fuller. Él ya había hecho declaraciones triunfalistas a la prensa anunciando que la batalla casi había concluido. Necesitaba culpar del retraso a una dirección negligente de las tropas, y no dar pie a que alguien pensase que en realidad el problema estaba en una mala planificación de la campaña. El 15 de junio MacArthur reemplazó a Fuller por un protegido suyo, el general Eichelberger.

Cuando Eichelberger visitó por primera vez el frente se encontró con la situación que había descrito el primer equipo de inspección. Su primera medida fue forzar una pausa en los combates, retirando varios de los batallones de primera línea para darles un descanso y reponer el suministro de agua. Además ordenó el envío a Biak del 34º RCT de la 24ª División de Infantería. La llegada de refuerzos y la reorganización de la 41ª División tuvieron como consecuencia que cuando los estadounidenses reanudaron la ofensiva lo hiciesen con más energía y mejores resultados. Los ataques se prepararon metódicamente, consiguiendo que las bajas estadounidenses se redujesen mucho. Trataban de no atacar frontalmente a las defensas japonesas, buscando la forma de infiltrarse entre las líneas enemigas y en la medida de lo posible lanzar ataques de flanco. Recurrieron también a desembarcos de pequeñas fuerzas anfibias más allá de las líneas japonesas para flanquear algunas posiciones.

Los japoneses trataron de hacer llegar refuerzos a Biak para mantener la resistencia. La mayoría de los convoyes que enviaron tuvieron que regresar por la presión de la aviación y la flota estadounidenses, pero al menos 2.000 hombres lograron llegar a la isla y reforzar a los defensores. Eso alargó todavía más la resistencia japonesa. Al fin los estadounidenses tomaron las tres bases aéreas, pero ninguna de ellas a tiempo de poder ser utilizada por su aviación para apoyar la campaña de la Marianas (recordemos que ese era el objetivo inicial que había llevado a la invasión de la isla). Los campos de aviación de Borokoe y Sorido cayeron el 20 de junio, y Mokmer, el objetivo principal, el 22. La resistencia organizada japonesa no cesó hasta el 28 de junio, cuando fue reducida la gran red de cuevas al oeste de la isla. Los japoneses continuaron combatiendo en pequeños grupos hasta el 20 de agosto. El total de bajas estadounidenses en la batalla fue de 9.800 hombres. De ellos 2.400 fueron bajas en combate, el resto lo fueron por tifus, deshidratación y otras causas. Por parte japonesa murieron más de 5.000 soldados, y unos 800 fueron hechos prisioneros. Unos 4.000 soldados japoneses se dieron como desaparecidos. Muchos de ellos habían quedado enterrados o abrasados en el interior de las cuevas. Otros se negaron a rendirse y se refugiaron en la selva, donde continuaron resistiendo hasta enero de 1945.

La batalla de Biak es una de las grandes olvidadas de la guerra en el Pacífico. Para la propaganda estadounidense simplemente no existió, y en consecuencia muchos historiadores la han ignorado desde entonces. En un principio, conociendo el informe que llevó a MacArthur a sustituir al general al mando de las operaciones, se podría pensar que el silencio sobre esta batalla podía deberse a la intención de ocultar la mediocre actuación de la 41ª División de Infantería. Lo cierto es que los infantes estadounidenses combatieron muy bien en unas condiciones durísimas, en un terreno muy difícil y contra un enemigo bien preparado y con superioridad numérica. En cualquier otra operación de la campaña del Pacífico las fuerzas norteamericanas siempre superaron en número al enemigo al menos por dos a uno en tropas de combate, en cambio en Biak la ventaja fue de los defensores japoneses. Con una evaluación errónea de las fuerzas enemigas, creyendo que sería una operación de corta duración y poco costosa, MacArthur destinó a la misión una fuerza insuficiente, tan solo dos regimientos de infantería (que tuvieron que ser reforzados por un tercero muy desgastado, y más tade por un cuarto regimiento). En el fondo el “olvido” pudo tratarse del intento de MacArthur de ocultar sus propios errores de planificación y fallos de ejecución, en un momento en el que estaba manteniendo un pulso con la Marina para hacerse con el liderazgo de la campaña del Pacífico. Si la prensa hubiese dado detalles del desarrollo de la batalla, MacArthur habría visto amenazados su prestigio en Washington y el apoyo de la opinión pública.

Carta de Guy Môquet

Guy Moquet
La primera decisión del actual presidente de Francia, el conservador Nicolas Sarkozy, anunciada el mismo día de su investidura, fue decretar que a partir de ahora en los institutos franceses se leerá al comienzo del curso escolar una carta que un joven comunista francés de 17 años escribió a su familia antes de ser ejecutado en 1941. Lo que busca con esta decisión es, según él «enseñar a la juventud la belleza del heroísmo de quienes fueron capaces de morir por la libertad de la patria». El joven se llamaba Guy Môquet, era hijo del diputado comunista Prosper Môquet, y había sido detenido por la policía francesa del régimen de Vichy el 13 de octubre de 1940 por repartir octavillas en la calle. Un año después, el 20 de octubre de 1941, la resistencia asesinó en Nantes al Feldkomandant Harl Hotz, y en respuesta los alemanes exigieron a las autoridades francesas que en represalia se ejecutaran a varios de los resistentes encarcelados por ellos. El día 22 fueron fusilados 27 presos, entre ellos Guy Môquet.

La carta:

Mi mamá querida,
mi hermanito adorado,
mi amado papá,

¡Voy a morir! Lo que os pido, en particular a ti, mamaíta, es que seáis valientes. Yo lo soy y quiero serlo igual que lo han sido los que han pasado antes que yo.
Cierto, hubiese querido vivir. Pero lo que deseo de todo corazón es que mi muerte sirva para algo. No tuve tiempo de besar a Jean. Ya no besaré más a mis dos hermanos Roger y Rino. ¡En verdad ya no podré hacerlo desgraciadamente!
Espero que te sean enviadas todas mis cosas, ellas podrán servirle a Serge, que espero esté orgulloso de llevarlas algún día.
A ti, papá, si te he dado, al igual que a mamá, dolores de cabeza, te saludo por última vez. Que sepas que he intentado seguir el camino que me trazaste. Un último adiós a todos mis amigos, a mi hermano que tanto quiero. Que estudie mucho para que se convierta en un hombre.
¡17 años y medio! ¡ mi vida ha sido corta!
No tengo ningún reproche, sólo el de abandonaros.
Moriré con Tintin, Michels.
Mamá, lo que te pido, lo que quiero que me prometas, es que serás valiente y te sobrepondrás a tus penas. No puedo escribir nada más. Os dejo a todos, todas, mamá, Serge, papá, queriéndoos con todo mi corazón de niño. ¡Valor!

Vuestro Guy que os quiere
Guy


En francés: http://www.histoire.edres74.ac-grenoble.fr/spip/spip.php?article112

El espía en uniforme de gala

El abogado alemán Hermann Görtz llegó a Gran Bretaña en agosto de 1935, acompañado de su secretaria Marianne Emig, a la que presentaba como su sobrina para evitar suspicacias (Görtz tenía 45 años y Marianne 19), según decía con la intención de escribir una novela. Se instalaron en una casa alquilada de Bradstairs, en el condado de Kent, al sur de Londres. En la zona se encontraba la base aérea de Manston y otros aeródromos en construcción. La pareja hizo amistad con un piloto destinado en Manston llamado Kenneth Lewis. Görtz estaba continuamente pidiendo al joven piloto información sobre la base, con la excusa de que necesitaba documentarse para su libro. Por su parte, Marianne le pedía que le hiciese fotos del aeródromo. A los tres meses de estancia en Inglaterra, Görtz hizo un viaje a Alemania acompañado de Marianne y de su impresionante moto Zündapp. Cuando volvió él solo unos días después se encontró con la policía británica esperándole para detenerle acusado de espionaje: La dueña de la casa donde vivía, que no sabía que Görtz se había llevado la moto a su país, había llamado a la policía pensando que se la habían robado, y cuando los agentes fueron a investigar la denuncia encontraron en la casa toda la información que Görtz había recopilado sobre la base aérea de Manston.

En marzo de 1936 se celebró el juicio en el Palacio de Justicia de Old Bailey, al oeste de Londres. La prensa británica dio mucha publicidad al caso, apodando a Görtz “el espía volador”. Aunque el alemán insistía en su inocencia, tratando de convencer al tribunal de que no era más que un novelista que se documentaba a conciencia para sus obras de ficción, las investigaciones de la policía británica concluyeron que Görtz era un espía “autónomo”, que trabajaba por su cuenta con la intención de impresionar a los servicios secretos alemanes para que le aceptasen como agente (ya había sido rechazado en una ocasión después de solicitar un trabajo de inteligencia en el Ministerio del Aire alemán). Por su parte Marianne Emig se negó a viajar a Gran Bretaña para testificar a su favor, por miedo a ser detenida acusada también de espionaje. Görtz fue declarado culpable y condenado a cuatro años de cárcel. En febrero de 1939, después de cumplir su condena en la prisión de Maidstone, fue puesto en libertad y deportado a Alemania.

En agosto de 1939, durante la movilización previa al comienzo de la guerra, Görtz regresó al servicio como teniente segundo en la reserva de la Luftwaffe. Después de pasar por varios destinos, en enero de 1940 logró ingresar en el Regimiento Brandenburgo, la unidad de operaciones especiales del Abwehr, donde alcanzó el rango de capitán. A pesar de la fama que había logrado en Gran Bretaña y de la mala imagen que había dado a los servicios de inteligencia alemanes, al fin Görtz había conseguido convertirse en un auténtico espía.

En noviembre de 1938, mientras Görtz estaba en prisión, el Ejército Republicano Irlandés había declarado la guerra a Gran Bretaña y había iniciado una campaña terrorista para tratar de obligar al gobierno británico a abandonar el Ulster. Cuando estalló la guerra en Europa, en septiembre de 1939, el IRA vio la oportunidad de conseguir el apoyo del Tercer Reich en su lucha contra los británicos. La dirección del IRA propuso que sus hombres podían preparar y facilitar un desembarco de tropas alemanas en el territorio de la República de Irlanda (que se había declarado neutral) para a continuación iniciar la invasión conjunta del Ulster. El plan recibió el nombre en clave de operación Kathleen. En 1940 el líder del IRA Sean Russel viajó a Alemania para tratar de convencer al gobierno del Reich de las ventajas de la colaboración entre alemanes e irlandeses.

El conocimiento que tenía el Abwehr acerca del IRA y la política en Irlanda era muy superficial. Antes de comprometerse a nada con los irlandeses, el servicio de inteligencia alemán necesitaba evaluar la situación real en la isla. Con ese objetivo se puso en marcha la operación Mainau, que consistiría en el lanzamiento en paracaidas de un agente en la República de Irlanda con la misión de contactar con el IRA, establecer un enlace de comunicaciones seguras entre Irlanda y Alemania, evaluar la capacidad militar del IRA y tratar de dirigir sus ataques hacia objetivos militares británicos, todo ello sin comprometer la neutralidad irlandesa ni interferir en su política nacional. Para llevar a cabo una misión tan compleja el agente asignado por el Abwehr no fue otro que el capitán Hermann Görtz. Es posible que no tuviesen más remedio, ya que seguramente era el único agente disponible que había tenido algún tipo de relación con el IRA (había conocido a varios militantes cuando estuvo cumpliendo condena en Maidstone).

Görtz iba a realizar la misión en solitario. Los únicos nombres de contactos irlandeses que tenía eran los de Seamus O'Donovan e Isuelt Stuart, esposa de Francis Stuart, famoso novelista y dirigente del IRA que había viajado a Berlín en enero de 1940 para estrechar la colaboración entre el IRA y el Abwehr. Su equipo de espía consistía tan solo en un radiotransmisor Afu, una pistola Browning de 9 mm y un poco de tinta invisible. Además le entregaron documentos de identidad militares con nombre falso y una importante cantidad de dinero, casi 30.000 dólares estadounidenses. A petición suya le proporcionaron también una cápsula de veneno para tomar en caso de ser capturado. Saltaría vestido con su uniforme de gala de la Luftwaffe, para estar protegido por la Convención de Ginebra en caso de ser capturado (saltar o desembarcar uniformados en territorio enemigo era una práctica habitual de los espías alemanes, como comenté por ejemplo en Operación Pastorius). Su nombre en clave sería "Gilka".

La misión estaba prevista para el mes de abril, pero tuvo que ser aplazada por culpa del mal tiempo. Por fin en la noche del 5 al 6 de mayo de 1940 Gilka saltó sobre Irlanda desde un bombardero Heinkel He-111 a 1.500 metros de altura.

Al pobre Görtz todo le salió mal desde el principio de la misión. En el salto perdió su equipo de radio y la pala que llevaba para enterrar el paracaídas. Después de tomar tierra ni siquiera sabía si estaba en la República de Irlanda o en el Ulster. Tras su captura afirmó que había aterrizado en una granja a las afueras de Trim, cuando en realidad se encontraba en Ballivor, en el condado de Meath. Estaba a una distancia de setenta millas de Laragh, en el condado de Wicklow, donde vivía Isuelt Stuart. Hacia allí se dirigió a pie, cruzando los verdes campos irlandeses ataviado con su uniforme de gala alemán. Se vio obligado a cruzar a nado el río Boine "con grandes dificultades, pues el peso de mi uniforme me agotó; el cruce del río también me costó la pérdida de mi tinta invisible". Poco después, exhausto y hambriento, acabó por deshacerse del incómodo uniforme: “Llevaba entonces botas de campaña, breeches y la camisa, así como un birrete negro en la cabeza... Conservé mi birrete militar para usarlo como vaso, y las medallas ganadas en la guerra anterior por razones sentimentales... Carecía de dinero irlandés y no comprendí que podía usar dinero inglés con toda libertad". Continuó así su camino, teniendo que preguntar en varias ocasiones a los paisanos que se encontraba por la dirección que tenía que seguir. Uno de los lugares en los que pidió ayuda para orientarse fue el cuartel que la Garda (la policía irlandesa) tenía en la localidad de Poulaphouca. A pesar de su extraño aspecto, pudo continuar su viaje sin ser molestado por los gardas. El 9 de mayo llegó al fin a Laragh y comenzó a buscar a su contacto. Según él mismo contaría más tarde, allí sobornó con 100 dólares estadounidenses “al tonto del pueblo" sin lograr nada a cambio, lo que no dice mucho de la sagacidad de nuestro espía. Al fin localizó a la señora Stuart, y a través de ella contactó con Seamus O'Donovan, que fue esa misma noche a recoger a Görtz para llevarle a su casa en Shankill, en el condado de Dublín. Gilka había tenido éxito en ponerse en contacto con el IRA, pero pronto se dio cuenta de que la organización clandestina estaba muy mal dirigida y sus medidas de seguridad dejaban mucho que desear. Pese a ello entregó más de 16.500 dólares a O'Donovan para el IRA.

El 11 de mayo Görtz fue trasladado por O'Donovan y otros miembros del IRA a la casa de JJ O'Neill en Rathmines. Permaneció con O'Neill hasta el 19 de mayo, cuando de nuevo fue trasladado a casa de Stephen Held, uno de los líderes principales de la organización y el creador de la operación Kathleen. Allí tuvo una reunión el 23 de mayo con el dirigente del IRA Stephen Hayes, que había quedado al mando de la organización mientras permaneciese Russel en Alemania (quien por cierto nunca regresó a Irlanda; murió unos meses después de una úlcera gástrica a bordo del submarino alemán que le llevaba de vuelta a su país).

Poco después los gardaí irrumpieron en la casa de Held para efectuar un registro. Görtz no se encontraba allí, pero la policía incautó su documentación falsa, su dinero y sus condecoraciones de la Primera Guerra Mundial. También encontraron documentos relativos a la operación Kathleen (Held había estado tratando de convencer a Görtz de la viabilidad de su plan). Entre los papeles había informes sobre posibles objetivos militares en Irlanda, como puertos, bases aéreas e instalaciones defensivas.

Cuando el jefe de la legación diplomática alemana en Dublín, el Dr. Eduard Hempel, informó a Berlín de los acontecimientos, el Abwehr consideró que la operación Mainau había fracasado. Así se reflejó en el registro del 25 de mayo de 1940 del diario de guerra del Abwehr:

De acuerdo con un informe inalámbrico de la Agencia Stefani [la agencia de noticias italiana] y emisiones del enemigo, la "Operación Mainau" no ha tenido éxito. De acuerdo con ellos “Gilka" parece haber llegado a su destino. El transmisor [el Abwehr no sabía que Görtz lo había perdido], algunos elementos del equipo y el dinero que se llevó con él fueron capturados al parecer en la casa de un agente de Irlanda, debido a la estupidez de este último. Desafortunadamente este irlandés también tenía en su poder los planes de una rebelión que no tenían relación con la "Operación Mainau” [se refería al Plan Kathleen, el que Stephen Hayes había enviado a Alemania]. No hay ninguna información sobre el paradero de "Gilka". Aun en el caso de que no sea detenido en un futuro próximo, es imposible que pueda continuar en activo, debido al descubrimiento del transmisor y del dinero. Si finalmente se detiene a “Gilka” se encontrará en una situación muy difícil debido a que su equipo fue encontrado junto a los planes IRA. Debido al fracaso de la "Operación Mainau" en el futuro no se tendrán en cuenta más propuestas para el lanzamiento de agentes en paracaídas.

Sin embargo Gilka tardó mucho tiempo en ser detenido. Durante 18 meses permaneció escondido con la ayuda de sus amigos del IRA, aunque su desconfianza por los fallos de seguridad que había visto en la organización le llevaba a evitar los escondites que tuviesen algo que ver con ella. En una ocasión en la que se enteró de que la casa en la que estaba alojado había sido utilizada por el IRA como punto de reunión, abandonó el lugar inmediatamente. Pese a todos esos cuidados, en noviembre de 1941 fue finalmente detenido por los gardas junto al miembro del IRA Pearse Paul Kelly, que había ido a visitarle.

Hermann Görtz estuvo cinco años internado en la prisión de Mountjoy, compartiendo condena con otros militantes del IRA. En agosto de 1946 le fue concedida la libertad condicional y se fue a vivir con unos amigos de Dublín. Unos meses después, en mayo de 1947, recibió la notificación de que iba a ser deportado a Alemania. Al conocer la noticia se quitó la vida ingiriendo una cápsula de cianuro. Al parecer tuvo un ataque de pánico injustificado, al pensar que iba a ser entregado a las fuerzas de ocupación para ser juzgado como criminal de guerra.

No se puede negar que Görtz fue un espía incompetente. La historia de la operación Mainau es casi cómica, aunque lo cierto es que gran parte de la culpa de su fracaso hay que atribuírsela al Abwehr, que envió a un agente sin la preparación necesaria a una misión con muy pocas posibilidades de éxito. No fue un caso aislado en la historia del Abwehr. Como dijo Peter Fleming: “La figura solitaria, intrépida y desconcertada del espía avanzando penosamente a través del vacío paisaje irlandés, con botas, tocado con un birrete negro y con un bolsillo lleno de medallas ganadas en la guerra de 1914-18, constituye una elocuente muestra de hasta qué punto el esfuerzo del Servicio Secreto Alemán incurría en graves pecados contra las virtudes de sutileza y disimulo que de él se esperaban...”

Hermann Görtz:


Fuentes:
Graham Greene: El libro de cabecera del espía
http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Mainau
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/espionaje/kathleen.html
http://theinquisition.eu/wordpress/2011/dublin/goertz-mainau/


Las otras banderas de Yevgeni Khaldei

Hace tiempo que conté en este blog la historia de la fotografía de la bandera soviética ondeando sobre el edificio del Reichstag, tomada por el fotógrafo Yevgeni Khaldei para representar gráficamente la victoria del Ejército Rojo sobre el nazismo:


No fue la única foto de este tipo que hizo Khaldei. Hubo otras "fotos de la victoria". En los días posteriores al final de la batalla de Berlín el reportero gráfico ucraniano recogió escenas muy similares, con soldados soviéticos izando sus banderas en otros lugares simbólicos del poder nacionalsocialista.

Uno de esos lugares era el aeropuerto berlinés de Tempelhof. Inaugurado en 1940, el edificio del vestíbulo principal estaba coronado por la estatua de un águila de cuatro metros y medio de altura:


Cuando los soldados soviéticos subieron a la azotea del edificio a colocar la bandera de la URSS sobre la enorme escultura, Khaldei estaba allí para inmortalizar el momento (o quizá fue él mismo el responsable de la puesta en escena, porque su parecido con la fotografía del Reichstag es bastante sospechoso):


En 1960 la estatua fue retirada con motivo de unas obras en el aeropuerto. Su cabeza fue recuperada por militares estadounidenses y enviada a West Point, donde permaneció hasta 1985, cuando la academia militar la devolvió al aeropuerto berlinés. Desde entonces se encuentra en la plaza que hay frente al edificio.

La historia de la cuádriga que corona la Puerta de Brandenburgo es todavía más movida que la del águila de Tempelhof. Representando a la diosa Victoria en un carro tirado por cuatro caballos, fue instalada originalmente en 1793, retirada y enviada a París por los soldados de Napoleón en 1806, y devuelta a Berlín en 1814. Fue entonces cuando le fueron añadidas una cruz de hierro y un águila, símbolos del militarismo prusiano, que no existían en la escultura original. En 1945 fue muy dañada durante la batalla de Berlín. Retirada tras la guerra, fue restaurada en 1958, de nuevo sin la cruz ni el águila, aunque ambos símbolos serían recuperados en 1991, tras la reunificación alemana.

Miembros de las SA nazis desfilan bajo la Puerta de Brandenburgo en 1934:


Tras la victoria en mayo de 1945, soldados del Ejército Rojo, una vez más con Yevgeni Khaldey como testigo, suben a la Puerta de Brandenburgo para colocar su bandera sobre el monumento:


El fotógrafo Yevgeni Khaldei también quiso aparecer en una de las fotografías:


Fuentes:
http://iconicphotos.wordpress.com/2011/08/02/three-flags-of-khaldei/
http://1977voltios.blogspot.com/2011/08/la-roja-ensena-de-la-victoria.html
http://ozebook.com/wordpress/archives/2981">http://ozebook.com/wordpress/archives/2981
http://www.annefrank.org/en/Subsites/


El espionaje atómico soviético 2

Viene de El espionaje atómico soviético 1: La bomba de Stalin

LA CAZA DEL ESPÍA ROJO

Antes de que el proyecto Venona empezase a dar resultados el FBI estuvo dando palos de ciego en su búsqueda de espías dentro del proyecto Manhattan. Un ejemplo: Los norteamericanos habían enviado a Europa un pequeño grupo de científicos dirigido por el físico de origen holandés Samuel Goudsmit con la misión de seguir a las tropas aliadas en su avance por Europa y buscar pruebas que determinasen la situación de la investigación atómica alemana. La misión recibió el nombre de operación Alsos. Cuando los aliados tomaron Estrasburgo, en noviembre de 1944, encontraron lo que buscaban: los trabajos de los científicos de la universidad, entre ellos Carl Friedrich von Weizsäcker (uno de los pocos físicos que por su nivel necesariamente tenían que ser los responsables de cualquier programa nuclear alemán), que demostraban que el proyecto alemán se encontraba aún a nivel académico. En diciembre algunos de los científicos del Proyecto Manhattan empezaron a tener noticias de los descubrimientos de Alsos, y varios de ellos consideraron que había desaparecido el motivo por el que habían apoyado la fabricación de la bomba (conseguirla antes que los nazis). Uno de ellos era un polaco de nacimiento llamado Josep Rotblat, que decidió dimitir del proyecto. El hecho de ser polaco unido a que el FBI descubrió que sabía pilotar aviones le convirtió en el gran sospechoso de espionaje. Durante meses se centraron en investigarle y buscar pruebas contra él, que nunca consiguieron. Al parecer no tuvieron en cuenta que no era muy probable que un espía atómico abandonase el proyecto en el momento más importante alegando razones morales (como curiosidad, Rotblat se hizo famoso muchos años después, en 1995, cuando recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor como presidente de la Conferencia Internacional Pugwash, el grupo pacifista promovido por Albert Einstein y Bertrand Russell).

En septiembre de 1945 la deserción de un agente soviético destinado en la embajada de Ottawa llamado Igor Gouzenko dio las primeras pistas auténticas sobre las redes de espionaje soviéticas en Norteamérica. Gracias a él, el contraespionaje aliado supo que tenía que buscar a un espía con el nombre en clave Alec, que había estado en la misión científica británica en Estados Unidos, y anteriormente en los laboratorios de Tube Alloys en Montreal. Se trataba de Alan Nunn May. En 1946 fue detenido en Inglaterra, juzgado por espionaje y condenado a 10 años de cárcel. Por entonces ya había dejado de colaborar con la inteligencia soviética, y había vuelto a Inglaterra para dedicarse a la física experimental en el King’s College de Cambridge (igual que Philby y compañía, había estudiado en Cambridge en los años treinta y allí había sido “seducido” por las ideas comunistas, aunque no tuvo ninguna relación directa con el Circulo de Cambridge). El primer espía atómico importante había sido capturado.

Alan Nunn May:


El 29 de agosto de 1949 la Unión Soviética hizo su primera prueba atómica. Fue una sorpresa total el occidente. La caza del espía se intensificó, con la ayuda que los datos que estaba dando Venona sobre la actividad de los informadores de los servicios secretos soviéticos en el Proyecto Manhattan. Gracias a Venona el FBI pudo alertar a los británicos de que un científico de esa nacionalidad había estado pasando información a los rusos desde dentro de Los Alamos. Los servicios de seguridad ingleses investigaron a los posibles informadores hasta que acabaron centrándose en Klaus Fuchs como principal sospechoso. Le presionaron haciéndole saber que iban a por él hasta que lograron su confesión durante un interrogatorio en febrero de 1950. Fuchs fue detenido, juzgado y condenado a catorce años de prisión, la máxima pena que establecía la ley de secretos oficiales británica. Coincidiendo con la detención de Fuchs, Bruno Pontecorvo sorprendió a todo el mundo al desertar de Gran Bretaña huyendo precipitadamente a la URSS vía Finlandia. Ambos trabajaban por aquel entonces en Harwell, el centro donde los británicos fabricaban sus propias armas atómicas

La detención de Fuchs y la huida de Pontecorvo provocaron un efecto inesperado: el enfriamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Gran Bretaña a causa de las criticas recibidas desde ciertos sectores estadounidenses, según los cuales por culpa de las deficientes medidas de seguridad británicas los rusos habían conseguido robar “el secreto de la bomba”. El director militar del Proyecto Manhattan, el general Lesley Groves, llegó a decir que si hubiese dependido de él no habrían intervenido extranjeros en el programa, unas declaraciones sorprendentes de quien conocía mejor que nadie la decisiva contribución de muchos extranjeros, y no sólo británicos, a la bomba atómica estadounidense.

Pero las críticas eran injustas: Venona también permitió descubrir que el otro gran espía en Los Alamos era el estadounidense Theodore Hall. Pero en este caso no lograron ninguna confesión ni ninguna prueba que presentar, a excepción de las comunicaciones descifradas por Venona, una información reservada que no podía darse a conocer en un juicio. Hall nunca fue comunista. Había dejado de colaborar con la inteligencia soviética a finales de 1949, cuando vio que también los rusos estaban interesados sobre todo en las aplicaciones militares de la investigación atómica. No hay unanimidad sobre lo que supuso para el programa soviético la información que les facilitó Ted Hall (igual que pasa con Klaus Fuchs, como ya comenté). Hay quien piensa que su contribución fue más importante aún que la de Fuchs, sobre todo por lo que se refiere al mecanismo de implosión de las bombas de plutonio, un problema que dio mucho trabajo a los científicos del Proyecto Manhattan (probarlo fue la principal razón por la que se hizo la prueba Trinity, la primera explosión nuclear de la historia en Alamogordo el 16 de julio de 1945). A pesar de eso, Ted Hall nunca fue procesado, y su caso no se conoció hasta 1997, tras la desclasificación de los archivos Venona.

La obsesión que se desató en Estados Unidos por cazar espías rusos llevó a investigar a muchos de los participantes en el Proyecto Manhattan, algunos sospechosos evidentes, como el izquierdista Robert Oppenheimer, y otros sorprendentes, como Edward Teller, el padre de la bomba H y de ideología muy conservadora, pero que al parecer había recomendado a Hall para un trabajo de postgrado en la Universidad de Chicago, además de que él y su esposa habían sido muy amigos de los Fuchs en Los Alamos. Finalmente el FBI encontró espías para presentar a la opinión pública: Por Klaus Fuchs sabían que su enlace con Moscú era un norteamericano al que conocía con el nombre de Raymond. En 1949 una importante agente del espionaje soviético en Nueva York llamada Elizabeth Bentley se entregó al FBI, y entre otros espías identificó a Raymond, que resultó ser un químico estadounidense llamado Harry Gold. Se demostró que Gold tenía otro informador en Los Alamos, un mecánico llamado David Greenglass. Ambos fueron detenidos y confesaron, y Greenglass inculpó a su hermana y su cuñado, Ethel y Julius Rosenberg, acusándoles de haber sido ellos quienes le captaron para la red. Mientras que todos los demás detenidos llegaron a tratos por los que consiguieron librarse de la silla eléctrica, los Rosenberg, los últimos de la fila, no tenían a nadie más a quien cargar la culpa. Ambos fueron condenados a muerte en 1951, en un juicio lleno de irregularidades. Eran los tiempos del terror atómico y de las campañas paranoicas del senador MacCarthy, y no estaba el ambiente como para mostrarse blandos con unos agentes comunistas. El juez que leyó la sentencia llegó a responsabilizarles de la guerra de Corea y de las 50.000 bajas estadounidenses.

El matrimonio Rosenberg durante el juicio:


Después de la desclasificación de los archivos Venona se ha podido conocer el verdadero grado de implicación de los Rosenberg en el espionaje atómico: Julius Rosenberg, un ingeniero que trabajaba como inspector de armamento, había pasado información a los rusos, pero de poca importancia y nada que tuviese que ver con la investigación atómica, y Ethel no habría pasado de ser una colaboradora insignificante en la red. Era cierto que Gold había contactado con Greenglass a través de los Rosenberg, pero era absurdo presentarles como los cabecillas de la red, y más aún pensar que la información que hubiese podido dar un empleado de bajo nivel de Los Alamos como Greenglass pudo tener alguna importancia en el programa nuclear soviético. Paradójicamente el secreto de Venona, que había permitido a Ted Hall quedar impune, impidió a los Rosenberg librarse de la silla eléctrica.

El espionaje atómico soviético 1


LA BOMBA DE STALIN

A partir de 1941 Stalin comenzó a recibir informes sobre la posibilidad de fabricar una bomba atómica. Antes de la guerra la física nuclear era ya un campo prioritario para la ciencia soviética, con centros de investigación en Moscú, Leningrado y Jarkov. pero la mayoría de aquellos informes no provenían de los organismos científicos, sino de los servicios de inteligencia. El NKVD comenzó a interesarse por el átomo ya en 1940. En ese año, por orden directa de su director Laurenti Beria, se dieron instrucciones a las redes de espionaje en Gran Bretaña y Estados Unidos de infiltrarse en los centros de investigación atómica de estos países. Al mismo tiempo Beria trataba de convencer a Stalin y al Politburó de la importancia del tema, ya que tenía claros indicios de que la carrera atómica había comenzado: científicos relevantes estaban desapareciendo del mapa, al tiempo que las potencias estaban tratando de acaparar las existencias de materiales necesarios en la investigación atómica, como el uranio y el agua pesada. Sin embargo, hasta 1942, cuando pudo presentar cantidades importantes de información que demostraban la magnitud del proyecto atómico angloamericano, no logró convencer a Stalin de que era necesario que la URSS pusiese en marcha su propio programa nuclear militar, el Proyecto Urania (que con el tiempo quedó bajo el control directo del propio Beria).

La primera fuente de importancia que tuvo el NKVD fue el quinto hombre de “los cinco de Cambridge”, una de las más importantes redes de espionaje de la historia. Se trataba de John Cairncross, que entre 1940 y 1942 trabajó como secretario personal de Lord Hankey, ex-jefe de los servicios secretos británicos y ex-ministro sin cartera del gobierno Chamberlain, que había recibido el encargo de Churchill de presidir el comité consultivo británico que estudiaba las posibilidades energéticas y militares de la investigación nuclear. Cairncross (de nombre en clave Carelio) tuvo acceso a los primeros informes técnicos hechos por científicos británicos que confirmaban la posibilidad de conseguir la bomba en un plazo relativamente corto, asistió al nacimiento del programa nuclear británico, escondido tras un organismo al que se le dio el inocente nombre de Dirección de Aleaciones Tubulares (Tube Alloys), y asistió también al comienzo de la cooperación angloamericana de la que nació el Proyecto Manhattan.

Unos años más tarde otro miembro del Círculo de Cambridge tuvo también acceso a gran cantidad de información sobre el Proyecto Manhattan. Se trataba de Donald McLean, un espía infiltrado en los servicios diplomáticos británicos. A mediados de 1945 McLean fue encargado de la coordinación entre los proyectos nucleares norteamericano y británico, que todavía mantenían una estrecha colaboración. Por sus manos pasaba toda la correspondencia entre ambos países referente a la investigación atómica.

Un tercer miembro del grupo de Cambridge también intervino en esta historia unos años después: Kim Philby, posiblemente el más grande agente doble de todos los tiempos, que entre 1949 y 1951, cuando se estrechaba el cerco en torno a las redes de espionaje soviéticas en occidente, era el agente de enlace del MI-6 en Estados Unidos. Philby logró que parte de ellas lograran escapar (entre los que se salvaron gracias a su intervención estaba su amigo McLean). La historia de cómo los norteamericanos consiguieron descubrir a muchos de los espías soviéticos que operaron en occidente en los años 40 comienza en 1942, cuando la central del NKVD en Nueva York cometió el error de utilizar códigos repetidos en sus comunicaciones con Moscú. A ese fallo de seguridad se le añadió posteriormente un libro de códigos soviético parcialmente quemado que los finlandeses habían capturado en 1941, y que en 1944 cedieron a los estadounidenses. A partir de pistas como esas la ASA (Army Security Agency) comenzó a trabajar en el descifrado de los mensajes que los agentes del NKVD habían mandado a la Lubianka en los años de la guerra y que los servicios occidentales conservaban grabados. Fue un trabajo de años al que se le dio el nombre clave de Proyecto Venona. Hacia 1950 el cuadro de las redes soviéticas en occidente estaba más o menos claro, pero Philby, que tenía acceso a Venona, puso sobre aviso a los soviéticos y logró salvar parte de ellas. Pero esa es otra historia.

John Cairncross:


El Círculo de Cambridge dio mucha información, y de gran importancia, pero los soviéticos estaban más interesados en los aspectos técnicos de la investigación atómica que en los políticos: necesitaban hombres dentro de los centros de investigación y desarrollo.

Dentro de la comunidad científica de Gran Bretaña los servicios de inteligencia soviéticos contaban con un importante informante llamado Klaus Fuchs. Alemán de nacimiento, nacionalizado británico, Fuchs era un físico nuclear que trabajaba en el programa nuclear británico desde sus inicios. Fue, junto con Cairncross, el que permitió a los soviéticos conocer el nacimiento y desarrollo de Tube Allois. Más tarde fue uno de los científicos que Gran Bretaña envió a los Estados Unidos para colaborar en el Proyecto Manhattan. Desde allí dio gran cantidad de información de diversas áreas, convirtiéndose, según la mayoría de los científicos e historiadores, en el informador más importante que tuvieron los soviéticos. Se dice que Fuchs hizo una gran contribución al desarrollo del programa nuclear de la URSS. Pero en esto, como en todo, no hay unanimidad. Según Philip Morrison, otro eminente físico que trabajó en el Proyecto Manhattan, “los rusos habían hecho mejor labor por sí mismos que lo conseguido de los estadounidenses vía Fuchs, pero no se atrevieron a poner en práctica su propio trabajo y prefirieron copiarles, por lo que tuvieron que conformarse con un segundo puesto”, opinión compartida, por supuesto, por los físicos soviéticos, que se quejaron de que Beria se fiaba más de las informaciones llegadas de los Estados Unidos que de sus propias investigaciones, obligando a sus científicos a seguir el modelo americano. La opinión más aceptada es que los soviéticos habrían conseguido la bomba por sí solos, pero sin la información enviada por Fuchs y los demás informadores habrían tardado dos o tres años más.

Klaus Fuchs:


En Estados Unidos, en los primeros años del proyecto atómico los soviéticos también contaron con un físico nuclear de primer nivel. Se trataba de Bruno Pontecorvo, brillante físico discípulo de Fermi y colaborador suyo desde antes de que ambos se exiliaran de Italia. Comenzó a enviar información científica en 1942, cuando trabajaba con Fermi en la Universidad de Chicago. Al igual que Cairncross y Fuchs, Pontecorvo era comunista convencido y colaboraba con la inteligencia soviética voluntaria y desinteresadamente.

En el Proyecto Manhattan la seguridad llegaba a niveles agobiantes. Como recordó años más tarde Laura, la esposa de Enrico Fermi: “muchos de los europeos se sentían incómodos porque vivir en un lugar rodeado de alambradas les recordaba los campos de concentración” (muchos de ellos eran refugiados políticos, huidos del fascismo, el nazismo y las leyes antisemitas). Pero no solo afectaba a los europeos: el segundo de Oppenheimer, el doctor Edward Condon (que se haría famoso dos décadas después entre ufólogos y frikis varios de todo el mundo por el “Informe Condon”, la verdad oficial del gobierno USA sobre el fenómeno OVNI) dimitió a las diez semanas porque no podía soportar las estrictas medidas de seguridad. Estas no consistían solo en controlar las entradas y salidas, y rodear los centros de investigación de alambradas y patrullas militares, también (y especialmente) el FBI y el G-2 (la inteligencia militar estadounidense) interrogaban con frecuencia a los científicos e investigaban sus vidas privadas, sus movimientos y relaciones. Sospechosos no les faltaban, muchos de los principales científicos del Proyecto Manhattan, como Leo Szilard y Enrico Fermi, eran de reconocidas ideas izquierdistas. Y no sólo entre los europeos: el mismísimo director científico del Proyecto Manhattan, Robert Oppenheimer, era simpatizante comunista, y entre sus familiares y amistades íntimas había varios militantes del partido comunista. Todos ellos eran sometidos a una estrecha vigilancia por parte de la contrainteligencia norteamericana. Aunque varios de los principales científicos seguramente eran partidarios de compartir sus conocimientos con los soviéticos, por proximidad ideológica o por la creencia de que solo un control internacional de la nueva arma aseguraría la supervivencia de la civilización, la inmensa mayoría de ellos no pasó información conscientemente a los rusos.

Pero algunos sí que lo hicieron. En Los Alamos, en los laboratorios secretos donde se diseñaron y se fabricaron las bombas, los soviéticos lograron tener informadores. Uno fue Theodore Hall, jovencísimo físico que con 18 años comenzó a trabajar en el grupo que diseñaba el mecanismo de implosión de las bombas de plutonio. Otro de los científicos que más activamente colaboraron con la inteligencia soviética fue el británico Alan Nunn May, captado por el NKVD en 1943 cuando se encontraba en Canadá colaborando en el proyecto Tube Alloys. Ya en Estados Unidos pasó información sobre la planta de producción de plutonio en Hanford y sobre Trinity (la explosión de prueba de una bomba de plutonio). Como en todos los demás casos su colaboración con la inteligencia soviética fue totalmente desinteresada. En una ocasión, cuando el NKVD trató de recompensarle por su labor dándole doscientos dólares y una botella de whisky, Nunn May respondió indignado quemando el dinero. La botella se la quedó.

Continúa en; El espionaje atómico soviético 2: La caza del espía rojo

La nueva oportunidad del imperialismo alemán

La Primera Guerra Mundial provocó la caída de tres imperios, tres regímenes anacrónicos que no soportaron el desgaste causado por la guerra. En Rusia, el zar Nicolás II, pese al aviso de 1905, creyó en la lealtad incondicional de su pueblo y lo lanzó a una guerra con la idea de que el sentimiento patriótico (confundido con la fidelidad a su persona) se impondría sin problemas sobre los ideales revolucionarios, ya muy extendidos entre la clase obrera. En Austria-Hungría, el emperador Francisco José tampoco vio en la guerra un peligro, sino una oportunidad para fortalecer la cohesión de su imperio multiétnico. La aparición del enemigo exterior suele funcionar como elemento unificador, y también él creyó que eso bastaría para imponerse a las fuerzas disgregadoras.

En Alemania la situación era distinta. El nacionalismo alemán tenía una gran fuerza en 1914. La victoria en la guerra franco-prusiana y el nacimiento del II Reich convirtió a Alemania en una de las grandes potencias europeas, algo que no se vio reflejado en el reparto colonial ni en las relaciones con las potencias tradicionales, Inglaterra y Francia, que miraban con desconfianza al nuevo imperio, a la vez que éste miraba hacia ellas con un sentimiento de superioridad proveniente de sus éxitos ininterrumpidos desde hacía medio siglo. Esta fuerza del nacionalismo alemán hizo que el país sobreviviese al final del imperio y a la derrota con pérdidas territoriales relativamente pequeñas. Para los otros dos imperios se impuso la doctrina del derecho de los pueblos a su autodeterminación, compartida curiosamente por Lenin y por el presidente de los EEUU Woodrow Wilson. Una doctrina que por cierto no parecía valer para los imperios coloniales de las potencias vencedoras, aunque otras consecuencias de la guerra fueron la independencia de Irlanda o el surgimiento de movimientos nacionalistas en las colonias, sobre todo en Asia y los países árabes.

En Rusia, tras la Revolución de Octubre, el gobierno estaba en manos de los bolcheviques, pero con una difícil situación interna. Sus enemigos tenían el control de la mayor parte del país, mientras que otros pueblos que habían estado sometidos al imperio zarista aprovechaban el caos para conseguir la libertad. A raíz de la revolución los países bálticos habían creado consejos nacionales que habían proclamado la independencia, con la protección de Alemania, que entonces ocupaba la región. Igual hizo Finlandia. Mientras, en Ucrania y el Cáucaso la revolución no triunfó, y se formaron gobiernos independientes de Moscú. La Polonia independiente había renacido en noviembre de 1916, en una maniobra política de Alemania y Austria, con la intención de crear un estado tampón enfrentado a Rusia. Así que la URSS se vio obligada, por el Tratado de Brest Litovsk, a reconocer la independencia de Finlandia, Ucrania, Polonia y los países bálticos, para poder emplear sus fuerzas en el frente interno. Para Alemania fue una gran victoria política, sus políticos celebraron el tratado como uno de los mayores triunfos de la historia del país. Se esperaba que en los países bálticos las influyentes minorías germanas fuesen usadas para que éstos cayesen en la órbita del Reich, o incluso fuesen incorporados a él. La derrota en la guerra lo impidió.

En octubre de 1918 la guerra estaba perdida para los imperios centrales, los aliados avanzaban en Bélgica, los Balcanes y Oriente Próximo. Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Turco (otro imperio que cayó víctima de la guerra, aunque su descomposición fue más causa que consecuencia del conflicto) solicitaron conjuntamente el armisticio, con una propuesta basada en los catorce puntos del plan de paz que Wilson había presentado ante el Congreso de los EEUU en enero. Pero Wilson se mostró contrario a toda negociación. Ante el derrumbe militar y la crisis política, el emperador austro-húngaro Carlos I, sucesor de Francisco José, promulgó el Manifiesto de los pueblos, y pidió a todos los países del imperio que formaran comités nacionales. El comité nacional checo fue el primero en proclamar la república. Lo siguió el parlamento austriaco proclamando también la república y la unión con Alemania. Hungría anunció la ruptura con Viena, mientras que el comité nacional esloveno, croata y serbio proclamó la independencia, y Serbia consiguió su pretensión de unificar a todos los pueblos yugoslavos, a excepción de Albania.

En Alemania abdicó el Kaiser y se firmó el armisticio con los aliados. Alemania perdió más tarde territorios en favor de Francia, Polonia y Dinamarca, y todas sus colonias, pero el imperialismo alemán no desapareció. El nacionalismo alemán miraba hacia el oeste con ganas de revancha, de vengar las humillantes condiciones que impusieron los vencedores, la pérdida de territorios y las enormes reparaciones económicas. Pero al mismo tiempo podía mirar hacia el este y ver una oportunidad para resurgir. En las fronteras orientales ya no había ninguna potencia que pudiera hacerles sombra. De los imperios zarista y austro-húngaro había surgido una serie de estados pequeños o medianos, con minorías alemanas en algunos casos muy importantes, que se convirtieron en el objetivo del imperialismo alemán renacido (en realidad nunca murió, porque nunca aceptó la derrota).

Aunque en realidad sí que tenían una nación poderosa al este: la URSS. En los años 20 y 30 la URSS no era todavía una potencia, pero iba camino de serlo, ante la mirada despectiva de los políticos y estrategas alemanes. La guerra civil, la derrota en la guerra ruso-polaca, los periodos de hambrunas, los conflictos políticos internos, pero sobre todo el desprecio de las clases conservadoras alemanas por el comunismo y su convicción de que el sistema soviético sería incapaz de crear un estado poderoso económica, industrial o militarmente, provocarían el gran fallo de cálculo de este imperialismo alemán. Una vez que empezase la expansión hacia el este, y tras asegurar las fronteras occidentales, el nuevo Reich podría llegar fácilmente hasta los Urales y más allá. Cuando Hitler hablaba de la expansión hacia el este, la presentaba como el destino de la raza alemana, marcado por los Caballeros Teutónicos hacía siglos, pero detrás de esa retórica mitológica estaba el convencimiento de los nacionalistas alemanes de que la caída de los imperios zarista y austro-húngaro había dejado un vacío que el nuevo imperio alemán podría ocupar fácilmente en cuanto renaciese.

La política agresiva y expansionista del III Reich tenía su origen en el orgullo herido y la que se consideró necesidad nacional de corregir las injusticias de Tratado de Versalles, pero también en la confianza en las posibilidades de resurgimiento imperial que se abrieron como resultado de los cambios políticos que provocó la Gran Guerra.