Un rayo de esperanza

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"En abril de 1945 el acorazado Yamato zarpó para traer un rayo de esperanza a la Humanidad sumida en el desánimo".

Bueno, es una forma de verlo.

Otra sería: "En abril de 1945 el acorazado Yamato zarpó en una misión sin ninguna esperanza de supervivencia con el único objetivo de contentar al Emperador, que quería ver a la Marina Imperial presentando batalla por última vez".

El Yamato (junto al su gemelo el Musashi) fue el mayor acorazado de la historia. Era un monstruo de 65.000 toneladas, con un blindaje de hasta 400 mm de acero, armado con nueve cañones de 460 mm (el mayor calibre de artillería jamás montado en un buque de guerra, con un alcance de 42 Km), además de otros 30 cañones de entre 127 y 155 mm y 162 cañones antiaéreos de 25 mm. Posiblemente podría haber derrotado a cualquier otro buque de superficie del mundo en un combate convencional, a cañonazo limpio. Pero el Yamato nació demasiado tarde, cuando la era de los acorazados estaba ya pasando a la historia. Fue puesto en servicio precipitadamente unos días después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Y también unos días después de que la aviación japonesa con base en Indochina hundiese al acorazado Prince of Wales y al crucero de batalla Repulse frente a la península malaya, acabando con la presencia de la Royal Navy en Extremo Oriente y de paso demostrando que en la era de la aviación de poco servían los grandes buques de guerra si no contaban con una mínima cobertura aérea. En toda su historia operacional, el Yamato tan solo tuvo oportunidad de disparar sus cañones contra unidades navales enemigas en una ocasión, el 25 de octubre de 1944, durante la batalla del Golfo de Leyte.

A comienzos de abril de 1945 la Marina Imperial prácticamente había dejado de existir. Las pocas unidades que sobrevivían (entre ellas el Yamato) permanecían en sus puertos, obligados por la dramática escasez de combustible y por la amenaza de la aviación y los submarinos enemigos. Ni siquiera las aguas costeras del archipiélago japonés eran ya seguras. El 1 de abril los estadounidenses comenzaron los desembarcos en Okinawa. Los responsables de la Marina Imperial y de la Flota Combinada sabían que no tenían nada con qué hacer frente a la flota aliada. Su única respuesta posible eran los ataques aéreos kamikaze. Pero eso no era suficiente para el Emperador y su camarilla militarista, que esperaban que la Marina al menos se dejase ver en Okinawa. Y nadie quería defraudar al Emperador. Por presiones directas del Consejo Imperial, finalmente la Flota Combinada aceptó enviar a la batalla a una fuerza naval con la mayor parte de las unidades navales de superficie que les quedaban: el Yamato, el crucero ligero Yahagi y ocho destructores. Era una misión suicida, y todos lo sabían. Las órdenes eran suministrar a los buques tan solo el combustible necesario para llegar a Okinawa, no estaba previsto el regreso (aunque esas órdenes al parecer fueron incumplidas, y los buques recibieron combustible adicional). El plan era atacar a la flota estadounidense, abrirse camino hasta alcanzar las costas de Okinawa, encallar allí el Yamato y utilizarlo como batería costera hasta que fuese destruido. Después los supervivientes se unirían a las tropas de tierra japonesas en la isla para seguir combatiendo hasta el fin. En realidad la operación Ten-Gō, como fue denominada, no era otra cosa que el equivalente naval de una carga banzai.

El 6 de abril de 1945 el Yamato y sus acompañantes zarparon de Tokuyama. Practicamente desde el inicio de su travesía fueron localizados y vigilados por submarinos y aviones de reconocimiento estadounidenses. Ni siquiera tendrían a su favor el factor sorpresa. La mañana siguiente casi cuatrocientos aparatos despegaron de once portaaviones estadounidenses y después de dos horas de vuelo lanzaron un ataque masivo contra la flota japonesa. Una gran fuerza naval con seis acorazados y numerosos cruceros y destructores aguardaba para enfrentarse a los japoneses en el caso de que los aviones no tuviesen éxito. No fueron necesarios. Las más de 160 armas antiaéreas del Yamato no pudieron hacer nada contra los centenares de bombarderos y torpederos que se lanzaban incesantemente contra el buque. Después de hora y media de combate y de recibir el impacto al menos once torpedos y quince bombas, el almirante Ito dio orden de abandonar la nave. El Yamato, fuertemente escorado, se hundió rápidamente, llevándose consigo a 2.055 hombres de una tripulación de 2.332. Los supervivientes fueron rescatados por los cuatro destructores que lograron regresar a Japón. Los estadounidenses perdieron tan solo diez aviones y doce tripulantes.

El Yamato atacado por la aviación estadounidense:


El acorazado Yamato se convirtió en un símbolo de heroísmo en Japón. La arenga del vídeo pertenece a la película Acorazado Espacial Yamato, basada en un famoso anime japonés. En ella la historia se repite (al menos desde el punto de vista japonés) y un Yamato interestelar se sacrifica heroicamente para salvar a la Humanidad de un peligro mortal. Se suele criticar la visión distorsionada que tienen los japoneses de su propia historia, la falta de autocrítica y el victimismo permanente. Seguro que todo eso es cierto, aunque pienso que en mayor o menor medida es algo que también ocurre en cualquier otro país del mundo. Aun así, tengo que reconocer que me sorprende cómo después de tantos años una acción tan terriblemente absurda puede seguir siendo considerada un ejemplo a seguir por las generaciones posteriores. El Yamato no se sacrificó para alcanzar un objetivo de mayor importancia: el único objetivo de su misión era el sacrificio en sí mismo.

8 comentarios:

  1. El objetivo era ir derechos al matadero, pero para los japoneses es un ejemplo de obediencia y sacrificio por su país, un modelo de disciplina y de heroísmo.
    Un saludo.

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  2. Es cierto, Cayetano, es un ejemplo de sacrificio. Pero también podrían haber sido un ejemplo si los mandos de la Flota Combinada se hubiesen enfrentado al Emperador y se hubiesen negado a enviar a sus hombres a una muerte segura.
    Un saludo.

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  3. Salvando las distancias, es una especie de Numancia sobre el agua.

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  4. Casualmente el primer buque acorazado de la historia de la Armada española se llamaba Numancia. Así que ya hubo una Numancia sobre el agua antes del Yamato.

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  5. Gran post!! Otra muestra más de los inútiles sacrificios de vidas humanas (y material)llevados a cabo por las tropas imperiales japonés.

    Le peli no la he visto pero tiene que ser bastante friki ¿no?

    Saludos!!

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  6. Creo que la palabra friki la inventaron el día que se estrenó esta película.
    Es la Star Trek japonesa: en vez de pijamas, chupas de motero.

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  7. Paul Allen, el de Microsoft, dice haber encontrado los restos del Musashi en la costa filipina:
    http://internacional.elpais.com/internacional/2015/03/04/actualidad/1425487067_832972.html

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    1. Sí, ya lo había leido.
      Gracias por el enlace.

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