El incidente del William D. Porter

El William D. Porter (o Willie Dee, como se le apodaba familiarmente) era un destructor estadounidense de la clase Fletcher, la mayor y más avanzada tecnológicamente de su época. Entró en servicio en la US Navy en julio de 1943, al mando del Lieutenant commander (capitán de corbeta) Wilfred A. Walter y con una dotación de 329 hombres. La tripulación dedicó los meses siguientes a completar las pruebas de mar, adiestrarse y realizar prácticas de combate. En noviembre de 1943 el flamante destructor fue destinado a su primera misión, una travesía a través del Atlántico hasta el puerto argelino de Mers el-Kebir en la que acompañaría y daría escolta antisubmarina al acorazado Iowa.

En el Iowa viajaba un pasajero muy especial, el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt. Aquella era la primera etapa del viaje que le llevaría a las conferencias interaliadas de El Cairo y Teherán. Junto al presidente embarcaron el secretario de Estado Cordell Hull, el jefe del Estado Mayor almirante William D. Leahy, el jefe del Estado Mayor del Ejército general George C. Marshall, el Jefe de Operaciones Navales almirante Ernest King, el comandante de la USAAF Henry "Hap" Arnold, y otros mandos militares y cargos políticos del más alto nivel. Prácticamente todos los hombres responsables de la dirección de la guerra se reunieron a bordo del acorazado. Como es de imaginar, el viaje se preparó en el secreto más absoluto y se extremaron las medidas de seguridad. La escolta del Iowa estaría formada por el William D. Porter y otros dos destructores, además de dos portaaviones de escolta.

El William D. Porter:


La mañana del 12 de noviembre el Willie Dee zarpó del puerto de Norfolk con órdenes de reunirse con el Iowa y el resto del convoy en mar abierto. Cuando dejaba el muelle, su ancla se enganchó a otro destructor amarrado a su costado y le destrozó varios metros de baranda y algunos botes salvavidas. La misión empezaba con mal pie.

El 13 de noviembre, navegando con un mar agitado ya en compañía del resto de buques, una carga de profundidad mal asegurada se soltó y cayó al mar desde la cubierta del destructor. La carga detonó, levantando un gran chorro de agua en medio del convoy. La explosión hizo que el Iowa y sus escoltas se pusiesen en alerta e iniciasen maniobras evasivas al suponer que estaban siendo atacados por submarinos alemanes. Avergonzado, el capitán Walter tuvo que informar del accidente para tranquilizarles.

El 14 de noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del Iowa, John McCrean, tuvo la ocurrencia de preparar un simulacro de ataque aéreo para impresionar a sus insignes pasajeros. Con Roosevelt y su séquito acomodados en el puente para presenciar el espectáculo, McCrean ordenó lanzar una serie de globos meteorológicos que sirviesen como blancos para las armas antiaéreas del buque. La artillería del acorazado abrió fuego y derribó la mayor parte de los globos, pero algunos, empujados por el viento, escaparon en dirección al William D. Porter. El capitán Walter vio una oportunidad de restaurar el buen nombre de su destructor y ordenó zafarrancho de combate. Los antiaéreos del Willie Dee hicieron un buen trabajo y derribaron los globos, pero Walter no se conformó con aquella exhibición y quiso continuar con el ejercicio, así que, aprovechando el estado de alerta en el que se encontraba el buque, ordenó un simulacro de ataque con torpedos.

El ejercicio consistía en simular el lanzamiento de una salva de cuatro torpedos. Para ello tenían que fijar un blanco y realizar todos los cálculos como si fuese un ataque real. La única diferencia era que antes de abrir fuego se retiraban las cargas explosivas que disparaban los torpedos fuera de los tubos. Tras determinar datos como la velocidad y el rumbo del blanco, el oficial de tiro calculaba el ángulo de disparo. A continuación, el oficial de guardia ordenaba disparar los torpedos uno a uno. El blanco escogido por los hombres del Willie Dee fue el Iowa, que navegaba a unas tres millas náuticas de distancia. El ejercicio se desarrollaba con normalidad, hasta que llegó el momento en que el oficial de guardia dio la orden de disparar el tercer torpedo de la salva. Un instante después se oyó un chapoteo. Aquello solo podía significar una cosa: el torpedo había salido del tubo y se dirigía hacia su blanco, el acorazado Iowa.

Como había órdenes estrictas de mantener silencio de radio, el capitán Walter trató de comunicarse con el acorazado utilizando una lámpara de señales. Pero el nerviosismo y la inexperiencia del marinero encargado de las comunicaciones hicieron que enviase dos confusos mensajes en los que avisaba que había un torpedo en el agua alejándose del Iowa (en lugar de dirigiéndose al Iowa) y que el William D. Porter había puesto sus máquinas marcha atrás (en lugar de recomendar que el acorazado diese marcha atrás a toda máquina). Al ver el lío que se estaba haciendo el marinero con el código morse, el capitán Walter decidió romper el silencio de radio y avisar él mismo al acorazado. Para entonces los vigías del Iowa ya habían visto la estela del torpedo y habían dado la alarma. El Iowa aceleró a toda máquina y viró todo a estribor justo a tiempo para esquivar el torpedo, que explotó en la estela del buque, a unos trescientos metros de distancia. La brusca maniobra y la explosión cercana hicieron creer a varios de los acompañantes del presidente que el Iowa había sido alcanzado.

Todas las armas del acorazado apuntaron entonces hacia el William D. Porter, esperando un posible nuevo ataque, mientras se radiaban mensajes al destructor pidiendo explicaciones. El capitán Walter solo pudo excusarse y asegurar que se había tratado de un lamentable accidente. Parece que fue el almirante King, comandante en jefe de la US Fleet, fuera de sí por la ira (su Marina había quedado en ridículo ante el presidente y, lo que probablemente era peor para él, ante los mandos supremos del Ejército), quien decidió que el destructor abandonase de inmediato el convoy. El Iowa y el resto de su escolta continuaron hacia Mers el-Kebir, mientras el Willie Dee viraba en redondo para dirigirse a las Bermudas. Allí les esperaba un destacamento de marines. Tras atracar, el capitán Walter y toda su tripulación fueron arrestados. Era la primera vez en la historia de la US Navy que algo así ocurría.

Finalmente Roosevelt logró reunirse con Stalin y Churchill en Teherán, a pesar del Willie Dee:


La Marina realizó una investigación exhaustiva que concluyó que tanto oficiales como marineros eran inexpertos y no habían recibido suficiente entrenamiento. La culpabilidad del incidente recayó en un marinero de 22 años llamado Lawton Dawson, el encargado de retirar las cargas explosivas de los tubos lanzatorpedos, que por un descuido había dejado en su sitio la del tubo número 3. Dawson fue sometido a un consejo de guerra y condenado a catorce años de trabajos forzados. Por suerte para él, Roosevelt le concedió un indulto en cuanto conoció la sentencia.

El William D. Porter se convirtió en la vergüenza de la US Navy. Fue enviado al destino menos deseado de todos, las islas Aleutianas, en el Ártico. El capitán Walter mantuvo el mando varios meses más, hasta que fue relevado en mayo de 1944. Además de una fama de gafe que nunca le abandonaría, el Willie Dee tuvo que soportar las burlas del resto de la flota. Cuando se acercaba a algún otro buque, solían recibirle con mensajes como “no disparen, nosotros votamos a Willkie” (el candidato republicano en las presidenciales de 1940), o “no disparen, somos republicanos”.

14 comentarios:

  1. Es un consuelo ver que fuera de casa también hay gente chapucera. Aparte del sello gafe que algunos llevan.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como se suele decir, en todas partes cuecen habas.
      Un saludo.

      Eliminar
  2. Alivia saber que al pobre marinero le conmutaron la sentencia por el estropicio, aunque sorprende que el oficial responsable del armamento del buque (y por tanto de los torpedos), saliera indemne del bochornoso incidente. En fin, un episodio que no desentonaría en una historieta de Mortadelo y Filemón.

    Saludos, Nonsei

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me sorprende también que el capitán Walter no fuese inmediatamente relevado del mando, como mínimo. Él era el máximo responsable del buque y su tripulación, y se supone que el principal culpable de que la preparación de los hombres bajo su mando dejase mucho que desear.
      Lo que está claro es que Roosevelt no era rencoroso. Después de todo, el marinero al que indultó había estado a punto de enviarle al fondo del Atlántico.
      Un saludo, Gluntz.

      Eliminar
  3. Pues sí, como bien apunta, aunque siempre sucede igual, el pobre marinero llevó la mayor parte de las culpas.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es lo que pasa cuando ya no quedan subordinados por debajo a quienes culpar.
      Un saludo, DLT.

      Eliminar
  4. Al final, fue enviado al Pacífico donde se redimio luchando bravamente hasta que fue mandado a pique por un kamikaze (sorprendentemente sin bajas en la tripulación)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto. El William D. Porter tuvo una participación distinguida en las batallas de Luzón y Okinawa. Fue hundido por un kamikaze en Okinawa el 10 de junio de 1945.
      Sin duda se redimió de los fallos de su primera misión.
      Gracias por el comentario.

      Eliminar
  5. Hola, siempre leo los artículos del blog y le envío los links a mis amigos para que los lean a su vez, esta es la primera vez que comento, solo para felicitaros por el esfuerzo en recopilar tan interesante material, muchas gracias
    Nicolas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, Nicolas. Espero que este comentario sea el primero pero no el último.
      Un saludo.

      Eliminar
  6. Sabiendo lo supersticiosos que suelen ser los marineros, no debió de pasarlo nada bien su tripulación en un barco con fama de gafe. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y como además de supersticiosos suelen ser orgullosos, tampoco llevarían nada bien lo de su buque fuese el protagonista de todos los chistes.
      Un saludo.

      Eliminar
  7. Interesante, no lo conocía. No aprendieron de los errores, dos años después se producía el peor incidente de fuego amigo: El ataque al Cap Arcona

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Casos similares al del del Cap Arcona hubo muchos, sobre todo en el Pacífico. El más sangriento fue el hundimiento del Junyo Maru, torpedeado por un submarino británico cuando transportaba a más de 2000 prisioneros de guerra y más de 4000 trabajadores forzosos indonesios.
      Un saludo.

      Eliminar