El misterio del príncipe legionario

Shervington Micheline afirmaba ser el príncipe heredero de Abisinia, nieto del Emperador Melenik II, el gran monarca que a finales del siglo XIX había unificado el país y asegurado su independencia derrotando a los invasores italianos. Según contaba Shervington, las intrigas palaciegas le habían obligado a huir de Etiopía dejando la corona en manos de su tía, la Emperatriz Zewditu I. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el ejército francés, y al acabar el conflicto llegó a España, iniciando una larga gira por ciudades como Madrid, Toledo, Coruña, Vigo y Astorga, con el objeto, según decía, de realizar un estudio sobre el arma de artillería española. En 1921 se alistó en el Tercio de Extranjeros, el cuerpo militar que acababa de crearse en el Marruecos español siguiendo el modelo de la Legión Extranjera francesa.

Lo más probable es que Shervington se alistase por un periodo de tres años y completase su tiempo de servicio, aunque lo que publicó la prensa de la época en marzo de 1924 fue que "abandonó sus deberes con el ejército al ser proclamado Emperador de Abisinia". En lugar de regresar a su país, donde supuestamente le esperaba el trono, Shervington se estableció por un tiempo en Córdoba. Cuentan las crónicas que su presencia en la ciudad andaluza causó gran conmoción. El príncipe (no se sabe por qué motivo recuperó esa condición) era continuamente agasajado por las familias de la alta sociedad cordobesa, que le invitaban a recepciones, bailes y todo tipo de saraos.

Mundo Gráfico, junio 1924

El Sol, 18 septiembre 1924

Una enfermedad obligó a Shervington a permanecer en Córdoba más tiempo del que tenía previsto. Cuando estuvo repuesto viajó a Astorga, la localidad leonesa que había visitado tres años antes. Llegó en un lujoso automóvil, haciendo ostentación de riqueza y acompañado de un supuesto secretario llamado Ricardo. En su anterior estancia en la capital maragata había hecho amistad con un importante empresario local de la industria del chocolate llamado José Rubio Valcarce. Era tanta la confianza que el industrial tenía en Shervington que le propuso ser el padrino de Covadonga, su hija recién nacida. Pero el interés de Shervington por Astorga no se debía solo a su amistad con la familia del señor Rubio. Desde su anterior visita, el príncipe había estado manteniendo una relación epistolar con una joven astorgana. Se dice que llegó a prometer a su amada que la convertiría en Emperatriz de Abisinia. Al parecer, la señorita declinó tan tentadora oferta, y en octubre de 1924 Shervington, quizá con el corazón roto, se marchó a Londres. Prometió volver, pero nunca lo hizo.

En septiembre de 1925 apareció una información en la prensa internacional según la cual el príncipe Shervington, heredero de la corona abisinia, había sido multado por un juez de la ciudad irlandesa de Cork por no haberse registrado como extranjero. También se decía que el príncipe estaba pendiente de deportación. Después de eso su pista se pierde definitivamente.

Shervington había declarado a la justicia irlandesa que era hijo del "príncipe de Kenia", hijo a su vez del emperador Melenik. Lo cierto es que Melenik II no tuvo ningún hijo varón, o al menos ninguno reconocido. Sí es verdad que aquella fue una época de intrigas dinásticas en la corte abisinia. Un sobrino de la Emperatriz Zewditu I había reinado brevemente con el nombre de Iyasu V, aunque nunca llegó a ser coronado, y, en la época en la que Shervington estuvo en España, permanecía prisionero de su tía sin poder abandonar el palacio.

¿Quién era en realidad Shervington Micheline?

2 comentarios:

  1. No había leído nada de este asunto. Interesante la historia de este Shervington Micheline que, quién sabe, quién fue. Puede que un arribista embaucador, que trató de hacer aquí su fortuna,
    Un saludo.

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    1. Si fue un embaucador, parece que logró engañar a muchos, incluyendo respetables familias burguesas y periodistas.
      Tanto si su historia tenía algo de verdad como si era completamente inventada, seguro que tuvo una vida de novela.
      Un saludo.

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