George Tweed: Ningún hombre es una isla

En diciembre de 1941, cuando los japoneses desembarcaron en Guam, George Ray Tweed era un operador de radio de la US Navy de 39 años destinado en la Oficina de Comunicaciones de Agaña (en chamorro Hagåtña, la capital de la isla). La mañana de los desembarcos Tweed logró evitar su captura huyendo junto a su compañero Al Tyson. Cruzaron la isla en el coche de Tweed hasta llegar a la costa oriental. En la localidad de Yona fueron acogidos por un ranchero llamado Manuel Aguon. En su hacienda se reunieron con otros cuatro fugitivos estadounidenses, dos compañeros suyos de la Oficina de Comunicaciones, L.W. Jones y A. Yabolonsky, y dos marineros del dragaminas Penguin (hundido en el puerto de Agaña por su propia tripulación para evitar que fuese capturado por el enemigo), llamados L.L. Krump y C.B. Johnson. Los seis hombres permanecieron varios días ocultos en la plantación de Aguon, gracias a la ayuda de los vecinos de la localidad, que les llevaban alimentos, agua y otros suministros. Estaban convencidos de que tan solo tendrían que permanecer escondidos unas cuantas semanas, el tiempo que tardarían los estadounidenses en reconquistar la isla.

Los rumores sobre los norteamericanos ocultos en la plantación se extendieron tanto que en poco tiempo llegaron a oídos de los japoneses. Para capturar a los fugitivos organizaron un grupo de búsqueda, peinando la zona con soldados armados precedidos por una larga línea de unos doscientos civiles isleños. Pero los chamorros avanzaban haciendo todo el ruido que podían, de forma que los estadounidenses pudieron oírles desde lejos y tuvieron tiempo de escapar.

Cuando los japoneses intensificaron la búsqueda y comenzaron a recurrir a las detenciones y torturas de civiles para conseguir información, los seis estadounidenses decidieron separarse, pensando que en grupos más pequeños tendrían más posibilidades de ocultarse. Tweed y Tyson se quedaron solos. Mientras tanto, los japoneses habían detenido a Manuel Aguon. Su hermano Vicente fue a avisar a Tweed y Tyson para que huyesen. Los dos estadounidenses estaban ya cansados de su vida de fugitivos y estaban considerando regresar a Agaña y entregarse, pero Vicente les convenció de que no lo hiciesen. Les dijo que era demasiado tarde, ya que los japoneses estaban decididos a matarles. Tweed y Tyson se separaron y huyeron cada uno por su lado.

En sus primeros meses como fugitivo en solitario, Tweed estuvo continuamente cambiando de escondite. Muchos chamorros arriesgaron sus vidas para ocultarle y alimentarle. Algunos llegaron a ser íntimos amigos suyos, como un empresario de Agaña llamado Joaquín Limtiaco, que se encargaba de trasladarle por toda la isla en busca de nuevos refugios. Más tarde muchos de ellos serían arrestados y torturados como sospechosos de ocultar al fugitivo, pero ninguno reveló nunca su paradero.

Durante un tiempo Tweed se ocultó con la familia Santos, en Mangilao, en la costa oriental de la isla. Más tarde se trasladó al rancho de José Luján, en Toto, en la región central. Durante su estancia allí le llegaron rumores de que los japoneses habían encontrado y matado a tres estadounidenses. Poco después Wen Santos (uno de los hijos de la familia Santos, y una de las personas en las que más confiaba Tweed) le confirmó que Jones, Yabolonsky y Krump habían sido capturados y decapitados.

En las semanas siguientes los japoneses intensificaron la búsqueda de los tres fugitivos supervivientes. Muchos chamorros de la parte central de la isla fueron interrogados y torturados. Viendo que se estrechaba el cerco en torno a él, Tweed tuvo que cambiar de escondite una vez más. Wen Santos le trasladó de nuevo a la costa oriental y le ocultó en una cueva en Fadian. En una ocasión, cuando llevaba comida a Tweed, Wen fue descubierto por el dueño de la propiedad, un hombre llamado Francisco Pangelinan. Pero en lugar de denunciarles, Pangelinan se ofreció a encargarse él mismo de llevar los suministros a Tweed a partir de entonces, para evitar que los movimientos de Wen pudiesen levantar sospechas.

En octubre de 1942 Tweed tuvo que volver a cambiar de escondite, escapando por poco de una patrulla de búsqueda japonesa. Con la ayuda de su amigo Joaquín Flores se trasladó a Yigo, en el norte de la isla. Allí fue acogido por Antonio Artero, hijo del español Pascual Artero, uno de los mayores terratenientes de Guam. Antonio ocultó a Tweed en sus tierras, en una cueva situada en un acantilado, con vistas al océano. Tres días después de instalarse en su nuevo refugio, Tweed recibió la noticia de que Tyson y Johnson habían sido capturados y ejecutados a pocos kilómetros de allí. George Tweed era el único fugitivo que quedaba con vida en Guam.

Tweed permaneció oculto en la cueva hasta su rescate en julio de 1944. Artero le proveía de comida y otros suministros esenciales. Tan solo Antonio Artero y algunos miembros de su familia (su padre, su mujer y su hermano José) conocían su escondite. Mientras tanto, las patrullas japonesas continuaban buscándole por toda la isla. Durante todo ese tiempo, muchos chamorros fueron detenidos y torturados por los japoneses, que trataban de encontrar a cualquier precio alguna pista del estadounidense.

Apenas unos días antes de los desembarcos norteamericanos en Guam, en julio de 1944, Joaquín Limtiaco (el empresario amigo de Tweed) llegó a la hacienda de Artero para avisarle de que los japoneses sabían que estaba ayudando al fugitivo y planeaban detenerle. Artero decidió abandonar el rancho y esconderse con su familia hasta que los marines reconquistasen la isla. Con su mujer y sus ocho hijos se dirigió a la cueva en la que se ocultaba Tweed. Cuando llegaron la encontraron vacía. Tweed había dejado una nota explicando que un destructor estadounidense había enviado un bote para llevarle a bordo.

Un día Tweed vio desde su cueva dos destructores frente a la costa noroeste de la isla. Con dos banderas de señales hechas por él mismo y un espejo de bolsillo, subió a la cima del acantilado y comenzó a hacer señales a uno de los buques (el destructor McCall), dando información de las fuerzas japonesas en el norte de la isla y pidiendo que enviasen a alguien a recogerle. Poco después el destructor arrió un bote. Tweed corrió a la cueva para escribir la nota a Artero y se dirigió a la playa para encontrarse con los marineros que iba a rescatarle. Así fue como George Tweed abandonó Guam. Era el 10 de julio de 1944. Tweed había sobrevivido treinta y un meses en la clandestinidad en las selvas de la isla.

Aquellos dos años y medio burlando todos los esfuerzos que los japoneses habían hecho para capturarle hicieron de Tweed una figura legendaria en Guam. Cuando la isla volvió a ser reconquistada por los norteamericanos, se había convertido en auténtico héroe, pero también en un personaje controvertido. Y es que muchos chamorros le reprochaban el sufrimiento que había provocado con su negativa a rendirse.

Tras su regreso a Estados Unidos, Tweed publicó un libro titulado Robinson Crusoe, USN, en el que relataba sus vivencias como fugitivo en Guam. En el libro explica que pensó en entregarse cuando tuvo conocimiento de las torturas a las que eran sometidos los sospechosos de haberle ayudado. Según cuenta, compartió sus dudas con una respetada educadora local llamada Agueda Johnston durante una reunión que mantuvieron a mediados de 1942, pero la mujer le convenció de que no debía rendirse porque ya entonces se había convertido en un símbolo de esperanza para todo el pueblo chamorro. Al parecer, más adelante, cuando las represalias japonesas se intensificaron, varios chamorros, entre ellos la propia señora Johnston, le pidieron que se rindiese. Pero Tweed ignoró sus súplicas.

Un sacerdote católico japonés, el padre Komatsu, también le rogó que se entregase por medio de una carta que fue distribuida entre la población. En ella, Komatsu prometía que el norteamericano sería tratado como un prisionero de guerra y no sería asesinado por los japoneses. Y concluía: "Como sacerdote, le pido en el nombre de los nativos que se rinda para aliviar así el sufrimiento y la angustia de los chamorros". No se sabe si Tweed llegó a leerla. Si lo hizo, evidentemente no confió en las palabras del sacerdote.

En todo caso, fueron muchas las personas que arriesgaron voluntariamente sus vidas para ayudar a George Tweed. En una entrevista publicada en un diario de la época, su amigo Joaquín Limtiaco explicó por qué él y otros chamorros estaban dispuestos a sufrir torturas para proteger al fugitivo estadounidense: "Tweed era un símbolo de que los Estados Unidos estaban luchando en la guerra por una gran causa. Estábamos decididos a luchar nosotros también, a nuestro modo, y a morir si era necesario".

En 1962 se estrenó la película No Man Is an Island ("Ningún hombre es una isla"), basada en la historia de George Tweed y protagonizada por Jeffrey Hunter. Como dato anecdótico, los "chamorros" que aparecen en ella en realidad hablan tagalo (la película se rodó en las Filipinas).



Fuentes principales:
http://guampedia.com/george-tweed/
http://en.wikipedia.org/wiki/George_Ray_Tweed


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