El hermano "filipino" de Franco

Aunque es un hecho poco conocido, la existencia de Eugenio Franco Puey hace décadas que no es ningún secreto. Con frecuencia se le menciona en las biografías de Francisco Franco, pero solo de pasada y sin demasiados detalles, básicamente como muestra del carácter mujeriego y vividor de su padre.

Eugenio nació en diciembre 1889 en Cavite, sede del principal arsenal de la Armada española en las Filipinas. Era hijo de Nicolás Franco Salgado-Araújo, oficial del Cuerpo de Intendencia de la Armada, que por entonces tenía 34 años, y de Concepción Puey, una muchacha de 14 años hija de otro oficial español. Nicolás Franco reconoció al niño como hijo suyo y le dio su apellido, aunque inmediatamente después del nacimiento regresó a España (es difícil saber si huyó o le echaron, pero parece evidente que su traslado estuvo relacionado con el escándalo). Unos pocos meses más tarde, en mayo de 1890, se casó en Ferrol con María del Pilar Baamonde (la hache intercalada en el apellido se la añadirían después), una joven de 25 años, ferviente católica y perteneciente a una familia muy tradicional emparentada con la aristocracia gallega. Aquel matrimonio estaba condenado al fracaso. Pero antes de separarse (o, para ser más exactos, de que el marido abandonase a su familia), Nicolás y Pilar tuvieron cuatro hijos. El segundo de ellos fue Francisco Franco Bahamonde.

Concepción Puey regresó a España con su hijo tras el desastre del 98. Eugenio Franco Puey residió casi toda su vida en Madrid. Apenas tuvo relación con su padre, ni siquiera cuando Nicolás se trasladó también a la capital con su nueva pareja, una maestra de escuela. Eugenio trabajaba como topógrafo en el Instituto Geográfico y Catastral. Parece que era de simpatías republicanas, y al finalizar la guerra civil, como muchos otros empleados públicos, fue sometido a un proceso de depuración política, aunque logró conservar su puesto. Llevó una vida discreta, y, que se sepa, exceptuando a su familia más cercana, nunca mencionó su parentesco con el hombre que se había convertido en jefe del Estado y gobernaba España con mano de hierro. Murió en 1966, a los 75 años.

Eugenio Franco nunca acudió al Generalísimo para pedirle ningún favor. Quien sí lo hizo fue su yerno Hipólito Escolar. En el caso de que no tuviese ya conocimiento de su existencia (lo que tampoco sería muy extraño), Franco supo que tenía un hermano de padre por una carta que Escolar le escribió en 1950.

Según cuenta Paul Preston, en una nota a pie de página en su libro Franco, Caudillo de España: ”en 1950, Hipólito Escolar, yerno de Eugenio Franco Puey y entonces director de la Biblioteca Municipal de Almería, escribió a Franco. Como resultado de su carta, Franco lo nombró director de la Biblioteca Nacional”. Lo cierto es que su nombramiento es difícil que fuese consecuencia de aquella carta, más que nada porque no fue nombrado director de la Biblioteca Nacional hasta un cuarto de siglo más tarde, a finales de 1975, cuando el dictador estaba muerto o agonizante (desconozco la fecha exacta).

En realidad parece que Franco no quiso saber nada de su hermano. Hipólito Escolar era el marido de la única hija de Eugenio (de nombre Concepción, igual que su madre). Lo más probable es que su intención al tratar de ponerse en contacto con el Caudillo fuese utilizar sus influencias. En aquella época ejercía el cargo de director de la Biblioteca Francisco Villaespesa de Almería, muy lejos de Madrid, donde tenía en marcha varios proyectos profesionales (era uno de los socios fundadores de la editorial Gredos). Además, su primer hijo acababa de nacer. Es lógico pensar que trataba de usar el nombre de Franco para conseguir un puesto importante en la capital. Pero no parece que le sirviese de mucho. No logró el traslado hasta 1952, y antes de su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional desarrolló una larga y prestigiosa carrera como bibliotecónomo e investigador. Se puede ver, por ejemplo, en su entrada en la Wikipedia, donde no se hace mención a su relación familiar con Franco.

2 comentarios:

  1. Franco era en general bastante despegado, familiarmente hablando. Solo accedía -y a veces a regañadientes- a lo que su manipuladora mujer le proponía. Y no creo que doña Carmen estuviera por la labor de propiciar un acercamiento entre los hermanos. Menuda era la señora.
    Al final posiblemente no llegarían ni a conocerse.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Además, lo más suave que se puede decir de la relación de Franco con su padre es que se despreciaban mutuamente. Tampoco él tendría demasiado interés en recibir con los brazos abiertos a su hijo extramatrimonial.
      Por otro lado, ya se sabe que los Franco se morían por adoptar las formas y los modos de la familia real. Y no hay nada más borbón que un descendiente-sorpresa.
      Un saludo.

      Eliminar