Sadamichi Hirasawa y el Incidente Teigin

El 26 de enero de 1948, poco antes de la hora de cierre, un hombre entró en la sucursal que el banco Teikoku tenía en Shiinamachi, un barrio del centro de Tokio. Se presentó como un epidemiólogo empleado en el departamento de Salud Pública, y explicó que había sido enviado por las autoridades de ocupación estadounidenses para vacunar de urgencia a los trabajadores del banco contra un brote repentino de disentería. A petición del supuesto funcionario, el gerente reunió a los empleados, dieciséis personas en total, incluidos el conserje, su mujer y sus dos hijos, y los hizo alinearse sosteniendo sus tazas de té. El hombre vertió en cada una de las tazas unas gotas de un frasco y les pidió que bebiesen. Aquel líquido era una solución de cianuro. Cuando los testigos estaban inconscientes, el criminal huyó con todo el dinero que pudo encontrar, unos 160.000 yenes (una cantidad relativamente modesta, equivalente a menos de 500 dólares de la época). Diez personas murieron envenenadas en el banco, entre ellas uno de los niños. Otras dos víctimas fallecieron más tarde en el hospital.

Sucursal del Banco Teikoku en Shiinamachi, el escenario del crimen:


En los meses anteriores se habían producido otros dos intentos de robo a sucursales bancarias con el mismo procedimiento, pero ambos habían fracasado al no hacer efecto el veneno. En los dos casos, el criminal, un hombre que actuaba aparentemente en solitario, se había presentado entregando una tarjeta de visita al director de la sucursal. En una de ellas figuraba el nombre de un tal Jiro Yamaguchi, que resultó ser una persona inexistente. En cambio, en la otra sucursal había utilizado una identidad real, la de Shigeru Matsui, un funcionario del Departamento de Prevención de Enfermedades del Ministerio de Salud y Bienestar Social. La policía se puso en contacto con el señor Matsui, que explicó que había mandado hacer cien tarjetas del mismo tipo que la utilizada por el asesino. Ocho de ellas seguían en su poder, sesenta y dos fueron devueltas por las personas que las habían recibido de Matsui, y otras veintidós se consideraron irrelevantes para el caso. La lista de sospechosos se redujo a ocho, aquellos que no habían podido entregar a la policía las tarjetas. Uno de ellos era un artista de cierto renombre a nivel nacional, un pintor de 56 años llamado Sadamichi Hirasawa.


Hirasawa, que no pudo presentar una coartada aceptable (aseguraba que en el momento del crimen estaba paseando por el mismo barrio en el que se encontraba la sucursal), explicó que guardaba la tarjeta de Matsui en una cartera que le habían robado. Al registrar su casa la policía encontró una cantidad de dinero similar a la cuantía del botín, sin que el pintor pudiese justificar su procedencia. La prueba definitiva contra él fue la identificación de dos de los testigos, que le reconocieron como el asesino gracias a una cicatriz que tenía en la barbilla (aunque su parecido con el retrato robot que había distribuido la policía era más bien escaso). Sadamichi Hirasawa fue detenido el 21 de agosto de 1948. En los interrogatorios acabó confesando el crimen del banco Teikoku y los intentos de robo anteriores. Poco después se retractó, asegurando que las confesiones habían sido obtenidas bajo tortura (lo que probablemente era cierto, ya que era una práctica habitual e incluso legalmente aceptada en aquella época).

En el juicio los abogados defensores trataron de anular la confesión alegando que Hirasawa sufría el síndrome de Korsakoff, una enfermedad neuronal que le provocaba amnesias transitorias. Además pusieron en duda las identificaciones, ya que de un total de cuarenta testigos tan solo dos le habían identificado como el criminal. Aquellos argumentos no convencieron al tribunal, y en 1950 Sadamichi Hirasawa fue declarado culpable y condenado a la pena de muerte. En los años siguientes sus abogados trataron de revocar la sentencia interponiendo hasta dieciocho recursos y peticiones de que se repitiese el juicio. Al mismo tiempo, comenzaron a publicarse investigaciones periodísticas y libros en los que se discutían las pruebas del caso y se ponía en duda su culpabilidad.

Un popular escritor de novelas de misterio llamado Seicho Matsumoto dio una explicación sobre el origen del dinero no justificado de Hirasawa, una de las pruebas principales en su contra durante el juicio. Matsumoto creía que Hirasawa lo había ganado dibujando shunga (pinturas pornográficas), y que, a pesar de que su vida estaba en juego, no había querido hacerlo público para no hundir su reputación como artista. Matsumoto publicó en 1959 un libro sobre “el incidente Teigin” (abreviatura del nombre completo del banco, Tei koku Gin ko, o “Banco Imperial”), en el que lanzaba la teoría de que el crimen podía haber sido obra de uno o varios ex-miembros de la infame Unidad 731 del Ejército Imperial, responsable de investigaciones con armas biológicas y químicas en las que se utilizaron como conejillos de indias a miles de prisioneros de guerra y civiles chinos, coreanos y mongoles. Años después un estudio de la Universidad Keio dio fuerza a esta hipótesis, al determinar que el veneno utilizado no había sido cianuro de potasio, como se afirmó en el juicio (y que habría sido relativamente fácil de conseguir por Hirasawa), sino algún tipo de compuesto experimental de acción más lenta a base de cianhidrina de acetona. Para completar la teoría conspiranoica, hubo quien añadió que las autoridades de ocupación estadounidenses habrían encubierto a los auténticos responsables a cambio de información sobre los experimentos con agentes químicos de los militares japoneses.

Teorías como aquella tenían gran aceptación en la sociedad japonesa de postguerra, y las dudas sobre la culpabilidad de Hirasawa se extendieron. El Tribunal Supremo de Japón ratificó la condena a muerte en 1955, pero ninguno de los ministros de Justicia que se sucedieron en las décadas siguientes se atrevió a firmar la orden de ejecución. Sadamichi Hirasawa estuvo en prisión un total de treinta y nueve años, treinta y tres de ellos esperando su ahorcamiento, convirtiéndose en el condenado que más tiempo ha pasado en lo que se conoce como “corredor de la muerte” en toda la historia penal internacional. En la cárcel dedicaba su tiempo a pintar y a escribir su autobiografía, Mi voluntad: El caso del Banco Teikoku. En 1985 sus abogados trataron de obtener su excarcelación alegando que la condena había prescrito, ya que el código penal japonés recoge la prescripción de la pena de muerte a los treinta años. Sin embargo, la corte suprema rechazó el argumento señalando que la pena comienza cuando el ministro firma la sentencia, algo que en el caso de Hirasawa nunca llegó a ocurrir, y que la norma solo era aplicable a condenados fugados.

Autorretrato que Hisarawa pintó en prisión con 88 años:


Sadamichi Hirasawa murió de neumonía en un hospital penitenciario el 10 de mayo de 1987, a los 95 años de edad. Se dice que el Emperador había aceptado una petición de Amnistía Internacional y tenía intención de concederle el indulto. En la actualidad sus partidarios continúan con la lucha legal para demostrar su inocencia.

Fuentes principales:
http://www.easterwood.org/hmmn/2007/09/teigin-incident-how-a-painter-was-convicted-for-mass-murder/
http://murderpedia.org/male.H/h/hirasawa.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Sadamichi_Hirasawa


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