Bill Wyatt, el fugitivo bendecido por el Papa

Charles “Bill” Wyatt era un joven contable empleado en el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, el organismo público encargado de proteger los intereses de los titulares de bonos en libras esterlinas emitidos en el Reino Unido en nombre de otros estados. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial dejó su trabajo y se alistó en el Ejército. En 1941 fue destinado al 10º de Húsares, un histórico regimiento de caballería que había cambiado los caballos por carros de combate. Con el rango de alférez, se convirtió en comandante de un Crusader, el más famoso de los tanques de crucero británicos (así se denominaba a los carros ligeros de caballería, cuyo punto fuerte era la velocidad, en detrimento de otros aspectos como el armamento o el blindaje). El regimiento estaba integrado en la 2ª Brigada Blindada, que en diciembre de 1941 participó en la contraofensiva que obligó a las fuerzas del Eje a retirarse de Egipto y regresar a Libia.

El 23 de enero de 1942, en Saunnu, al sur de la ciudad libia de Bengasi, el escuadrón de Wyatt fue sorprendido por un ataque de tanques y cañones anticarro. Su Crusader fue alcanzado por un proyectil anticarro y comenzó a arder. Wyatt vio que el artillero estaba muerto y que el operador de radio había sido herido en el vientre. Le arrastró fuera del tanque para ponerle a salvo. A continuación regresó a por el conductor, que estaba también herido y se había quedado atrapado dentro del vehículo en llamas. Ignorando el fuego de las ametralladoras enemigas, se encaramó a la torreta, logró abrir la escotilla y sacó a su compañero del interior. Por aquella acción le fue otorgada la Military Cross, la tercera condecoración británica en importancia.

A finales de mayo de 1942 el Afrika Korps inició una poderosa ofensiva en el área de Gazala con un ataque por el flanco sur que sorprendió a las líneas británicas. El 27 de mayo la 2ª Brigada Blindada, que defendía aquel sector del frente, fue arrollada por las unidades acorazadas alemanas. Al día siguiente el escuadrón de Wyatt recibió la orden de lanzar un contraataque a la desesperada, con tan mala suerte que los Crusaders se metieron de lleno en un campo de minas y acabaron atrapados y bajo el fuego de los cañones anticarro enemigos. Wyatt y su tripulación se vieron obligados a rendirse a los alemanes cuando su tanque recibió un impacto y quedó inmovilizado en tierra de nadie. Al día siguiente fueron entregados a los italianos, y poco después embarcaron junto con otros cientos de prisioneros en un buque que les iba a llevar a Italia.

El primer destino de Wyatt fue un campo de prisioneros situado a unos kilómetros de Bari, en el sur de la península italiana. Pero durante su cautiverio cambió tantas veces de prisión que prácticamente acabó recorriéndose todo el país. Primero le trasladaron a un campo en Chieti, en la costa del Adriático, y más tarde a otro situado en Fontanellato, cerca de Parma, en el norte. El día que se hizo pública la firma del armisticio italiano, el 8 de septiembre de 1943, se encontraba una vez más en tránsito hacia un nuevo campo. Wyatt vio entonces la oportunidad de fugarse, aprovechando la indiferencia de los soldados que le custodiaban. Un amable oficial italiano se ofreció a ayudarle y a llevarle hasta Roma. Allí se puso en contacto con un viejo amigo italiano de su padre, que le buscó escondite en un seminario católico dirigido por sacerdotes irlandeses.

Los alemanes habían ocupado Roma, y miles de fugitivos (judíos, antifascistas, prisioneros fugados...) estaban atrapados en la ciudad, buscando desesperadamente dónde ocultarse. Muchos de ellos encontraron refugio en conventos y colegios eclesiásticos. Wyatt fue de los más afortunados. En lugar tener que de encerrarse en un sótano o una buhardilla, a él le bastó con esconderse bajo una sotana. Wyatt suplantó la identidad de un joven sacerdote irlandés que había muerto el año anterior. Cambió la fotografía del pasaporte por una suya y se convirtió oficialmente en “el padre Fox”. En enero de 1944 el papa Pío XII visitó el seminario y le dio la bendición, sin saber que se estaba dirigiendo a un falso sacerdote.

Cuando llegaron rumores de que iba a haber una redada en el seminario, Wyatt se dirigió al Vaticano. Atravesó las puertas utilizando su falso pasaporte irlandés y buscó la ayuda del embajador británico ante la Santa Sede. Éste le buscó refugio en un segundo seminario. Allí estuvo escondido casi seis meses junto a otros fugitivos. Por fin, en junio de 1944 los alemanes se retiraron y las tropas estadounidenses entraron en Roma. Más de dos años y medio después de haber embarcado con el 10º de Húsares con destino a Egipto, Wyatt regresó a Gran Bretaña.

No tardó mucho en volver a embarcar. En septiembre de 1944 fue destinado como oficial de enlace a la 29ª Brigada Blindada, por entonces acampada en las proximidades de Amberes. Con su nueva unidad (que estaba al mando de su antiguo comandante en Egipto, el general Roscoe Harvey), Wyatt cruzó el Rin y participó en la ofensiva definitiva hacia el corazón del Reich. Terminó la guerra en Lübeck, a orillas del Báltico.

Bill Wyatt se licenció en diciembre de 1945 con el rango de capitán. Después de la guerra volvió a su trabajo en el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros. Fue nombrado secretario de este organismo en 1952, director general en 1966, y, finalmente, presidente en 1978, cargo que ocupó hasta que el Consejo desapareció absorbido por el Banco de Inglaterra. Murió el 21 de agosto de 2014, con 101 años.

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