Enzo Grossi, el terror de los acorazados de la US Navy


Cuando recibió el mando del Agostino Barbarigo, el capitán de corbeta Enzo Grossi era ya un experimentado comandante de submarinos. También su tripulación era veterana. Desde la entrada de Italia en la guerra, el Barbarigo, un moderno sumergible italiano de la clase Marcello, había completado con éxito cinco patrullas en aguas del Mediterráneo y el Atlántico. El 22 de octubre de 1941 el Barbarigo zarpó de BETASOM, la base que la Regia Marina tenía en Burdeos, en la costa atlántica francesa (BETASOM era un acrónimo formado por BETA, el nombre de la letra B en el alfabeto griego, en referencia a Burdeos, y SOM, de sommergibile). Era su primera patrulla con el capitán Grossi al mando. El buque permaneció cuatro semanas buscando presas en la zona del Atlántico comprendida entre las Azores y la costa portuguesa. Pero el mal tiempo y la mala suerte hicieron que los italianos regresaran a su base sin poder anotarse ningún triunfo.

En enero de 1942 el Barbarigo inició una nueva misión en la misma zona de patrulla, al este de las Azores. El 23 de enero divisaron un mercante que navegaba sin tomar ninguna precaución, con las luces encendidas y sin zigzaguear. Tanta despreocupación hacía pensar que pudiera tratarse de un barco neutral, pero Grossi no quiso entretenerse en verificar su nacionalidad y dio orden de atacarlo. Así fue torpedeado y hundido el carguero español Navemar. Aquella fue su única “victoria” en su segunda patrulla al mando del Barbarigo.

El 30 de abril el Barbarigo zarpó una vez más. El 17 de mayo llegó a su nueva zona de operaciones, frente al cabo San Roque, el extremo más oriental de la costa brasileña. La mañana del 18 de mayo el sumergible italiano cañoneó y torpedeó al vapor brasileño Comandante Lyra. Grossi observó desde el puente de mando el barco envuelto en llamas y supuso que estaba irremediablemente perdido, así que anotó su hundimiento. Lo cierto es que el Comandante Lyra pudo ser rescatado y remolcado hasta Recife (aunque no volvería a navegar). Pero aquel error no tendría ninguna importancia comparado con el que iba a cometer a continuación.

Cuando se dio la alarma por la presencia de submarinos del Eje, los buques de la Task Force 23 de la US Navy se dirigieron rápidamente a la zona. La Task Force 23 era una fuerza naval formada por los viejos cruceros ligeros Milwaukee y Omaha y los destructores Moffet y McDougal que tenía como misión vigilar las aguas del Atlántico sur. El 20 de mayo, tras dos días de patrulla, el Milwaukee y el Moffet pusieron rumbo a Recife para reabastecerse de combustible. Fue entonces cuando fueron descubiertos por el Barbarigo. Grossi creyó ver (o al menos eso fue lo que describió en su informe) un acorazado estadounidense de clase Maryland o California acompañado de su escolta de destructores. Tras burlar la vigilancia de los supuestos escoltas y aproximarse a una distancia de tan solo 600 metros, el capitán italiano ordenó lanzar dos torpedos, que, según él, alcanzaron de lleno al acorazado. Grossi aseguró que él mismo vio cómo el buque escoraba y se hundía por la proa. En realidad ambos torpedos pasaron tan lejos de los buques enemigos que los estadounidenses ni siquiera llegaron a percatarse de que estaban siendo atacados.

Un acorazado de la clase Maryland (clase Colorado, en realidad, si seguimos el criterio habitual de que el primer buque que entra en servicio es el que da el nombre a la clase), un monstruo de más de 33.000 toneladas de desplazamiento, 190 metros de eslora y cuatro torres de artillería con cañones de 410 mm:


Y el crucero ligero Milwaukee, de 7.000 toneladas, con sus cañones de 152 mm (mucho más pequeños que los gigantescos cañones de un acorazado) y sus cuatro chimeneas perfectamente visibles:


Parece difícil confundir ambos buques, aunque se podría conceder al capitán italiano el beneficio de la duda. No habría sido el primero en identificar erróneamente un navío, de hecho era algo bastante habitual. Lo inexplicable es que asegurase que había visto cómo se hundía cuando ni siquiera pudo oír el estallido de los torpedos que ordenó lanzar contra él (y que se perdieron en el océano sin alcanzar ningún blanco).

El 22 de mayo el Barbarigo fue descubierto y atacado sin consecuencias por un avión estadounidense de patrulla antisubmarina. La noche del 29 hundió con torpedos y fuego de cañón el vapor británico Charlbury. Poco después dio por finalizada su misión.

El 16 de junio el submarino italiano atracó en BETASOM. Para entonces todo el mundo conocía ya su gran triunfo frente a la US Navy, del que Grossi había informado previamente por radio. El comandante de la base, el contralmirante Romolo Polacchini, se mostró muy escéptico con los informes del capitán. Le resultaba difícil de creer que tan solo hubiese necesitado dos torpedos para hundir a todo un acorazado de más de 30.000 toneladas. Pero el Alto Mando italiano necesitaba desesperadamente una victoria espectacular para ofrecer a la opinión pública, así que en lugar de abrir una investigación y esperar a sus conclusiones, se decidió confiar en la palabra de Grossi y publicitar a bombo y platillo la hazaña del Barbarigo. Grossi fue ascendido capitán de fragata y condecorado con la Medalla de Oro al Valor. También recibió de sus aliados alemanes la Cruz de Hierro.

Pero aquello fue tan solo el comienzo de su leyenda.

En agosto el Barbarigo zarpó en su novena patrulla, la cuarta con el capitán Grossi al mando. En aquella ocasión la zona de operaciones iba a estar en las costas del golfo de Guinea. Las primeras semanas pasaron sin que ocurriese nada destacable. El 1 de octubre el sumergible corrió un grave peligro cuando fue descubierto y bombardeado por aviones enemigos. Un marinero murió en el ataque, pero el buque no sufrió daños graves y pudo continuar con su misión. La noche del 6 de octubre, cuando el Barbarigo se encontraba en las proximidades del puerto de Freetown, el capitán Grossi avistó una agrupación naval que identificó como un acorazado estadounidense de la clase Mississippi y sus destructores de escolta. En realidad se trataba de tres corbetas británicas que habían salido del puerto para proteger la llegada de un convoy. Grossi ordenó lanzar cuatro torpedos contra el que creía que era el mayor buque enemigo desde una distancia de 2.000 metros (se ve que decidió correr menos riesgos que en su anterior enfrentamiento con un supuesto acorazado estadounidense, atacando con el doble de torpedos y desde el triple de distancia). Según informó, los torpedos dieron en el blanco y el acorazado se fue a pique. Lo cierto es que todos ellos fallaron su auténtico objetivo, la pequeña corbeta Petunia. Acosado por las corbetas, el Barbarigo abandonó aquellas aguas. Desde allí se dirigió al archipiélago de Cabo Verde, donde permaneció unos días antes de regresar a Burdeos a finales de octubre.

Una corbeta de la clase Flower, la misma a la que pertenecía la Petunia, un pequeño navío de 900 toneladas de desplazamiento utilizado para labores de vigilancia costera (y que no tiene absolutamente ningún parecido con un acorazado):


Una vez más, el contralmirante Polacchini no creyó en los informes del capitán Grossi y solicitó que se estudiase el caso antes de darle publicidad. Y, una vez más, sus advertencias fueron ignoradas. Grossi fue condecorado con una segunda Medalla de Oro al Valor y premiado con un nuevo ascenso a capitán de navío. Además, el almirante Dönitz, comandante en jefe de la Kriegsmarine, le entregó la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Y no quedó ahí la cosa. Cansados de las protestas de Polacchini, sus superiores en la Regia Marina acabaron por quitarle el mando de la base y entregárselo al propio Grossi. Así, el 29 de diciembre de 1942 el capitán Grossi se convirtió en el nuevo comandante de BETASOM.

Enzo Grossi es recibido por el Duce en el Palacio de Venecia, la sede del gobierno de Mussolini en Roma, en diciembre de 1942:


Los primeros minutos de este noticiero alemán de la época están dedicados a las hazañas de Grossi y el Barbarigo:



El ascenso apartó a Grossi del mando del Barbarigo, lo que sin duda supuso un gran alivio para la Armada estadounidense. En enero de 1943, con un nuevo capitán al mando, el submarino italiano zarpó en la que sería su última patrulla, en el transcurso de la cual logró hundir tres mercantes (uno de ellos el español Monte Igueldo). Más tarde fue modificado como submarino de carga y destinado a viajes de intercambio de mercancías estratégicas entre Europa y Japón. A mediados de junio de 1943 zarpó de Burdeos para iniciar su primera travesía con destino a Asia. Poco después se perdió la comunicación con el sumergible. El Barbarigo desapareció con toda su tripulación. Aún hoy se desconoce qué le ocurrió, aunque se sospecha que pudo ser hundido por aviones británicos.

Tras el armisticio de septiembre de 1943, Grossi proclamó su lealtad a la República Social Italiana, el estado títere que los nazis crearon para Mussolini en el norte de Italia. Continuó siendo el teórico comandante de BETASOM, aunque de hecho los alemanes habían tomado el control de la base, relegando a los italianos al papel de meros auxiliares. Debido a su público y reiterado apoyo al régimen fascista, Grossi no regresó a su país cuando terminó la guerra, estableciéndose en Argentina.

Cuando los investigadores italianos tuvieron acceso a los archivos de sus antiguos enemigos, por fin estuvieron en condiciones de responder a la pregunta de si Enzo Grossi era de verdad un héroe o si sus hazañas habían sido producto de su imaginación. En 1949 la Marina Militare abrió una comisión de investigación para determinar si los méritos de Grossi eran reales. Los trabajos de la comisión concluyeron en 1950, y sus conclusiones no podían ser más duras: dada la falta de pruebas objetivas y la inconsistencia de los hechos relatados, solo se podía definir a Grossi como un farsante. En 1952 un decreto del presidente de la República revocaba sus ascensos y le retiraba las condecoraciones que le habían sido concedidas durante la guerra. La respuesta de Grossi fue muy airada. En 1955 escribió una carta al presidente de la República en la que se reafirmaba en su versión de los hechos y aseguraba que tenía muchos testigos que habían visto junto a él los enfrentamientos con los acorazados estadounidenses (irónicamente aceptaba la posibilidad de que hubiesen sido dos episodios de alucinación colectiva). No estaba solo en sus reivindicaciones: algunos periodistas próximos a la ultraderecha italiana le defendieron, convencidos de que su caso no era más que una persecución política. Supuestamente las nuevas autoridades de la República estaban decididas a desprestigiar y condenar al ostracismo a todos los militares que se habían destacado en su apoyo al régimen fascista y a la RSI.

En 1962 se ordenó la apertura de una segunda comisión de investigación. Se corrigieron varios errores que se habían cometido en la primera y que habían servido de munición para los defensores de Grossi (como ciertas incongruencias con las fechas y los horarios), y sus conclusiones tenían un tono bastante más amable. La comisión determinó que Grossi no había actuado de mala fe. Era un hecho probado que el Barbarigo había efectuado dos ataques contra buques de guerra enemigos. En el primero de ellos, no era tan descabellado pensar que el capitán hubiese podido confundir un crucero con un acorazado (quedaba sin explicar cómo pudo ver que se hundía). En cuanto al segundo, el hecho de que la Petunia no hubiese sido alcanzada por los torpedos del Barbarigo (supuestamente pasaron por debajo de ella) demostraba que los italianos los habían calibrado para atacar a un buque de mucho mayor calado, como un acorazado. Las corbetas británicas respondieron al ataque lanzando cargas de profundidad, que pudieron confundir a los tripulantes del sumergible italiano, haciéndoles creer que las explosiones que oían eran sus torpedos impactando contra el buque enemigo.

Las conclusiones de la segunda comisión fueron mucho más suaves que las de la primera, aunque se reafirmaron en apoyar la retirada de las condecoraciones y la anulación de los ascensos. No sabemos si Enzo Grossi se hubiese conformado. Había muerto dos años antes, en 1960, a la edad de 52 años.

8 comentarios:

  1. Muchas gracias por las nuevas, e interesantes, entradas!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti por seguir ahí, fer.

      Eliminar
  2. El capitán de corbeta Grossi era todo un experto en hundir mercantes neutrales indefensos, pero no tan diestro en hundir barcos de guerra enemigos. Quizá eso explique sus fantasiosos informes a sus superiores. Lo más inquietante es la credibilidad del Alto Mando de la Regia Marina, que supuso el encumbramiento de este embustero. Al menos, le retiraron los ascensos y las medallas de su hoja de servicios. Curiosa historia la de este hombre, desde luego.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es el poder de la propaganda. Había que adaptar la realidad a las necesidades de la causa.
      Más extraño es que la Kriegsmarine también diese credibilidad a las historias de Grossi.
      Un saludo, Gluntz.

      Eliminar
  3. Experto jugador de parchís, comía uno y contaba 20.
    ¿Seguro que no tenía ascendencia japonesa?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los japoneses también le echaban mucha imaginación, pero muchas veces los que exageraban eran los testigos. Los protagonistas no solían sobrevivir para contar su versión.

      Eliminar
  4. Un par de datos curiosos sobre las víctimas españolas del "terror de los siete mares". El Navemar, propiedad de la Compañía Española de Navegación Marítima, perdió a dos de sus 34 tripulantes en el hundimiento. Uno de sus últimos viajes había sido de Sevilla a Nueva York cargado de refugiados judíos de Alemania, Austria y Checoslovaquia, que huían de la persecución nazi.El viaje había sido organizado por el American Jewish Joint Distribution Committee, una asociación benéfica judía. El Monte Igueldo, propiedad de la naviera Aznar, en cuyo hundimiento no se tiene noticia de bajas, no solo tenía bandera neutral, sino que su cargamento tenía origen y destino en países neutrales: cereales argentinos destinados a las islas Canarias.
    Un saludo, Nosei.

    ResponderEliminar
  5. Gracias por la aportación, Iakob.
    Por lo que he encontrado, en el hundimiento del Monte Igueldo murió un tripulante.

    ResponderEliminar