Krystyna Skarbek, la primera chica Bond


Krystyna Skarbek nació el 1 de mayo de 1915 en una hacienda de Mlodzieszyn, 50 km al oeste de Varsovia. Era la hija menor del conde Jerzy Skarbek y Stefania Goldfeder, hija a su vez de un rico banquero judío. Se podría decir que el suyo era un matrimonio de conveniencia, que permitió al conde Skarbek pagar sus deudas y continuar con el lujoso estilo de vida al que estaba acostumbrado. Krystyna recibió una buena educación, y demostró tener una gran facilidad para los idiomas. Además del polaco, hablaba con fluidez inglés, francés y alemán. Creció compartiendo el amor de su padre por los caballos. Junto a la equitación, su otra pasión era el esquí, un deporte que empezó a practicar durante las estancias de su familia en Zakopane, en las montañas del sur de Polonia.

La crisis económica de 1929 dejó a la familia en una situación financiera desesperada. Tuvieron que deshacerse de la hacienda de Mlodzieszyn y mudarse a Varsovia. En 1930 murió el padre de Krystyna. En poco tiempo el imperio financiero de la familia Goldfeder se derrumbó, dejando apenas el dinero suficiente para mantener a la condesa viuda Stefania.

Krystyna encontró trabajo en un concesionario de Fiat, pero pronto tuvo que abandonarlo a causa de una enfermedad pulmonar. Como su padre había muerto de tuberculosis, los primeros diagnósticos apuntaban a esa dolencia. Pero más tarde le diagnosticaron una enfermedad provocada por las emanaciones de gases de los automóviles, lo que le permitió cobrar una indemnización del seguro de su empresa. Siguiendo el consejo de sus médicos de pasar todo el tiempo posible al aire libre, dedicaba los días a practicar el senderismo y el esquí en las montañas de Tatra, en el sur de Polonia. En aquella época Krystyna se casó por primera vez, con un joven hombre de negocios llamado Karol Getlich. Pronto se dieron cuenta de que eran incompatibles, y el matrimonio terminó amistosamente unos meses después.

Un día, mientras esquiaba en Zakopane, Krystyna perdió el control descendiendo por una ladera. En el último momento un hombre enorme se interpuso en su camino y la salvó. Su nombre era Jerzy Gizycki, un joven excéntrico y brillante que provenía de una rica familia ucraniana. A los catorce años se había escapado de casa después de pelearse con su padre. Había vivido en Estados Unidos, trabajando en oficios como el de cowboy o buscador de oro. Con el tiempo se convirtió en escritor, y se dedicaba a viajar por el mundo en busca de material para sus libros y artículos.

Krystyna y Jerzy se casaron en Varsovia el 2 de noviembre de 1938. Poco después Jerzy aceptó un cargo diplomático en Etiopía, donde se desempeñó como cónsul general de Polonia hasta septiembre de 1939. Cuando estalló la guerra y Polonia fue invadida por los alemanes, el matrimonio se dirigió a Kenia para llegar desde allí a Inglaterra. En Londres Krystyna ofreció sus servicios a los servicios secretos británicos. Estaba dispuesta a regresar a su país y servir como enlace entre la resistencia polaca y los aliados. Por mediación del periodista Frederick Voigt consiguió ser aceptada como agente del SIS (Servicio Secreto de Inteligencia).

Krystyna viajó a Hungría, y en diciembre de 1939 persuadió al esquiador olímpico polaco Jan Marusarz para que la guiase a entrar en la Polonia ocupada a través de las montañas Tatra, cubiertas de nieve. Al llegar a Varsovia Krystyna se reencontró con su madre, a la que rogó que saliese del país. Stefania se negó a hacerlo. Fue la última vez que se vieron. Poco tiempo después la condesa fue arrestada y asesinada por la Gestapo. En un cruel giro del destino, murió en la prisión Pawiak de Varsovia, que había sido diseñada a mediados del siglo XIX por un antepasado de Krystyna, Fryderyk Skarbek Florian, reformador de prisiones y padrino de Frédéric Chopin.

Un incidente ocurrido en febrero de 1940 ilustra el peligro al que se enfrentaba trabajando como agente encubierta en su propio país. En un café de Varsovia fue reconocida por una mujer, que exclamó: "¡Krystyna, Krystyna Skarbek! ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Me dijeron que te habías ido al extranjero!" Skarbek, con frialdad, negó que ese fuese su nombre, aunque la mujer insistió en que el parecido era tal que ella habría jurado que era Krystyna Skarbek. Después de que la inoportuna señora se marchase, Krystyna permaneció algún tiempo en el café antes de salir, para no despertar sospechas.

Krystyna ayudó a organizar un equipo de mensajeros polacos que llevaban informes de inteligencia de Varsovia a Budapest. Entre ellos estaba su primo Ludwik Popiel, que logró sacar de contrabando un fusil antitanque Modelo 35 (zw.35), con la culata y el cañón serrados para poder ser transportado más fácilmente. El wz.35, pionero en la munición con núcleo de tungsteno, era una de las joyas de la ingeniería armamentística polaca. Era un arma tan secreta que no fue distribuida entre las divisiones polacas hasta la movilización inmediatamente anterior a la guerra. El riesgo que corrió Popiek no sirvió de mucho, ya que los aliados no sacaron ningún provecho de su fusil. Los diseños y especificaciones técnicas habían sido destruidos durante la invasión alemana, y no había medios para aplicar la ingeniería inversa. Krystyna tuvo un tiempo el arma escondida en su apartamento de Budapest.

En Hungría Krystyna se reencontró con un amigo de la infancia llamado Andrzej Kowerski. Cuando eran niños, mientras el padre de Andrej se reunía con el conde para hablar de negocios, ellos jugaban en los establos de la hacienda de Mlodzieszyn. Kowerski era un ex-oficial del ejército polaco que había perdido parte de una pierna en un accidente de caza antes de la guerra, lo que no le impedía ser un hombre muy atlético y un experto paracaidista. También era un agente británico, que ayudaba a salir de Polonia a militares y agentes de inteligencia polacos y aliados. En sus tratos con los ingleses utilizaba el nombre de “Andrew Kennedy”.

A comienzos de 1941 Krystyna era ya muy conocida por la Gestapo. A pesar de ello, estaba planeando otro viaje a Polonia en compañía de Kowerski. Sus planes se truncaron cuando ambos fueron arrestados en Budapest. En ese momento Krystyna demostró su rapidez de reflejos y su sangre fría al fingir los síntomas de la tuberculosis mordiéndose la lengua hasta escupir sangre. Hungría aún no había entrado en la guerra, y Krystyna estaba lejanamente emparentada con el regente húngaro, el Almirante Mikos Horthy (un primo suyo se había casado con una pariente de Horthy). Gracias a eso evitó que les entregasen a la Gestapo y consiguió su liberación y la de Kowerski. La pareja consiguió salir de Hungría a través de los Balcanes y Turquía.

En Polonia Skarbek había establecido contacto con una organización de resistencia conocida como “los mosqueteros", creada en octubre de 1939 por un ingeniero e inventor llamado Stefan Witkowski (que sería asesinado en octubre de 1941). Krystyna fue informada a través de sus conexiones con los mosqueteros de la concentración de tropas alemanas en las fronteras orientales y de otros detalles que permitían predecir que Hitler estaba preparando la invasión de la Unión Soviética. Era una información explosiva, pero en realidad nada nuevo para los servicios de inteligencia británicos, que conocían de sobra los planes alemanes gracias a Ultra, la descodificación de sus comunicaciones militares.

Cuando llegaron a las oficinas del SOE de El Cairo (el SOE, Special Operations Executive, había nacido en julio de 1940 a partir de la sección D del SIS, la encargada de las operaciones encubiertas en territorio ocupado por el enemigo), se sorprendieron al descubrir que estaban bajo sospecha debido a la facilidad con la que habían obtenido del cónsul del gobierno de Vichy en Estambul los permisos de tránsito por Siria y el Líbano. La desconfianza venía sobre todo por parte de las fuerzas polacas y del gobierno polaco en el exilio. Los servicios secretos británicos, que conocían mejor que sus compatriotas las actividades que Skarbek y Kowerski habían estado desarrollando para ellos, acabaron disipando las dudas de los polacos. Andrzej Kowerski pudo reanudar su trabajo como agente de inteligencia. Por su parte, Krystyna Skarbek se quedó en los años siguientes apartada de la acción en primera línea. Cuando se reencontró con su marido le confesó que amaba a Andrzej. Poco después Gizycki renunció a su propia carrera como agente de inteligencia y emigró a Canadá. Por aquella época Krystyna comenzó a utilizar el alias Christine Granville, un nombre que después de la guerra adoptaría legalmente.

En 1944 el SOE se enfrentaba a la escasez de equipos de inteligencia experimentados necesarios para los preparativos de la invasión de Francia. Tenían una gran cantidad de agentes en formación, pero todavía no estaban suficientemente preparados, y enviarles antes de tiempo pondría en peligro, además de la vida de los propios agentes, la seguridad de las redes de resistencia con las que tenían que contactar. El SOE recurrió de nuevo a Krystyna, una agente con mucha experiencia que además hablaba francés con fluidez. Su desempeño anterior en Polonia había sido excepcional, y tan solo requería alguna pequeña orientación sobre las particularidades de trabajar en Francia.

Skarbek fue la elegida para reemplazar a Cecily Lefort, una agente del SOE que había sido capturada por la Gestapo (acabaría encarcelada en el campo de concentración de Rabensbrück y ejecutada en febrero de 1945, después de meses de torturas). Lefort era la enlace entre el SOE y la red de resistencia conocida como “Jockey”, que actuaba en el valle del Ródano y estaba dirigida por un belga-británico llamado Francis (o François) Cammaerts. Este era un personaje curioso. Era un joven muy culto, licenciado en historia e inglés por la universidad de Cambridge e hijo del poeta belga Emil Cammaerts. Pacifista convencido, en 1940 había conseguido que los tribunales británicos le reconociesen su derecho a la objeción de conciencia. Mientras el resto del mundo ardía en la mayor guerra jamás conocida por la Humanidad, él llevaba una vida tranquila, trabajando en una explotación agrícola de Lincolnshire. Pero un día recibió la noticia de la muerte de su hermano Pieter, piloto de la RAF, y decidió que no podía mantenerse al margen por más tiempo. Se unió voluntariamente al SOE, esgrimiendo como gran mérito su dominio del idioma francés. En marzo de 1943 saltó en paracaídas sobre la Francia ocupada. Unos meses después dirigía la principal red de resistencia que operaba en el sureste del país.

El 6 de julio de 1944 Skarbek, que en Francia se haría llamar Pauline Armand, fue lanzada en paracaídas en el sur de Francia. Kristina ayudó a poner en contacto a Cammaerts con partisanos italianos y maquis franceses para operaciones conjuntas contra los alemanes en los Alpes, y a inducir a la deserción de soldados polacos y de otras nacionalidades que habían sido reclutados por las fuerzas de ocupación alemanas.

El 13 de agosto de 1944, justo dos días antes del inicio de la Operación Dragón (los desembarcos aliados en el sur de Francia), Francis Cammaerts, otro agente de SOE llamado Xan Fielding, y un oficial francés, Christian Sorensen, fueron detenidos en un control de carretera. Cuando Skarbek se enteró de que iban a ser ejecutados, consiguió que la recibiese el capitán Albert Schenck, oficial francés de enlace entre la prefectura de Digne y la Gestapo. Se presentó como la esposa de Cammaerts y como una sobrina del mariscal Montgomery (nada menos). Amenazó a Schenck con que los británicos vengarían cualquier daño que sufriesen los prisioneros, reforzando su amenaza con una oferta de dos millones de francos por la liberación de los tres hombres. Schenck la condujo a un oficial de la Gestapo llamado Max Waem.

Durante tres horas, Krystyna negoció con Waem, combinando las amenazas con las promesas de soborno. Le dijo que los aliados desembarcarían en cualquier momento, que ella era agente aliada y estaba en contacto diario por radio con las fuerzas británicas. “Si yo fuese usted me pensaría muy bien la proposición que le hago. Como le dije al capitán Schenck, si algo le pasa a mi marido o a sus amigos, las represalias serán rápidas y terribles, porque no tengo que decirle que tanto usted como el capitán tienen una infame reputación entre los locales”. Cada vez más alarmado por la idea de lo que podría ocurrirle si los aliados y la Resistencia decidían vengar los numerosos asesinatos que había cometido, Waem golpeó la culata de su revólver sobre la mesa y dijo: “Si los saco de la prisión, ¿qué vas a hacer para protegerme?”.

Cuando Cammaerts y los otros dos hombres fueron sacados de sus celdas, estaban convencidos de que iban a ser ejecutados. En lugar de eso les condujeron hasta un coche, en el que se encontraron con una sonriente Krystyna sentada al volante. Años después del incidente de Digne, Skarbek reconoció que durante sus negociaciones con la Gestapo no fue consciente del peligro que corría. Solo después de que ella y sus compañeros hubiesen escapado se dijo: "¿Qué he hecho? ¡Podrían haberme matado!"

Krystyna recomendó al capitán Schenck que abandonase Digne. No lo hizo, y fue asesinado poco después por personas desconocidas. Su esposa se quedó con el dinero del soborno. Después de la guerra fue detenida cuando trataba de cambiarlo por nuevos francos, pero fue liberada después de que las autoridades investigasen su historia. Se las arregló para cambiar el dinero, pero solo recibió una pequeña parte de su valor.

Cuando los equipos del SOE regresaron de Francia, Krystyna se había ganado una gran reputación militar. Siendo polaca, era ideal para ser destinada a las misiones que estaba planeando el SOE en su tierra natal en los meses finales de la guerra. El gobierno británico y el gobierno polaco de Londres estaban colaborando para establecer una red que tenía que informar sobre lo que ocurría en Polonia, que en esos momentos estaba siendo ocupada por el Ejército Rojo. Las fuerzas polacas en el exilio ya habían olvidado sus sospechas sobre la lealtad de Kowerski y Skarbek, y a comienzos de 1945 ambos se preparaban para saltar sobre Polonia. Sin embargo, la misión, la Operación Freston, fue cancelada cuando el primer grupo enviado al país fue capturado por los soviéticos (los agentes serían puestos en libertad en febrero de 1945).

Cuando terminó la guerra Krystyna Skarbek/Christine Granville/Pauline Armand era la agente femenina más veterana del SOE, de hecho cuando la organización nació oficialmente ella era ya una agente experimentada. Krystyna se licenció con el grado de capitán de la Women's Auxiliary Air Force (a todas las agentes se les asignaba un rango militar, y el suyo era el más alto al que había llegado cualquier otra mujer del SOE). Fue condecorada con la George Medal por su misión en Digne. En mayo de 1947 fue nombrada Oficial de la Orden del Imperio Británico. También el gobierno francés le concedió la Croix de Guerre, en reconocimiento a su contribución a la liberación de Francia.

Pero todos aquellos reconocimientos no le sirvieron de mucho. Unas semanas después del final de la guerra Krystyna fue despedida con un mes de salario. No podía regresar a su país, convertido en una dictadura comunista, debido a sus conexiones con el gobierno polaco en el exilio y a su origen aristocrático. Demasiado orgullosa para pedir otro tipo de ayuda, se fue a El Cairo, al tiempo que solicitaba un pasaporte británico. Mientras la lenta burocracia hacía su trabajo, la hija del conde Skarbek se convirtió en una apátrida sin recursos económicos. En los años siguientes tuvo que ganarse la vida con trabajos modestos, como el de dependienta en varias tiendas. Su último empleo fue de azafata en un trasatlántico.

Krystyna Skarbek tuvo un final trágico y prematuro. El 15 de junio 1952 murió apuñalada en el vestíbulo de un hotel barato de Kensington. Su asesino fue un hombre llamado Dennis Muldowney, un compañero de trabajo (mayordomo en el trasatlántico) obsesionado con ella que no pudo soportar su rechazo. Muldowney fue juzgado y condenado por asesinato. Fue ajusticiado en la horca el 30 de septiembre de 1952.

En los últimos años de su vida Krystyna conoció a Ian Fleming, con quien supuestamente tuvo una aventura amorosa (aunque de eso no hay ninguna prueba). Hay quien cree que Vesper Lynd, el personaje femenino de la primera novela de Fleming, Casino Royale (y la primera “chica Bond”), estaba inspirada en ella. Lo cierto es que ninguna chica Bond resistiría una comparación con Krystyna Skarbek.

Fuentes:
http://polishgreatness.blogspot.com.es/2011/02/spy-week-famous-polish-spies-krystyna.html
http://cosmopolitanreview.com/component/content/article/296
http://en.wikipedia.org/wiki/Krystyna_Skarbek
y otras entradas de Wikipedia

A Lonely Sky

En 1947, un piloto de pruebas arriesga su vida para romper la barrera del sonido.

Otro corto de Nick Ryan.

A Lonely Sky de Nick Ryan en Vimeo.

The German

Un piloto de caza británico persigue incansablemente al alemán que derribó a su amigo dispuesto a vengarse a toda costa. Pero cuando al fin consigue alcanzarle descubre que no es tan fácil matar a un hombre cuando tiene que mirarle a los ojos.

Gran cortometraje del irlandés Nick Ryan, con un final sorprendente. Y ya he dado una pista.


The German de Nick Ryan en Vimeo.

La resurrección de un acorazado

Takeshi Maeda formaba parte de la fuerza aeronaval japonesa que se estaba preparando para un ataque por sorpresa a la principal base estadounidense en el Pacífico, aunque eso él todavía no lo sabía. Era 1941, tenía 20 años, y era navegante en un torpedero Nakajima B5N. Durante meses practicó con sus compañeros el ataque a una bahía cerrada con aguas muy poco profundas, tanto que los torpedos tuvieron que ser modificados, añadiéndoles unas aletas especiales de madera para evitar que se hundiesen a demasiada profundidad.

Pasamos seis meses de intenso entrenamiento preparándonos para la operación, aunque por aquel entonces todavía desconocíamos que Pearl Harbor era nuestro objetivo. Para poder lanzar el proyectil en un brazo de agua tan estrecho, tuvimos que reducir nuestra trayectoria de aproximación de un mínimo de 1.000 metros a 700. Debíamos sobrevolar las instalaciones del puerto enemigo antes de descender a diez metros sobre la superficie del agua, por lo que era crucial que realizáramos una aproximación perfecta. Una distancia tan corta significaba que los aviones corrían el riesgo de estrellarse contra los mástiles de los barcos a los cuales atacaban.

Durante la travesía de la escuadra, al principio con rumbo norte, las tripulaciones estaban seguras de que iban a atacar a la Unión Soviética. Hasta el último momento no supieron que su objetivo era Pearl Harbor, en Hawai. Maeda formaba parte de la primera oleada de ataque. Cuando despegó de su portaaviones, el Kaga, no estaba nervioso. Tan solo pensaba en cumplir con su deber. Al aproximarse a Pearl Harbor le tranquilizó escuchar por la radio el Sunrise Serenade de Glenn Miller transmitido por una emisora de Honolulu. Los estadounidenses no esperaban el ataque.

Manteniendo un estricto silencio de radio, el capitán de fragata Mitsuo Fuchida, comandante de la primera oleada, encendió una bengala que indicaba el comienzo del ataque. Al ver la señal, los 185 aviones japoneses iniciaron la aproximación final hacia sus objetivos preestablecidos. Los de los 40 torpederos eran los buques mayores, acorazados y portaaviones (por suerte para los estadounidenses, estos últimos no se encontraban en la base). Cada avión llevaba un único torpedo Tipo 91 de 850 Kilogramos. Maeda recuerda cómo, pese a ser uno de los primeros torpederos que se lanzaron en cadena contra los buques estadounidenses, su avión fue sacudido violentamente por el fuego antiaéreo. Su intervención en la batalla duró apenas un minuto. El B5N lanzó su torpedo y consiguió un impacto directo contra el acorazado West Virginia. Detrás de él otros torpederos japoneses siguieron golpeando al acorazado, que quedó envuelto en llamas y sin duda herido de muerte. Después del ataque, la principal preocupación de Maeda era no perderse en el camino de regreso al Kaga.

Maeda sobrevivió a cuatro años de combates aereonavales en el Pacífico. Tan solo fue herido una vez, en una pierna, en la batalla de Midway. En mayo de 1945, cuando ya era uno de los pocos aviadores veteranos supervivientes de la Marina Imperial, participó en un ataque nocturno contra la flota estadounidense fondeada en Okinawa. Allí le esperaba una sorpresa:

Los aviones de reconocimiento lanzaron bengalas para iluminar a la flota enemiga mientras iniciábamos el ataque final. De repente, justo enfrente de mí pude ver al USS West Virginia, el mismo barco que había torpedeado y hundido. No me lo podía creer, los ingeniosos americanos habían logrado reflotar y reparar muchos de los barcos hundidos o averiados. Las aguas poco profundas y las condiciones de la bahía que tanto puso a prueba la destreza y el valor de los pilotos japoneses, contribuyó a hacer infinitamente más sencillo reflotar los buques.



En Pearl Harbor el West Virginia había recibido el impacto de al menos siete torpedos y dos bombas, pero gracias en gran parte a la actuación de su tripulación, que logró contrarrestar las inundaciones, se hundió en una posición de equilibrio, lo que, añadido a la poca profundidad de la bahía, posibilitó que fuese reflotado unos meses más tarde. Después de las reparaciones, que se aprovecharon para introducir numerosas mejoras, volvió al servicio en septiembre de 1944.

En agosto de 1945 Takeshi Maeda fue destinado a una escuadrilla de ataque especial para participar en una misión kamikaze. Fue una decisión que no comprendía:

Yo había acumulado 3.800 horas de vuelo en combate y no podía creer que mis comandantes quisieran tirar esa experiencia por la borda, en una sola misión. En ese momento comprendí el error de mis líderes y la inconsciencia con la que dispusieron de las vidas del pueblo japonés.

La misión suicida de Maeda estaba prevista para el 16 de agosto. Un día antes el Emperador se dirigió por radio a su pueblo para anunciar la rendición.

Desde 1991, en la conmemoración del 50 aniversario del ataque a Pearl Harbor, Takeshi Maeda ha participado en numerosas iniciativas de reconciliación. En sus visitas a Hawai conoció e hizo amistad con muchos de sus antiguos enemigos, entre ellos algunos supervivientes del West Virginia, a los que pidió perdón por su participación en el ataque.

Para ser sincero, sospecho que el señor Maeda adornó un poco su historia. Es posible que viese al West Virginia en Okinawa, pero él no lo pudo reconocer. La US Navy tenía en servicio otros dos buques gemelos suyo, y uno de ellos, el Colorado, también estuvo en Okinawa en mayo de 1945. El acorazado que vio pudo ser cualquiera de los dos. O cualquier otro, porque tampoco creo que llegase a verlo muy de cerca. En Okinawa los buques principales, como el West Virginia, estaban protegidos por piquetes antiaéreos formados por buques menores, que solo conseguían superar algunos kamikazes. Ningún avión de ataque convencional lo lograría y regresaría para contarlo.

De todas formas, aunque a Takeshi Maeda le traicionase la memoria, o le pudiese la imaginación, lo cierto es que el West Virginia sí pudo estar allí.

Testimonio de Takeshi Maeda:
http://www.elmundo.es/magazine/m92/textos/japon1.html


El marino que sobrevivió a tres naufragios en un día

Durante las primeras semanas de la Primera Guerra Mundial, la Royal Navy destinó a patrullar las aguas del Mar del Norte, entre las Islas Británicas y la costa de Holanda, a sus obsoletos cruceros acorazados Pre-dreadnought , con la misión evitar la salida de buques alemanes de superficie a las aguas al este del canal de la Mancha. Algunos mandos de la Royal Navy apodaron irónicamente a aquella fuerza de cruceros "Escuadra de cebo vivo". Y es que muchos eran conscientes de que, en caso de que ser atacados, aquellos buques anticuados y sus tripulaciones formadas por reservistas y cadetes inexpertos no podrían estar a la altura de la flota alemana. Posiblemente el Almirantazgo también lo sospechaba, pero prefería reservar para misiones más importantes a los cruceros más modernos y consideraba que no se podían destinar buques de menor tamaño a patrullar en aguas donde el mal tiempo era casi constante.

En las primeras horas del 20 de septiembre de 1914, los cuatro cruceros acorazados de la clase Cressy que formaban la Fuerza C (Euryalous, Aboukir, Hogue y Cressy) se preparaban para zarpar en una de aquellas misiones de patrulla en el Mar del Norte. Habitualmente la Fuerza C contaba también con el crucero Bacchante, de hecho su buque insignia, al mando del contraamirante Campbell, pero en aquella ocasión el Bacchante había sido destinado a otras tareas. Campbel fue sustituido como comandante de la escuadra por el contraalmirante Christian, del Euryalous. En el último momento, el Euryalous tuvo una avería en su equipo telegráfico que le obligó a permanecer en puerto. Christian trasladó el mando de la Fuerza C al capitán Drummond, del Aboukir. Ese día el mal tiempo iba a impedir la salida de los destructores de escolta. Cuando Drummond asumió el mando, no quedó claro si tendría la autoridad para llamar a los destructores en caso de que el clima mejorase.

El crucero acorazado Aboukir:


En la mañana del 22 de septiembre, la Fuerza C, compuesta finalmente por los cruceros acorazados Aboukir, Hogue y Cressy, fue avistada por el submarino alemán U-9, al mando del capitán de corbeta Otto Weddigen, navegando rumbo nor-nordeste en línea recta y a una velocidad de 10 nudos. La escuadra británica incumplía las recomendaciones del Almirantazgo de navegar en zig-zag y a 12/13 nudos. Claro que aquellos anticuados cruceros no podían alcanzar esas velocidades por mucho que quisiesen. En cuanto a no realizar maniobras evasivas, el comandante no lo consideró necesario. Después de todo, hasta entonces nunca se habían tenido noticias de ninguna actividad de submarinos enemigos en aquellas aguas (en realidad ni en aquellas ni en otras). Después de maniobrar para colocarse en una posición favorable para el ataque, a las 6:25 el U-9 lanzó un torpedo contra el Aboukir, alcanzándolo en el centro del buque, en el lado de babor. El crucero se detuvo por completo y se escoró rápidamente unos 20 grados, sin que las medidas adoptadas para contener las inundaciones sirviesen de nada. Viendo que el Aboukir estaba condenado, el capitán Drummond dio orden de abandonar el buque. Solo quedaba un bote salvavidas intacto (los otros habían sido destruidos por la explosión del torpedo), y la mayor parte de la tripulación tuvo que saltar al mar. Nadie había localizado todavía al U-9. Las señales que envió el Aboukir por código de banderas a los otros cruceros decían “Golpeado por mina”. El Hogue y el Cressy se aproximaron rápidamente al Aboukir para ayudar en el rescate de los náufragos.

Aproximadamente media hora después del impacto del torpedo, el Aboukir zozobró y se hundió llevándose consigo a 527 tripulantes. Pero ese fue solo el principio de la tragedia. Los británicos todavía no sospechaban que estaban siendo atacados por un submarino alemán. Weddigen tenía a su alcance otros dos cruceros y estaba decidido a aprovechar la oportunidad. El U-9 se aproximó hasta una distancia de tan solo 300 metros del Hogue, que tenía a su tripulación ocupada en las labores de rescate, y lanzó dos torpedos contra el buque. Ambos dieron en el blanco, provocando una rápida sucesión de explosiones. El crucero se hundió en apenas 10 minutos. Para empeorar las cosas, el Hogue tenía todos sus botes salvavidas en el agua, dedicados al rescate de los supervivientes del Aboukir.

En ese momento comenzaron los problemas para el U-9. Cuando lanzó los torpedos al Hogue, el submarino emergió violentamente debido a la pérdida repentina de peso en la proa, delatando así su posición. El Cressy abrió fuego con sus cañones contra él, sin resultado. A pesar de haber sido descubierto, Weddigen no estaba dispuesto a renunciar a su última presa. A profundidad de periscopio el U-9 lanzó sus dos torpedos de popa contra el Cressy. El primero dio en el blanco, pero el segundo pasó a estribor del buque. Viendo que los daños infringidos al crucero no eran excesivamente graves, Weddingen dio orden de maniobrar para encarar al buque y lanzar su último torpedo de proa contra él. El torpedo dio de lleno en la parte central del Cressy. Eran las 7:30, había pasado poco más de una hora desde el primer ataque contra el Aboukir. El Cressy volcó por la banda de estribor, permaneciendo a flote hasta las 7:55.

En total, en los tres hundimientos perdieron la vida 62 oficiales y 1397 tripulantes, gran parte de ellos reservistas sin experiencia. Hubo 837 supervivientes, que fueron rescatados por varios mercantes y pesqueros que se encontraban en las proximidades y acudieron a las llamadas de auxilio.

A las 10:45 llegó a la zona la escuadra de destructores del comodoro Tyrwhitt, que al mejorar el tiempo había zarpado para reunirse con los cruceros. Los destructores comenzaron a buscar al submarino enemigo. El U-9, al que no le quedaba energía suficiente en las baterías, tuvo que permanecer sumergido hasta la noche, para poder emerger y hacer el camino de vuelta navegando en superficie.

El submarino alemán U-9:


La destrucción de la Fuerza C fue un duro golpe a la reputación de la Royal Navy en todo el mundo. En la investigación realizada para determinar las responsabilidades, solo parte de la culpa cayó sobre los oficiales de alto rango involucrados: El capitán Drummond, muerto en el hundimiento del Aboukir, fue criticado por no utilizar maniobras evasivas en zig-zag; el contraalmirante Christian por no dejar claro a Drummond que podía haber llamado a los destructores en caso de necesidad; y finalmente al contraalmirante Campbell se le reprendió no sólo por no estar presente durante la acción, sino también por cómo actuó durante la propia investigación, cuando declaró no conocer el propósito de su mando. La mayor parte de la culpa recayó en el Almirantazgo Británico, que había insistido en enviar buques de dudosa eficacia a patrullar en aguas peligrosas, desoyendo los consejos de los altos mandos de la Royal Navy. Los anticuados cruceros protegidos o acorazados fueron relegados a misiones secundarias o enviados a la reserva y sustituidos en las patrullas por modernos cruceros ligeros. También sirvió para que la Royal Navy empezase a tomarse en serio la amenaza de los submarinos, que había sido despreciada hasta entonces.

En contraste, los tripulantes del U-9 fueron recibidos en Alemania como héroes. Otto Weddigen fue condecorado con la Cruz de Hierro de 1ª clase, mientras que su tripulación recibió la Cruz de Hierro de 2ª clase. Durante su siguiente patrulla, el 15 de octubre de 1914, el U-9 hundió otro viejo crucero acorazado británico, el Hawke, con la pérdida de 526 tripulantes. El 12 de enero de 1915 el teniente Johannes Spiess relevó a Weddigen y estuvo al mando del U-9 hasta el 19 de abril de 1916, cuando el submarino fue retirado de la primera línea y asignado a la flotilla de entrenamiento. Durante ese periodo hundió 14 buques: diez pequeños pesqueros, tres vapores británicos (Don, Queen Wilhelmina y Serbino) y el minador auxiliar ruso Dagö.

Otto Weddigen, por su parte, después de recibir la máxima condecoración prusiana, la Pour le Mérite, fue destinado al mando del submarino U-29. El 18 de marzo de 1915 su suerte se agotó. Al emerger en Pentland Firth, en Escocia, se encontró justo enfrente del famoso acorazado británico Dreadnought. La distancia entre el submarino y el buque era tan pequeña que ni uno podía atacar con sus torpedos ni el otro disparar sus cañones. El comandante del Dreadnought ordenó entonces embestir al pequeño sumergible. El acorazado pasó por encima del U-29, que se hundió llevándose al fondo a toda su tripulación, incluyendo a Weddigen. Es el único caso conocido de un submarino hundido por un acorazado.

Si habéis llegado hasta aquí os estaréis preguntando cuándo voy a contar la historia del marino que sobrevivió a tres naufragios en un día. Aunque después de conocer lo que le pasó a la “Escuadra de cebo vivo” ya os habréis imaginado cómo ocurrieron los hechos.

Wenman Wykeham-Musgrave, apodado “Kit”, era un muchacho de 15 años que servía como guardiamarina a bordo del Aboukir. Cuando este buque fue torpedeado y se dio la orden de abandonarlo, Kit saltó por la borda y permaneció en el agua hasta que fue subido a bordo del Hogue, el siguiente en ser atacado por el U-9. Una vez más, cuando el Hogue se estaba hundiendo, se tiró al mar y nadó hasta el Cressy. Al ser este también torpedeado, tuvo que saltar por la borda por tercera vez aquella mañana. Permaneció en el mar aferrado a unos maderos hasta que fue rescatado por un pesquero holandés.

Wykeham-Musgrave sobrevivió a la guerra. En 1939, al estallar la Segunda Guerra Mundial, se reincorporó a la Royal Navy, alcanzando el grado de comandante. Murió en 1989.

Fuentes:
http://www.clubedosgenerais.org/portal/modules.php?name=Conteudo&pid=441
http://es.wikipedia.org/wiki/Acci%C3%B3n_del_22_de_septiembre_de_1914
http://es.wikipedia.org/wiki/SM_U_9