Un voto en conciencia


El 2 de abril de 1917 el presidente Woodrow Wilson solicitó a la Cámara de Representantes de los Estados Unidos la declaración del estado de guerra contra Alemania. Cuatro días después tuvo lugar la votación. El Congreso apoyó la entrada en la guerra con una amplia mayoría, aunque no fue una decisión unánime. Entre los cincuenta votos en contra, destacaba el de una mujer, la única de la cámara (de hecho la primera congresista de la historia del país). Cuando llegó su turno en la votación, se levantó y dijo: “Quiero apoyar a mi país, pero no puedo votar por la guerra. Voto no”.

Era Jeannette Rankin, representante de Montana por el Partido Republicano. Hija de un ranchero canadiense y una maestra de escuela, era una veterana activista del movimiento sufragista estadounidense. Ganó las elecciones a la Cámara de Representantes en 1916, cuando tenía 36 años. Fue la promotora de una enmienda constitucional para otorgar el derecho de voto a las mujeres a nivel nacional (antes de eso el voto femenino era una cuestión que dependía de cada uno de los estados). En medio de la oleada de patriotismo desatada después de la declaración de guerra, su voto en contra le supuso críticas y enemistades, incluso entre sus compañeras sufragistas.

Cuando terminó su mandato, en 1918, Rankin rehusó presentarse a la reelección. En lugar de eso trató de conseguir un escaño en el Senado de los Estados Unidos, pero perdió las elecciones. En los años siguientes se dedicó a promover movimientos pacifistas y apoyar iniciativas de desarme. Creía que la guerra, como otros muchos males, era una consecuencia de la falta de participación femenina en la política.

A finales de 1940 Rankin fue elegida para un segundo mandato en la Cámara de Representantes. Se encontró con una situación muy parecida a la que había vivido veinticuatro años antes. El mundo estaba sumido en una guerra de proporciones colosales, y Estados Unidos se debatía entre la intervención o el aislamiento. Un día después del ataque japonés a Pearl Harbor el Congreso votó la declaración de guerra a Japón. El resultado fue de 388 a a favor y 1 en contra. El único voto negativo fue el de Jeannette Rankin. Durante la sesión tuvo que aguantar los silbidos del público presente y las presiones de muchos de sus colegas, que le pedían que cambiase su voto para conseguir un resultado por unanimidad. Rankin se negó: “Como mujer no puedo ir a la guerra, y me niego a enviar a nadie más”.

Al salir de la cámara una multitud de reporteros y fotógrafos se abalanzó sobre ella. Tuvo que refugiarse en una cabina telefónica que había dentro del guardarropa del Partido Republicano, y, según contó la prensa, necesitó escolta policial para llegar a su despacho.

Jeannette Rankin no volvió a presentarse a unas elecciones, aunque se dice que hacia 1970, cuando tenía 90 años, estuvo barajando la posibilidad de presentarse por tercera vez a la Cámara de Representantes para protestar contra la guerra de Vietnam. Murió en 1973.

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